jueves, 18 de junio de 2020

EDUCAR SIN AMENAZAS NI MIEDO





Alternativas para no educar a los niños con amenazas


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Las amenazas son la manifestación de la violencia, no física, pero sí psicológica. Estas suelen ir acompañadas de gritos que pueden parecer inofensivos, pero pueden afectar a los niños en su comportamiento y a nivel psicológico.

Errores y consecuencias de educar con gritos, castigos y amenazas a los niños


   Educar es una tarea muy cansada y, en ocasiones complicada, pero cuando los padres llevan a cabo esta tarea encuentran una gran recompensa. Los progenitores no siempre educan a sus hijos como les gustaría. A veces por la falta de tiempo, otras por el cansancio acumulado debido al trabajo, por la situación en la que se encuentran o por el carácter del propio hijo. Lo que hay que tener claro es que educar a los hijos con amenazas no es un recurso educativo adecuado para ninguna de las partes.

Por qué utilizamos las amenazas con los niños

   Las amenazas son la manifestación de la violencia, no física, pero sí psicológica. Estas suelen ir acompañadas de gritos que pueden parecer inofensivos, pero pueden afectar a los niños en su comportamiento y a nivel psicológico.

   Muchas veces los padres recurren a las amenazas porque encuentran supuestas ventajas como: ser un recurso rápido y sencillo de utilizar, no requiere un desgaste intelectual para su uso, se puede conseguir el objetivo a corto plazo, o puede infundir carácter de autoridad al que lo utiliza. Otras veces, los padres utilizan las amenazas para controlar el comportamiento de los niños debido a que les faltan recursos como:

  • Saber marcar límites y unas consecuencias congruentes y adecuadas.
  • Los padres están “desconectados” del niño y lastiman su auto-concepto.
   La falta de recursos hace que muchos padres eduquen a los niños con amenazas cuando sienten que pierden el control. De esta manera intentan regular el comportamiento del niño basándose en el miedo.


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Con las amenazas no se enseña al niño a asumir la responsabilidad de sus actos, se le enseña a actuar para evitar un castigo
                     

Consecuencias de educar a los niños con amenazas

1.   El empleo continuo de amenazas puede conllevar al deterioro de la autoestima del niño. No se sentirá valorado por sus padres e, incluso, puede revelarse y desafiar la autoridad de sus padres constantemente.

2.  La continua amenaza puede causar estrés en el niño y no será beneficioso para su desarrollo.

3.   Con las amenazas no se enseña al niño a asumir la responsabilidad de sus actos, se le enseña a actuar para evitar un castigo.

4.    Las amenazas que se utilizan suelen tan fuertes que los padres no las cumplen, por lo que la palabra de los padres pierde autoridad y credibilidad.

5.   El niño aprenderá del ejemplo continuo de las amenazas de sus padres y se acostumbrará a este tipo de conducta. Luego empleará las amenazas como forma de relacionarse con sus amigos, conocidos e incluso contra sus padres.



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Qué podemos hacer para no utilizar amenazas en la educación

   Las amenazas a las que recurren los adultos como recurso educativo vienen, como ya sabemos, acompañadas de consecuencias negativas. Por tanto, los adultos deben de encontrar las verdaderas alternativas que ayuden a los niños a aprender y a crecer de forma sana. Como, por ejemplo:

   1. Generar respeto: Es probable que el niño obedezca frente a la amenaza. Sin embargo, cuando el niño crece y desaparece el miedo, se pierde el respeto. Por ello, es necesario que el niño sepa que los padres son la autoridad, pero desde el respeto mutuo.
  
  2. Utilizar explicaciones válidas: La utilización del argumento: “porque lo digo yo” no funciona. Se debe dar una explicación clara y precisa para que el niño comprenda y pueda reparar lo que está haciendo mal.

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    3. Ponerse en el lugar del niño: Los niños no son adultos. Hay que intentar ver las cosas desde su punto de vista.
  
     4. Hablar en positivo: Cambiar el contexto de las palabras. Los niños crean imágenes de nuestras palabras. Así, será mejor que le digas: “ve más despacio” que decirle: “No corras”.
  
     5. Ser modelo de valores
  
   6. Que el niño pueda elegir: El pequeño debe sentir que tiene voz. Dar alternativas para elegir le hace sentir que puede decidir.

Cómo aplicar los castigos a los niños

   El castigo debe ser empleado para mejorar la conducta del niño. Los castigos de los padres, mediante violencia física o verbal, son para el niño un modelo de conducta agresiva. Si el niño vive rodeado de este modelo, estará adquiriendo el hábito de responder agresivamente a las situaciones conflictivas.

  Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas. Cuando el niño vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo también comportamientos agresivos.

    El castigo debe ser utilizado de una manera racional para mejorar la conducta del niño y no debe depender de nuestro estado de ánimo. Hay que controlarse para poder controlar al niño. Evita aplicar un castigo con gritos o con riñas, porque esto indica que nuestro comportamiento es negativo y vengativo, lo que reforzará una conducta no aceptable. Si enseñamos a los niños que, para resolver una situación conflictiva es necesario gritar, no resolveremos problema alguno.

  Predica con el ejemplo para corregir la conducta de los niños: ¿Porque tenemos que gritarles para decir que no griten? Así no solucionaremos nada. Estaremos caminando en círculo, sin avanzar. Para aplicar un castigo, hay que escuchar al niño e intentar ser justo. Antes de aplicar el castigo, el niño debe estar advertido y avisado de una forma firme y definitiva.

   El tipo de castigo y el modo en que se castiga al niño no debe ser desproporcionado respecto a la acción cometida o la edad para evitar provocar fuertes respuestas emocionales en el niño castigado. Conciliar el castigo con un reforzamiento de las buenas conductas, permitirá que el niño "piense" en su comportamiento para un futuro y en lo que ha hecho mal para estar castigado.

  Cuando el niño es mayor, hay que ayudarle a desarrollar sus habilidades de autocontrol, utilizando el castigo dentro de un contexto de modificación de la conducta. Además, algunos psicólogos son partidarios de aplicar consecuencias educativas a los niños, es decir, en vez de utilizar el castigo tradicional y privativo, utilizar métodos para que entiendan que sus actos tienen consecuencias. Por ejemplo, no llamarles ocho veces para que vengan a comer, si a la segunda o tercera no acuden, entenderemos que no quieren cenar y guardaremos la comida hasta el día siguiente y le daremos un yogur o un vaso de leche.


Malas conductas de los niños que los padres NUNCA debemos tolerar

   Los niños desde muy temprana edad se encuentran permanentemente en un proceso de aprendizaje de miles de temas, uno muy importante es el que tiene que ver con los comportamientos que son aceptables y los que no lo son. Una de nuestras tareas más retadoras como padres consiste, justamente, en irles marcando estos límites que ellos continuamente intentarán traspasar. Y es que hay algunas conductas de los niños que los padres no debemos tolerar nunca, por su bien, por el nuestro y por el de la gente que nos rodea.


Cómo actuar ante las malas conductas de los niños

   En ocasiones algunos padres se muestran un poco más blandos por un mismo comportamiento que quizá antes generó una reprimenda fuerte dependiendo del lugar donde se encuentren o del estado de ánimo que tengan en ese momento, dándoles así a los niños un mensaje confuso. Es importante reaccionar siempre de la misma forma ante los mismos comportamientos si realmente queremos que a ellos les quede claro que no son aceptables bajo ninguna circunstancia.

   Normalmente con frecuencia debemos estar marcándoles a nuestros hijos aquellos comportamientos inadecuados de diversas maneras, sin embargo, hay algunas conductas en las que debemos mostrarnos particularmente consistentes y no dejarlas pasar en ninguna circunstancia, ya que pueden convertirse en un verdadero problema para ellos, para nosotros como padres y para quienes les rodean. Si desde que empiezan a aparecer, nos mostramos firmes y determinamos consecuencias relevantes para ellos relacionadas con lo ocurrido, será mucho más fácil que al ir creciendo las eviten.

   Y, ¿cuáles son esos comportamientos que resultan intolerables? Estas son seis conductas a las que más atentos debemos estar los padres.

1. Coger cosas que no son suyas: El entender que hay cosas que, aunque puedan gustarles mucho, no les pertenecen y no pueden tomarlas, es indispensable porque tiene que ver con entender lo que es el respeto, la honestidad y la honradez.

Consecuencia: Si encontramos a nuestro hijo con algún objeto que no es suyo debemos, además de hablar con él, pedirle que lo devuelva y asegurarnos de que lo haga. Esto no siempre es fácil, pero es lo correcto y así lo deben entender ellos.

2. Burlarse de aquellos que son diferentes:  Es normal que los más pequeños pregunten cuando ven a otro niño distinto a ellos (por alguna discapacidad o por algo en su aspecto físico que llame su atención), pero lo que no es aceptable es que lo señalen, hagan notorio su asombro y sobretodo que se burlen o hagan chistes al respecto. Nuestra labor es ayudarles a entender que al final todos somos iguales y debemos ser respetados y aceptados, desarrollar en ellos la sensibilidad y empatía hacia el otro, entender las diferencias y apreciarlas... Básicamente desarrollar valores que les hagan convertirse en seres humanos de buen corazón.

Consecuencia: En este caso, más que una consecuencia es necesario modelarles desde muy pequeñitos la inclusión y la aceptación de aquellos que son diferentes, haciéndoles ver lo mal que pueden hacer sentir al otro, así como buscar continuamente oportunidades para que convivan de manera natural con gente diferente. Las películas y los cuentos pueden ser una buena forma de trabajar en el tema.

3. Molestar a otros sin ningún motivo: Obviamente los niños caen continuamente en conflicto con sus pares por muchas razones, cuando desean llamar la atención de un adulto, jugar con el mismo juguete, cuando no están de acuerdo en quién ganó un juego, etc. Sin embargo, si vemos que nuestro hijo molesta o pega a otros niños (o a un niño en particular) sin motivo alguno, es importante cuestionarse que está pasando y actuar de inmediato.

Consecuencia: Si se presenta una situación así en la que estamos seguros de que no hubo motivo, es importante tratar de entender qué motivó esa conducta. Si descubrimos que se trata de una especie de rechazo o agresión sin causas claras es necesario que hablemos con nuestro hijo y tratemos de que descubra qué sucedió, qué le llevó a actuar así, pedirle que escriba una carta de disculpa y asegurarse de que la entregue personalmente al niño agredido.

(Si esta conducta es repetitiva quizá sea necesario acudir a un especialista para que descubra qué le está llevando a nuestro hijo a tener estos comportamientos agresivos).

4. Excluir: Si observamos o nos dicen en el colegio que nuestro hijo está excluyendo a algún compañero de juegos, es importante frenar la situación lo más pronto posible y empezar a trabajar en el desarrollo de la conciencia, empatía y sensibilidad en él.

Consecuencia: Aquí básicamente se trata de asegurarnos de que, después de hablar con nuestro hijo, la situación se ha detenido y no se ha vuelto a presentar. Incluso pedirle que ahora sea él quien integre al niño en cuestión y se asegure de que no vuelva a quedar fuera por su culpa.

5. Golpear, romper objetos cuando están enojados o faltar al respeto a sus padres o a alguna figura de autoridad: Para todos los niños (e incluso para nosotros como adultos) es difícil manejar nuestras emociones, pero hay algunos que son muy temperamentales y explosivos, de forma que cuando están enojados gritan, golpean a quien tienen cerca e incluso rompen los objetos generadores de su enojo. Estas conductas no son aceptables y debemos trabajar en ellas tan pronto aparezcan.

Consecuencia: La consecuencia depende de la edad del niño y de la intensidad del evento. Es indispensable esperar a que esté tranquilo para hablar con él y analizar la situación con calma, darle estrategias para manejar el enojo las próximas veces que enfrente una situación igual, tales como tomarse un tiempo fuera, respirar, decir cómo se siente, etc. así como definir una consecuencia relevante para él, como perder algún privilegio que disfrute mucho por un tiempo (hasta que estas situaciones dejen de presentarse).

   Para los mayores es posible establecer una forma de restaurar aquello que rompieron destinando una parte de sus ahorros o definiendo alguna labor en casa que les genere un “ingreso simbólico” para cubrir el costo. En cualquier caso, lo importante es que se resalte la gravedad de estas conductas para que las próximas veces sean capaces de autorregularse y tener reacciones menos intensas.

6. Conductas que tienen que ver con su imagen corporal: Con este tipo de comportamientos nos referimos, por ejemplo, a comer con la boca abierta, toser frente a otros sin taparse la boca, chuparse la ropa, meterse las manos continuamente a la nariz, etc. Estas conductas, aunque no buscan hacer daño ni generar malestar en el otro de forma consciente, sí traen consigo rechazo que puede eventualmente convertirse en una situación difícil de sobrellevar. Por ello, es muy importante resolverlo lo más pronto posible.

Consecuencia: Más que una consecuencia, en este caso requerimos un esfuerzo importante primero, para descubrir qué está generando estos comportamientos, ya que puede ser un tema de ansiedad y en ese caso buscar ayuda. De cualquier forma, debemos hacérselo notar de inmediato y hacerlo consciente del impacto negativo que generan estas conductas en los demás, ayudándole a entender por qué y las posibles consecuencias como que seguramente sus compañeros no querrán estar cerca.

   Es importante que tengamos claro que muchas de las conductas que nuestros hijos adoptan pueden estar siendo modeladas por nosotros mismos, así que no podremos pedirles que las cambien si no lo hacemos primero nosotros.

                 6 razones para comenzar hoy a educar en positivo | Alvaro Bilbao
Cada día miles de padres de todo el mundo se interesan por la educación en positivo. No es una moda o una casualidad. La educación en positivo incluye una serie de estrategias que hacen la educación más sencillas para los padres y más positiva para los niños. 



Técnica del sándwich: asertividad para el cambio de conducta en niños

               ORIENTACIÓN ESCOLAR.: 2018   

   Es un método muy eficaz para eliminar los comportamientos inadecuados en los niños.

   Eliminar los comportamientos inadecuados de los niños no es una tarea sencilla, requiere de una buena dosis de paciencia y otra de perseverancia. La clave radica en disciplinar con cariño y hacerles saber lo que se espera exactamente de ellos. De hecho, existen determinadas conductas que los padres no deberían pasar por alto y a las que deberían ponerles coto cuanto antes.

¿En qué consiste la técnica del sándwich?

              Educando juntos: ¿Cómo se logra un cambio de conducta?

    Se puede aplicar con los niños mayores de 5 años y es muy efectiva en los pequeños rebeldes. Su objetivo principal es lograr un cambio de comportamiento a través de una crítica constructiva, haciendo que los niños reflexionen sobre la conducta inadecuada.

   El método también fomenta la receptividad en los niños para que logren cambiar otras conductas en el futuro, a la vez que fortalece la autoestima infantil y facilita la comunicación entre padres e hijos. A través de esta técnica los padres también pueden hacer saber a sus hijos lo que esperan de ellos y les enseñan a ser mejores personas.

¿Cómo se aplica la técnica del sándwich?

   La técnica del sándwich consta de tres pasos principales: el primero consiste en ofrecer una auténtica retroalimentación, elogiando una conducta, actitud o cualidad del niño, a lo que le sigue la petición del cambio de comportamiento y, por último, un mensaje positivo que lo motive a mejorar.

   Por ejemplo, si queremos que el pequeño sea más generoso con sus amigos y le preste sus juguetes, debemos hacerle saber primero cuán orgullosos nos sentimos de la relación que mantiene con sus amigos. Podemos decirle: “Sabes, me enorgullece mucho que tengas tantos amigos y que se lleven tan bien, es muy gratificante verlos jugar juntos y saber que les ayudas cuando te necesitan. Creo que sabes cómo ser un buen amigo y eso me hace muy feliz”.

   A continuación, podemos incluir la crítica: “Sin embargo, he notado que a veces no quieres prestarles tus juguetes y eso no está bien. Sería bueno que compartas tus cosas con ellos, sobre todo porque ellos lo hacen contigo”.

   Por último, debemos transmitirle un mensaje positivo que lo motive a cambiar su comportamiento y que le deje un buen sabor en la boca tras la crítica que acaba de recibir. En este caso, podemos comentarle: “Prestar los juguetes a tus amigos te convierte en un niño más bondadoso y fortalece vuestra amistad. Además, me haría muy feliz ver cómo os lleváis mejor cada día”.

 En este punto, podemos preguntarle qué piensa al respecto o simplemente dejar que reflexione sobre lo que le hemos dicho.


La Técnica del Sándwich para hacer críticas constructivas a tu hijo 🥪

                
¿Cuándo aplicar esta técnica?

   La técnica del sándwich puede aplicarse en cualquier circunstancia, aunque lo ideal es que aprovechemos para hablar con nuestro hijo después de haber tenido la conducta que queremos eliminar, de manera que sea plenamente consciente de lo que ha hecho. No obstante, si notamos que el pequeño está enfadado o demasiado eufórico, será mejor que esperemos a que se calme, de lo contrario, es probable que haga oídos sordos a la crítica.

   También es importante que empleemos la técnica con mesura. Si la utilizamos con frecuencia podemos crear un precedente negativo en el niño, quien puede asumir los elogios como la antesala de una crítica. En este caso, el método no solo perdería su efectividad, sino que sería contraproducente, de manera que podríamos reducir el efecto positivo de los elogios, afectar la autoestima de nuestro hijo y hacer que pierda la confianza que ha depositado en nosotros.


Técnica del sándwich para cambiar la conducta de los niños
Lo ideal es que aprovechemos para hablar con nuestro hijo después de haber tenido la conducta que queremos eliminar, de manera que sea plenamente consciente de lo que ha hecho.
                                                ¿Cómo educar con valores?





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