domingo, 28 de junio de 2020

LA MUJER IDEAL - LA SECCIÓN FEMENINA




La imagen puede contener: una persona, texto
   Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 4 de noviembre de 1907-Madrid, 17 de marzo de 1991) fue una política española de ideología falangista, que tuvo un papel destacado durante la dictadura franquista.

                 LIBRO/CALENDARIO SECCION FEMENINA DE LA FALANGE ESPAÑOLA ...

   Era hermana de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, ​ e hija del dictador Miguel Primo de Rivera. Es conocida por haber sido la fundadora y dirigente de la Sección Femenina de Falange durante la guerra civil española y, posteriormente, durante el régimen de Franco. Ello la convirtió en una de las personas más conocidas dentro del régimen, estando al frente de la única organización de masas de carácter femenino que existió durante la dictadura. Desde 1960 ostentó el título nobiliario de condesa del Castillo de la Mota. 
 
    Nunca llegó a contraer matrimonio, dedicando su vida a Falange y a la memoria de su hermano José Antonio. El escritor falangista e introductor del fascismo en España, Ernesto Giménez Caballero, llegó a concebir la idea de un matrimonio entre ella y el líder nazi, Adolf Hitler, ​ pero dicho plan nunca llegó a dar frutos.

   Primo de Rivera realizó varios viajes a la Alemania nazi, de la cual era una ardiente admiradora. En abril de 1938 hizo un primer viaje al «Reich», donde visitó Berlín, la capital germana. También visitó la cancillería imperial y mantuvo una entrevista con Adolf Hitler que fue muy comentada por la prensa franquista.


Pilar Primo de Rivera en Berlín (segunda por la derecha), en 1941.



   Ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, viajó a Berlín en 1941 para participar en el «Congreso Femenino»; ahí se encontró con las líderes de las secciones femeninas de otros movimientos totalitarios europeos -además de Japón-. Con el tiempo, Primo de Rivera acabó convirtiéndose en una especie de «embajadora» de la Alemania nazi en la España franquista, aunque también mantuvo contactos con la Italia fascista. En correspondencia, posteriormente recibió en España a varias delegaciones de las Juventudes Hitlerianas.

   En agosto de 1943 volvió a visitar Alemania, acompañada de sus más estrechas colaboradoras —Clara Stauffer y María García Ontiveros—, realizando una gira que la llevó por las ciudades de Berlín, Múnich, Salzburgo, Viena y Stuttgart. Fue recibida por las autoridades en el Aeropuerto de Tempelhof. En su primera etapa en Berlín hizo una parada de cinco días para encontrarse con importantes líderes nazis —Goebbels, Jutta Rüdiger, Axmann, Gertrud Scholtz-Klink y von Faupel— y visitó el hospital berlinés donde convalecían los heridos de la División Azul. ​ En Múnich estuvo en la sede del Partido nazi —la Casa Parda— y en Salzburgo visitó la universidad para entrevistarse con los estudiantes españoles de la misma, regresando a España tras pasar por Stuttgart.

   Firme partidaria de la Alemania nazi, cuando en octubre de 1943 el régimen franquista decidió retirar del frente a la División Azul, Primo de Rivera se mostró contraria a esta medida y llegó a comentar que ello constituía una «traición a Alemania y a la Falange». ​ Unas semanas antes, cuando el ministro-secretario general de FET y de las JONS —José Luis Arrese— declaró que España «no era una nación totalitaria», también se mostró muy disgustada ante aquellas palabras.

   Durante la Dictadura de Franco, a pesar de su oposición inicial al Decreto de Unificación, Pilar Primo de Rivera nunca cuestionó el poder del generalísimo ni la deriva conservadora que adoptó FET y de las JONS —totalmente alejada de los principios joseantonianos—. El secretario general del partido, Arrese, emprendió una purga interna dentro del partido a partir de noviembre de 1941, con el objetivo de expulsar a los elementos más «incontrolados» o «revolucionarios»: en los siguientes cuatro años fueron expulsados alrededor de 4000 militantes, ​ lo que contribuyó a domesticar la Falange. Al igual que ocurrió con otros antiguos «camisas viejas», la hermana del fundador nunca criticó la «traición» que suponía al proyecto original de José Antonio y en cambio mantuvo una próspera carrera durante los años de la dictadura. ​

   Primo de Rivera se mantuvo como jefa de la Sección Femenina (SF) durante todo el período que duró el régimen, desde el final de la Guerra Civil hasta la muerte de Franco. ​ Además de sus intervenciones en política, desarrolló un interesante trabajo de compilación de varias formas del folclore español, especialmente en lo referido a música y danzas regionales. En 1960 le fue concedido el título de condesa del Castillo de la Mota; esta concesión pareció constituir más un reconocimiento a los servicios prestados, en un contexto en que su poder e influencia políticas habían decrecido considerablemente. ​ En los últimos años de la dictadura tuvo un papel marginal. Tras la muerte de Franco, el 18 de noviembre de 1976 tuvo lugar la votación sobre la Ley para la Reforma Política que derogaba los Principios Fundamentales del Movimiento; a diferencia de lo que hicieron los «camisas viejas» y franquistas veteranos —como Fernández-Cuesta—, Pilar Primo de Rivera no votó en contra y simplemente se abstuvo.

   Preconizó que la familia y los niños constituían el único objetivo a conseguir en la vida para las mujeres, llegando a declarar en febrero de 1943 que «las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles».

   En la primavera de 1977 un decreto ley del gobierno de Suárez la cesó como Delegada Nacional de la Sección Femenina.​ El gobierno le comunicó su cese con una notificación que incluía un sencillo «Gracias, Pilar».​ Unos meses más tarde, en noviembre de 1977, las veteranas de la Sección Femenina constituyeron una asociación de antiguas militantes: «Nueva Andadura».​ Primo de Rivera fue elegida presidenta de honor, cargo honorífico que mantuvo hasta su fallecimiento.​ Retirada de la vida pública, publicó sus memorias en 1983.​ Falleció el 17 de marzo de 1991 en Madrid.

La Sección Femenina: el modelo abnegado de feminidad         

Sumisas, silenciosas, que disimulasen su superioridad intelectual… ‘Historia de una tutela emocional’ cuenta cómo se adoctrinó a las mujeres durante el franquismo

<p>Reparto de comida por mujeres de la Sección Femenina en Guipúzcoa en 1937.</p>
Reparto de comida por mujeres de la Sección Femenina en Guipúzcoa en 1937.
   Durante casi 40 años, la Sección Femenina –perteneciente a Falange Española– fue el organismo encargado de controlar la vida de las mujeres. Educarlas, formarlas, adoctrinarlasBegoña Barrera utiliza todas estas palabras, pero hace hincapié en una: tutelarlas. Porque este no era un ejercicio puntual, sino un discurso continuo que ocupaba toda su cotidianidad. Iba más allá de la simple transmisión de conocimientos. Tenía un objetivo claro: moldear física y emocionalmente a las mujeres.

                   Sección femenina, la gran hermana del franquismo | La Esfera de Papel
      Francisco Franco inaugura la escuela de instructoras de la Sección Femenina en 1951

   Todos los días recibían un mensaje: quién era la mujer española, cómo debía comportarse y cuáles tenían que ser sus expectativas. Un relato que sonaba en programas de radio y se imprimía en libros y revistas, pero que también reproducían madres y abuelas, encargadas de transmitirlo dentro de la familia.

   Así, la Sección Femenina logró dominar el concepto de mujer. Impuso un único modelo posible: el falangista. Y controló hasta los aspectos más íntimos de su personalidad y carácter. Sobre este eje, Begoña Barrera –investigadora y doctora en Historia Contemporánea– construye La Sección Femenina (1934-1977). Historia de una tutela emocional, un libro para entender cómo se adoctrinó a las mujeres durante el franquismo.

                                    La Sección Femenina, 1934-1977 - Alianza Editorial


                   La Sección Femenina: el ideal de mujer perfecta en el franquismo
                     La Sección Femenina de Falange española

  En 1939, la Sección Femenina se convirtió en la organización encargada de formar la “identidad nacional” de las mujeres. El adoctrinamiento era completo, explica Barrera: desde funciones prácticas, como su papel en la sociedad –determinadas profesiones, el hogar como destino ideal– hasta cuestiones más personales, como la forma en que debían construir su emocionalidad.

   El servicio social –un periodo educativo que estaban obligadas a cumplir– era el instrumento esencial, afirma. Pero la formación no terminaba ahí. Desbordaba la esfera institucional e invadía el día a día de las mujeres a través de la radio, las revistas y los libros para niñas. Numerosos recursos organizados con un único objetivo: adoctrinar mujeres “conformes y dóciles al sistema político”. Por eso, Barrera sostiene que la Sección Femenina fue fundamental para el régimen franquista; un “elemento clave” en la estabilidad de la dictadura.

                       La Sección Femenina, el rostro de mujer del régimen de Franco | Hoy 
                           La Sección Femenina, el rostro de mujer del régimen de Franco

   El ideal de mujer de la Sección Femenina nació a modo de autorrelato durante la Guerra Civil, continua Barrera. A medida que aumentaba su control sobre las mujeres de la retaguardia, surgió la necesidad de inventarse. De plantear: “¿cómo somos nosotras en tanto que mujeres falangistas?” La respuesta fue un relato sobre la feminidad que condicionó –en mayor o menor medida– la vida de las españolas hasta 1977, año en que se disolvió la organización.

   También, un determinado “canon estilo-emocional”: entrega, renuncia, sacrificio, abnegación y alegría como sentimientos que debían predominar en las mujeres. Atributos que nacieron asociados al propio carácter falangista, pero “moldeados” para adaptarlos a la feminidad, explica Barrera. Es el caso de la alegría falangista, un modo de mostrar orgullo por la historia patria que, tras “adherirse a la identidad femenina”, se transforma. Para las mujeres, la alegría no es orgullo: “Es estar sonriente y conforme, sin quejas”.

                       El modelo de mujer de la Sección Femenina que pretende recuperar ...
                      El modelo de mujer de la Sección Femenina que había que recuperar 

   Desde la Sección Femenina no sólo se dictaba cómo debían ser las mujeres; también, qué emociones había que evitar. Entre ellas, Barrera destaca el malhumor, las actitudes severas y los celos. Explica que, en un discurso marcado por las diferencias emocionales entre hombres y mujeres, ellas eran consideradas “más sentimentales, pasionales y dadas al desborde emotivo”. Como organización rectora, la función de la Sección Femenina era educarlas para “controlar esa sentimentalidad”. Sobre todo, si podía provocar conflictos dentro del matrimonio. Las políticas natalistas de los años 40 y 50, añade, así lo exigían.

   Las identidades que fabricaba la Sección Femenina eran sumisas y dóciles. “Respecto al régimen, por supuesto. Y, también, respecto a la masculinidad”, afirma Barrera. El objetivo era que el hombre no se sintiese amenazado. Para lograrlo, se recomendaba a las mujeres “disimular su superioridad intelectual” o “revestir su inteligencia de emocionalidad”. También, guardar silencio; un elemento que se mantuvo en su discurso hasta el final. Barrera recuerda el homenaje a Pilar Primo de Rivera celebrado en 1977. Las virtudes que más se ensalzaron de ella como símbolo de feminidad falangista fueron el silencio y el “no llamar la atención”. Más de 40 años después de su fundación, el modelo abnegado de feminidad perduraba como un “elemento nuclear” de la cultura política femenina falangista, explica.

                  La Sección Femenina de Falange, «reserva espiritual»
           La Sección Femenina de Falange, «reserva espiritual»

   Un silencio que iba más allá de la ausencia de palabras y acallaba, incluso, la forma de gesticular y moverse de las mujeres. Barrera lo describe como “una dimensión física del adoctrinamiento”. Una imposición que se refleja en lo corporal y lo expresivo. En la forma de andar y de mover los brazos. En un determinado tono de voz. Como mujer ideal, aquella que no hace aspavientos, no habla alto, es recatada y, ante todo, sonríe.

             la sección femenina de luis otero - Comprar Libros de la Guerra ...

   En el lado opuesto, a modo de espejo deformante, la Sección Femenina situaba varios contramodelos a evitar: la mujer republicana, la mujer comunista y la mujer feminista. Enemigas que responden al contexto histórico –guerra civil, guerra fría y auge del feminismo– pero comparten un patrón similar, explica Barrera: son intelectuales, pasionales, con poca gracia, sin dotes maternales, no obedientes, gritonas y, además, feas.

   El canon emocional obligatorio –sacrificio, abnegación y silencio– tuvo que ser un “auténtico sufrimiento emocional” para las mujeres, denuncia Barrera. No les permitía quejarse, ni mostrar desobediencia. Al contrario, les obligaba a aceptarlo con alegría: “insisten mucho en el tema de la sonrisa”. Las mujeres debían sacrificarse y, además, mostrarse felices de ese sacrificio. La Sección Femenina no permitía ni la queja más mínima –“la más sutil”– que es no sonreír mientras lo haces. “Es una violencia brutal”, concluye.

   El propósito de la sección femenina era “devolver a las mujeres al hogar”. También, desmontar la cultura política republicana que había permitido el reconocimiento de sus derechos

   Para Barrera, la formación sentimental de la Sección Femenina condicionó a las mujeres. Aprender que eres más emocional que intelectual o que debes evitar el conflicto con el hombre tuvo consecuencias directas sobre su vida, explica. Por ejemplo, a la hora de rebelarse contra un marido violento. Cuenta que, en uno de los consultorios emocionales, la “especialista en conflictos amorosos” llegó a decir que el cachete que da el marido es merecido si la mujer ha tenido un ataque de celos. Esto, afirma, es sólo un ejemplo de cómo la educación sentimental afectaba a las mujeres, pero hay muchos más. No sólo es violencia agredir físicamente. También lo es “machacar psicológicamente” con un determinado modelo de mujer. Imponer una misma personalidad –“una identidad homogénea”– a un grupo de personas, simplemente porque se les ha asignado el género femenino. Esto impide al individuo construirse a sí mismo, denuncia. Coarta su libertad más legítima: “definir cómo quiere ser”.

   El propósito de la sección femenina era “devolver a las mujeres al hogar”, sentencia Barrera. También, desmontar la cultura política republicana que había permitido el reconocimiento de sus derechos. Al hilo de la polémica creada en torno al proyecto “Cartas Vivas”, que incluye a Pilar Primo de Rivera como mujer pionera del siglo XX, Barrera sostiene que es una “manipulación absoluta” presentar la Sección Femenina –o a su fundadora– como “promotora de la emancipación femenina”. Y añade: “no hizo nada por mejorar la vida de las mujeres”. 
   Frente a este ideal de vida doméstica, las posiciones de Pilar Primo de Rivera y otras mujeres relevantes en la Sección Femenina pueden parecer “paradójicas”, concede. Mientras imponían un modelo de feminidad vinculado al hogar, ellas ocupaban lugares de poder en espacios públicos, sin hijos ni marido, pues una norma obligaba a dejar la organización si se formaba una familia. La excepcionalidad de la situación era su justificación, explica Barrera: ellas eran “la élite, las dirigentes, las responsables de transmitir el mensaje”. Alguien tenía que hacerlo. Sin embargo, no se consideraban completamente diferentes a las mujeres que tutelaban. Al contrario, se esforzaban por mostrar similitudes entre su trabajo como falangistas en un despacho y el trabajo del resto de mujeres en su casa. “Como para decir: cada una tiene su función, pero todas somos las mismas”, explica: “igual de emocionales, abnegadas y alegres”. Así lo muestra un artículo que, a la hora de describir el trabajo que realizan varias dirigentes falangistas, utiliza expresiones como “brillo de alegría”, “preocupación de la belleza” y “suavidad de manos cuidadas y de alma cuidadosa”. Definiciones que pueden servir tanto para una jerarca de la Sección Femenina como para una mujer encerrada en su casa, concluye Barrera.

"11 reglas para mantener a tu marido feliz"  manual de los años 50 de la Falange Española

No, no hay pruebas de que la "guía de la buena esposa: 11 reglas para mantener a tu marido feliz" sea un manual de los años 50 de la Falange Española: los diseños son de una telenovela mexicana, las referencias bibliográficas no existen y antes de llegar a España ya se movía una guía con el mismo contenido en Estados Unidos

   Explica cómo ha de comportarse una buena esposa: que tenga lista la cena para cuando llegue su marido; debe descansar cinco minutos antes de su llegada para que la encuentre fresca y reluciente; tiene que regalar una gran sonrisa y mostrar sinceridad en su deseo de complacerlo; y tiene que dejarlo hablar antes porque sus temas son más importantes que los de ella, entre otros puntos a seguir.

  Esta colección de imágenes procede del libro de "«Economía doméstica para bachillerato y magisterio» de la Sección Femenina de 1958". Escrito por la hermana del líder de Falange José Antonio Primo de Rivera, Pilar Primo de Rivera (1907-1991), como un compendio de normas cristianas para las mujeres que hacían el 'Servicio Social de la Mujer' (emulación del Servicio Militar masculino) en la Sección Femenina".
                  
   Incluye otros puntos que tienen que ver con la vida sexual en el matrimonio:"11 reglas para mantener a tu marido feliz". Recoge, por ejemplo, "si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer" o "si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes".

 




No hay comentarios: