viernes, 12 de junio de 2020

ANTIGUOS PSIQUIÁTRICOS - HISTORIAS ATERRADORAS



La infausta historia de Bethlem, el psiquiátrico que exponía a los enfermos mentales como un zoo

CARLOS PREGO


La infausta historia de Bethlem, el psiquiátrico que exponía a los enfermos mentales como un zoo

  Entre pincelada y pincelada, Richard Dadd (pintor victoriano) concibió la inquietante idea de que su padre era la reencarnación de un diablo. Durante un paseo estival por el campo en 1843 lo mató a cuchilladas. Se fugó. Poco después la policía lo apresaba en Francia.

  Harto de reivindicar sin que nadie le hiciera el menor caso que él, en realidad, era San Pablo, a principios de 1790 John Frith intentó agredir al rey George III de Inglaterra con una piedra.

   La última gota de energía que quedaba en las venas de Eliza Josolyne se congeló en el invierno de 1857. Única sirvienta en una casa con una veintena de cuartos, Josolyne (de 23 años) tenía que encargarse de que todos los rincones estuvieran limpios y ordenados. Cuando en enero le ordenaron además que mantuviese vivos los 20 fuegos que calentaban su débil equilibrio saltó por los aires.

   Las historias de Richard, John y Eliza tienen personajes, escenarios y fechas distintos, pero comparten el mismo final: el Bethlem Royal Hospital, uno de los psiquiátricos más famoso del mundo y el que más ha contribuido a crear el mito del manicomio de pesadilla. También uno de los más antiguos. Desde su fundación, en el siglo XIII, y hasta que entre el XVIII y XIX empezaron a modernizarse sus terapias, el sanatorio londinense dejó capítulos funestos.

   Durante años, más que un hospital fue casi un "zoo humano", una galería a donde los ricos de Londres acudían en tropel para (previo pago de un chelín por entrada) disfrutar del espectáculo de los "locos". En 1681 los gobernantes se referían sin sonrojo a los pacientes como "lunatickes", una mezcla de "lunático" y "tickets". A la humillación pública se sumaban un trato cruel y condiciones deplorables.

Bethlem En 1723
Bethlem en 1739
          

   La leyenda negra del Bethlem se ha replicado mil veces en la literatura y en 1946 inspiró a Mack Robson para su película Bedlam, Hospital Psiquiátrico. Hoy es un centro respetado en Reino Unido, pero aún no ha conseguido sacudirse del todo ese pasado funesto.

                     El peor hospital psiquiátrico de la HISTORIA | Bethlem Royal Hospital


   De vez en cuando asoma desde la esquina más insospechada. Hace cinco años los obreros que trabajaban en el Crossrail de Londres (un tren subterráneo para mejorar la comunicación de la City) se toparon con una sorpresa poco agradable: huesos. Un montón de huesos humanos. Al investigar se descubrió que pertenecían al antiguo cementerio del psiquiátrico. Entre las fosas comunes con internos del Bethlem y los cadáveres que dejó la peste negra se calcula que podría haber 4.000 esqueletos.

Bethelem, el remoto origen de todo

   El origen del psiquiátrico se remonta a 1247. Simon FitzMary, antiguo alguacil de Londres, donó un terreno en Bishopsgate para levantar un asilo al que se bautizó Priory of St. Mary of Bethlehem. De ese nombre derivaron las abreviaturas Bethlem y Bedlam, hoy sinónimo de alboroto y caos. En esa ubicación se alza ahora la estación de Liverpool Street. Décadas después el centro ya aparece citado como hospital y hacia 1400 acogía pacientes internos. En 1547 Enrique VII tomó la decisión de entregarlo a la ciudad de Londres para que acogiese a sus enfermos mentales.

   A lo largo de los siglos y a medida que su actividad aumentaba, el psiquiátrico fue cambiando de lugar. Cuando en 1676 el antiguo edifico medieval se quedó pequeño, el hospital se mudó a uno nuevo y opulento situado en Moorfields. Su creador, Robert Hooke, quiso que fuera el Versalles de Londres y tiró la casa por la ventana: proyectó una fachada de 165 metros de largo, columnas corintias, torre con cúpula, jardines... "Era un contraste: esa grandiosa fachada y lo sombrío de su interior", explicaba en 2017 a la BBC Mike Jay, autor de This Way Madness Lies.

                 Bridewell
 El psiquiátrico, gestionado por los gobernadores de Bridewell, cambió de ubicación en numerosas ocasiones.

   Grandioso, pero una ruina total. La pesada fachada no tardó en resquebrajarse y el hospital sufrió graves filtraciones. Escritores como Thomas Browne dudaban de si los "locos" eran los internos o los responsables de aquel despropósito.

   El psiquiátrico se trasladaría aún dos veces más. En 1815, a St. George´s Fields, en Southwark, a un inmueble que desde 1936 ocupa el Imperial War Museum. Y en 1930 a Beckenham, su ubicación aún hoy. Durante su periplo pasó por todo tipo de manos. A principios del siglo XVII, Jaime I puso al frente del hospital a su médico Helkiah Crooke. Se sospecha que el galeno era tan bueno con el bisturí como con la saca. En 1632, una década después de asumir el cargo, fue retirado entre acusaciones de corrupción y de descuidar sus obligaciones. Bethlem no es recordado sin embargo por el estridente proyecto de Hooke o las corruptelas de sus responsables. Lo es por las cadenas, encierros y castigos que padecían los pacientes. No siempre del mismo modo. Hacia finales del siglo XIX entre sus paredes se "recetaba" la terapia de rotación, una práctica supuestamente inspirada en las teorías de Erasmus Darwin, abuelo del famoso naturalista autor de El origen de las especies: sentar al paciente en una silla suspendida en alto para que girase y girase durante largas sesiones.

   A lo largo del XVIII tampoco eran extraños los baños fríos o grilletes. De Edward Wakefield (pionero en la colonización de Nueva Zelanda) se cuenta que hablaba horrorizado de los hombres desnudos, hambrientos y encadenados a las paredes que se topó durante una visita a Bethlem en 1814.

Atracción de feria para la burguesía

   Por un chelín los visitantes podían recorrer el psiquiátrico como si de un zoo se tratara. Durante al menos un período, los internos se exponían al público. Tampoco era inusual que se les permitiese azuzarlos. "En aquella época (1610) no había nada extraño en animar tal espectáculo: visitar Bethlem era visto como algo edificante por las mismas razones por las que lo era asistir a los ahorcamientos", explica a la BBC Jonathan Andrews, autor de The History of Bethlem. La tradición asegura que por los pasillos del funesto sanatorio llegaron a pasar hasta 96.000 visitantes en un solo año.

   Por el psiquiátrico pasaron también diferentes personalidades. En 1732 el pintor William Hogart empezó una serie de ocho lienzos que terminaría dos años después y en los que se puede seguir el declive de Tom Rakewll, un bon vivant que dilapidó la abultada herencia de su padre en el juego, prostitutas y una vida lujosa. La serie termina con Tom consumido y desesperado en una lúgubre sala de Bedlam.



                  Rake Progress

        La serie de cuadros "A Rake's Progress", de William Hogarth, terminaba en Bethlem

   Los magnicidas (todos frustrados) Edward Oxford y Margaret Nicholson fueron recluidos igualmente en el sanatorio. El centro "alojó" incluso a artistas reconocidos, como Dadd, Louis Wain o Jonathan Martin. Durante varios años fue el hogar del dramaturgo Nathaniel Lee.

Bethlem En El Siglo Xix
El psiquiátrico en una fotografía de 1896
                 

   Con el paso del tiempo las prácticas en Bedlam fueron modernizándose. En 1684 el brillante médico y anatomista Edward Tyson asumió su dirección y decidió aplicar mejoras: contrató enfermeras y creó un fondo para ayudar a los pacientes más pobres, que no tenían ni para ropa. En 1852 la llegada del doctor William Charles Hood fue igualmente decisiva para el cambio de rumbo. Durante diez años trabajó con intensidad con el fin de mejorar las condiciones del psiquiátrico y, en especial, para que se segregase a los criminales dementes.

   Sus orígenes en el siglo XIII convierten a Bedlam en uno de los psiquiátricos más antiguos del mundo. Algunos autores consideran que es el pionero, aunque esa afirmación está lejos de suscitar unanimidad. El catedrático de Psiquiatría J.J. López-Ibor sostiene, por ejemplo, que ese honor lo ostenta un hospital fundado por el padre Jofré en Valencia en 1410. La clave, explica, es que tras sus paredes "los internos eran considerados enfermos y sus actividades estaban destinadas a aliviarlos y, cuando eso era posible, curarlos".

   Aunque St. Mary de Bethlehem se puso en marcha en 1247 y albergaba personas con patologías mentales ya desde 1377, no sería hasta 1473 cuando se les empieza a dar "asistencia propiamente médica". Si fue siempre de calidad o humanitaria hasta el XVIII… Esa es otra cuestión.

                  El documental más ESPANTOSO de Psiquiatría

                        LOS 5 ASILOS MENTALES MÁS TERRORÍFICOS DEL MUNDO



     

Los psiquiátricos tienen algo que, en general, nos asusta y nos pone los pelos de punta. Las películas no han ayudado a eliminar este estigma.

Historias, contadas en primera persona, de casos extraños que se han dado en pacientes de psiquiátricos:
1. Sonámbulos
«Muchos de los pacientes de la residencia sufren demencia, pero hay uno que inquietaba a María especialmente. Durante el día es realmente dulce, pero por las noches habla en sueños. Normalmente lo hace con los ojos abiertos y es difícil distinguir si duerme o no. Habla sobre un chico muerto, sobre gente que no está allí y sobre una niña que duerme con él».

2. Sonrisa inquietante
   Relato de una enfermera novata: “Cuando empecé a trabajar en el hospital, me encargaron que me sentara con una mujer durante seis horas. En mitad del turno la cambiaron de habitación y, al llegar a la nueva, se puso muy nerviosa y agresiva. Intenté calmarla, pero nada funcionaba. Gritaba en latín cosas sobre posesiones, Dios y llamas. Finalmente se arañó toda la cara dejando un rastro de sangre”.

3. Paciente poseída
   «Teníamos ingresada a una joven paciente con varios problemas. La llamamos Jane. En su primera noche en nuestra unidad encontramos a Jane en un charco de sangre. Se había estado levantando su propia piel con las uñas. Todas las noches, antes de dormir, Jane tocaba las paredes y dibujada con sus dedos un crucifijo. Una de las noches, cuando un celador la escuchó gritar fue a ver qué ocurría. Al llegar, Jane estaba de pie en mitad de la habitación. Le preguntó qué ocurría y respondió “¿Qué te hace pensar que estás hablando con Jane?”.

4. Puñalada trapera
   Un paciente me relató que tenía tan sólo 17 años cuando entró por primera vez en un psiquiátrico, le asignaron un compañero de habitación un poco raro. “La segunda noche que dormí allí me dijo que era un "trabajador de Satán" y que podía hablar con él”.

   “Un día volví a la habitación y estaba destrozada por completo. Fui al baño y lo encontré en el suelo cubierto de sangre, desnudo. Había roto el espejo y usado los trozos para provocarse heridas. Me acerqué para ayudarle y me apuñaló con otro de los trozos de cristal. Se reía como un loco”.

5. Microchip en el cerebro
   Tuve una larga conversación con un paciente que creía que el gobierno le había implantado un chip en su cabeza que le hacía ser más inteligente. Aseguraba que estaba allí encerrado porque el gobierno no quería que se supiera.

6. Abusos
   Una amiga auxiliar de enfermería me contó hace poco que estaba trabajando en una institución mental en Navidad, hace unos años. Me tocaba bañar a una paciente con un largo historial de abusos. Cuando iba a meterse en la ducha, escupió en el suelo, se agachó para lamerlo y dijo "estoy lista, papá".

7. Arsenal escondido
   Una mañana encontramos una gran cantidad de cuchillos en la habitación de un paciente. Siempre escondemos esos objetos, pero se las apañan para robarlos. También encontramos todo un arsenal de armas hechas por él mismo escondidas en un cajón. Esbozó una sonrisa terrorífica y comentó: “Pensaba usar todo eso esta misma noche, tengo que salir de aquí”.

8. Misterios sin resolver
   Una noche trajeron a la puerta de urgencias a un chico que habían encontrado en un edificio abandonado por su extraño comportamiento. No tenía carnet, ni casa. Le pregunté su nombre y no lo sabía, pero afirmaba ser piloto de las Fuerzas Aéreas. Cuando le estaba contando a un compañero lo ocurrido, se quedó con la boca abierta. Él también había sido piloto y sólo los de más alto rango podían saber el nombre de la base y el comando del que el paciente afirmaba ser».

9. Cuando la obsesión crece
   Una técnico de farmacia me relató que en el turno de noche en su primera semana en el hospital tenía que darle a los pacientes sus medicinas, la mayoría de las veces iba acompañada por un guardia de seguridad. Uno de los pacientes le dio las gracias y le preguntó cómo estaba. Otro día, las enfermeras la vieron hablar con él y le dijeron que estaba loca, que no volviera a hacerlo. Al parecer, el chico había matado a su madre porque quería que su profesora fuera su madre. El hospital tenía la norma de no dejar que las mujeres se acercaran a él.

10. Abducción
   Una enfermera me relató una historia macabra que le ocurrió: “Estaba trabajando en el turno de noche de una residencia de pacientes con Alzheimer cuando me ocurrió algo extraño. Eran las 2 de la madrugada, una mujer de 83 años estaba sentada en su cama mirando a la pared. No quería dormir porque decía que los extraterrestres venían a por ella. Su risa me asustó”.

11. Fotografías para siempre
   Una mujer acudió a urgencias acompañada por sus padres, muy asustados, porque se había herido a sí misma en los brazos, piernas y torso para poder meter fotografías de su familia bajo su piel.

12. No verás nada
   Una compañera me contó una historia sobre una guardia que tuvo en el hospital donde trabajábamos. Descubrió a una paciente que se había arrancado sus propios ojos. Junto a ella estaba el cuerpo de otro de los enfermeros, le había dado un ataque al corazón al presenciar la escena.

13. Sangre mortal
   Un paciente me contó que tenía VIH y sufría esquizofrenia paranoide. Pensaba que las enfermeras querían matarle, por lo que se mordía la lengua y escupía sangre a los trabajadores para contagiarles. Nunca me acerqué mucho a él y siempre usé mascarilla y guantes cuando tenía que visitarlo. Un día me dijo sonriendo: “No se preocupe, doctor…usted está a salvo, me cae bien”.

14. Vampiros
   «Hace muchos años, durante la residencia, conocí a una mujer que afirmaba ser una vampiro. Había matado a dos de sus hijos, herido a otro y a su marido. Al parecer sufría una variedad de Porfiria que le hacía desear la sangre». 

15. Relaciones extrañas
    Un compañero psiquiatra estaba de guardia en el hospital. En el silencio de la noche escuchó a un paciente describir a una celadora, con todo tipo de detalles, cómo había hecho el amor con una mosca. A la mañana siguiente estaba preocupado por si había contraido alguna enfermedad venérea.


                             
Los 6 hospitales abandonados más aterradores del planeta

No hay comentarios: