sábado, 9 de mayo de 2020

LA NAVAJA DE OCKHAM





LA NAVAJA DE OCKHAM

El Blog de José Carlos Vicente: Formación para directivos en Toma ...


Usando la navaja de Ockham y el creacionismo



Guillermo de Ockham


                 Wolfgang Amadeus Mozart: Flute Concerto no. 1 in G-Major, K. 313.

   La navaja de Occam (o de Ockham) es un principio de razonamiento formulado al final de la Edad Media, y conocido bajo varios nombres: principio de economía, principio de parsimonia o de simplicidad. Es atribuido al monje franciscano y filósofo Guillermo de Ockham, aunque era conocido antes de él.

   En su formulación original del siglo XV, en latín, dice «pluralitas non est ponenda sine necessitate», es decir que las cosas esenciales no se deben multiplicar sin necesidad.

   En lenguaje moderno significa que no se deben multiplicar las causas, es decir las hipótesis en un razonamiento: Un raciocinio basado en premisas menos numerosas y más sencillas es más verosímil. Cuanto menos se supone, mejor.

   El principio de parsimonia es pues la expresión del sentido común, y su aplicación no debería plantear problema. Sin embargo, los desacuerdos surgen a la hora de definir la noción de sencillez de una hipótesis. En efecto, los hábitos de pensamientos y las creencias determinan en gran medida lo que una persona está dispuesta a considerar sencillo.

   Un ejemplo históricamente muy relevante: cuando se descubrieron fósiles cuyas edades superaban la edad de la Tierra determinada por la Iglesia a partir de datos de la Biblia:

   ¿Cuál era la hipótesis más sencilla entre las siguientes?

-            1.  La Tierra es más antigua de lo que dice la Biblia; posiblemente tiene varios millones de años.
-         
       2. Dios creó un mundo joven con la apariencia de un mundo muy antiguo (sembrando indicios de una larga historia, como la erosión de las montañas y los fósiles, para despistar a los librepensadores). Hubo conservadores para defender la segunda opción, porque la existencia de un dios omnipotente no era parte de la hipótesis, sino un hecho indiscutible, y así la segunda hipótesis se queda virtualmente vacía.

-             3.  Más generalmente, la creencia en un ser omnipotente y dispuesto a intervenir en los asuntos humanos y en las leyes del universo, cuantas veces haga falta. Invalida por completo el principio de economía.

     En el campo científico se dice que hay que favorecer la hipótesis más sencilla que explique las observaciones o que por lo menos sean compatibles con ellas.

   Este principio es frecuentemente llevado más lejos desde que se empezó a admitir que las leyes físicas eran escritas en el lenguaje de las matemáticas: la hipótesis más sencilla es "a priori" la que tiene una formulación matemática más sencilla.

    Por ejemplo, la ley de la gravitación universal de Isaac Newton: es particularmente satisfactoria por la simplicidad de su formulación: con meras multiplicaciones y una división explica el movimiento de los cuerpos celestes. En su momento fue considerada inverosímil porque introducía la noción desconcertante de fuerza a distancia, mientras que las otras hipótesis se basaban en fuerzas por contacto.

   Albert Einstein obtuvo su fórmula de equivalencia entre la masa y la energía porque le pareció matemáticamente más sencillo que existiera una única expresión de una ley fundamental que abarcara simultáneamente la mecánica de los cuerpos y la física de los campos electromagnéticos. Aquí sencillez significa unicidad. Los físicos modernos que buscan La Gran Unificación, es decir, unificar las fuerzas fundamentales, siguen el mismo criterio.

La navaja de Ockham. - Marvin G. Soto - Medium


   Recapitulando, La navaja de Ockham, principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae) es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual: En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.​

Inconmensurable: Henri Loevenbruck. La navaja de Occam

                       Henri Loevenbruck. La navaja de Occam


   Henri Loevenbruck un escritor francés (París, 1972) que alcanzó fama en su país con la Trilogía de La Moira, una novela negra futurista.  También ha escrito thrillers históricos como ‘El enigma Copérnico’ y ‘El testamento de los siglos’.

    El protagonista de la novela es Ari MacKenzie un detective francés encargado de la división especial de sectas, casi que el sólo lleva ese departamento a punto de la extinción, con una memoria casi fotográfica y una intuición muy desarrollada.  Ari es una persona solitaria, que siempre viste con la misma ropa para no tener que pensar (jeans, camisa blanca y un sobretodo negro), suficientemente atractivo como para haber roto un par de corazones y que todas las mujeres en la novela quieran cuidar de él.

   La acción empieza en las primeras páginas con los asesinatos de Christian Constantin y Paul Cazo, este último mejor amigo del padre de Ari y quien se volvió casi un padre sustituto para él cuando el propio fue institucionalizado con signos de demencia.

   A partir de estos primeros asesinatos, se desatan una serie de verdades ocultas y teorías esotéricas muy interesantes. Ari empieza la investigación más que nada para vengar la muerte de su único amigo y casi mentor Paul, pero en su investigación se dará cuenta que Paul era mucho más que el simple profesor de universidad que decía ser.  En la escena del crimen conoce a Mona Safran, una mujer mayor que él, amiga de Paul de la que nunca antes había visto ni oído, pero que lo deja pensando que también esconde algo.

   En su oficina, Ari se encuentra con un sobre que le ha dejado Paul Cazo dentro del cual encontrará una copia de algo que parece ser un pergamino muy antiguo, futuras investigaciones desvelaran que se trata de una copia de una de las páginas faltantes de ‘Los cuadernos de Villard de Honnecourt’, un famoso manuscrito del siglo XIII.  Ari se da cuenta entonces que las páginas que faltan son 6 y que si su amigo y Constantin eran poseedores cada uno de una, entonces alguien anda tras ellas, lo que quiere decir que los poseedores de las otras 4 se encuentran en un peligro inminente. Las 6 páginas juntas aparentemente desvelaran a quien las posea, un secreto demasiado poderoso, algo de una puerta que jamás debe ser abierta.  Es por esto que nadie nunca ha tenido en su posesión las 6 páginas juntas y sólo el Maestro de una sociedad creada exclusivamente para su protección, las ha visto todas, con la consagrada promesa de nunca utilizarlas.

   A  medida que va descubriendo los misterios de tan extraño caso,  la vida del propio Ari se verá en riesgo, incluso la vida de la mujer que ama (claro que hasta ahora no lo ha admitido por miedo). Dolores Azillnet o Lola es una joven bibliotecaria enamorada perdidamente de Ari, unos 10 años mayor que ella, con el cual vivió un noviazgo prometedor pero que en el momento que Ari se sintió atrapado prefirió apartarla para ser sólo amigos.  Obviamente, Lola es capaz de cualquier cosa por Ari, aunque él no se lo pida, hasta que ciertas decisiones que toma Ari la hacen querer olvidarlo para siempre, sin embargo es justo cuando más envuelta se verá en la peligrosa vida de su solitario detective.

   En la oficina Ari tiene a Iris, otra ex novia, pero esta vez de una relación que terminó bien y sin reproches, por lo que permanecen siendo amigos y se cuidan entre sí, mucho más ella a él que al contrario.  Iris ya es una mujer de treinta años lo que le aporta mayor madurez a su personaje y la deja mejor parada después de su relación con el escurridizo Ari MacKenzie.

   Otro personaje con un voto a su favor es Kryston Zalewski, el guardaespaldas que le asignan a Mackenzie después de ser víctima de un intento de asesinato.  Un buen guardaespaldas, serio y dispuesto a todo, incluso si hay que violar alguna ley, medio adicto a la aventura después de haber servido en la Legión francesa.  Improbable como es, ambos personajes tan solitarios terminan siendo, si no amigos, buenos camaradas.

   Lo que me encantó de la novela fue que me hizo leer sobre muchas cosas que no conocía.  Una de las que me gustaría leer con más profundidad es la ‘Teoría de la tierra hueca’, teoría que enuncia que en el interior de nuestro mundo se desarrolla una vida aparte, subterránea, donde a los seres que allí habitan no les falta nada, ni vegetación, ni animales, ni mares y que todo subsiste gracias a la energía de su propio sol, el núcleo terrestre.

 El libro abarca desde esoterismo hasta misticismo nazi,  de la Orden o Sociedad Vril, sucesora de la Sociedad Thule hasta los Compañeros del Deber. Otro punto a su favor es que habla de Catedrales, una de mis pasiones en la literatura.  Esta vez es el turno de las Catedrales francesas, desde Reims hasta París, Chartres y otras regiones del sur, un mundo de enigmas y misterios se encierran en esas construcciones arquitectónicas tan divinas.

  Por supuesto, el título de ‘La navaja de Occam’ se debe a la Teoría de la Navaja de Occam, que postula que: ‘en igualdad de condiciones, la solución más sencilla es probablemente la correcta’.   Esta teoría o principio se la había enseñado el padre de Ari cuando el joven ingresó en la escuela de policía y en ella basaba gran parte de la resolución de sus casos.


   


  En ciencia, este principio se utiliza como una regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de modelos teóricos, más que como un árbitro entre los modelos publicados. En el método científico, la navaja de Ockham no se considera un principio irrefutable, y ciertamente no es un resultado científico. «La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera», según el principio de Ockham. En ciertas ocasiones, la opción compleja puede ser la correcta. Su sentido es que, en condiciones idénticas, sean preferidas las teorías más simples. Otra cuestión diferente serán las evidencias que apoyen la teoría. Así pues, de acuerdo con este principio, una teoría más simple, pero de menor evidencia no debería ser preferida a una teoría más compleja, pero con mayor prueba.

   Qué ha de tenerse en cuenta para medir la simplicidad, sin embargo, es una cuestión ambigua. Quizás la propuesta más conocida sea la que sugirió el mismo Ockham: cuando dos teorías tienen las mismas consecuencias, debe preferirse la teoría que postule la menor cantidad de (tipos de) entidades. ​ Otra manera de medir la simplicidad, sin embargo, podría ser por el número de axiomas de la teoría. ​

   La navaja de Ockham se aplica a casos prácticos y específicos, englobándose dentro de los principios fundamentales de la filosofía de la escuela nominalista que opera sobre conceptos individualizados y casos empíricos.

El principio

LA NAVAJA DE OCKHAM - Pensamiento Crítico


   Atribuido al fraile franciscano inglés, el principio es fundamental para el reduccionismo metodológico. Este principio ya formaba parte de la filosofía medieval, aunque fue Ockham quien lo utilizó de forma filosófica. Sin embargo, no solamente es un principio metodológico, sino que, además, tiene características gnoseológicas y ontológicas.

La navaja de Ockham. - Marvin G. Soto - Medium


Pluralitas non est ponenda sine necessitate (La pluralidad no se debe postular sin necesidad).

   En su forma más simple, el principio de Ockham indica que las explicaciones nunca deben multiplicar las causas sin necesidad. Cuando dos o más explicaciones se ofrecen para un fenómeno, la explicación completa más simple es preferible; es decir, no deben multiplicarse las entidades sin necesidad.

   Esta regla ha tenido una importancia capital en el desarrollo posterior de la ciencia.

Origen del término

   La denominación de navaja de Ockham apareció en el siglo XVI, y con ella se expresaba que, mediante ese principio, Ockham «afeitaba como una navaja las barbas de Platón», ya que de su aplicación se obtenía una notable simplicidad ontológica, por contraposición a la filosofía platónica que «llenaba» su ontología de entidades (además de los entes físicos, Platón admitía los entes matemáticos y las ideas). Desde una perspectiva ontológica, pues, la aplicación de este principio permitió a Ockham eliminar muchas entidades, a las que declaró innecesarias. De esta manera se enfrentó a muchas tesis sustentadas por la escolástica y, en especial, rechazó la existencia de las especies sensibles o inteligibles como intermediarias en el proceso del conocimiento, y rechazó también el principio de individuación, al que calificó de especulación vacía e innecesaria.

Qué es el principio lógico de la 'navaja de Ockham'?
Guillermo de Ockham, fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico  (1280-1349)
                           

El principio en las distintas disciplinas

En economía
   En economía, el argumento de la navaja de Ockham se utiliza en la teoría microeconómica del comportamiento del consumidor. Al no ser necesaria la utilidad cardinal, sino solo la ordinal para explicar su comportamiento, se escoge esta última, por ser la explicación más sencilla de las dos.

En lingüística

   En lingüística, el argumento de la navaja de Ockham fue utilizado para revisar la adecuación explicativa (problema de adquisición del lenguaje) del modelo de Aspectos de una teoría de la sintaxis de la gramática generativa de Noam Chomsky. Siguiendo su postulado, la teoría pasó de sostener la adquisición del lenguaje por medio de un gran número de reglas complejas a explicarlo por la existencia de unos pocos principios parametrizables (principios y parámetros, programa minimalista).

En teología

   En teología, Ockham afirmó que no es necesario postular más entes de los necesarios: «[...] en teología, no postular más que aquellos que exija el dogma; en filosofía (metafísica), aquellos que la razón necesite».

En biología

   Algunos creacionistas sostienen que la navaja de Ockham puede ser usada para defender la hipótesis del creacionismo frente a la evolución. Después de todo, suponer que un Dios lo haya creado todo es aparentemente más simple que la teoría de la evolución.

  Sin embargo, defensores de la teoría de la evolución de Darwin afirman que el sencillo algoritmo evolutivo —la selección natural— se basta por sí solo para explicar la evolución sin necesidad de multiplicar las causas, argumentan que la navaja de Ockham sirve para hacer innecesarios los llamados «ganchos celestiales», es decir, las explicaciones extranaturales de los fenómenos naturales. De este modo, rechazan situar a la entidad más compleja de todas (un Dios omnipotente) en el origen de toda vida en el universo (o en el origen del propio universo); al contrario, se busca el principio más simple capaz de generar complejidad, que, aunque en un primer momento siguiendo el criterio de Ockham es el que deberíamos preferir para explicar el fenómeno, no por ello inmediatamente comprueba su mayor probabilidad ni su veracidad.

   El zoólogo británico Richard Dawkins plantea por ejemplo que, si el universo fue creado por un Dios, el origen de dicho Dios debería asimismo ser explicado. Siendo que una entidad capaz de crear un universo como el nuestro debe ser "infinitamente más compleja que el propio universo", por tanto explicar su origen será infinitamente más complejo que explicar el origen del universo sin su intervención, violándose de este modo el principio de parsimonia, al suplantar una incógnita (origen del universo) por otra incógnita de una complejidad infinitamente mayor (origen de Dios), aunque claro está que dicha incógnita sólo puede correrse válidamente en un campo meramente materialista e implicaría colocarla en una serie de restricciones, lo cual la vuelve contradictoria desde su base.

En estadística

   El principio de parsimonia tiene aplicaciones de importancia en el análisis exploratorio de modelos de regresión lineal múltiple. De un conjunto de variables explicativas que forman parte del modelo a estudiar, debe seleccionarse la combinación más reducida y simple posible, teniendo en cuenta la varianza residual, la capacidad de predicción y la multicolinealidad.

En música

   Una de las aportaciones musicológicas del libro On Musical Self-Similarity (2011) de Gabriel Pareyón, es el desarrollo de una teoría que opera en el sentido, no de una navaja, sino de una Anti-navaja de Ockham. El resumen de esta formulación aparece del siguiente modo, donde la necesidad lógica tiene más bien un sentido de coordinación: «La contradicción entre economía y repetición en música es aparente: la música repite lo que es necesario repetir, a fin de crear tensión adecuada entre preferencia y gramática, como coordinación del proceso musical» (On Musical Self-Similarity, 2011).

En medicina

   Se trata de un procedimiento heurístico, que podría denominarse «heurística de la simplicidad», que señala que los médicos deben utilizar la manera más sencilla posible de explicar en forma correcta los síntomas o signos del paciente y lograr así un razonamiento clínico bajo las bases de la heurística (Harrison's Principles of Internal Medicine).

Controversia sobre la parsimonia de la navaja

   La navaja de Ockham no implica la negación de la existencia de ningún tipo de entidad, ni siquiera es una recomendación de que la teoría más simple sea la más válida. ​ Su sentido es que, a igualdad de condiciones, sean preferidas las teorías más simples. Otra cuestión diferente serán las evidencias que apoyen la teoría. Así pues, de acuerdo con este principio, una teoría más simple pero menos correcta no debería ser preferida a una teoría más compleja pero más correcta.

   Sin embargo, para el filósofo Paul Newall, el punto principal que hace que la navaja de Ockham sea de poca ayuda, si no explícitamente entorpecedora y dañina, es que las consecuencias de añadir entidades adicionales son imposibles de establecer a priori. Puesto que la ciencia nunca finaliza, siempre estamos en la posición «antes» y nunca llegamos a la posición «después», que según Niels Böhr era el único momento en el que se podría introducir la navaja de Ockham,​ lo cual, obviamente, ya no es de ninguna ayuda para juzgar de antemano una teoría.


                                                    Espiral fractal
                                       
Espiral fractal

   ¿Qué nos hace pensar que en nuestra escala el universo parezca simple y ordenado, en lugar de realmente ser complejo y caótico en otra escala, macroscópica o microscópica?

   Porque, ¿qué nos hace pensar que el universo es simple y ordenado, en lugar de complejo y caótico? ¿Y si el universo y la realidad misma tuvieran una estructura fractal?

   Preferir una teoría que explique los datos en función del menor número de causas no parece sensato. ¿Existe algún tipo de razón objetiva para pensar que una teoría así tiene más probabilidades de ser cierta que una teoría menos simple? Aún hoy en día, los filósofos de la ciencia no se ponen de acuerdo en darle una respuesta a esta pregunta.

   Su forma moderna es la medida de complejidad, de Kolmogorov. No existe una medida simple de simplicidad. Dadas tres explicaciones, no podemos estar seguros de cuál es la más simple. No es posible aplicar las matemáticas para determinar la validez de un juicio. Se vuelve al juicio subjetivo y relativo.

   Por ejemplo, la física clásica es más simple que las teorías posteriores. Matemáticamente, la física clásica es aquella en cuyas ecuaciones no aparece la constante de Planck.

 Un paradigma actual principal de la física es que las leyes fundamentales de la naturaleza son las leyes de la física cuántica y la teoría clásica es la aplicación de las leyes cuánticas al mundo macroscópico. Aunque en la actualidad esta teoría es más asumida que probada, uno de los campos de investigación más activos es la correspondencia clásica-cuántica. Este campo de la investigación se centra en descubrir cómo las leyes de la física cuántica producen física clásica dependiendo de que la escala sea al nivel microscópico, mesoscópico o macroscópico de la realidad.

   Sin embargo, lo que aduce la navaja de Ockham es que la física clásica no se debería preferir a teorías posteriores y más complejas, como la mecánica cuántica, puesto que se ha demostrado que la física clásica está equivocada en algunos aspectos. El primer requerimiento para una teoría es que funcione, que sus predicciones sean correctas y que no haya sido falseada. La navaja de Ockham se utiliza para distinguir entre teorías que se supone que ya han pasado estas pruebas y aquellas que se encuentran igualmente soportadas por las evidencias. ​

    Otro controvertido aspecto de la navaja de Ockham es que una teoría puede volverse más compleja en lo relativo a su estructura (o sintaxis), mientras que su ontología (o semántica) se va haciendo más simple, o viceversa. ​ Un ejemplo habitual de esto es la teoría de la Relatividad.

   Galileo Galilei criticó duramente el mal uso de la navaja de Ockham en su Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, ptolemáico y copernicano. La navaja de Ockham viene representada por el diálogo de Simplicio, un mediocre defensor de la física aristotélica, un personaje con el que quizás Galileo estuviera representando al papa Urbano VIII. El punto clave sobre el que ironizó Galileo fue que, si realmente se quisiera comenzar desde un número pequeño de entidades, siempre se podrían considerar las letras del abecedario como entidades fundamentales, puesto que con toda certeza se podría construir todo el conocimiento humano a partir de ellas.

Anti-navajas de Ockham

Visión de un artista de un agujero negro con disco de acreción

   La navaja de Ockham se ha encontrado con multitud de oposiciones por parte de quienes la han considerado demasiado extrema o imprudente.

   El filósofo Walter Chatton, contemporáneo de Guillermo de Ockham, cuestionó la navaja de Ockham y el uso que este hizo de ella. Como respuesta, aportó su propia anti-navaja: «Si tres cosas no son suficientes para verificar una proposición afirmativa sobre las cosas, una cuarta debe ser añadida, y así sucesivamente».

   Otros filósofos que también crearon anti-navajas fueron Leibniz (1646-1716), Immanuel Kant (1724–1804), y Carl Menger (1902-1985).

   La versión de la anti-navaja de Leibniz tomó su forma en el principio de plenitud, que establece que: «Todo lo que sea posible que ocurra, ocurrirá». Leibniz argumentaba que la existencia del «mejor de todos los mundos posibles» confirmaría genuinamente cada posibilidad, y postuló en su Teodicea que este «mejor de todos los mundos posibles» contendría todas las posibilidades, sin que nuestra experiencia finita pudiera cuestionar racionalmente acerca de la perfección de la naturaleza.

   Este mismo principio de plenitud se encuentra presente en el concepto de multiverso, en la teoría de los universos múltiples o universos paralelos del físico norteamericano Hugh Everett, teorías consideradas como científicas. El reciente descubrimiento de la energía oscura, una suerte de quintaesencia​ que se podría atribuir al movimiento dinámico de un campo escalar,​ les ha permitido a los físicos Lauris Baum y Paul Frampton, autor este en 1974 del primer libro sobre teoría de cuerdas, formular la existencia de una nueva entidad —contrariamente a lo que la navaja de Ockham argumentaría—, la energía fantasma,​ la cual daría lugar a un modelo cíclico del universoen el que la entropía del universo decrecería hasta cero, ​un modelo ya sugerido por Albert Einstein,​ que explicaría por qué el valor de la constante cosmológica es varios órdenes de magnitud inferior​ al que predice la teoría del Big Bang, inventada por el sacerdote católico Georges Lemaître,​ pese a ser la comúnmente consensuada por la comunidad científica. Recientemente, algunos científicos han cuestionado incluso una de las asunciones principales de la Física, el supuesto de que las constantes universales sean realmente constantes y sus implicaciones. ​ En el año 2009 se lanzó el satélite Planck,​ que podría permitir dilucidar qué teoría es más adecuada.

   Para el filósofo David Kellogg Lewis, considerado uno de los filósofos analíticos más importantes del siglo XX y proponente del realismo modal, existe un número infinito de mundos causalmente aislados y el nuestro es tan solo uno de ellos. Para Lewis, la navaja de Ockham, aplicada a objetos abstractos como conjuntos, es, o bien dudosa por principio o simplemente falsa.​

   Immanuel Kant también sintió la necesidad de moderar los efectos de la navaja de Ockham, creando así su propia anti-navaja en su Crítica de la razón pura: «La variedad de seres no debería ser neciamente disminuida» (1781).

   Karl Menger encontró a los matemáticos demasiado parsimoniosos en lo que respecta a las variables, de modo que formuló su Law against Miserliness (Ley contra la tacañería) que tomó estas dos formas: «1.ª—Las entidades no deben ser reducidas hasta el punto de inadecuación. 2.ª—Es vano hacer con menos lo que requiere más» (1962).

Navaja de Ockham: La explicación más sencilla suele ser la más ...

    
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RESUMEN Y OPINIÓN PERSONAL

   Cuando nos encontramos frente a un problema se dice que la explicación más simple es la indicada. Los detectives usan esta técnica, llamada navaja de Ockham, para determinar al culpable y en Medicina para determinar la enfermedad detrás de los síntomas.

Que es la navaja de Ockham 4



   Lo que pretende la técnica es encontrar solución a un problema eliminando todos los elementos innecesarios. Sin embargo, lo que hoy conocemos con este nombre está un poco alejado de lo que escribió el autor originalmente.
    

   William de Ockham vivió durante la época medieval, desde el 1285 al 1349, y pertenecía a la orden de los Padres Franciscanos. El sencillo modo de vida que llevaba fue probablemente lo que hizo que estableciera su teoría sobre la simplicidad. Además, era una manera de establecer el pensamiento medieval en oraciones fáciles que sobrevivieran a través del tiempo.

   Sin embargo, la idea sobrevive desde la época de Aristóteles, quien planteaba que la perfección era igual a la simplicidad. Aún en la ciencia moderna la navaja de Ockham sigue vigente y se complementa muy bien con el método científico.

La navaja de Ockham y el método científico  

Que es la navaja de Ockham
La técnica se separa en dos partes: El principio de pluralidad, por el cual no debía establecerse la pluralidad sin necesidad, y el principio de parsimonia, por el cual no debía hacerse con más lo que se podía hacer con menos.
   Debemos tener cuidado al utilizar esta técnica, dado que no prueba nada. Es solamente una manera de saber elegir frente a dos opciones: la más simple es la correcta. Las explicaciones simples vienen de nociones que ya sabemos acertadas, como la evidencia empírica a través de nuestros 5 sentidos.


   Uno de los ejemplos es Einstein, quien ganó a Lorentz en la discusión sobre el continuum espacio-tiempo. Lorenz introdujo la noción de éter, inexistente para la ciencia, y Einstein explicó lo mismo con elementos ya conocidos, por tanto, su teoría ganó. Estas ideas están basadas en el positivismo, que indica que todo aquello que no puede probarse empíricamente no existe.

El problema con la navaja de Ockham 

   Algunas personas utilizan esta teoría para probar una hipótesis y desaprobar otra, pero esa actitud no es correcta. El primer problema es que determinar si algo es simple o no tiene que ver con la subjetividad, quedando en manos del individuo determinar su simplicidad. El segundo problema es que no hay evidencia de que lo más simple sea lo correcto.

    Los defensores del Creacionismo, por ejemplo, usan esta teoría para explicar por qué el mundo fue creado por Dios. El Big Bang es un proceso mucho más complejo, pero al mismo tiempo no hay pruebas empíricas de la existencia de Dios. Por otro lado, la fotosíntesis es un proceso complejo, pero comprobable. Aunque nada determina que las plantas no puedan tener un método más simple de alimentación.
  
   Algunos creyentes desacreditan la navaja de Ockham diciendo que no es necesaria, dado que para ellos todo es cuestión de fe y no de evidencia. Además, se ha usado en contra de los conspiracionistas, dado que tienden a creer en la teoría más complicada y no la más simple.

   Como vemos, la navaja de Ockham tiene muchos puntos débiles científicamente, y si va a utilizarse es mejor que sea solamente cuando tengamos evidencias, y sin desacreditar posibles teorías complicadas, pero válidas.

Que es la navaja de Ockham 3
Incluso Albert Einstein también aportó su propia anti-navaja de Ockham: «A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un solo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple» (1934).

   








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