domingo, 15 de marzo de 2020

TIRANDO DE RECURSOS (LA RESILIENCIA) III




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                       Dani Martin - La Mentira | Letra | 2019


    La mitomanía es el precursor y la matriz de los delirios y de la impostura, sobre todo de aquellos delirios sistematizados, que poseen una cierta matriz lógica, y en ellos es posible atisbar el relato que sirvió de base para el desarrollo delirante: adultos con un delirio de filiación construyeron con casi toda seguridad en su infancia el autorrelato compensatorio de un origen significativo en lugar de aceptar su origen humilde de paria o su destino de sufrimiento con independencia de su objetividad, lo que en la infancia constituyó una guía de resistencia íntima frente al vacío melancólico o al maltrato doméstico; más tarde deviene en un mecanismo inadaptativo al atrapar toda la conducta del individuo incluyendo su resistencia a la socialización o su escasez de oportunidades. En este sentido, simplemente no hubo nadie que alejara al niño o adolescente sufriente de su cascada de autoengaños y le devolviera la esperanza de gratificación en la realidad. 

   En todo enfermo delirante existe una humillación percibida, un relato compensatorio en clave de mito individual y un defecto de socialización que hace que el relato acabe constituyendo una creencia delirante, probablemente el impostor es salvado de la locura por su necesidad de socialización, por su vocación de histrión. El aislamiento es la variable crítica que modela y dirige el sufrimiento individual hacia la enfermedad mental. 


                                     Fragmento de "El crepúsculo de los dioses"


   La razón por la que un mito compensatorio puede evolucionar hacia un delirio es doble: La primera razón es que un individuo que tiene facilitación para la ensoñación, si además ha sufrido una herida emocional, la utilizará con más eficacia que aquellos niños que no poseen esta tendencia. El niño irá con el tiempo perfeccionando el mito de su origen íntimo, usualmente un futuro u origen de brillo, éxito y dinero, belleza o atractivo físico, de amor universal o de liderazgo mesiánico; con el perfeccionamiento del relato irá aumentando la cantidad de interlocutores que fascinados por el relato mismo terminarán por convertirse a "su causa" o que simplemente acabarán creyendo en él. De manera que el sujeto, cada vez más, se verá impulsado a perfeccionarlo y al mismo tiempo a adecuar su conducta a lo relatado, poco a poco el relato íntimo sustitutivo irá creciendo en complejidad y verosimilitud y al mismo tiempo alejando al relator de la realidad real, aunque, aún no, aislándole en una burbuja de irrealidades puesto que todavía tiene espectadores para los que actuar con su libreto emocional. En este momento el sujeto sabe que su relato no es más que un relato de mentira, un cuento construido que le permite aparecer mejor de lo que es frente a sí mismo o a los otros, pero llegará un momento en que esa ventana plástica donde el autoengaño y la realidad aparecen como categorías distintas se cerrará definitivamente. En determinado momento, el relator tendrá que elegir entre seguir ampliando su relato o volver a la realidad. Lo que suele suceder en el primer caso es que se tejen los cimientos de un delirio paranoide crónico en un sujeto que terminará sus días en una institución psiquiátrica donde nadie le creerá, aunque seguirá teniendo espectadores obligados, pero no todos los mitómanos terminan convirtiéndose en paranoicos porque algunos son protegidos por alguien de la realidad que les devuelve en la realidad del "aquí y ahora" la posibilidad de sentirse útiles, de ser exitosos o de resultar únicos. Eso fue lo que le pasó a JJ Cole.

   A los 4 años de edad JJ Cole tenía a su padre en la cárcel y a su madre alcoholizada, de manera que su hogar no era propiamente un hogar sino un lugar de paso, donde era atendido por una abuela probablemente catatónica y mutista que rodeó a su nieto de ciertos cuidados maternales, aunque deprivado de palabras, gestos o expresividad emocional, un ambiente de crianza presidido por un vacío de estímulos significativos, aunque no ausente de cierta afectividad. Silencios que se tornaban en gritos, discusiones y peleas durante la noche cuando su madre volvía a casa degradada por el consumo de alcohol y una vida de absoluta miseria.

   JJCole comenzó como todos los niños imaginativos o ensoñadores a tejer una historia sustitutiva acerca de un supuesto origen aristocrático. Él no era en realidad  hijo de sus padres sino de una familia muy rica de músicos de jazz que vivía al otro extremo de la ciudad, había atisbado que su madre hablaba alguna vez con aquella señora a la que por otra parte en ocasiones  había servido  en las tareas domésticas de limpieza. Ese ligero indicio dio a JJ Cole la malla de su mito fundacional, un mito que le ayudó a resistir las condiciones de su miserable vida y que contó a todos los amigos de su barrio que quisieron oírlo. Al mismo tiempo JJ comenzó a tocar de oído y gracias el saxo de su padre, al que poco a poco comenzó a entresacar un sonido aceptable, siempre a escondidas porque su madre, irritable y colérica, no soportaba  el sonido de ningún instrumento musical, en la calle y gracias a algunos músicos ambulantes JJ comenzó a perfeccionar su técnica musical y a aprender algunas ruedas y sucesiones rítmicas, sin embargo el saxo no consiguió apartarle de sus fantasías nocturnas ni de sus relatos acerca de su origen que cada vez fue tejiendo con una mayor prolijidad de detalles y que difundía entre su vecindario.

   Cuando contaba 9 años de edad su abuela murió y su madre desapareció del hogar abandonando a JJ Cole a su suerte. Intervinieron los servicios sociales y llevaron al pequeño a una institución del Estado plagada de niños como él, huérfanos, aprendices de delincuentes, pero también de pequeños talentos musicales del jazz o del blues. Allí terminó JJ Cole de pulir su técnica imitando a los niños mayores y tocando con otros instrumentos de banda de New Orleans, más tarde se enroló en la orquesta de su reformatorio y consiguió entablar amistad con un profesor que en cuanto le vio le dijo: - ¿Eso que tocas es “Bluebird Johnny”?



   JJ no sabía el nombre de ninguno de los temas que tocaba en su saxo, pero el profesor sí los conocía, de modo que no sólo le explicó a JJ qué es lo que estaba tocando sino también como tocar mejor, extrayendo nuevas sonoridades a tan elástico instrumento al que comparaba con la textura del melocotón. El profesor le trajo un día un melocotón, una fruta que jamás había probado, pero la intención del profesor no era que JJ se comiera el melocotón, sino que lo tocara, cuando lo hubo hecho, le dijo: - Así tienes que tocar el saxo, con esta textura, guárdatelo por unos días y luego te lo comes, los melocotones se pueden sustituir.

                                      Dave Brubeck - Take Five ( Original Video)


   A partir de entonces JJ, ya tenía dos cosas dos elementos en la realidad que coincidían con su deseo de brillo y de relieve social, sabía que el melocotón era un objeto significativo para él, una especie de mascota de buena suerte y sabía además tocar el saxo, naturalmente también podía contar con su amble profesor que fue el puente de resiliencia que apareció en el momento adecuado y en el lugar más inesperado para brindarle una herramienta para hacer realidad sus sueños.

   Cuando JJ Cole triunfó como saxofonista de jazz ya había abandonado su mito fundacional, no volvió a hablar de ello jamás y se había reconciliado con su padre y con su madre a los que no volvió a ver jamás, pero a los que recordaba con cariño y sin muestra alguna de rencor.

   En este cuento se ilustra la resiliencia y donde puede explorarse la función terapéutica del relato, que puede resumirse, según la tecnología PPR, en tres aspectos:
-         P. Hay un personaje, usualmente un niño traumatizado y herido, donde pueden incorporarse todas las variantes sutiles del sufrimieto humano, en este caso la deprivación o el vacío afectivo.

-         P. hay un proyecto, es decir, el niño tiene un plan para escapar de su situación de anonimato, desgracia o sufrimiento, en este caso el relato autobiográfico sustitutivo, que es útil en tanto confiere al niño herido de una nueva identidad que le permite escapar a su ambiente de vacío y privación.

-         R. hay recursos en el medio ambiente que permiten escapar mejor de aquella situación, concretamente el saxo que orienta al individuo hacia otras formas de resiliencia, la creatividad. Pero ni el saxo, por sí sólo, ni toda la creatividad del mundo, hubieran tenido el resultado que se obtuvo en este caso, de no darse el concurso de un objeto transicional, el profesor, que brinda al niño sufriente, a partir de un gesto banal como comparar el saxo con un melocotón, la posibilidad de vincular el mundo sensorial con el oficio de saxofonista.

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Una vida de mentiras

  
    La mitomanía es un trastorno psicológico de la personalidad cuyo efecto es mentir sin necesidad ni razón, ya sea sin querer hacer un elogio exagerado, o evitar con excusas una invitación. Es la necesidad de inventar realidades momentáneas.


   Algunas mentiras pequeñas, inocentes, suelen ser útiles y necesarias. El problema surge cuando las mentiras se convierten en un hábito imposible de detener.

     Una verdad que se omite porque es muy dolorosa para alguien, luego otra que se falsea porque puede perjudicar a la persona que miente, después otra más para mantener las apariencias y otra más para no contradecirse con lo ya dicho y antes de darse cuenta, nada de lo que se dice es verdad.

   Las mentiras de los mitómanos son espontáneas, surgen naturalmente en su mente y por lo tanto provienen directamente del inconsciente.

      Al igual que los actos fallidos, son un trozo de lo reprimido y lo deseado que sale a escena, sólo que en vez de expresarse como deseo, se expresa como verdad. No es extraño que los mitómanos se inventen personalidades diferentes; mienten sobre su profesión, su familia, el lugar donde viven, dónde estudiaron y qué hacen en su tiempo libre.

      Cuando uno dice que es un exitoso arquitecto, que tiene su propia compañía y que varios de sus diseños fueron construidos en Europa, expresa lo que siempre deseó ser, su máxima aspiración, porque su realidad lo decepciona. Quizás esta persona no es más que un empleado de oficina, que no pudo costearse una carrera como arquitecto.

      Al no estar contentos con lo que son, sueñan con ser otra cosa y para distraerse de la realidad que los entristece o deprime, afirman a viva voz que llevan otra vida. Pero al mentir no buscan sólo convencer a los demás, sino también volverse fascinantes a sus ojos, cautivarlos con mentiras porque creen que jamás podrían hacerlo con su verdad.

    Todos estos factores son importantes, pero lo que el mitómano quiere sobre todo es convencerse a sí mismo, jugar a que es esa persona que crea en sus discursos.


La realidad del seductor

   Un mitómano crea otra realidad donde es seductor, fuerte, atrayente y exitoso, porque en su vida real lo que predomina son las sensaciones de inestabilidad y debilidad. Su personalidad es siempre muy imaginativa y creativa, pero su nivel intelectual no suele ser muy alto. Y también existen grandes dosis de vanidad en su mente; después de todo, busca escapar del fracaso, del esfuerzo, quiere dominar, imponerse, conseguir fama y respeto, en vez de buscar esta validación por medio de la fanfarronería y el egocentrismo.

     Pero esto es porque está convencido de que no podría lograr el éxito siendo como es. Siente que necesita ser otro para sentirse satisfecho.    Este es un carácter, los mitómanos son de carácter muy frágil, pero muy teatrales. La seguridad que muestran cuando crean otras realidades se desvanece cuando dejan de actuar. Regresan a su estado original, de mucha desconfianza en ellos mismos y en sus capacidades.

   Ver la cotidianidad de un mitómano es muy chocante en este sentido, quien puede inventar relatos increíbles, lucir tan seguro de sí mismo y ser atrayente y apasionante pasa gran parte de su tiempo lamentándose y destruyendo su autoestima.

Diferentes mitomanías
  
    Lo único en que todos los profesionales en psicología parecen coincidir es en que hay dos tipos de mitomanías:

-    La mitomanía vanidosa: son cuentos de proezas atléticas, grandes romances pasados, etc. Lo que esta persona busca es parecer hábil, interesante, excitante, porque vive una vida que no lo emociona en lo más mínimo.

     -      La mitomanía perversa: también llamada maligna, busca dañar a los demás por medio de las mentiras. Son las calumnias, la difamación, las denuncias falsas, toda mentira que busque lastimar a otra persona intencionalmente y para obtener un beneficio.   

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