jueves, 28 de mayo de 2020

MITOLOGIA Y SEXUALIDAD. ARTEMISA, LA DIOSA VIRGEN DE LA CAZA





MITOLOGÍA Y SEXUALIDAD. ARTEMISA LA DIOSA VIRGEN DE LA CAZA



  Strauss - Also sprach Zarathustra 

   El concepto del pecado original cometido en el Edén por Adán y Eva al desobedecer a Dios ha estado siempre ligado con las relaciones carnales, y los cristianos creen que la cadena sólo fue rota por la Virgen María. En Grecia la diosa de la virginidad era Artemisa: sus vestales juraban mantenerse castas. Después de que Callisto fuera seducida por Zeus, Artemisa la castigó por ello.

   Calisto (mitología) - Wikipedia, la enciclopedia libre
       François Boucher: Zeus y Callisto

   Callisto era una cazadora perteneciente al cortejo de Artemisa, diosa de la caza, para lo cual había hecho el obligatorio voto de castidad. Sin embargo, Zeus se enamoró de ella y, para seducirla, adoptó la forma de Artemisa. Calisto terminó quedando embarazada.


Artemisa: La Diosa Cazadora de la Mitología Griega - Los Olímpicos - Mira la Historia

Artemisa, la diosa virgen de la caza

  Artemisa es probablemente una de las divinidades más antiguas del panteón griego, y, precisamente por esto, es al mismo tiempo una de las más veneradas en todo el Mediterráneo. Artemisa es una diosa con dos facetas fundamentales. Es, por un lado, una diosa femenina que no tolera el contacto con los hombres, por lo que en muchos lugares su culto está restringido a las mujeres, estando severamente castigada la presencia de hombres durante el desarrollo de los mismos. Por otro lado, Artemisa es una diosa salvaje y agreste, divinidad protectora de la caza, las bestias y los espacios no alterados por el hombre. Por este motivo, en muchas ocasiones su culto se realiza en un marco exterior al de las ciudades, siendo el mundo urbano totalmente ajeno a las influencias de esta diosa. Sus representaciones más características responden a esta doble naturaleza. Los griegos se figuraban a Artemisa como una doncella virgen vestida con ropas cómodas para deambular por los campos, armada de un arco y flechas y acompañada por diversos animales.

  


Statue of Artemis (Greek) or Diana (Roman), known as Diane de Versailles, France. Roman copy, 1st or 2nd century CE, of lost Greek bronze attributed to Leochares, c. 325 BCE. Musée du Louvre, Paris.


NACIMIENTO E INFANCIA

   Todos los mitógrafos antiguos están de acuerdo en que Artemisa era hija de Zeus y Leto. Al descubrir la nueva infidelidad de su esposo, la diosa Hera amenazó con descargar su ira sobre la tierra que acogiera a Leto para dar a luz. La joven inició entonces un largo peregrinaje por diversas regiones, pero en todas ellas, temerosos de despertar la cólera de Hera, rechazaban darle acogida. De este modo, Leto llegó a la isla errante de Delos, un lugar que cambiaba constantemente de posición en el mar y que, en consecuencia, podía escapar con más facilidad de la venganza de la reina de los dioses. En esta isla Leto dio a luz a dos mellizos, Apolo y Artemisa. Agradecido por haber acogido el nacimiento de sus hijos, Zeus puso fin al peregrinar eterno de la isla de Delos y la fijó en el Océano, protegiéndola de las posibles represalias de la diosa Hera. Posteriormente, la isla de Delos fue consagrada al culto al dios Apolo y llegó a convertirse en uno de los santuarios más importantes de esta divinidad.

   Los mitos que narran la infancia de Artemisa son muy escasos y todos ellos tardíos, creación de escritores de época helenística o romana. Según estos autores, la pequeña Artemisa le pidió a Zeus, su padre, que le concediera el permanecer virgen y poder vivir en los bosques, dedicándose a la caza junto a un grupo de compañeras, ninfas y dríades, que constituirían su séquito. Una vez Zeus le concedió todas sus peticiones, Artemisa solicitó a Hefesto que le confeccionara un arco y unas flechas con las que poder desarrollar su actividad como cazadora. Por último, el dios Pan le entregó una jauría de perros para que acompañaran a la diosa en las monterías.   

MITOLOGÍA

NIOBE Y LETO

   Uno de los principales mitos que tienen a Artemisa como protagonista cuenta cómo Níobe, reina de Tebas, se jactó en público de ser superior a Leto al haber parido y criado a catorce hijos, mientras la diosa sólo había engendrado dos. Como castigo ante esta impiedad, Leto pidió a sus hijos que acabaran con la vida de los hijos e hijas de Níobe, encargo que éstos cumplieron de inmediato. Los catorce jóvenes murieron bajo las flechas de los mellizos. Níobe, loca de dolor ante la muerte de sus hijos, escapó de Tebas y buscó refugio en Asia, donde se tendió a llorar desconsoladamente hasta convertirse en piedra. De sus abundantes lágrimas se formaron las fuentes del río Aqueloo.   

ACTEÓN

    En una ocasión en la que la diosa Artemisa se encontraba bañándose en un estanque junto a sus compañeras, el príncipe Tebano Acteón, que se encontraba de caza por los alrededores, las descubrió por accidente. Aunque las compañeras de Artemisa se apresuraron a cubrir el cuerpo desnudo de la diosa, el joven ya había mancillado con su mirada el pudor de la virginal divinidad. Enfurecida, Artemisa convirtió a Acteón en un ciervo, y una vez se hubo completado la metamorfosis, azuzó contra él a sus propios sabuesos. Los perros despedazaron al príncipe tebano sin darse cuenta de que estaban dando muerte a su amo.

  


CALISTO

   Calisto era una joven noble, hija del rey de la Arcadia, que había decidido consagrar su vida a Artemisa y formar parte de su cortejo. Para ello, era necesario que las jóvenes seguidoras de la diosa hicieran un voto de castidad: debían permanecer vírgenes del mismo modo en que lo hacía Artemisa. Sin embargo, el dios Zeus se encaprichó de la joven Calisto y, tras engañarla haciéndose pasar por la diosa Artemisa, la violó, dejándola embarazada. Calisto trató de ocultar su estado durante todo el tiempo que le fue posible, a sabiendas de que Artemisa no consentiría que permaneciera en su séquito una mujer que no fuera virgen. Pese a sus esfuerzos, en una ocasión en la que la diosa y sus compañeras estaban bañándose en un estanque, ésta descubrió el embarazo de Calisto. Como castigo por haber roto su voto de castidad, Artemisa transformó a la joven en una enorme osa. Tras permitir el parto de su vástago, al que se le puso el nombre de Arcas, Zeus elevó a la osa a los cielos como compensación por el castigo que había sufrido, convirtiéndola en la constelación de la osa mayor.

    


RELACIONES Y DESCENDENCIA

   Debido al voto de virginidad que había hecho Artemisa, la diosa no mantuvo relaciones ni con dioses ni con mortales, por lo que no se le conoce descendencia alguna. Tan sólo contamos con una referencia oscura del poeta Homero en la que se presenta al cazador Orión como amado de Artemisa. Otras fuentes se limitan a presentar a este personaje como un compañero en las cacerías de la diosa. De hecho, habría sido Artemisa la que habría intercedido por Orión tras su muerte a manos de un escorpión gigantesco para que fuera inmortalizado en forma de constelación. Dado que la virginidad y el rechazo a los hombres son las características más importantes de Artemisa, es probable que esta parte del mito relativa a Orión pueda proceder de la contaminación con la historia de alguna otra diosa local de la caza que acabara fusionándose con ella por un proceso de sincretismo.

   
ARTEMISA EN EL CICLO TROYANO

   En el ciclo troyano, Artemisa jugó un papel secundario en comparación con otras divinidades. Siempre actuó a favor de los troyanos, posiblemente por fidelidad a su hermano Apolo, firme partidario de los ejércitos de Príamo. Según algunas versiones, Artemisa fue la responsable de que se detuvieran los vientos, inmovilizando la flota de los griegos en Aulide. Este castigo se debió a que Agamenón, rey de Micenas y principal caudillo de los griegos, había matado a una cierva en un bosque consagrado a Artemisa. Como anunciaron los adivinos a Agamenón, sólo un sacrificio humano calmaría la cólera de la diosa y lograría que ésta liberara de nuevo los vientos. El rey Agamenón accedió a sacrificar uno de sus más preciosos tesoros, su hija pequeña, Ifigenia. La niña fue sacrificada en un altar construido sobre un acantilado, y en el momento en el que la pequeña exhaló su último aliento, los vientos hincharon de nuevo las velas de las naves griegas. Según algunas versiones, la diosa Artemisa se apiadó de la pequeña en el último momento, cambiando su cuerpo por el de un cervatillo antes del golpe destinado a acabar con su vida. La pequeña Ifigenia fue trasladada por la diosa a la tierra salvaje de Tauride, donde fue nombrada sacerdotisa principal de la diosa Artemisa. Ifigenia vivió toda su vida en esta tierra apartada hasta la llegada accidental a Tauride de su hermano Orestes.

   En la Teomaquia, la lucha de los dioses narrada por Homero en la Ilíada, Artemisa se enfrentó a la diosa Hera, un combate de gran relevancia por cuanto había sido esta divinidad la causante de los sufrimientos de Leto antes del parto. Pese a los esfuerzos de Artemisa y a su habilidad como flechadora, Hera consiguió doblegarla al golpearla con su propia aljaba. La diosa de la caza, afligida, corrió a refugiarse y buscar consuelo en brazos de su padre Zeus.


ÁMBITO DE INFLUENCIA Y CULTO

    El culto a Artemisa en sus diversas facetas estuvo muy extendido por el mundo Mediterráneo antiguo. Sin embargo, es muy probable que lo que las fuentes clásicas recogen como rituales en honor de esta diosa sólo lo fueran en fechas tardías, y que en sus orígenes fueran cultos destinados a diversas divinidades locales que acabaron siendo asimiladas por la hermana melliza de Apolo.

    En Esparta, Artemisa era una de las divinidades principales, contando con un importante santuario cuya fundación data de antes de la culminación del proceso de formación de la ciudad. En el santuario de Artemisa Ortia se celebraba un curioso rito de iniciación conocido como la diamastigosis. Éste consistía en la disposición de una serie de alimentos en un altar, que era protegido por sacerdotes portadores de látigos. Un grupo de jóvenes tenía que tratar de apoderarse de los alimentos, y para evitarlo los sacerdotes debían golpearles con los látigos con toda la violencia posible. Es posible que estemos ante algún tipo de rito de carácter iniciático para los efebos espartanos. Sin embargo, en época romana este ritual acabó convirtiéndose en un simple espectáculo violento donde los curiosos acudían para presenciar el sangriento maltrato de los jóvenes a manos de los sacerdotes.

   En Atenas se celebraba en honor a Artemisa el ritual de las Brauronias, un rito de paso en el que las jóvenes atenienses eran consagradas a la diosa. Durante la duración del ritual, las niñas eran denominadas arktoi, es decir, oseznas, algo que resulta coherente con la vinculación de Artemisa con la caza y los animales salvajes.

  Una muestra del complejo proceso de sincretismo que sufrieron algunas divinidades locales hasta terminar identificadas con Artemisa lo encontramos en los cultos realizados en la ciudad de Éfeso en honor a esta divinidad. La Artemisa de Éfeso era, a diferencia del resto de advocaciones de esta diosa, una divinidad de carácter maternal y telúrico. Desconocemos el proceso de sincretismo que llevó a identificar a esta divinidad con Artemisa, pero las fuentes de época clásica y tardía ya hablan sin sombra alguna de duda de un culto en honor a esta diosa.  



El MITO de ARTEMISA | MITOLOGÍA GRIEGA | Sello Arcano


  A algunos dioses les iba el travestismo. El dios nórdico Thor se vistió de novia para introducirse en el palacio de los Gigantes y recuperar su martillo. Tras matar sin quererlo a Ifito, Heracles fue condenado a trabajar como sirvienta de la reina Ónfale. 

HEROES GRIEGOS: HERACLES II

Hércules (Heracles) y la reina Ónfale de B. Spranger 1585. Viena


Heracles hilando lana para Ónfale, ataviada con la piel de león de él y sosteniendo su tranca
                                                                           

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El rapto de Ganímedes

Zeus en forma de águila se lleva al bello Ganímedes  para convertirlo en su copero

Cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio Fue pintado haci1531-1532; actualmente, se encuentra en el Museo de Historia del Arte de Viena

                                            

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La muerte de Orfeo - 1874 - de Émile Jean Baptiste Philippe Bin 

Reza el mito que Orfeo pereció a manos de las bacantes tracias furiosas porque había introducido la pederastia entre sus hombres

                                               

Edipo - Wikipedia, la enciclopedia libre

   Quizás el mito de Edipo sea la historia sexual más famosa de todas. Cuando Edipo descubrió que había cumplido la profecía del oráculo de Delfos y que, tras matar a su padre, se había casado con su madre, se sacó los ojos. su madre se ahorcó.


La Grecia Clásica y el sexo

EDMUNDO FAYANAS ESCUER


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   La civilización griega es una de las más esplendorosas en la historia de la humanidad. Fue la primera que sobresalió en Europa hace ocho mil años y consiguió revolucionar muchísimos campos del conocimiento humano: filosofía, matemáticas, astrología, literatura… La cultura griega está en la base actual del pensamiento del mundo occidental.

    Sin embargo, la cultura sexual es muy diferente a la actual occidental, si bien todo lo que los griegos hacían entonces, ha llegado a nuestros días, en muchos casos son considerados inmorales y promiscuos. Para los griegos sus formas sexuales tenían un origen infinito de placer, lo que les llevó a profundizar en el arte sexual y sus variantes.

   La civilización cretense alcanzó un gran desarrollo. La mujer tenía una gran libertad, de forma que era frecuente encontrarla en los banquetes y en las representaciones que se hacían en aquella época. Podemos afirmar que no había diferencias entre hombres y mujeres. Estos podían casarse libremente y cuando una mujer era pedida en matrimonio, era ella quien decidía sin interferencia alguna.

    En la sociedad minoica el punto de encuentro de toda la vida social se encontraba en la invocación a la Madre Tierra. Tanto hombres como mujeres acudían a los bosques, montañas donde sacrificaban los animales y hacían las ofrendas a los dioses. En este ritual se satisfacían todos los apetitos sexuales, por eso existían grandes copulaciones en los días que duraba el ritual. En esta sociedad minoica todo lo relativo al sexo se entendía como una necesidad natural que se satisfacía con total libertad.
  
   Posteriormente, aparece la cultura micénica con los aqueos, así denominados por Homero y que son descritos por poseer una sexualidad muy fuerte. Sus matrimonios tenían características bastantes primitivas.  El matrimonio aqueo se basaba en un contrato donde los contrayentes debían aportar una dote, lo cual pretendía una mejora de la situación de la mujer a lo largo del tiempo. En su dote la esposa debía traer consigo una esclava, para así convertirla en la concubina de su marido por si se daba la circunstancia de que la esposa no le diera hijos.  

   El comportamiento sexual de los griegos se va modificando poco a poco. Se produce un fuerte interés por los efebos y por las prostitutas. La heterosexualidad y la homosexualidad son prácticas habituales.

   Se promulgó una ley que no reconocía la validez de los matrimonios realizados entre miembros de distinta clase social y para favorecer la acumulación de riqueza entre las elites se permitían los matrimonios consanguíneos, que garantizaba la estabilidad de la propiedad privada.

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 Durante el enfrentamiento armado entre Atenas y Esparta y debido al llamamiento de los hombres al ejército se crea una situación muy difícil para las mujeres, pues no pueden mantener relaciones sexuales. El médico Hipócrates decía: “Las mujeres no andaban un tanto extraviadas a causa de la guerra, sino a causa de la insatisfacción sexual”.

   Tanto Platón como Sócrates plantearon la igualdad entre hombres y mujeres dentro del matrimonio, pero fracasaron. Aristóteles desarrolló la inferioridad de la mujer respecto al hombre.

   En esta época ateniense se desarrolla en todo su esplendor la prostitución, con la proliferación de las casas de citas que estaban siempre abarrotadas de hombres. Por otro lado, la homosexualidad se extendió muchísimo e incluso fue regulada por medio de la ley.

    La principal función de la mujer era procrear y cuidar de sus hijos, sobre todo de los varones que serán los que darán continuidad al linaje familiar. La fórmula matrimonial decía “Te entrego a esta mujer para la procreación de hijos legítimos”.

   Las mujeres se solían casar a los catorce o quince años. Se les enseñaba a asumir el papel de madres y se les excluía de la educación formal. "La mujer debe estar en casa, alejada de las miradas y sólo se le permitía asistir a funerales o a determinados festivales". Muchas mujeres aprendieron por su cuenta a leer y escribir y a tocar instrumentos musicales.

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   Otras mujeres que no se casaban se dedicaban a la prostitución que como hemos visto floreció de forma muy intensa en la Atenas del siglo V y IV a.C. Había dos clases de prostitutas: La mayoría de las prostitutas en los burdeles eran esclavas o extranjeras. Existían otras prostitutas de nivel superior conocidas como hetairas, término que significa acompañamiento femenino. Estas tenían en muchos casos grandes conocimientos y solían competir en cultura con los hombres. La más famosa fue Aspasia de Mileto que impartió clases de filosofía a Platón y Sócrates. Aspasia fue la amante de Pericles durante años, con el que tuvo un hijo. Solamente cuando este hijo falleció como consecuencia de la peste que asoló la ciudad de Atenas, se hizo la excepción de permitirles casarse.

   Hubo hetairas muy famosas que llegaron a la élite. Friné fue una de ellas. Nacida en Tespia, a pesar de su origen humilde, al trasladarse a Atenas, perfeccionó sus prácticas amatorias lo que hizo que diera espectáculos. Fue reconocida como una gran hetaira y muy demandada por las élites. Otra hetaira muy conocida fue Lais de Corintio, amante de Demóstenes, Aristipo y Alcibiades y también era de origen humilde. Fue utilizada como modelo de escultura dada su gran belleza.

   Las hetairas eran famosas por tener una gran preparación musical e intelectual y por su belleza física. Algunas hetairas lograron tener grandes fortunas. Estas bailaban, tocaban instrumentos musicales y ofrecían diversión, además de tener relaciones sexuales. Eran frecuentes las reuniones llamadas simposios, que eran fiestas refinadas de comidas y bebida, donde no podían estar las esposas, pero si las hetairas.

La homosexualidad masculina

   Comenzó en el llamado periodo presocrático alrededor de finales del siglo VII a. C.  Pisistrato fue un tirano que conquistó Atenas, tenía como amante a Solón. Los hijos de Pisistrato también eran homosexuales.

   Para el griego cualquier actividad sexual donde un ciudadano penetra a alguien socialmente inferior, lo consideraban dentro de la normalidad. Se consideraba personas socialmente inferiores a mujeres a jóvenes, extranjeros, prostitutas y esclavos. Al mismo tiempo, se consideraba como vergonzoso el ser penetrado por alguien socialmente inferior.

   La sociedad griega valoraba la masculinidad en los hombres adultos y la feminidad se unía a ser penetrado en las relaciones homosexuales. La relación de pederastia era bien vista y así cuando el erómeno ya había llegado a la madurez se le decía “Puedes levantar un toro si lo portaste de ternero”. Sin embargo, las relaciones entre hombres adultos de estatus social homólogo estaban mal vistas y provocaban rechazo social.

   La homosexualidad en la Atenas clásica se practicaba de manera generalizada y era tolerada. Sin embargo, los ciudadanos atenienses no podían prostituirse porque podían perder su ciudadanía. La ley no eliminaba la prostitución masculina, sino que la permitía a los extranjeros y a los no ciudadanos. Los ciudadanos atenienses sí que podían tener relaciones homosexuales con proxenetas o con hombres como relación amorosa o de placer, nunca como negocio.

   La relación homosexual más extendida es la que se daba entre hombres adultos y jóvenes adolescentes y a esto se le llamaba pederastia. La relación solía ser física, pero también buscaban aspectos educativos, donde el hombre mayor conseguía el amor del hombre joven gracias a su valía como maestro y por la devoción que le demostraba el joven.

   La pederastia en Grecia antigua era una relación entre un hombre mayor y un joven. El hombre mayor se le denominaba erastés y se encargaba de educar, proteger, amar y dar ejemplo a su amado. El joven era llamado erómeno y le daba a su amante su belleza, juventud y compromiso.

   Atenas tenía protocolos sociales para proteger a los jóvenes del deshonor que se asociaba a ser penetrado. Se exigía al erómeno el respeto y la honra del erastés, pero no que lo deseara sexualmente. El ser cortejado por un hombre mayor era señal de hombría para un joven. Pero el deseo sexual reciproco no era bien valorado y provocaba un estigma social importante.

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S VI a JC, Museo Arqueológico de Nápoles
                    
    Como las guerras eran frecuentes, la homosexualidad en el ejército era permitida e incluso estimulada. Estas relaciones eran usadas para conseguir un mejor adiestramiento militar y para mantener la moral, pero sobre todo para fortalecer los lazos y el espíritu de combate de los soldados en época de guerra.

  Los filósofos socráticos pensaban que un ejército sería más fuerte si estaba constituido por parejas de amantes masculinos, debido a los fuertes lazos que se forman entre ellos, lo que les hace pelear con más potencia que los soldados normales. Esto provocó que los matrimonios fueran bastantes indiferentes, ya que los hombres en sus largas campañas guerreras no se preocupaban acerca de si su mujer se enteraba de sus aventuras con otros soldados o con prostitutas.

   En este sentido, debemos destacar el Batallón Sagrado Tebano. Era una unidad militar que siempre estaba separada del resto del ejército y sólo podían alistarse en él hombres y sus jóvenes amados. Es un ejemplo de cómo en la Antigua Grecia se usaba el amor homosexual entre los soldados para fomentar su espíritu guerrero. La fama de este Batallón, por su gran fuerza de combate, hizo que se le construyera un monumento que aún hoy en día está de pie, y es el lugar donde están enterrados sus miembros.
                                        
   Este tipo de relaciones aparece de forma explícita en la Ilíada. Se puede ver en la relación de Aquiles y Patroclo.

                           Aquiles y Patroclo - Mitología griega - Historia de la Homosexualidad
 En una ceremonia sagrada, Peleo purificó a Patroclo, redimiéndolo de un crimen. El joven fue nombrado escudero de Aquiles, tras lo que no tardaron en hacerse los mejores amigos y, tras ello, amantes.

Aquiles y Patroclo. Historias de amor míticas.

Aquiles y Patroclo


Patroclo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Menelao llevando el cuerpo de Patroclo, copia de un original griego en la Loggia dei Lanzi, Florencia.



Safo  y su novia - Edouard-Henri Avril

   
La pederastia era lo más habitual y eran escasas las relaciones entre iguales. Plutarco recoge las palabras despreciativas de Filipo II de Macedonia sobre la homosexualidad en el ejército y dice:

   “Encontramos que la mayoría de las naciones guerreras son adictas al amor, como los beocios, los lacedemonios y los cretenses. Y entre los más antiguos héroes ninguno tan amoroso como Meneagro, Aquiles, Aristómenes, Cimón o Epaminondas; el último de los cuales tuvo como concubino a Asópico y a Cafisodoro, que fue asesinado junto a él en la batalla de Mantinea y yace enterrado muy cercano a él”. 

   En Atenas podemos encontrarnos con dos formas de prostitución masculina:

  • La porneia (puto o pornos) era el hombre que ofrecía su cuerpo para practicar sexo a cambio de dinero, siendo la mayoría de éstos, esclavos procedentes de las guerras y estaban obligados a pagar impuestos.
  • Hetairikos que parecen ser más un tipo de amantes fijos que le daba exclusividad a algún ciudadano rico.
   Conocido es el porneia Fedón de Elis, que, tras ser esclavo como consecuencia de la guerra, empezó a trabajar en un prostíbulo hasta que Sócrates lo rescata, convirtiéndose en uno de sus discípulos más destacados y que está en el origen de la última obra de Platón titulada “Fedón o sobre el alma”.


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   El famoso legislador Solón se encargó de legislar sobre la prostitución masculina, siendo sólo permitida a los esclavos como ya hemos visto y decía “porque el que vende su cuerpo por dinero, igualmente puede vender los intereses de la comunidad”. Sin embargo, la pederastia estaba prohibida a los esclavos.

                                     
  En las ciudades atenienses los prostíbulos estaban situados en los barrios portuarios y estaban destinados  satisfacer a la gente pobre mientras que los destinados a atender a las clases adineradas se asentaban en lugares discretos y alejados. Esliques también habla de prostitución masculina en la calle.
                                           
  Las relaciones homosexuales entre mujeres están poco documentadas por la historiografía. Sin embargo, tenemos a la gran poetisa Safo de Lesbos, de ahí viene el lesbianismo, que escribió cantidad de poemas que describen los amores entre mujeres. Safo se convierte en referente del lesbianismo y del amor entre mujeres.
                                                             

   En Esparta han quedado reflejadas relaciones lésbicas cuando Platón en su obra El Banquete dice: “aparecen mujeres y no se preocupan por los hombres, pero tienen contacto con mujeres”.


Cinco casos de incesto en la Mitología Griega

Incesto

Infidelidades, relaciones incestuosas, zoofilia… los dioses griegos eran inmortales

pero aprovechaban cada día como si fuera el último. Eran seres inmensamente

poderosos pero esclavos de sus pasiones, y sus relaciones familiares no eran muy

armónicas precisamente.

  Por conservar el poder, por venganza o por celosel incesto (mantener relaciones sexuales entre miembros de la misma familia) ha estado presente a lo largo de la historia y, siempre, rodeado de polémica.

Tiestes y Aérope

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   Tiestes era hijo de Pélope y de Hipodamía, nieto de Tántalo, hermano gemelo de Atreo y padre de Egisto. Fue desterrado de Olimpia junto con su hermano por matar a Crisipo, su medio hermano. Rivalizó con Atreo por el trono de Micenas. Sedujo a la mujer de Atreo y la persuadió de que robara un cordero de oro de los rebaños de Atreo para así tomar el trono. Zeus intervino haciendo una prueba en la cual Atreo salió victorioso. Atreo se convirtió en rey y lo desterró. Tiestes volvió de su exilio por orden de Atreo. Éste, para vengarse del adulterio, ofreció un banquete donde los hijos de Tiestes eran la comida. Tiestes, al darse cuenta, maldijo a su hermano gemelo y huyó de allí.


Edipo y Yocasta

   Edipo, hijo del rey Layo de Tebas y Yocasta, fue abandonado poco después de haber predicho el oráculo que mataría a su padre y se desposaría con su madre. Abandonado para que muriera, fue encontrado y llevado ante el rey Pólibo de Corintio, que no tenía hijos. Edipo creció así sin conocer cuál era su origen, ni la profecía que signaba su destino.

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   Al salir de Delfos, Edipo se encontró con el rey Layo y le dio muerte sin saber que éste era su padre. Luego de asesinar a Layo, Edipo marchó en dirección a Tebas y libró a la ciudad de la Esfinge. Entonces, Edipo sería proclamado Rey y contraería matrimonio con Yocasta, sin saber que ésta era su madre.

Urano y Gea

   Gea es la primera diosa, la Madre Tierra. Y concibió a su hijo Urano, el cielo. Como era el inicio del mundo y, por lo tanto, no había más hembras dando vueltas, Urano se desfogó permitiéndose derecho a roce repetidas veces con su propia madre.
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   Los poetas suelen suavizar el trago aduciendo que, en realidad, esto es una bellísima metáfora de cómo el cielo humedece a la tierra y la vuelve fértil a través de la lluvia… Sin embargo, cuando un hijo «humedece» a su propia madre y la hace parir niño tras niño,  se puede llamar incesto.

Crono y Rea

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   Crono era el más joven de los Titaneshijos de Gea y Urano. Urano odiaba a sus hijos y los escondió. Como venganza, su madre fabricó una hoz para Crono y le convenció de que castrara a su padre. Crono se casó con su hermana Rea y tuvo 6 hijos; temiendo que le hicieran lo mismo que le hizo a su padre, se los tragaba en cuanto nacían: primero Hestia, luego a Deméter, Hera, Hades y por último Poseidón.

Zeus y Hera

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  Zeus era el «padre de los dioses y los hombres» en la mitología griega. Desde el Olimpo ejercía como padre de aquellos que, incluso, no eran sus hijos naturales. Era el encargado de supervisar el funcionamiento del universo, pero también el dios del cielo y del trueno. Zeus era el hijo menor de Crono y Rea y a menudo aparece representado casado con Hera, su hermana. Con ella tuvo tres hijos: Ares, Hebe y Hefesto. Sin embargo, en el oráculo de Dódona su esposa es Dione, con quien concibió a Afrodita.


                   
Richard Wagner - Der Ring des Nibelungen


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