martes, 7 de julio de 2020

LAS GUERRAS MÉDICAS: GRIEGOS CONTRA PERSAS




Batalla naval Siracusa
Las Guerras Médicas fueron una serie de conflictos entre el Imperio aqueménida de Persia y las ciudades-estado del mundo helénico que comenzaron en 490 a.C. y se extendieron hasta el año 478 a.C. La colisión entre el fragmentado mundo político de la antigua Grecia y el enorme imperio persa comenzó cuando Ciro II el Grande conquistó Jonia en 547 a.C.y tuvo dos momentos críticos en las dos expediciones fallidas de los persas contra Grecia, en 490 y 480-479a. C., conocidas respectivamente como Primera y Segunda Guerra Médica. El enfrentamiento entre griegos y persas, del que las guerras Médicas fueron sólo una fase, duró en total más de dos siglos y culminó con la conquista y disolución del Imperio aqueménida por Alejandro Magno en el siglo siguiente. Los propios griegos eran perfectamente conscientes de que el Imperio aqueménida, su enemigo, estaba gobernado por una dinastía persa, conservaron para éste el nombre con que fue conocido antes, Media, de ahí el nombre de "médicas", una región contigua a Persia sometida a su imperio.
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Las Guerras Médicas en 10 minutos! | Griegos contra Persas



Guerras Médicas

   Las Guerras Médicas representan la transición entre el mundo arcaico y el clásico. Según Pirenne, se trata de un conflicto entre un imperio continental, Persia, que busca salida al mar, y uno marítimo, las polis griegas de Asia Menor, que poseen esta salida. 

  Grecia atravesaba un buen momento: En casi todas las polis las tiranías eran reemplazadas por regímenes democráticos moderados, dominados por una oligarquía de hombres de negocios. Las colonias griegas se extendían por todo el Mediterráneo y, al mismo ritmo, se  difundía la civilización griega, logrando, pese a la fragmentación política, un microcosmos cultural, gracias al genio de sus poetas y filósofos.

      Como muestra de esta situación tenemos el caso de Atenas. En ella, CLISTENES prepara con sus reformas la democracia de la época de PERICLES. Crea la BULE o Consejo de los 500 y la ECCLESIA o Asamblea popular, que, en adelante, sirven de contrapeso al Arcontado -cuyos miembros tenían que ser nobles- y al Areópago. También crea la institución del ostracismo. consiste en que cada año la ECCLESIA vota si algún ciudadano es peligroso para la comunidad y puede convertirse en tirano. Si se reunían 6000 votos, se celebraba una votación con nombres y el que reunía mayor número de ellos era desterrado por diez años.

   Se llaman por tanto Guerras Médicas a los conflictos dados entre el Imperio Persa y los estados de la Antigua Grecia. Se dieron dos guerras médicas, la primera hacia el año 490 a.C. dirigida por Darío I, rey persa, en contra de los estados de la antigua Grecia. La segunda hacia el año 480 a.C., dirigida por Jerjes I.

   Dentro de las guerras médicas se dieron las batallas más reconocidas de la historia como la batalla de Maratón, la batalla de Salamina y la batalla de las Termópilas.

Antecedentes

   La batalla de Ptería en el año 527 a.C. a la que siguió la toma en cautividad por los persas del rey Creso de Lidia y la toma de su capital, Sardes. Dos años más tarde, en torno al 525 a.C. con el gobierno del rey persa Cambises II (529-522), sucesor de Ciro II el Grande (559-529), toda Asia Menor se encontraba bajo el poder del Gran Rey persa.

Expansión del Imperio aqueménida hacia el año 490 a. C.

   Las ciudades griegas de Jonia, excepto Mileto que logró un ventajoso pacto de paz con Ciro, ayudaron a Lidia en su lucha contra los persas y  al ser derrotadas, sus habitantes tuvieron que optar por someterse al vencedor, o emigrar. Así los habitantes de Focea marcharon hacia Occidente y se instalaron en Alalia (Córcega) y luego a Elea, en el sur de Italia y los de Teos huyeron hacia Oriente, fundando Abdera (Tracia) y Fanagoría (Crimea).

   Sin embargo, el yugo persa bajo el reinado de Ciro II y su sucesor, Cambises II no resultó excesivamente pesado, ya que, por propia conveniencia para los persas, se respetó su comercio y en cierto modo, su vida ciudadana.


Las causas

   La insurrección de los jonios contra Persia se debió a múltiples factores tanto económicos como sociales, políticos e ideológicos, que motivaban el descontento general de las ciudades, por lo que aspiraban a rebelarse contra el yugo persa, país en el que a la muerte de Cambises II había subido al trono Darío I (512-484) yerno de Ciro II.

   En el año 499, Aristágoras, tirano de Mileto marchó a Grecia para pedir ayuda a las ciudades del continente, dirigiéndose primero a Esparta, pero el rey Cleómenes excusó su ayuda, alegando la lejanía de Jonia, lo que se entiende sobre todo porque Esparta evitaba realizar intervenciones muy alejadas del Peloponeso, debido a su continuo problema social por la amenaza de un levantamiento ilota y su eterna rivalidad con Argos, problemas que la obligaban a mantener su ejército cercano y dispuesto siempre para atender a sus propios problemas.

   Por su parte, Atenas se identificó con los problemas jonios, ya que recelaba de la política persa y pronto decidieron apoyarles, uniéndoseles la ciudad de Eretria y más adelante ciudades del Helesponto y del Bósforo, gran parte de Caria, Licia y Chipre.

   Los griegos iniciaron el ataque asediando la ciudad de Sardes, capital de Lidia, que fue incendiada, pero el sátrapa persa de la provincia pudo resistir en la Acrópolis de la ciudad, con su guarnición. La toma e incendio de Sardes, con la destrucción de su famoso templo de Cibeles, debió ocurrir hacia la primavera-verano del año 498 a.C

   Pronto se movilizó el ejército real persa, mucho más poderoso que el de los aliados. Reconquistó Chipre, sometió Caria y tomó el Helesponto. La esperanza de los griegos estaba en el mar y en el año 494 a.C. unieron sus fuerzas para defender Mileto. Pero carecían de organización y no hubo acuerdo entre sus jefes, por lo que los persas., contando con la flota fenicia tomaron Mileto. La ciudad fue incendiada y destruida, siendo sus habitantes deportados y esclavizados.

   El poder persa imperaba de nuevo sobre Asia Menor. Darío I volvía a afianzar su autoridad: imponía sus sátrapas y exigía el tributo de las ciudades. Además, el rey de Macedonia se apresuró a reiterar su vasallaje.

dario I el grande
Dario I, el grande

El comienzo de las Guerras Médicas
Primera Guerra Médica
   En el año 493 a.C. mientras la flota y la armada persa se concentraban para una gran expedición contra el mundo griego, aparecía Temístocles en la escena política ateniense. Temístocles de la familia de los Licómidas, ejerció una política adversa a los persas, hizo comenzar la construcción de las fortificaciones de El Píreo.

   En la primavera del año 492 a.C. los persas, tras someter Tracia occidental y Macedonia se retiraron de nuevo a Asia. En el año 491 a.C. Darío dio un ultimátum a la Hélade griega exigiendo tributos, amenazando con una invasión.

   La mayoría de las ciudades griegas aceptaron la sumisión, excepto Atenas y Esparta, que dieron muerte a los heraldos persas, lo que provocó la guerra. Persia envió contra el continente dos expediciones militares. La primera en el año 490 a.C. con un carácter de conquista o posiblemente de castigo (Primera Guerra Médica), dirigida por Darío I. La segunda en el año 480 a.C., fue dirigida por Jerjes como represión o revancha contra el mundo griego (Segunda Guerra Médica).



mapa primera guerra medicaMapa de las campañas de las Guerras Médicas

   En el año 490 a.C. los persas prepararon en Cilica una nueva expedición al mando de Datis, Artafemes con el fin de tomar represalias contra Atenas y Eretria por su apoyo a la insurrección jonia y la destrucción de Sardes en el año 498 a.C. Tras tomar Naxos, cuya principal ciudad fue destruida, los persas llegaron a Délos, pero Datis prohibió saquear la isla, respetando el santuario de Apolo, a quien adoró y dedicó una ofrenda de trescientos talentos, después destruyeron Eretria. Los persas habían traído consigo al ex tirano Hipias, entonces ya un anciano, con el evidente propósito de restaurarle en el poder y tener asegurada la fidelidad de los atenienses.
   Milcíades consiguió que la Ecclesia aceptara presentar batalla a los persas, ya que Atenas no estaba preparada para un asedio. Y se pidió la ayuda de Esparta. Posiblemente debido a la demora del ataque ateniense, los persas comenzaron a embarcar su caballería. Ello debilitó sus fuerzas y fueron vencidos por los atenienses, en la llanura de Maratón, donde se desarrolló la batalla de Maratón gracias a la rapidez de movimiento de sus tropas y a la pericia de Milcíades. La fuerza espartana llegó al día siguiente de la batalla.

   En la Batalla de Maratón, una fuerza inferior de hoplitas griegos aprovechó una oportunidad para derrotar a sus enemigos persas, explotando su superior armadura y disciplina para obtener una de las victorias tácticas más famosas del mundo antiguo. No obstante, esto no puso fin a la amenaza persa contra las ciudades estado independientes griegas.

Datos de la Batalla de Maratón

Quiénes: Casi 11.000 hoplitas atenienses y platenses, capitaneados el día de la batalla de Maratón por el general ateniense Milcíades, se enfrentaron a un ejército persa multiétnico en número de unos 25.000 soldados, bajo el mando del persa Artafemes y del noble medo Da lis.
Cómo: Los atenienses debilitaron el centro de su línea y fortalecieron sus alas, permitiendo que los persas avanzaran por el centro, para ser derrotados por los flancos y ver su centro rodeado por las alas victoriosas del ejército griego.
Dónde: La llanura de Maratón, a unos 42 km de Atenas.
Cuándo: 12 Je agosto del 490 a.C.
Por qué: Los persas querían atacar Atenas para castigar a la ciudad por su apoyo a la rebelión de las poblaciones griegas jonias.
Resultado: Los persas fueron expulsados de Grecia durante 10 años.
Según las cifras dadas por Heródoto murieron en el campo de batalla más de 4000 persas y solo 192 atenienses, entre ellos su Arconte Polemarco.

Antecedentes
   Hacia el 539 a.C., los persas, bajo Ciro el Grande, habían conquistado buena parte de Anatolia, incluidas las poblaciones griegas costeras que había en Jonia. Inicialmente, las relaciones entre los persas y sus súbditos griegos fueron relativamente cordiales. Durante las décadas siguientes surgieron una serie de tensiones que agriaron esa relación. Los persas impedían el desarrollo económico griego con restricciones comerciales. Además, los autócratas persas impusieron tiranos títeres a las ciudades estado jonias, algo que iba contra la ética de los griegos, de mentalidad independiente. En el 499 a.C. los jonios finalmente estallaron en una revuelta abierta contra los persas. Su líder, Aristágoras de Mileto, buscó ayuda entre los estados continentales de Grecia.

   Su primer intento de alianza fue con Esparta. Los espartanos tenían el mejor ejército Grecia, y, por tanto, eran una buena opción. Por desgracia. el rey Cleómenes no entendió que el envío de fuerzas para luchar por los lejanos griegos jonios tuviera interés alguno para los espartanos, así que declinó apoyar la revuelta. Aristágoras obtuvo mejor acogida en Atenas. Pronunció un discurso ante la asamblea ateniense, en el que defendió que los persas eran inferiores a los griegos en combate, y que la riqueza del gran imperio proporcionaría mucho botín a los vencedores. La asamblea debatió la cuestión y decidió enviar ayuda a sus primos jonios; un escuadrón de 20 naves de guerra. La armada griega hizo escala en Éfeso, donde desembarcó la tropa. El ejército se dirigió a la capital persa, Sardis; la ciudad fue tomada rápidamente y, ante la aproximación de un ejército persa, incendiada y arrasada. En una batalla posterior, los griegos fueron derrotados y los atenienses decidieron regresar a casa. La revuelta continuó hasta el 495 a.C., pero el resultado era inevitable: las poderosas y centralizadas fuerzas armadas persas aventajaban a los individualistas estados griegos al luchar en una guerra prolongada.

   Aunque la revuelta había sido sofocada con éxito, el rey persa, Darío I, se enteró de la participación de los atenienses y enfureció. Un relato de Heródoto cuenta que Darío, ordenó que un esclavo le dijera Maestro, recordad a los atenienses tres veces antes de cada cena, para no olvidarse de castigarlos por su interferencia. Y así, en el año 492 a.C, Darío envió una expedición bajo el mando de su yerno Mardonio, para hacerlo, pero las tribus hostiles de Tracia y el mal tiempo frente al monte Athos obligaron a las fuerzas a regresar a casa.

La Campaña

hoplita griego
Hoplita griego

   Darío no iba a darse por vencido en sus planes de castigar a los atenienses. Así, al año siguiente se preparó otra expedición. Esta iba a cruzar el Egeo para castigar a los atenienses y a los eretrios, que también habían apoyado la revuelta, incendiando sus ciudades y esclavizando a las poblaciones. Esta fuerza sería transportada por mar, evitando así los problemas que habían acosado a la expedición de Mardonio. El componente naval de la expedición estaba compuesto por casi 600 naves. Quizá 200 de ellas eran naves de guerra que servían de escolta a la flota, mientras que las otras 400 eran transportes que llevarían a los soldados y sus provisiones. Entre los transportes había una serie de unidades especialmente diseñadas para los caballos, que llevarían las monturas de la caballería persa. La fuerza de desembarco alcanzaba quizá 25.000 hombres armados, entre ellos un pequeño contingente de caballería, tal vez unos 1.000 en total. Esta fuerza estaba a las órdenes del sobrino de Darío, Artafernes, y de Datis, un noble de ascendencia meda. También estaba presente Hipias, quien había gobernado Atenas como tirano hasta que fue expulsado en el 510 a.C. Los persas comprendían la naturaleza rebelde de la política en una ciudad estado griega, y sin duda veían el potencial de utilizar a Hipias para alzar una quinta columna dentro de la propia Atenas.

   La flota persa se hizo a la mar desde Tarso y navegó hacia el oeste. La armada tocó varias islas por el camino y las redujo mediante amenazas o por la fuerza. Se realizó un desembarco importante en la isla de Eubea, para atacar la ciudad de Eretria, señalada por Darío, junto con Atenas, para ser castigada por su participación en apoyo de la revuelta jonia. La población de Eretria se encontraba en un dilema acerca de lo que debía hacer ante una fuerza tan poderosa.

   Algunos se inclinaban por tratar de defender la ciudad, mientras que otros apoyaban su abandono y la continuación de la lucha desde las montañas próximas. Sin embargo, antes de que se hubiera podido tomar una decisión, la ciudad fue entregada por una facción que había sido sobornada con oro persa a cambio de abrir las puertas de la ciudad. Los templos de la ciudad fueron incendiados en justo castigo por la destrucción de Sardis. Desde Eubea, los persas se dirigieron a Atica, donde desembarcaron el 5 de agosto en la llanura de Maratón, a casi 42 km de Atenas. El lugar fue elegido sin duda en consulta con Hipias, ya que ofrecía todo lo que los persas necesitaban, una larga playa donde se podían varar las naves, un amplio suministro de agua, acceso a Atenas y espacio para maniobrar, especialmente para la caballería, si los atenienses decidían presentar batalla en ese lugar.
   Cuando los atenienses conocieron el desembarco de los persas, enviaron a buscar ayuda: el heraldo Filípides hizo una famosa carrera de 225 km hasta Esparta. Por desgracia, los espartanos no podían enviar ayuda a causa de una festividad religiosa, la Carneia, que no les permitiría marchar hasta el 12 de agosto. Con estas noticias, los atenienses debatieron las medidas a tomar. Algunos se mostraron a favor de prepararse para un asedio; aunque, dada la presencia de Hipias y la traición de Eretria, esto parecía bastante arriesgado. Otros defendieron que era imperativo mantener a los persas encerrados en Maratón y no permitirles aproximarse a la ciudad. En este grupo se contaba el general Milcíades. Su opinión tenía cierto peso, ya que había tenido relaciones anteriores con los persas y había combatido en la revuelta jonia. Como consecuencia, el ejército ateniense de casi 10.000 hoplitas, una infantería fuertemente armada, marchó hacia Maratón. Se les unió una fuerza de entre 600 y 1.000 hoplitas de la ciudad de Platea, antigua aliada de Atenas.

Disposiciones

  Los persas arrastraron sus naves a tierra a lo largo de una estrecha playa llamada Schoinia, tras de la cual se hallaba una extensión pantanosa. Más allá del pantano había una población con una gran extensión de terreno abierto que estaba cerca de un manantial; los persas establecieron ahí su campamento principal, porque les proporcionaría agua y forraje. Los atenienses y sus aliados platenses acamparon en el extremo meridional de la llanura de Maratón, al norte de un pequeño pantano, la Brexisa, entre unos terrenos elevados y el mar. Los griegos protegieron su campamento con árboles caídos, provistos de ramas especialmente afiladas.

La Batalla de Maratón


   Los dos ejércitos se encontraron frente a frente quizá durante cuatro días. Ambos bandos tenían buenas razones para esperar. Para los atenienses, cada día que pasaba aproximaba más la ayuda espartana: con el final de la Carneia el 12 de agosto, los espartanos podrían marchar en su ayuda y llegarían quizá el día 15. Además, dada la gran extensión de la llanura de Maratón, y la capacidad de los persas para desplegar y maniobrar allí su caballería, no tenía sentido táctico que los griegos abandonaran el terreno favorable próximo a su campamento fortificado, que estaba situado entre el mar y las colinas. Esto convertiría a los hoplitas, fuertemente armados, con su formación de falange, en una fuerza formidable contra los persas, dotados de un equipamiento más ligero. Por su parte, los persas tenían también razones para creer que el tiempo jugaba a su favor, al menos inicialmente. Como había ocurrido en Eretria, esperaban ayuda del interior de la propia ciudad. En este caso, esperaban que los partidarios de Hipias traicionaran a la ciudad en su favor, sin duda con el estímulo del oro persa. Los persas estaban esperando una señal, un escudo de bronce muy pulido que lanzaría destellos desde el monte Pentele, lo cual indicaría que todo estaba preparado.

   Aunque los detalles del plan no se conocen, parece claro que los persas embarcarían al grueso de su tropa en naves y navegarían hasta Atenas mientras las fuerzas atenienses estuviesen todavía en Maratón. Además, los persas no deseaban asaltar a los atenienses y a los platenses mientras se hallaran en sus posiciones fuertes en el extremo meridional de la llanura, porque el terreno anularía tanto su ventaja numérica como la movilidad de su caballería.

   No obstante, en la tarde del 11 de agosto, a los persas se les agotaba el tiempo. No habían recibido señal alguna de la quinta columna de Atenas con el escudo, y la festividad espartana llegaría pronto a su fin. Esto significaba que los atenienses podían esperar refuerzos espartanos, y la presencia de tales hoplitas, duros y bien disciplinados, transformaría espectacularmente el equilibrio militar en la llanura de Maratón. Como consecuencia, los persas empezaron a embarcar parte de sus fuerzas en los transportes para poder zarpar hacia Atenas a la mañana siguiente, mientras el resto de sus fuerzas mantenía la vigilancia a los hoplitas atenienses y platenses en Maratón. Incluso sin la señal del escudo, los persas podían esperar ayuda del interior de la ciudad si el ejército estaba ausente.
   Esta fuerza estaría bajo el mando de Datis y parece que incluyó la mayor parte de la caballería, que sería muy útil para lanzarse hacia Atenas una vez que el destacamento desembarcara en la bahía de Faliro. Artafemes permanecería en Maratón y mantendría un estrecho bloqueo del campamento ateniense. Probablemente tenía consigo unos 15.000 hombres, casi exclusivamente de infantería. Por fortuna para los atenienses, fueron alertados del plan persa por algunos jonios simpatizantes que prestaban servicio a los persas. Enviaron el famoso mensaje la caballería ha partido, que galvanizó la resolución de los comandantes atenienses para presentar batalla. De hecho, los 10 estrategas atenienses, generales elegidos de cada una de las 10 divisiones tribales de Atenas, estaban estancados en cuanto a si debían o no quedarse y luchar, regresar a Atenas (ellos también tenían presente la posible traición desde dentro de la ciudad) o presentar batalla, la opción preferida por Milcíades.



mapa batalla maraton
Mapa de la Batalla de Maratón
   Por fortuna, el arconte polemarco (un puesto ceremonial cuyo titular podía emitir un voto de calidad en una situación de bloqueo como esta) respaldó la permanencia en Maratón y el avance contra los persas. Se tomó la decisión de lanzar un ataque al amanecer. Si podían derrotar de forma rápida y decisiva a los soldados de Artafernes, sería posible emprender una marcha forzada a lo largo de la calzada costera hacia Atenas y llegar antes que la fuerza de asalto persa.
   La mañana siguiente contempló a las fuerzas enfrentadas dispuestas para la batalla de Maratón. Milcíades, que conocía las tácticas persas, estaba al mando ese día, y desplegó las fuerzas griegas. Sabía que los persas pondrían probablemente a sus mejores tropas en el centro de su línea de batalla, y que el número de persas haría probable que, si disponía a su falange de ocho en fondo a lo largo de todo el frente, los griegos se vieran flanqueados. Para evitarlo hizo menos denso el centro de su línea, sabiendo que los persas tendrían éxito allí inicialmente.

   No obstante, Milcíades sabía también que las alas de la formación persa estarían formadas por levas menos entusiastas y peor armadas, y que las alas fuertemente armadas del ejército griego serían victoriosas. Ordenó, por tanto, que las alas no persiguieran a las levas derrotadas sino que, una vez que las hubieran dispersado, giraran hacia dentro sobre el centro persa. El ala derecha estaba bajo el mando del arconte polemarco, Calímaco, y la izquierda estaba formada por los platenses.

   Artafernes desplegó sus tropas como Milcíades esperaba. Su mejor tropa, soldados iraníes del ejército regular y duros mercenarios sakas, constituía el centro de su formación, con diversas levas, incluidos griegos jonios poco entusiastas, en los flancos. Con el fin de mantener su estrecho bloqueo del campamento ateniense, avanzó hasta ocho estadios, o 1,6 km. de las posiciones griegas.
   Los griegos avanzaron desde su campamento hacia las líneas persas. Heródoto relata que lo hicieron a la carrera, para reducir el considerable número de flechas que arrojarían los persas, muchos de los cuales llevaban arcos. Esto es poco probable, porque correr más de un kilómetro con la pesada armadura de un hoplita hubiera sido casi imposible e innecesario; los atenienses iniciaron probablemente un trote corto a unos 150 m, el alcance de un arco persa. Las líneas de batalla iniciaron el combate y los persas llevaron la mejor parte de este en el centro, donde se hallaban sus mejores soldados, y los atenienses fueron rechazados. En las alas, en cambio, las levas fueron aplastadas. Siguiendo las órdenes que tenían, los victoriosos griegos giraron hacia el centro persa, cogiéndolo en una doble envolvente. Se produjo a continuación una matanza, con 6.400 bajas persas, en su mayoría soldados iraníes y sakas, y solo 192 atenienses, entre ellos Calímaco y un puñado de platenses muertos. Los griegos capturaron también siete naves persas, aunque las demás escaparon.

llegada de filipides a atenas


Llegada de Filipides a Atenas

   Los atenienses, no obstante, no podían descansar después de su victoria. Mientras una división tribal ocupaba el campo, el resto realizó una marcha forzada de regreso a Atenas. Llegaron a tiempo de impedir el desembarco de los persas y así Datis, al que se unieron entonces los supervivientes de Artafernes, se vio obligado a regresar a casa. Aunque los atenienses y los platenses habían obtenido una gran victoria, no habían ganado la guerra realmente.

   Los persas regresaron a casa, donde, casi inmediatamente, iniciaron los preparativos para otra campaña; aunque les llevaría 10 años, los persas regresarían en masa con la intención de conquistar toda Grecia, no solo de castigar a las atenienses.

Consecuencias de la batalla de Maratón

   La Batalla de Maratón había sido la primera victoria griega de las guerras médicas: por ello sus consecuencias, fueron decisivas:

 - Los atenienses adquirieron una gran confianza en su ciudad y en sus instituciones.
 - Se produjo el reconocimiento ateniense para con los hoplitas cuya forma de lucha iba asociada a una clase social determinada.
 - En esta batalla aparece por última vez como jefe supremo del ejército el arconte polemarco.

   El recuerdo de la victoria de Maratón, creó la imagen de toda una época gloriosa para los atenienses. Los guerreros de esta batalla fueron considerados héroes de su patria. Los muertos fueron enterrados con todos los honores en la misma llanura, en un monumento en forma de montículo, que aún se conserva. Los supervivientes consideraban como el más alto honor el haber participado en la batalla contra los persas en la que la victoria había sido solo de Atenas.


Batalla de maraton                                Batalla de Maratón

El decenio después de la primera Guerra Médica

Se conocen pocos datos sobre el periodo comprendido entre los años 490-480 a.C. aunque los acontecimientos sociales y políticos fueron importantes y decisivos.

Milciades

Milciades
Milciades

   Grecia no supo sacar partido de la victoria de Maratón pese a que Milcíades propuso una año más tarde continuar la primera guerra médica con una expedición que además de lograr establecer una línea de defensa naval en las Cicladas, aportaría ventajas económicas a Atenas pero la expedición fracasó y tras cuatro meses regresó a Atenas.
 A pesar de que Milcíades regresaba gravemente herido, sus adversarios le acusaron de estafar a los atenienses, destacando en la oposición Jantipo, padre de Pericles y tras ser absuelto de la pena de muerte, se le impuso una multa de cincuenta talentos, que pagó su hijo Cimón tras su muerte. 

temistocles
Temístocles
   Temístocles se hizo con el poder tras la muerte de Milcíades en 488 a.C. siendo la figura indiscutible del panorama político ateniense de su época y el inspirador de importantes medidas en el campo militar e institucional para Atenas. Llevó a cabo una serie de reformas en las instituciones encaminadas a su democratización:

 - Arcontado: Se instauró el sorteo para la elección de los arcontes entre quinientos candidatos, a razón de cincuenta candidatos por cada tribu. El Arconte Polemarco dejaría de ser comandante supremo.

 - Estrategas: Los Estrategas dejaron desde este momento de ser jefes del ejército y pasaron a administrar las finanzas. Al ser su cargo reelegible, les facilitaba su estabilidad en el poder, lo que fue utilizado por Temístocles y más tarde por otros importantes políticos, como Pericles, para prolongar su mando.

 - Aplicación del Ostracismo: La importancia que cobró la institución del ostracismo fue un claro indicio de las luchas política entre partidos. siendo notoria la persecución de la aristocracia. Así, sufrieron el ostracismo diversos personajes: Hiparco (año 487), Megacles (año 486), Jantipo (año 484) y Arístides, hijo de Lisímaco (año 483). Tras la inminente invasión persa, el ostracismo se interrumpió e incluso se llamó a los desterrados por este procedimiento y Jantipo y Arístides realizaron una importante labor durante la Segunda Guerra Médica como generales.

Segunda Guerra Médica

   Se llama Segunda Guerra Médica a la segunda invasión persa de la Grecia Antigua. La invasión fue dirigida por Jerjes I, como venganza  por las derrota de la Primera Guerra Médica. Duró dos años, desde el año 480 a.C. hasta el año 479 a.C.

Antecedentes de la Segunda Guerra Médica

El Imperio Persa: En Persia, una vez restablecido el orden interior, Jerjes I (486-465), hijo y sucesor de Darío I, se ocupó de organizar una gran expedición contra Grecia, como venganza y continuación de la anterior guerra y en el año 480 a.C., un colosal ejército partía desde Sardes hacia el continente griego. Las estimaciones actuales calculan para el ejército persa una cifra de 200 000 a 250 000 hombres. En cuanto a la armada, las opiniones son dispares, según Heródoto, 1.207 unidades. Otros autores reducen la flota persa a 600 naves.

Primera etapaLas Termópilas. 480 a.C. (Victoria Persa)

   Los aliados griegos dispusieron esta vez una nueva estrategia: 

 - Por tierra: El contingente aliado estaba formado por el ejército espartano y sus aliados peloponesios, con tropas de beocios, focidios, locrios y tespios mandados por el rey Leónidas de Esparta. Terminó con la gran derrota griega en las Termópilas, que dejó a Persia abiertas las puertas para la invasión de Beocia, el Ática y la destrucción de Atenas.

Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David (1814)
                          
 - Por mar: Se intentó obstaculizar el paso de la armada persa en Eubea, por lo que la flota griega se colocó en el cabo Artemision, en el territorio de Histieia. Más de la mitad de los efectivos eran las naves atenienses, ya que se calcula que los aliados griegos disponían de unos 270 barcos de los cuales 200 procedían de Atenas. 


mapa guerras medicas batallas
Mapa de las Guerras Médicas

Atenas

   Jerjes entró entonces en el Ática, que fue arrasada. La Acrópolis fue defendida en vano por unos pocos atenienses, que se habían refugiado en ella. Las magníficas construcciones realizadas por los Pisistrátidas y Clístenes fueron sometidas al pillaje e incendiadas, como el resto de la ciudad de Atenas. El incendio de Sardes en el año 498 a.C. estaba por fin vengado. Este funesto acontecimiento fue recordado siempre por todo el mundo griego.

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Un hoplita griego y un soldado persa combatiendo,
en una escena de un kílix del siglo V a. C.
                           

Salamina -  29 de septiembre del 480 a.C. (Victoria griega)

   Los aliados griegos sabían que su mayor posibilidad de victoria estaba en el mar, en el que el mayor protagonismo era de los atenienses, gracias a la previsora política de construcciones navales de Termístocles. La flota persa era muy superior en número a la griega.

   Los atenienses lograron que sus enemigos se adentraran en el estrecho que se encuentra entre la isla de Salamina y la isla Pistalea. La estrechez del espacio impidió la capacidad de maniobra de la flota persa, que fue fácilmente destruida por la griega, cuyos barcos eran menores y podían maniobrar mejor, al tiempo que los hoplitas atenienses, al mando de Arístides, derrotaban a la infantería persa que había desembarcado en la isla Pistaba.

   Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos, muchos de ellos de sus súbditos fenicios. Sin embargo, la flota persa no tenía coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia: sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento. Su plan resultó, y el caos cundió entre la flota persa, con nefasto resultado: sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre sí, yéndose a pique muchos de ellos, y contando además con que los persas no eran buenos nadadores, mientras que los griegos al caer al mar podían nadar hasta la playa. La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa. Jerjes presenció impotente la batalla, desde lo alto de una colina.

Los helenos sabían que cuando llega la hora del combate, ni el número ni la majestad de los barcos ni los gritos de guerra de los bárbaros pueden atemorizar a los hombres que saben defenderse cuerpo a cuerpo, y tienen el valor de atacar al enemigo.
(Plutarco)

   Como consecuencia de la victoria el ejército persa se replegó hacia Asia, posiblemente con intención de reemprender un nuevo ataque. Los griegos recuperaron la confianza en sí mismos y en sus instituciones cívicas.

   La derrota persa produjo nuevas insurrecciones en Grecia (Olinto y Potidea) y en Asia (aunque Babilonia fue dominada una vez más y perdió los privilegios autonómicos de que gozaba).


batalla de salamina
Batalla de Salamina

Segunda etapa

Platea. 479 a.C. Nueva victoria griega

    La mitad del ejército persa había marchado con Jerjes, pero la otra mitad se encontraba en el norte de Grecia al mando de Mardonio, que intentó en vano derrotar a los atenienses.

  En el año 479, las tropas griegas al mando del rey espartano Pausanias se desplegaron a lo largo de la falda norte del Citerón. Tras una durísima lucha que duro cerca de tres semanas, los griegos lograron una gran victoria en la comarca de Platea, causando grandes bajas al enemigo, incluida la muerte de su caudillo Mardonio. De Platea salió una expedición aliada contra Tebas en castigo por su alianza con los persas. Tras un duro asedio, la ciudad entregó a sus cabecillas que fueron ejecutados. 


batalla platea
Batalla de Platea


Cabo Mícale y Sesto: La ofensiva griega (479 .C.)

   Gracias a las victorias de Salamina y Platea, en el otoño de ese mismo año 479, los griegos pudieron atacar a los persas en Asia Menor. La flota griega al mando del espartano Leotiquidas marchó por el mar Egeo llegando al cabo Mícala, frente a la isla de Samos, donde mientras la flota destruía las naves persas, el ejército, ayudado por los jonios, destruyó al resto de la tropa persa que huía.

  Con la victoria del Cabo Mícala, la ofensiva persa contra Grecia y Europa había acabado. No así la guerra, que continuaría, aunque favorable, para el mundo griego, que se enfrentará ahora a sus problemas internos. El monumento más conmovedor de la victoria de los griegos es el que se alzaba en Delfos hasta que Constantino el Grande lo llevó a su nueva capital. En Constantinopla (actual Estambul) aún se yergue en el viejo hipódromo. Originariamente coronado con un trípode de oro, una columna de bronce hecha de tres serpientes entrelazadas. con una sencilla inscripción: Estos lucharon en la guerra y a continuación vienen los nombres de treinta y una ciudades.

batalla de micala
Batalla de Micala


Consecuencias de las Guerras Médicas
Las luchas entre griegos y persas provocaron diversas consecuencias en todos los campos:

Consecuencias Políticas e ideológicas

   Los griegos, tras las victorias, se sintieron reforzados en sus valores culturales y ciudadanos y hallaron nuevas perspectivas en sus horizontes políticos y económicos y la flota griega adquirió una gran importancia. Concretamente, en Atenas, por lo general, solo la cuarta clase de la reforma soloniana, la más baja (Thêtes), ocupaba los puestos en la marina (las tres clases superiores servían como hoplitas). Estos Thêtes, con el triunfo marítimo de Atenas, adquirieron una mayor importancia en la vida política de la ciudad.

  Contra un enemigo común, aun manteniendo sus diferencias, las ciudades griegas fueron capaces de unirse por primera vez en una Koiné panhelénica. Ello se logró con La Liga de Delos (478-477 a.C.), se funda la primera asociación de Estados griegos, bajo la dirección de Atenas, para expulsar a los persas del Egeo. Es decir, pasan  de la actitud defensiva a la ofensiva. El número de aliados se calcula entre 100 y 200 y a perpetuidad. Cada uno de ellos debe efectuar  pagos o phoros para formar un tesoro común o aportar barcos para la flota. La acciones militares de la Liga son expertas y eficaces. Cimon vence a los persas en Eurimedonte y la esfera de influencia de los persas en Asia Menor es desplazada hacia el interior. El Egeo se había convertido en un mar griego, y durante muchos decenio no se atrevió ninguna nave persa a surcar sus aguas. 

El «imperio de Atenas» en el 431 a. C., heredero directo de la Liga de Delos, que se había creado tras el final de la segunda guerra médica.

   Esparta, más preocupada por sus propios intereses y una vez aminorado el peligro persa, no demostró el apoyo y la atención por la causa griega que de ella se esperaba. En cambio, por iniciativa de Atenas, se continuó el conflicto hasta la Paz de Calías (449-8), para lograr la total liberación de las ciudades griegas de Asia Menor del dominio persa.

   La postura espartana facilitó el camino a la hegemonía ateniense y a que las ciudades griegas se dividieran en dos agrupaciones ideológicas e intereses diferentes.

  Aunque algunas ciudades jonias y eolias permanecieron, durante mucho tiempo, bajo el dominio persa, en general las ciudades griegas minorasiáticas pasaron del yugo persa a la alianza ateniense. Tal vez gozaron de una mejor libertad de mercado, aunque nunca volvieron a tener una tan próspera y beneficiosa como durante el periodo lidio.

   Las transformaciones ideológicas también alcanzaron el terreno religioso. La actitud filopersa del Santuario de Delfos y sus ambiguos oráculos provocaron una disminución de su importancia y de su divinidad, Apolo, en la vida griega. En contrapartida, otras deidades como Pan, Dionisio, y sobre todo Palas Atenea, aumentaron en importancia. ya que se atribuyó a su ayuda la victora sobre los persas.

Consecuencias Económicas

   La victoria de los griegos sobre los persas trajo consigo importantes perspectivas económicas, de las que supo beneficiarse principalmente el bloque encabezado por Atenas, favorecido también por la decadencia etrusca y cartaginés en Occidente, produciéndose un aumento de la importancia y riqueza de las clases de comerciantes y una disminución de la importancia de los campesinos.

   En Atenas, los metecos. extranjeros domiciliados en la ciudad, pero carentes de derechos ciudadanos, que se dedicaban al comercio aumentaron su actividad contribuyendo decisivamente al desarrollo económico de Atenas, adquiriendo un gran peso en la vida ciudadana.

   Durante este periodo se institucionalizó en Atenas el sistema financiero de las Liturgias, mediante el cual la ciudad encargaba el coste de un proyecto o actuación cívica a un ciudadano solvente. Había distintas clases de Liturgias.

Consecuencias Culturales

   A la revitalización de la vida política y económica siguió el auge de la cultura y las manifestaciones artísticas llenas de perfección en las proporciones de la escultura y la arquitectura. Se busca en esta época representar los temas dedicados a la victoria sobre los bárbaros, o los temas míticos y heroicos como la Amazonomaquia. En la arquitectura y escultura destacan el templo de Zeus de Olimpia, el de Afaya en Egina y el Heroon de Delfos.

   La cerámica produce la última fase del denominado «Estilo Severo», caracterizada por la sobriedad y el dibujo perfeccionista del trazo, mientras que las escenas representadas se ornan con diversos motivos geométricos. Las figuras cobran mayor realismo y agilidad que en la época anterior aunciando la belleza posterior de las figuras del estilo clásico. Los temas son una inestimable muestra de la vida diaria.

   Son importantes los pintores Duris, Macrón, el pintor de Berlín y el pintor de Brygo.

   Las grandes fiestas religiosas, la promoción de la vida pública ciudadana y los grandes espectáculos dieron lugar al enriquecimiento de la actividad intelectual y literaria, que terminará por manifestarse esplendorosamente en las Atenas de Pericles.

   La victoria griega en esta guerra es un hecho fundamental en la Historia Universal. Es fácil imaginar las consecuencias de todo orden que hubiera tenido la presencia de un imperio oriental en el Mediterráneo. La evolución cultural y política griega se habría detenido y con ella el avance de la libertad intelectual como preparación para un mundo occidental libre.


mapa guerras medicas
Mapa de las Guerras Médicas


escuela antigua atenas
La historia de Filípides según Heródoto
   Antes de abandonar la ciudad, los generales de Atenas enviaron un mensaje a Esparta. El mensajero fue un ateniense llamado Filípides, un profesional en carreras de larga distancia. De acuerdo con el relato que Filípides hizo a los atenienses a su regreso, se encontró con el dios Pan (un fauno) en el monte Partenio, sobre Tegea. Pan lo llamó por su nombre y le dijo que preguntara a los atenienses por qué no le prestaban atención, si él siempre se había mostrado cordial con ellos y los había ayudado en el pasado, y volvería a ayudarlos en el futuro. 

   Los atenienses creyeron la historia de Filípides y, cuando recuperaron su prosperidad, erigieron un templo a Pan bajo la Acrópolis y, desde que recibieron su mensaje, celebraron una ceremonia anual en su honor, con carreras de antorchas y sacrificios, para solicitar su protección.

   En la ocasión de la que hablo -es decir, cuando los generales de Atenas le encomendaron una misión a Filípides y éste explicó que había visto a Pan, Filípides llegó a Esparta un día después de haber salido de Atenas y pronunció su mensaje ante el gobierno espartano: "Hombres de Esparta, los atenienses os piden ayuda, y os ruegan que no permanezcáis de brazos cruzados mientras la ciudad más antigua de Grecia es aplastada y sometida por un invasor extranjero; Eretria ya ha sido esclavizada, y Grecia se debilita por la pérdida de una buena ciudad”. Los espartanos, aunque se conmovieron por el ruego y querían brindarles ayuda, no podían hacerlo de inmediato sin quebrar sus propias leyes. Era el noveno día del mes, y dijeron que no podían marchar hasta que la luna estuviera llena. Así que esperaron a la luna llena, mientras que Hipias, el hijo de Pisístrato, guió a los persas a Maratón.
(Heródoto, Historia VI, 105)

   Heródoto escribió 30 o 40 años después de los hechos que describe, por lo que es bastante probable que Filípides sea una figura histórica. Si recorrió los 246 km que separaban a Atenas de Esparta en 2 días, por terreno escabroso, sería una hazaña digna de recordar.

Versiones de una carrera entre Maratón y Atenas

   Heródoto, por tanto, no relató una carrera desde Maratón a Atenas de Filípides, pero sí la marcha del ejército griego, que recorrió a toda prisa la distancia entre Maratón y Atenas. Esto fue porque los persas, recién embarcados en sus navíos tras su derrota en Maratón, podían rodear la península Ática en poco tiempo y tomar la indefensa Atenas. Pero para cuando los persas avistaron la ciudad, los soldados griegos ya habían llegado a ella y, viendo que la ciudad estaba bien defendida decidieron dar media vuelta y volver a Persia. ​

   Posteriormente se encuentra un relato sobre una carrera de Maratón a Atenas para anunciar la victoria de los griegos en la obra de Plutarco (46-120), que atribuye la carrera a un heraldo llamado Tersipo, citando a Heráclides Póntico, un autor del siglo III a. C., como fuente de ese dato.
   Luciano, un siglo después de Plutarco, atribuye esa carrera a Filípides: Se dice que fue Filípides, el corredor, el primero que usó esta expresión al anunciar la victoria de Maratón a los arcontes que estaban sentados y preocupados por el final de la batalla: ¡Alegraos, vencimos! Y al decir esto, murió, exhalando su último suspiro junto con la noticia y el saludo.

Inspiración de carreras actuales
   El filólogo Michel Bréal fue el que, inspirándose en los relatos sobre Filípides, propuso a Pierre de Coubertin la celebración de una carrera llamada maratón dentro del programa de los modernos Juegos Olímpicos. Mientras que el maratón celebra la mítica carrera de Maratón a Atenas, desde 1983 una carrera anual desde Atenas a Esparta, el espartatlón, celebra la carrera —semihistórica, cuando menos— a través de 250 km de campiña griega.

1 comentario:

Thomas Verdhell dijo...

Es un disfrute leer con el rigor . histórico la propuesta de las guerras médicas. Gracias "Caletre insomne