domingo, 21 de junio de 2020

LOS OTROS HÉROES DE LA PANDEMIA, LOS NIÑOS




No dejemos que los niños sean las víctimas ocultas de la pandemia ...

No dejemos que los niños sean las víctimas ocultas de la pandemia de COVID-19

El 99% de los niños del mundo vive con algún tipo de restricción del movimiento relacionada con la pandemia. El 60% vive en países en aislamiento total o parcial


   
   Los niños lloran por el mundo que les vamos a dejar y porque su mirada se pierde en un pozo oscuro sin apenas un haz de luz y por ello, se sienten obligados a sobrevivir todos los días y a ver el mundo de diferente modo después de observar como su familia se pierde en el montón de la indiferencia, la desidia y el conformismo. ¿La belleza de todo esto? Es que no la tiene. Aquí vives cada día como si fuera el último, sin pensar que nos deparará el mañana.

    Por otro lado, los viejos lloran por la soledad que les salpica de ruido y la desesperanza propiciada por el abandono. Abandono que nos priva de la posibilidad de admirar su sabiduría y aprovechar su experiencia, y todo porque van a su ritmo…sólo un poco más lentos, más sordos y más ciegos. Lentitud, sordera y ceguera que es sólo física, no emocional ni intelectiva.

     Los demás intentamos vivir con la única belleza que nos queda de esta sombría situación, la belleza del saber apreciar la vida, sin importar lo material, el conocimiento que se tenga o incluso la creencia que defiendas.

(PETRUS RYPFF)

                   No dejemos que los niños sean las víctimas ocultas de la pandemia ... 

   Como afirma Montessori, los menores tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto posee, y durante el confinamiento nos han dado una auténtica lección de vida a los mayores. En la medida en que nosotros estemos bien, nuestros hijos estarán bien, y viceversa. Educamos con y desde la mirada. Como decía Robert Fulghum, “no te preocupes porque tus hijos no te escuchan; te observan todo el día”.

   La siguiente reflexión de Álvaro Bilbao nos llevará a admirar, más si cabe, a nuestros hijos, que son también pequeños héroes en estas circunstancias que nos han tocado vivir durante el Estado de alarma que ahora termina:
   Es curioso que, mientras los adultos se amontonaban en los supermercados para hacer acopio de papel higiénico y alimentos antes de que comenzase la cuarentena, ningún niño fue a la tienda de la esquina para dejarla sin existencias por miedo de que no hubiera suficientes chuches para todos los niños.

    Es curioso que, mientras algunos adultos se saltaban la cuarentena para tomar el aire o hacer jogging, los niños, que necesitan mucho más el movimiento, no se hayan escapado de casa a saltar, correr o tomar el parque con sus juegos y algarabías.

    Es curioso que mientras los adultos pasábamos el día colgados del móvil o el ordenador, los más pequeños de la casa se entretenían haciendo cabañas, dibujando, hablando entre ellos o jugando con su imaginación.

     Es curioso que hayan hecho los deberes cuando se lo pedíamos, nos hayan ayudado en casa sin pedírselo o celebrado cumples sin amigos, y nos hayan regalado cada día sus mejores sonrisas mientras sobrellevaban la frustración.

     Es curioso que cuando comenzó el estado de alarma muchos pensaron que el mayor problema serían los niños recluidos en sus casas y que ahora hayamos comprobado que nos han dado a los adultos una lección de civismo, calma y paciencia.

    Es curioso que hasta ahora no nos hayamos dado cuenta de que los niños son seres maravillosos, resistentes, resilientes, colaborativos, solidarios, imaginativos, pacientes, afectuosos y que todavía les tratemos muchas veces con amenazas, gritos o con castigos. Ellos no piden mucho. Se conforman con poco. Sólo necesitan que los adultos seamos capaces de entenderlos, de hablarles con respeto y de dedicarles un poco de nuestro tiempo para demostrarnos lo maravillosos que son, curiosamente, en muchos casos, más respetuosos, pacientes, solidarios y resilientes que los propios adultos.

   Sólo espero que, cuando esto pase del todo y volvamos a nuestras vidas normales, tengamos un poco más de tiempo para hablarles y explicarles en lugar de mandarles y apresurarles, porque así les estaremos mostrando no sólo el respeto que se merecen por ser niños sino también el que se han ganado con esta gran lección que nos han dado a todos los adultos.

                         Hablar con los niños en medio de la pandemia | La Prensa Panamá

   Durante el confinamiento hemos tenido que gestionar muchas situaciones que nos eran ajenas o que al menos no habíamos vivido de forma tan intensa. Se ha hecho hincapié insistentemente en que los adultos debíamos ser esa referencia y modelo que los niños necesitan para afrontar una situación como esta, inusual, difícil, angustiosa, una crisis que ha puesto a prueba nuestros recursos emocionales y psicológicos. Sin embargo, haciendo una lectura más profunda, donde abandonemos nuestro habitual adultocentrismo, podemos encontrar que los menores nos han dado una lección inmensa, convirtiéndose ellos en maestros silenciosos, en un modelo sereno de cómo sacar lo mejor de uno mismo en condiciones adversas.

    Preguntando a padres y madres sobre qué han aprendido de sus hijos durante estos meses, lo primero que llama la atención es que muchos no habían hecho esta reflexión, han tenido que pensarlo. ¿Cuántas veces nos ocurre lo mismo? La inercia de nuestra educación, las prisas, los miles de demandas cotidianas nos alejan de ese análisis. Pero sí, podemos y debemos aprender de ellos. Nuestros hijos nos proponen una cura de humildad, una vuelta a lo esencial, una escala de prioridades  que conecta con los vínculos primero y con las cosas después, que nos recuerda que la felicidad no está hecha de grandes gestas, sino que está escondida, pero al alcance de la mano, en lo pequeño, en lo cotidiano, en el juego compartido, en las risas, en saber sentirse bien dentro de la burbuja que llamamos familia, con la conciencia de que ahí es donde queremos estar. Disfrutar es la palabra mágica que define a los niños, una habilidad que vamos perdiendo poco a poco con el paso de los años.

                        Los niños y el coronavirus, ¿por qué los jóvenes resisten mejor la ...
   Los pequeños nos han enseñado una enorme capacidad de adaptación sin apenas quejas; la sabiduría de ilusionarse con cuestiones ínfimas, como hacer un bizcocho o ver una serie; la creatividad para reinventar su día a día para hacerlo interesante, motivador, y la generosidad sin límite  de desprenderse de su mundo y al mismo tiempo ser conscientes de quienes estaban sufriendo la enfermedad o la muerte de alguien querido. Su optimismo con forma de arco iris apoyado en la certeza de que "todo saldrá bien" nos ha transmitido esperanza y serenidad. Nos han enseñado algo en lo que ellos son maestros: saber estar en el aquí y ahora más radical y más sabio.

                     Los niños y la escuela en tiempos de pandemia - El Mostrador

   Para los niños el pasado es un tiempo corto, muchas veces desdibujado por una memoria selectiva que nos ayuda a vivir dando más sonido y color a los buenos momentos; y el futuro no existe porque es abstracto y lejano. Los adultos vivimos presos entre el pasado y el futuro, entre la experiencia vivida y la esperanza o el miedo al futuro.

   Algunas de las conclusiones de los padres expresan de manera muy lúcida lo que han aprendido de sus hijos en los tiempos de esta pandemia:

-         “Hemos crecido todos como familia”.

-  “Me han enseñado una gran capacidad de adaptación sobre la marcha, subiéndose a este carro sin generar ningún drama”.

-       “Los niños tienen grandes ideas para mejorar las cosas, más que un gran número de adultos. Además, han sido capaces de prescindir de muchas cosas materiales”.

-        “Mi hijo me ha enseñado que en situaciones difíciles nunca hay que perder el cuidado de lo básico, aunque el mundo esté hecho de manera que nos hagan creer lo contrario. Me refiero al cuidado del bienestar emocional por encima de la presión escolar o laboral”.

-    “Han sido capaces de dar un giro de 180 grados en sus rutinas, dinámicas de estudios, etcétera, con una actitud muy positiva y resolutiva. Me han enseñado a disfrutar de las cosas pequeñas”.

   Esta capacidad de adaptación, la tendencia al optimismo, en definitiva, la resiliencia que habita en cada niño ya fue observada, como decía al principio, por la pedagoga, científica y educadora María Montessori (1870-1952), quien decía que “los menores tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto posee”.

   El psiquiatra, neurólogo y etólogo francés, padre del concepto de resiliencia, Boris Cyrulnik, dice en su libro La Maravilla del dolor: “La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir”.

   Este parón obligado nos ha confrontado con una realidad distinta. Hemos tenido que convivir mucho, para bien o para mal. Habrá quien se sienta liberado al recuperar la antigua normalidad, pero también hay quienes se han replanteado sus prioridades vitales y han reflexionado sobre con quién desean pasar más tiempo y de qué forma. La normalidad es aquello que hace la mayoría, dice la estadística, pero lo que hace la mayoría no necesariamente es lo que nos hace mejores ni más felices.

                                      Estudio salud mental infantil y conducta durante la COVID 19 

    Sin heroísmos ni aplausos, les debemos un agradecimiento profundo y honesto a nuestros hijos, reconociendo su grandeza y sabiduría. Siempre podemos y debemos tener la humildad y la capacidad de aprender de ellos, no sólo en tiempos de pandemia.


APOYO EMOCIONAL A NIÑOS Y NIÑAS FRENTE A LA PANDEMIA COVID - 19



   

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