lunes, 6 de julio de 2020

WALT WHITMAN - ¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN!





Walt Whitman.
Walt Whitman
(West Hills, Estados Unidos, 1819 - Camden, Estados Unidos, 1892) Poeta estadounidense. Hijo de madre holandesa y padre británico, fue el segundo de los nueve vástagos de una familia con escasos recursos económicos. Pasó sólo ocasionalmente por la escuela y pronto tuvo que empezar a trabajar, primero, y a pesar de su escasa formación académica, como maestro itinerante, y más tarde en una imprenta.


    Allí se despertó su afición por el periodismo, interés que le llevó a trabajar en varios diarios y revistas neoyorquinos. Nombrado director del Brooklyn Eagle en 1846, permaneció en el cargo sólo dos años debido a su disconformidad con la línea abiertamente proesclavista defendida por el periódico. Su afición por la ópera (género que influyó enormemente en su obra poética) le permitió coincidir en una noche de estreno con un dirigente del periódico de Nueva Orleans Crescent, quien lo convenció para que dejara Nueva York y aceptase una oferta para trabajar en el diario.

   Durante el viaje hacia al Sur, que emprendió en 1848, tuvo la oportunidad de contemplar una realidad, la de provincias, para él totalmente desconocida y que, en definitiva, sería decisiva para su carrera futura. Por todo este conjunto de experiencias, cuando regresó a Nueva York, unos meses después, abandonó el periodismo y se entregó por completo a la escritura.


10 frases breves de Walt Whitman


   La primera edición de su gran obra, Hojas de hierba (Leaves of grass), no vio sin embargo la luz hasta 1855. Esta primera edición (habría otras ocho en vida del poeta) constaba de doce poemas, todos ellos sin título, y fue el propio Whitman quien se encargó de editarla y de llevarla a la imprenta. De los mil ejemplares de la tirada, Whitman vendió pocos y regaló la mayoría, uno de ellos a Ralph Waldo Emerson, importante figura de la escena literaria estadounidense y su primer admirador. Su crítica, muy positiva, motivó a Whitman para seguir escribiendo, a pesar de su ruinosa situación económica y de la nula repercusión que, en general, habían tenido sus poemas.

                                     
                             https://www.youtube.com/watch?v=gLroROOxvVo

                                         WALT WHITMAN - VARIOS POEMAS



   Al año siguiente apareció la segunda edición, y cuatro años más tarde la tercera, que amplió con un poema de presentación y otro de despedida. La noticia de que su hermano George había sido herido, al comienzo de la Guerra Civil, le impulsó a abandonar Nueva York para ir a verle a Fredericksburg. Más tarde se trasladó a Washington, donde, apesadumbrado por el sufrimiento de los soldados heridos, trabajó voluntariamente como ayudante de enfermería.

   Tras el fin de la contienda, se estableció en Washington y trabajó para la Administración. Allí publicó varios ensayos de contenido político, en los cuales defendía los ideales liberales y la democracia, pero rechazaba el materialismo que, a su juicio, impregnaba la vida y las aspiraciones de la sociedad estadounidense. Aquejado de varias enfermedades, en 1873 se vio obligado a abandonar Washington y trasladarse a Camden, en Nueva Jersey, donde permaneció hasta su muerte. Dedicó los últimos años de su vida a revisar su obra poética, y a escribir nuevos poemas que fue incluyendo en las sucesivas ediciones de Hojas de hierba.

Las 37 Mejores Frases de Walt Whitman - Lifeder

   Whitman fue el primer poeta que experimentó las posibilidades del verso libre, sirviéndose para ello de un lenguaje sencillo y cercano a la prosa, a la vez que creaba una nueva mitología para la joven nación estadounidense, según los postulados del americanismo emergente. El individualismo, los relatos de sus propias experiencias, un tratamiento revolucionario del impulso erótico y la creencia en los valores universales de la democracia son los rasgos novedosos de su poética; en línea con el romanticismo del momento, propuso en su poesía una comunión entre los hombres y la naturaleza de signo cercano al panteísmo.

   Tanto por sus temas como por la forma, la poesía de Whitman se alejaba de todo cuanto se entendía habitualmente por poético, aunque supo crear con los nuevos materiales momentos de hondo lirismo. Su influencia sería perceptible en las sucesivas generaciones líricas, tanto en su país (desde William Carlos Williams hasta Allen Ginsberg) como en otras literaturas (Rubén Darío o Federico García Lorca).

Walt Whitman - Una mujer me espera




Walt Withman - No te detengas




"Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la Historia". "Con estrépitos de músicas vengo"

(Walt Whitman)


     Ha sido una primavera distinta, complicada, un abril negro o, para no ser excesivamente derrotista, gris, pero de un gris oscuro, gris plomo casi ceniza. Me niego a desperdiciar el tiempo lamentándome por la pérdida de los días, por esta primavera que nos ha sido robada. 

   Prefiero volar, salir, viajar, aunque sólo sea con la imaginación porque, pese a lo que nos digan, sí podemos caminar, correr, navegar los ríos, surcar los mares, volar tan alto como esas aves que llegan del norte buscando tierras menos inhóspitas. Se puede ir más allá de las paredes de nuestros hogares, esos sitios que se han convertido en nuestra única zona de confort, pero de los que también necesitamos salir de vez en cuando.

   Todos tenemos el mejor medio de transporte que nadie haya podido inventar, incluso esa joven de ojos verdes y cabello rojizo. Atrevámonos a soñar, a utilizar, como decía, la IMAGINACIÓN, es la mejor herramienta para salvarnos de esa melancolía que ha hecho mella en nuestros corazones tras tres meses de confinamiento, y lo que nos puede volver a venir encima si se confirman algunos augurios no precisamente optimistas.


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    La cita del principio, aunque no lo parezca, tiene más de cien años, y hoy nos sirve como sirvió en su día a un puñado de gente que, allá por tierras norteamericanas, vivió una cruenta guerra entre hermanos. Si ellos pudieron salir adelante, por qué no vamos a hacerlo nosotros. La cita pertenece a uno de los más grandes poetas universales, el estadounidense Walt Whitman, nacido en West Hills (Nueva Jersey) en los albores del siglo XIX (1819) en el seno de una familia humilde.

   Supe de Walt Whitman hace ya casi 16 años, en un viaje a París que hice con Zola, todo resultó fantástico. He vuelto a viajar, estos días he regresado a la “Ciudad de la Luz”, he caminado por sus hermosas avenidas y también por angostas callejuelas del Quartier Latin y de Montmartre, he contemplado emocionado el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel y he llorado al contemplar la maltrecha catedral de Nôtre Dame, he recorrido las distintas salas del Museo del Louvre. Y en este viaje imaginario, he vuelto a disfrutar de los versos de Whitman, entonces fue en un libro que encontré, medio escondido, en el Centro Pompidou y que leí durante no menos de una hora. Lo he vuelto a leer como hice en aquella ocasión, esta vez el libro iba en mi mochila viajera, un ejemplar de ¡Oh, capitán! ¡mi capitán!, que contiene una selección de poemas del autor.


                      https://www.youtube.com/watch?v=AuZ_pxzavAA
                               Oh Capitán mi capitán

   En aquella ocasión conocí, por la pincelada biográfica que venía al dorso del libro, que Whitman se había visto obligado a trabajar desde muy joven en diversos oficios dados los escasos recursos económicos de su familia, lo que también le impidió tener una mayor formación académica. Y fue en uno de esos oficios, el de periodista, el más estable de todos los que tuvo, el que le llevó a descubrir y, sobre todo, alimentar y difundir su vocación de poeta a la que se dedicaría de forma exclusiva a la edad de veintinueve años.

(Petrus Rypff)


  Porque como periodista realizó un viaje desde Nueva York, ciudad en la que vivía cuando trabajaba para el periódico Brookling Eagle, a Nueva Orleans para hacerlo en el periódico Crescent de esta ciudad. Ese viaje le llevó a recorrer los estados sureños y conocer, de ese modo, la vida en las provincias en una contexto histórico y social que marcaría su obra literaria.

   En 1855 decidió publicar algo en lo que llevaba trabajando un tiempo, un compendio de poemas sin título que rasgaban las convenciones y cantaban a lo más íntimo del ser humano. Hojas en la hierba es su gran obra, un poema épico y democrático que fue ampliando a lo largo de los años.

   Aunque al principio la crítica no lo acogió bien pues lo consideraron de alto contenido sexual que desafiaba al puritanismo reinante en una sociedad que pocos años antes había aprobado una ley para capturar esclavos, con el tiempo ha obtenido el lugar que merece como obra, un canto a la libertad del ser humano, sin distinción de color, plasmada en unos versos que se apartaban de los cánones de la métrica, volviéndose tan libres como los sentimientos y valores que transmitían. La obra tenía un espíritu más escéptico y libre que el de los románticos y, por eso mismo, fue muy cuestionada en un principio.

   En el poema que abre la obra, Canto a mí mismo (aunque realmente el autor no le dio ningún título), el poeta realiza una declaración a la naturaleza humana, rompiendo las reglas establecidas. Escrito en verso libre y con un estilo sencillo, algo nada usual para su tiempo, este poema es un claro ejemplo de la peculiaridad de Whitman. Veamos el siguiente fragmento, que resume todo lo dicho:

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

   Whitman exalta en el poema la propia existencia, la unión entre el hombre y la naturaleza, la importancia del origen y del arraigo como fuente de identidad personal. Se trata, al fin y al cabo, de un canto a la vida.

   Más adelante, en la década de 1860 con el estallido de la Guerra Civil americana, más conocida como la “Guerra de Secesión”, Walt Whitman vivió desde dentro uno de los momentos históricos más importantes de su país que influiría en su obra. Su participación como voluntario en los hospitales del ejército del Norte o de la Unión, le llevaría no sólo a escribir unos diarios de guerra en donde reflejaba sus vivencias y los sentimientos que las matanzas y el horror del conflicto bélico le provocaron, sino que dejaría una importante huella en su obra.

   En el hospital para heridos de Washington y tras el asesinato de Lincoln en 1865, compuso La última vez que florecieron las lilas en el jardín, en la que su compromiso humano se acrecienta debido a los acontecimientos que le ha tocado vivir. En ¡Oh, capitán! ¡mi capitán! (1865), el poeta rinde un último homenaje al presidente.

   En la década de 1880, instalado ya en la que sería su última residencia en Candem, Nueva Jersey, Whitman aún recibía algunas críticas por Hojas en la hierba pese a llevar más de siete ediciones publicadas. Pero él no desistió, continuó escribiendo y también nutriendo esa obra ejemplar, convirtiéndola casi en un “ser vivo”.

   Podemos resumir la obra de Whitman como un ejercicio no sólo de libertad, sino por y para la libertad. Con una mirada vitalista hacia la naturaleza y la belleza, como precursor además del verso libre, su escritura lo aleja de esa visión que tenemos de él como un noble anciano de mirada clara y larga barba blanca, para mostrarnos lo que realmente fue, un demócrata y defensor de la igualdad y la libertad.

   El escritor Mark Twain le envió en 1889 una carta de felicitación por su cumpleaños y un regalo: que se tomara treinta años más de vida. Sin embargo, tres años después, en 1892, Whitman falleció.



Walt Whitman, el divino impostor

Celebramos los dos siglos del poeta analizando todas sus aristas. Rafael Narbona se ocupa del hombre, de ese impostor que construyó su propio pedestal

RAFAEL NARBONA - mayo, 2019

Walt Whitman en una imagen de 1887

   Walter Whitman nació el 31 de mayo de 1819 en West Hills, un caserío rural de Huntington, en el centro de Long Island, Nueva York. Descendiente de varias generaciones de americanos con orígenes ingleses y holandeses, fue el segundo de nueve hijos del matrimonio formado por el carpintero y granjero Walter Whitman y Louisa Van Velsor Whitman. Desde su nacimiento, el poeta sería llamado “Walt” para evitar confusiones con su progenitor. Walt creció en un hogar con una religiosidad cercana a las ideas de los cuáqueros, según los cuales cada persona lleva en su interior una brizna de divinidad. El poeta nunca abandonaría esa convicción. El sincero patriotismo del padre se reflejó en los nombres escogidos para tres de sus vástagos: Andrew Jackson, George Washington y Thomas Jefferson. El poeta bromearía más adelante, asegurando que mantenía un estrecho parentesco con los padres fundadores de la nación.

   Todo insinúa que el padre de Walt era un hombre autoritario, poco afectuoso, proclive a la violencia y aficionado a la bebida. En el poema autobiográfico “Hubo un niño que fue hacia delante”, el poeta lo describe como “un hombre fuerte, autosuficiente, varonil, perverso, iracundo, injusto”. Cabe alegar en su descargo que esos rasgos se repetían en la mayoría de los padres de la América obrera, azotada sin descanso por la escasez y la penuria. Su esposa Louisa, en cambio, fue una madre cariñosa y perseverante que mantuvo una estrecha relación con Walt. “¡Cuánto le debo! –reconocería el poeta–. Hojas de hierba es la flor de su temperamento, activo en mí”.

Whitman asumió el reto de ser el poeta de un insaciable y orgulloso país que aún no había hallado a su Homero

   Walt nació el mismo año que Herman Melville y James Russell Lowell. Esa circunstancia venturosa contrasta con las tragedias que soportó su familia. Su hermano Jessie murió en un manicomio. Se especula que perdió la razón por culpa de una enfermedad venérea. Su hermana Mary se casó́ con un carpintero alcohólico y huraño. Hannah no tuvo más suerte. neurótica e hipocondríaca, sufrió los malos tratos de su marido, un pintor de paisajes de tercera fila. Andrew se desposó con una prostituta y murió prematuramente a causa del alcoholismo y la tuberculosis. Edward, el más pequeño, nació con una severa minusvalía física y mental. Sólo George, que se convirtió en un heroico veterano de la Guerra Civil, y Jeff –el más querido por Walt e ingeniero de éxito–, escaparon de lo que parecía una maldición familiar. Walt nunca se casó y no engendró ningún hijo. En su vejez, afirmó que había sido padre de seis hijos ilegítimos. Se refería a sus hermanos, que llegaron a ver en él una figura paterna.

   Se ha especulado mucho sobre la homosexualidad de Walt. El encendido erotismo y la deliberada ambigüedad de sus poemas ha propiciado toda clase de rumores, pero ninguna biografía ha logrado averiguar la verdad. Al igual que en otras cuestiones, el poeta prefirió alimentar la leyenda, quizás porque su vida no le parecía suficientemente interesante. Jorge Luis Borges ya advirtió que es inútil buscar al “vagabundo semidivino” honrado por la posteridad. No existe nada semejante. Walt era un hombre tímido que apenas viajó por Estados Unidos y que nunca salió al extranjero.


Las mejores frases de Walt Whitman sobre la vida
Las frases de Walt Whitman son como un bálsamo para el espíritu, porque exaltan la vida y la felicidad de estar vivos, aun cuando él mismo tuvo que vivir varios episodios difíciles y dolorosos a lo largo de su existencia.
Las frases de Walt Whitman son las frases del padre de la poesía moderna. También representan la voz de un hombre que quizás exaltó la vida como ningún otro. Un hombre que desató polémicas y propició escándalos, pero nunca dejó de conmover.
Whitman hizo una poesía que pretendía llegar a todos los corazones. Se alejó de los cánones complejos y los temas enrevesados. Por eso también es considerado el padre del verso libre, ese que busca simplemente dejar hablar al corazón, sin dejar a un lado, pero sí evitando que predomine la intelectualidad.
Las frases de Walt Whitman son también los versos de sus poesías. No es fácil captar su sentido completo fuera del contexto de cada poema. Sin embargo, algunas de ellas tienen un enorme valor por sí solas:
 Mira tan lejos como puedas, hay espacio ilimitado allá, cuenta tantas horas como puedas, hay tiempo ilimitado antes y después”.
-Walt Whitman-
   Las frases de Walt Whitman reflejan a un revolucionario del pensamiento y de la palabra. Nunca fue dado a seguir protocolos, ni a tragar enteras las leyes o las costumbres de su época. Tenía una rebeldía alegre y vital, que contagiaba.

  Uno de sus versos dice: “Resiste mucho, obedece poco”. En esta pequeña frase queda sintetizado mucho de lo que fue este gran poeta. Era un verdadero innovador y por eso lo suyo no era repetir o seguir pasivamente lo dado, sino construir lo nuevo.
    Whitman nació por segunda vez en 1855, cuando publicó la primera edición de Hojas de hierba. A partir de entonces, decidió vivir para el destino que él mismo se había impuesto: ser el poeta de la epopeya americana, encarnar ese papel superlativo que Ralph Waldo Emerson, al que tanto admiraba, había reclamado para la joven y ambiciosa nación: “Aún no hemos tenido al genio que, con ojo tiránico, aprecie el valor de nuestros incomparables materiales. […] nuestras pesquerías, nuestros negros e indios, nuestras fanfarronadas y nuestros rechazos, la cólera de los canallas y la pusilanimidad de los honrados, el comercio del norte, la plantación del sur, la conquista del Oeste, Oregón y Texas: todo eso no se ha cantado todavía”. Whitman decidió ser ese poeta, pero no llegó a esa determinación de forma inmediata, sino tras treinta y seis años de experiencias relativamente pueriles.

   Abandonó la escuela a los once años. Trabajó en la construcción, se formó́ como cajista en un taller de impresión, impartió clases como maestro y ejerció de periodista y editor. Fundó el Long Islander y fue redactor del New York Aurora. En 1842, escuchó por primera vez a Emerson. Simpatizó de inmediato con el trascendentalismo, una doctrina que corroboraba la idea aprendida en su niñez sobre el alma individual como reflejo del alma sagrada del cosmos, pero sobre todo le impresionó la caracterización del poeta como “el que dice, nombra y representa la belleza; el soberano, el que está en el centro; el que anuncia lo nunca profetizado; el único sanador verdadero; el dios que libera”. De forma aún imprecisa, asumió ese reto, proyectando ser el poeta de un insaciable y orgulloso país que todavía no había hallado a su Homero o Dante.

   Trece años después y, tras escribir en media docena de periódicos y publicar un puñado de cuentos mediocres, se produciría “el punto de ebullición” que le hizo sacar a la luz la primera edición de Hojas de hierba, 795 ejemplares costeados por su propio bolsillo. Se ha interpretado el título como un símbolo trascendentalista de la naturaleza, pero la realidad es más prosaica. En los talleres de impresión, se llamaba “hierba” a las composiciones de dudoso valor, a las páginas que se imprimían a modo de prueba o experimento. Y “hojas” a los fajos de papel. El libro contenía doce poemas sin rima y “su aspecto era bastante tosco y casero”, según Jerome Loving, prestigioso biógrafo de Whitman.

‘Hojas de hierba’ no es la autobiografía de Whitman, sino la del poeta que señaló las virtudes y pecados de EE. UU.

   El poeta envió́ un ejemplar a Emerson, que le contestó con una elogiosa carta, donde afirmaba que la obra auguraba “el comienzo de una gran carrera”. Whitman publicó la carta en la siguiente edición a modo de prólogo, sin consultar a su autor. Ya no era un simple periodista, sino el Poeta de la “gente verdadera”. Aunque era moderadamente abolicionista, Whitman no incluía en la “gente verdadera” a los negros o los indios, sino a los millones de trabajadores blancos que derramaban su sudor en las fábricas, los muelles y los campos. Escribía para “una nueva raza de hombres, mayor, más musculosa, más cálida, más democrática, sin ley, positivamente nativa de los Estados Unidos, de cuerpo dulce, más completa, intrépida, que fluye, magistral, de rostro barbado”. Su intención era igualar democracia y divinidad, cuerpo y espiritualidad. Sostenía que el sexo no era algo reprobable, sino la llave del perdido jardín del Edén. Whitman escribió varias reseñas elogiosas de Hojas de hierba, con nombres ficticios. Se justificó, argumentando que nadie conocía como él las virtudes y las insuficiencias de la obra. Añadió las autocríticas a las sucesivas ediciones. Sabía que escribía para el futuro. De hecho, su aspecto de vagabundo, que chocaba con la apariencia de caballeros de los poetas de su tiempo, no adquirirá la condición de estereotipo hasta la Generación Beat.


       No te Detengas, Carpe Diem (Poetas Muertos)


   En 1860 aparece la tercera edición de Hojas de hierba, pero el estallido de la Guerra Civil hace que el libro pase desapercibido. Whitman escribe “¡Resonad! ¡Resonad! ¡Tambores!”, un poema incitando a combatir con las tropas de la Unión. Tiene cuarenta y tres años y es demasiado viejo para luchar, pero cuando hieren a su hermano George acude al frente. El sufrimiento de los soldados le conmueve profundamente y, al regresar a Washington, comienza a visitar de forma voluntaria a los heridos de guerra. Según sus cálculos, asistió a unos cien mil en tres años.

  En las tres ediciones que aún se publicarán en su vida de Hojas de hierba, incorpora poemas sobre el conflicto, llegando a manifestar: “Mi libro y la guerra son uno”. Su optimismo se oscurece al contacto con la muerte. La vida, la muerte y el amor componen una trinidad indisociable, pero quizás la última palabra le corresponda al silencio eterno que ha visto surcando el rostro de los agonizantes. El asesinato de Lincoln agudiza la sensación de “caminar en silencio por la transparente noche llena de sombras”.

                 Frases Célebres: Si No Me Encuentras - Walt Whitman

   Escasamente reconocido por la crítica norteamericana, Europa canta las excelencias de su poesía. La ciudad de Boston responde prohibiendo Hojas de hierba por obscenidad.

  Encerrado en casa de su hermano George en Camden, New Jersey, prepara una última edición de Hojas de hierba, escribiendo poemas “desde el lecho de muerte”. Compra un mausoleo para sus restos y los de su familia, y lo visita en varias ocasiones. El 26 de marzo de 1892 muere de bronquitis. Tres mil personas acuden a honrar el cadáver. Ya no es Walter Whitman, un hombre inseguro e inestable, sino el Poeta de América. Nunca se despejarán las incógnitas sobre su vida: ¿Bebía a escondidas, a pesar de sus filípicas contra el alcohol? ¿Era misógino? ¿Practicaba el amor que no osa decir su nombre? ¿Decía la verdad cuando se refería a Hojas de hierba, advirtiendo: “Camarada, esto no es un libro, / El que lo toca, toca a un hombre?”. Hojas de hierba no es la autobiografía de Walt Whitman, sino la del Poeta que arrojó las virtudes –y los pecados– de los Estados Unidos sobre su espalda. Como creador fue un gigante; como hombre, un divino impostor.



     El Club De Los Poetas Muertos - Oh Capitán, mi Capitán !!


EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS - Análisis de la escena final






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