sábado, 14 de marzo de 2020

TIRANDO DE RECURSOS (LA RESILIENCIA) II







¿Cómo se construye la resiliencia? 
En primer lugar, es preciso encontrar a alguien que te transmita seguridad afectiva, ya sea profesional o no. Pero no siempre aparecen en nuestro camino personas amorosas y altruistas que se empeñen en ayudarnos, a pesar de las resistencias y dificultades que pueda haber; por eso es tan importante que en las escuelas, el barrio, los servicios sociales, etc., haya profesionales preparados para ayudar con amor e implicación personal.



   No todos los niños son capaces de aprovechar las "lecciones" de los cuentos, su señalamiento de recursos para escapar del dolor, y no hay que olvidar que cualquier dolor, por intrascendente que nos parezca, por su subjetividad, es el único dolor que siente el niño herido: porque nadie puede sufrir más que por lo que uno sufre. En este sentido cualquier dolor es siempre el 100% del sufrimiento posible, lo que tenemos es lo que tenemos y no hay más, tanto si hablamos del dolor como de la felicidad; por esa razón aquellos que creen que los sufrimientos de algunas personas son banales y que no justifican el despliegue de la psicopatología actual parecen ignorar que el problema no reside tanto en morir de dolor o de decepción como en la dificultad de seguir viviendo pese a todo y que algunas veces se está condenado a vivir, sobre todo en determinadas circunstancias más comprensibles cuanto más nos conmuevan desde nuestro punto de vista particular.

   La razón es que no todos los niños son capaces de utilizar la creatividad para dotar de sentido el vacío existencial en que puede convertirse la existencia después de un trauma, usualmente la miseria, la privación afectiva, el maltrato o la explotación, pero también el vacío emocional, el aburrimiento de un hogar sin matices, el desamor, la exclusión o la ambigüedad. La razón es que no encontraron a nadie dispuesto a realizar la conexión entre su mundo íntimo y la realidad. 

   Cyrulnik señaló algunas estrategias exitosas para enfrentar los traumas, estrategias de resiliencia que opone a la simple adaptación al medio; por ejemplo, para un niño deprivado el robo o la delincuencia pueden considerarse una adaptación, pero no una estrategia de resiliencia que para el autor mencionado son: -El altruismo, -la ensoñación, -la creatividad, -el humor y -la sublimación.


   Lo importante ahora es señalar que cualquiera de estas estrategias no sirve para siempre ni para todos los casos porque, al margen de que el niño tenga que sobrevivir a la experiencia traumática, también tiene que adaptarse a la vida normalizada cuando el trauma ha cesado. En este sentido la ensoñación puede ser una buena estrategia en el corto plazo, pero cuando se constituye en una renuncia a la socialización, al transformarse en aislamiento deja de ser una estrategia de resiliencia y condena al individuo a la mitomanía.





Boris Cyrulnik explica la resiliencia, la capacidad de sobreponerse a las adversidades de la vida


             
Nacido en Burdeos en 1937 en una familia judía, Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista.

   
   Sus padres perecieron en un campo de concentración nazi. En 1942, cuando sólo tenía 5 años, un día antes de ser detenida y deportada, para evitar que su hijo corriera la misma suerte que ella, su madre lo separó de su lado. Su institutriz, Margaux, en cuyas manos terminó, le cambió su nombre por el de Jean Laborde, escondiéndolo en su casa durante 18 meses. Sin embargo, una noche le descubrieron durante una redada policial. Policías franceses y alemanes irrumpieron en su domicilio y se lo llevaron, agrupándole junto a otros niños judíos en la sinagoga de Burdeos desde donde les conducirían a la estación de tren rumbo a los campos de exterminio.

    Pero el pequeño Boris consiguió evitarlo trepando hasta el techo de los aseos. Cuando el ruido del tumulto cesó, salió de allí, tropezándose con una enfermera que le reconoció y le escondió bajo el colchón de una moribunda a la que debía transportar. Así comenzaron para él dos años de vagar por distintos centros y familias de acogida. La Asistencia Pública francesa le trasladó con 8 años a una granja.

   Cuando la contienda llegó a su fin, una tía suya, hermana de su madre, logró encontrarle y le llevó con ella a París, donde, a los 11 años, comenzó a asistir a la escuela, convirtiéndose en uno de los fundadores de la etología humana, y uno de los principales divulgadores de la resiliencia, la capacidad de resistir y sobreponerse a las adversidades. Aunque no es un concepto nuevo, no fue hasta hace treinta años cuando se comprobó que niños que habían crecido con padres alcohólicos, no siempre padecían taras psicosociales o biológicas, y podían alcanzar perfectamente una calidad de vida adecuada pese a haber experimentado situaciones muy duras en su infancia.

   Al final de la vida, señala el doctor Cyrulnik, uno de cada dos adultos habrá vivido un traumatismo o una violencia que le habrá empujado al borde de la muerte, pero de la que se puede salir.  Y cuenta a modo de ejemplo:
   «Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema hundiéndose inmediatamente en él. Las dos se debatían desesperadas viendo que todos sus esfuerzos resultaban infructuosos. Una de ellas pensó: «No puedo más. Es imposible escapar de aquí, y ya que voy a morir, no veo para qué prolongar esta agonía. ¿qué sentido tiene morir agotada de realizar un esfuerzo estéril?». Enseguida dejó de luchar y se hundió con rapidez hasta el fondo. Mientras que la otra se dijo: «Aunque me llegue la muerte prefiero pelear con ella hasta el último aliento». Y siguió chapoteando sin rendirse, pero debido a tanto patalear, la crema se transformó en manteca. La rana dio un salto, alcanzó el borde, y regresó alegremente a su casa».


Una infancia feliz no garantiza una vida adulta feliz. Ni una infancia desgraciada nos condena a una vida desgraciada. ¿De qué depende desarrollar una u otra?

   Una infancia desgraciada sólo supone lo que yo llamo «empezar mal en la vida». Si esta persona se queda sola es bastante probable que tenga una vida desgraciada, pero si, con el paso del tiempo, se ve rodeada de afecto, puede tener una vida feliz. El afecto ayuda entre un 70 y un 80% a la resiliencia, a superar las dificultades y resituarse en el mundo de una manera más sana y segura. Sabemos positivamente que un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza y se le presta apoyo.

   La cuestión es: ¿qué va a hacer con sus heridas?, ¿someterse y emprender una carrera de víctima que proporcionará buena conciencia a quienes vuelen en su auxilio?, ¿vengarse exponiendo sus sufrimientos para culpabilizar a los agresores o a aquellos que se negaron a ayudarles?, ¿rumiar a escondidas su sufrimiento y convertir sus sonrisas en una máscara?, ¿o reforzar la parte sana con el fin de curar las heridas y volverse humano a pesar de todo?, ¿Cuáles son las trampas de una infancia aparentemente feliz que puedan conducir a una persona al fracaso, la inmadurez o la infelicidad en su vida adulta?
   Este sería el caso de «empezar bien en la vida», pero tampoco es una garantía de que el resto de tu vida vaya a ir bien. Una criatura puede sentirse muy feliz sintiéndose amada en su infancia y acabar en una especie de cárcel afectiva, especialmente cuando el amor sólo le llega de una persona, y al final se convierte en una dependencia que le ahoga y le impide madurar.

   Hay que intentar siempre contar con una constelación afectiva, con diferentes personas y estilos afectivos. Esto sí que es un factor de protección. De forma que, por ejemplo, cuando la madre está mal (o se producen conflictos naturales e inevitables con ella), pueda acudir a otra persona. Una infancia feliz, pero en la que sólo has contado con una persona para cuidarte y amarte, acaba siendo un factor de riesgo.


 ¿Cómo puede manifestarse este riesgo?
   En una dependencia emocional que, a la larga, causará problemas. Por ejemplo, si un bebé sólo cuenta con su madre, puede ser muy feliz en su infancia, con todas sus necesidades emocionales cubiertas, pero puede ocurrir que los problemas sobrevengan en la adolescencia, cuando tenga que empezar a alejarse de ella para vivir su propia aventura social y sexual. Entonces sólo podrá dejar de depender a través del odio.

 -  Sin embargo, hay muchas madres que se ven en esta situación. ¿Qué pueden hacer?

  - Buscar un apoyo familiar o de amistades adultas con las que el niño o la niña pueda contar; establecer lazos con la escuela, con el barrio, con el entorno. Por ejemplo, buscando la complicidad de tutores, maestras, etc. Potenciar en la medida de lo posible que el niño o la niña pueda contar con diferentes estilos afectivos, modelos y referentes adultos.

                                  

¿Por qué son importantes los diferentes estilos afectivos?

- El hecho de que sean diferentes estilos de amar te ayuda a no identificar el amor, la indiferencia o el odio con una forma específica de comportamiento. Te abre la mente y, al mismo tiempo, te permite desarrollar diferentes facetas de tu personalidad.

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