lunes, 9 de marzo de 2020

POETAS ANÓNIMOS, POETAS OLVIDADOS

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   Gabriel Celaya escribió que la poesía es un arma cargada de futuro, atinadísima reflexión para un servidor, pero, en este caso, yo diría que es un arma cargada de pasado, o mejor, de olvido. De hecho, en esta entrada, voy a exponer varios poemas apenas conocidos, cuyos autores han pasado sin pena ni gloria, se limitaron a autoeditar sus poemarios, que no creo que leyera nadie más allá de familiares y algunos amigos interesados por este noble arte que, dentro de la literatura, es la poesía.

   A lo largo de los últimos quince años han ido cayendo en mis manos varios libros de poesía que me han regalado sus autores, todos ellos afectados por alguna patología psiquiátrica. La calidad de los poemas es brutal y ello me reafirma en mi convicción de que algo tiene la enfermedad mental que dota a los pacientes de una sensibilidad tan especial, que su creatividad supera, muchas veces, la capacidad de los llamados “cuerdos” y por ende, que “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. 

  


LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno,
estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


(Gabriel Celaya)




    La poesía es un arma cargada de futuro - Gabriel Celaya - Intérprete Paco Ibáñez




FELIZ EN EL REENCUENTRO

Ser feliz en el reencuentro
¿De ti con quién?
Preguntaba el espíritu
sorbiendo mis lágrimas de alegría,
que a borbotones colocaba mi corazón
en los pómulos de esta cara,
que creía impermeable.

Únete a mi ser imprescindible,
y siente como yo
la felicidad de mis amigos,
que, para mí, es puro brotar
de lágrimas en manantiales.

Corazón, volcán de alegrías recuperadas,
lecciones de vida derramadas.
Vuelven los abrazos felices a mis ojos,
figuras de realidad en besos retenidos,
posesos de vuestra alegría.

Marcad los pasos que os señalan
y bebed del camino que os procura
en el fecundo amor de momentos compartidos. 

(Calvin Chestnut)



EN EL PASADO

Yo fui silbido en las arenas

sonoro eco de los valles,

penumbra entre centellas.


Yo fui luciérnaga en la noche,

trueno en la tormenta, 

escarcha entre la hiedra

mudo en el torrente.


Yo fui abeja que zumba

en torbellinos de colmenas

nido entre las ramas,

néctar entre flores.


Yo fui rayo en la mañana

espectro en el crepúsculo, 

alud entre las nieves.


(Juan José M. Pérez)




A TRAGOS CORTOS

Siento gran soledad

en la quieta noche

donde la hermosura

se esconde.


Bebo a tragos cortos

vino añejo

mientras recorro el cuerpo

donde acampan cicatrices.


Tantas veces ¡Muerte buscada!

ha dejado factura;

aquel fuego infernal 

quemó mi piel

mas no la soledad.


¿Sirve esta amargura?

Fumo; con el humo

quisiera vomitar

cuanto llevo dentro

de amores ansiados 

que no se dan.


Señalar con el dedo

a aquellos

que dicen estar

pero no es cierto.


Me han colgado el teléfono.

Como fina daga pertrecha dentro

rompiendo las palabras, los te quiero.


Sigo sola

luna gigante

¡No te me vayas!

única compañera

en esta noche de duelo,

entre ellos, yo, el vino, 

el humo, los perros...

(Visi M.A.)


CIERTO PRESAGIO



En el vuelo sutil de las aves
veo transcurrir el futuro de lo incierto.
La Luna ilumina de luz tu faz gimiente y
las siderales estrellas palpitan en el cúmulo del infinito;
las constelaciones convergentes
me auguran cierto presagio.

En el espacio los relojes registran el mismo ritmo
y los vientos alisios se curvan ondulados.
Claras perlas de lluvia
besan el cristal nítido del arroyo,
y el alma de las brisas irisadas
gime esperando su vez.

Y en una noche triste de los más inciertos días
oigo tu arrullo plañido de nostalgia;
arrobada al sollozo de las fuentes
y al tañido lírico de tu guitarra.

(Juan José M. Pérez)



LUZ CEGADORA

Quisiera alzar la voz: ¡Gritar!
El tiempo pasa lento
El sopor del estío me adormece
evapora mis lágrimas
deja entrever mi sonrisa: ¡Río!
El cielo azul
me envía un haz de luz
cegadora, reveladora y
mi vida recobra el sentido.

Vienen bellos recuerdos,
aquella infancia en el campo
los niños pequeños
el teatro de mi madre
en noches calurosas.

Estoy en paz
con el pasado,
el presente y, seguro,
que el futuro
deparará belleza
aunque no estén todos
los recuerdos,
porque seguirá fluyendo
la exquisitez de las mariposas;
nubes; cielo; agua...
y tu presencia invisible.

(Petrus Rypff)




YA NO HAY LOCOS

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.
Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y...
ni en España hay locos.

Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.
Oíd... esto,
historiadores... filósofos... loqueros...
Franco... el sapo iscariote y ladrón en la silla del juez repartiendo castigos y premios,
en nombre de Cristo, con la efigie de Cristo prendida del pecho,
y el hombre aquí, de pie, firme, erguido, sereno,
con el pulso normal, con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas y en su lugar los huesos...

El sapo iscariote y ladrón repartiendo castigos y premios...
y yo, callado, aquí, callado, impasible, cuerdo...
¡cuerdo!, sin que se me quiebre el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio? (yo pregunto, loqueros).
¿Cuándo enloquece el hombre? ¿Cuándo, cuándo es cuando se enuncian los conceptos
absurdos y blasfemos
y se hacen unos gestos sin sentido, monstruosos y obscenos?
¿Cuándo es cuando se dice, por ejemplo:
No es verdad. Dios no ha puesto
al hombre aquí, en la Tierra, bajo la luz y la ley del universo;
el hombre es un insecto
que vive en las partes pestilentes y rojas del mono y del camello?
¿Cuándo si no es ahora (yo pregunto, loqueros),
cuándo es cuando se paran los ojos y se quedan abiertos, inmensamente abiertos,
sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?
¿Cuándo es cuando se cambian las funciones del alma y los resortes del cuerpo
y en vez de llanto no hay más que risa y baba en nuestro gesto?
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora... ¿cuándo se pierde el juicio?

Respondedme loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y ... ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo! ...
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj ..., este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto...
perfecto, ¡perfecto!

(León Felipe)



                                           Paco Ibáñez - Ya no hay locos 















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