martes, 24 de marzo de 2020

OTRA CATARSIS


Los niños lloran por el mundo que les vamos a dejar y porque su mirada se pierde en un pozo oscuro sin apenas un haz de luz y por ello, se sienten obligados a sobrevivir todos los días y a ver el mundo de diferente modo después de observar como su familia se pierde en el montón de la indiferencia, la desidia y el conformismo. ¿La belleza de todo esto? Es que no la tiene. Aquí vives cada día como si fuera el último, sin pensar que nos deparará el mañana. Y en estos días de confinamiento...más que nunca.
OTRA CATARSIS

   Un servidor, que tanto habla de la importancia de la asertividad y la resiliencia como herramientas para combatir las complicaciones de la vida cotidiana, durante el pasado y largo  fin de semana ha tenido que hacer especial acopio de estas dos herramientas para enfrentar, por una parte el confinamiento involuntario impuesto por las autoridades "competentes" ante la dichosa crisis del coronavirus, que tanto está castigando a todos; por otro lado la censura de Facebook, que sigue impidiendo que cuelgue en esa red social las entradas del blog LA MENTE DORMIDA, que en otros sitios está teniendo una aceptación y seguimiento tan estupendo como inesperado, especialmente si tenemos en cuenta que el blog es la plataforma de un proyecto solidario que intento impulsar desde hace años, y que va a ayudar a enfermos mentales graves en riesgo de exclusión social. Lo más grave es que he tenido que aceptar con un estoicismo insufrible el hecho de no haber podido disfrutar de mi hijo de 11 años, ni el pasado día del padre, ni el resto del fin de semana. La vida muchas veces es injusta, especialmente por la arbitrariedad y la maldad de algunas personas que hacen de los comportamientos psicopáticos y antisociales su estilo de vida, sin medir sus consecuencias ni el daño que pueden infligir a otras personas.

   Siempre queda el consuelo de que el tiempo pone a cada uno en su sitio y que a cada cerdo le llega su San Martín, pero, la justicia es lenta y mi sed de venganza, inexistente.


   Como he manifestado en otras ocasiones, la calma es una virtud que creo que adorna mi personalidad desde hace mucho tiempo y llevo todo lo referido lo mejor que se puede llevar. Gracias a todos por vuestro apoyo y vuestras manifestaciones de solidaridad, aquí, pero, sobre todo, en privado.

   Voy a reflejar ahora algo que ya apareció en otra entrada de este blog, es una carta escrita con sentimiento por un padre hacia su hijo, fue otra catarsis inspirada en parte por ELA, que a menudo me echa un capote.

Carta de un padre a un hijo

   ¡Querido hijo…! Mientras duermes, viéndote descansar, desde cierta distancia, pienso en ti. Cuando la noche llega y el cansancio parece ganar la batalla, el silencio se alía con el alma y salen a combatir misteriosamente, trayendo al corazón tantas preguntas…

    ¡Cuánto te quiero! Es lo primero que me brota del corazón. Cuánto te quiero… No sé explicártelo muy bien… Tal vez cuando seas padre lo descubrirás por ti mismo. Un amor proporcional al sufrimiento que siento, a veces. Cuando uno ama, se abre al sufrimiento. Uno no puede amar sin darse, sin vaciarse, sin desnudarse, sin exponerse.

   Desde que apareciste, yo soy más fuerte en mi fragilidad. Y sufro más. Y amo más. Y soy más. ¿Eres feliz? Es la pregunta fundamental que, creo, más atormenta a un padre. Sé que tu felicidad no depende de mí, ni soy yo quién te la va a proveer, pero no puedo dejar de pensar si estoy acertando para ayudarte en esta tarea que hay que afrontar. Porque la felicidad no depende tanto de lo de fuera como de lo que uno cocina por dentro. Esa interioridad, ese misterio que nos habita, nuestras aspiraciones, nuestros sueños, nuestro dolor, nuestra serena alegría, el amor que damos y percibimos… Yo te veo feliz pero también percibo que no llego a todo lo que eres. Te conozco y no alcanzo a conocerte por completo a la vez. Y eso, en parte, me llena de preocupación. ¡Querría conocerte por entero! Pero eso sería casi poseerte… Y no, no eres mío.

   Muchas noches, al acostarme, intento relajarme, asumirme como padre con todos mis errores: no debería gritarte, ni regañarte, ni decepcionarte, ni confundirte, ni exigirte más allá de lo que puedes dar… Pero te amo, te espero siempre, te perdono, te curo las heridas. Sueño con lo mejor para ti, veo el diamante que te habita y los dones que te han sido dados. Me gusta que me abraces, que descanses en mí, que busques refugio en mis besos, en mi mirada. Aún recuerdo cuando con cinco años, cuando mamá nos dejó, lo que me dijiste una noche a la hora de irte a dormir, pidiéndome que te dejara acostarte en mi ancha cama: “Papi, no te preocupes, a partir de hoy, yo voy a ser tu marida”. Tuve una sensación extraña, pero, al mirar el brillo de tus ojos inocentes, no pude evitar que brotaran unas lágrimas de los míos, como tampoco pude evitar fundirme en un abrazo eterno contigo, para después decirte, “contigo, al fin del mundo”.

                                       

  ¡Qué difícil enseñarte! ¡Qué difícil educarte! ¿Dónde poner límites? ¿Cuándo apretar para sacar lo mejor de ti y enseñarte el camino del esfuerzo, de la tarea, de la misión, de la fidelidad, de la fortaleza? ¿Cuándo abrir simplemente los brazos y recibirte vencido, sin más? ¿En qué cosas me excedo y en cuáles me quedo corto? Me gustaría contarte muchas cosas, llevarte a mil sitios, que vivieras mucho de lo que yo he vivido y descubierto… Creo que me quedo corto en mucho, pero lo asumo. También este camino es personal y sólo tú puedes andarlo. Te acompañaré siempre, como padre.

   Me voy despidiendo. Gracias por ti. Gracias por lo que me enseñas. Gracias por tu coraje, por tu alegría, por luchar por tu autonomía. Gracias por quererme y dejarte querer.

RECOPILACIÓN ESTIVAL DE "LA COLADA" (julio de 2019)

                        
                           Dánae - Gustav Klimt, 1908 - Leopold Museum, Viena
   
   Esta entrada no es sino la recopilación estival de las dos partes de “La colada” escritas por un servidor con una diferencia de casi seis y que me permite certificar que no nos podemos dormir en los laureles. La lavadora debe funcionar a ritmo cada día para que la ropa, especialmente las prendas delicadas, mantengan su brillo y su prestancia.


   Éstas, probablemente, estén siendo las navidades más raras de mi vida. Parecen la confirmación de que el centrifugado no ha acabado todavía, aunque el aclarado sí que por fin ha terminado. Satisfactoriamente, además.

   La metáfora de la lavadora me viene más que bien; he tenido que hacer mucha limpieza en los últimos meses, seleccionar bien qué merecía la pena que entrara en la colada y qué harapos había que jubilar definitivamente, tratar las manchas difíciles con especial cuidado y mimar lo más delicado para que pueda servirme mucho más tiempo. Y me viene bien, además, porque me recuerda a mi madre, que me enseñó muchas cosas útiles en la vida, y una de ellas, curiosamente, fue cuidar la ropa. Quizás porque tenía que durarme, que no estaban las cosas como para tirar alegremente, pero también porque era su forma de ser.

    Mi madre era práctica, cuidadosa, cariñosa a su manera (es decir, nunca empalagosa), honesta con los demás y consigo misma y pulcra. A veces me sorprendo diciendo, cuando tengo algo patas arriba, “menos mal que mamá no puede ver este caos”, pero en los últimos años a Ela no le importaba mucho lo externo. Con el tiempo he descubierto que nunca le preocupó demasiado: que lo externo fuera armónico para ella era reflejo de su interior, y lo mejor es que aunque no supiera muy bien cómo articular todo esto lo demostraba con su vida, que en el fondo es lo que importa.

   Mi madre murió hace algo más de un año. Me habría encantado celebrar estas navidades con ella, que comprobara que, a pesar de las vueltas  que he dado en los últimos tiempos (recurro de nuevo a mi lavadora), estoy bien; que  “Estoy en pie, no me han tumbado”; que cuando le dije a los pies de su cama (sin poder soltar mi mano de la suya, que me apretaba con una fuerza increíble para alguien en su estado) “puedes irte, mamá, descansa, estoy bien, no sufras más, descansa, mi querida niña-madre” no sabía lo que decía; porque la necesitaba, aunque ya no fuera ella, más que nunca, más que siempre… Y que ahora creo que ya no la necesito como entonces porque, por fin, he aprendido algo de lo que siempre me quiso enseñar.

    Decía al principio que están siendo las navidades más raras de mi vida. Al final las circunstancias han propiciado que las esté viviendo por primera vez sin Heike (gracias por todo lo bueno que hemos compartido, ya no me acuerdo de que quizás no hayas cuidado suficientemente las "pelotas de golf"). Las he pasado con mi familia, con aquellos con los que no siempre las he pasado, pero a lo largo de estos últimos años, y no siempre por circunstancias del todo felices, he tenido más contacto durante mucho tiempo con mi otra familia, y me alegro profundamente de ello. Aunque sea de otra manera sigo queriendo a quienes siempre he querido y me han querido, pero además este año me ha regalado a gente nueva a quien querer y que me quiere, y estar aquí me va a permitir empezar el año de forma muy especial, de una manera que ya ni esperaba ni creía merecer.

   Y, sobre todo, ayer descubrí que cuando le dije a mi madre “no sufras más, estoy bien, puedes irte, sé que me quieres, y yo te quiero” estaba apelando a un coraje que mi madre sabía que yo tenía, pero del que yo, hasta hace bien poco, no he sido consciente. 

   Gracias familia, gracias amigos,  y sobre todo, gracias Arantxa: incluso en los momentos más duros o más difíciles os lo agradezco, y sólo puedo desearos todo lo mejor. Estáis siendo fundamentales, habéis aportado a la colada lejía y suavizante, y el apresto imprescindible que está dejando la ropa como nueva.

    Gracias por ayudarme a terminar la colada. Ojalá a partir de ahora, el centrifugado acabe y pueda tender(me) al sol.

CLASE DE FILOSOFÍA: LAS PELOTAS DE GOLF
   Un profesor en su clase de Filosofía, sin decir palabra, tomó un frasco de cristal grande y vacío y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.

   Así que el profesor tomo una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios Vacíos entre las pelotas de golf.   El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que sí.

   Luego...el profesor tomo una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, así que el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un “sí” unánime.

   El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

“QUIERO QUE OS DEIS CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA”. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que te apasiona.  Son cosas, que aún si perdiéramos todo lo demás y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún  estarían  llenas.

   Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, etc. La arena representa lo superfluo, como el vestido verde, el móvil nuevo, la pulserita de perlas…   Así pues, el orden en que llenamos el frasco equivale a la importancia que le damos a las cosas:

   “Si ponemos primero la arena, algunas pelotas de golf y canicas ya no cabrán en el frasco”.
 “Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas superfluas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes”. ”Difícilmente podremos disfrutar de lo superfluo si no hemos sabido tener primero lo importante”.   Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita…

   Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y dijo: “Muy buena pregunta… No importa cuán ocupada pueda parecer tu vida, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo”.


LA VIEJA SIRENA (LA COLADA II)

   Ayer hablaba con una amiga de un tema delicado, especialmente para ella. Después de pasar por una serie de vicisitudes muy negativas, teniendo en  cuenta su juventud, hace un año puso en marcha su propia lavadora y ahora está bastante bien y a buen seguro, a juzgar por su espléndido aspecto, toma sus buenos baños de sol, tiene una piel cuidadosamente bronceada y sobretodo, tiene las ideas muy claras. Me comentaba que apenas tiene tiempo para ella, que tiene distintas ocupaciones laborales y mantiene que a su edad, y después de lo sufrido, prefiere estar trabajando y no hacerse planteamientos trascendentales, “ya tendrá tiempo más adelante de replantearme las cosas y priorizar en aquellos aspectos que me resulten verdaderamente gratificantes y motivadores”, me decía.

   Estas reflexiones de una chica tan joven, bella por dentro y por fuera y tan segura de sí misma, me han hecho reflexionar a mí. Un servidor también lleva un ritmo de actividades bastante acelerado, tanto a nivel profesional y laboral (tengo la suerte de trabajar en una ocupación que me apasiona), como en mi tiempo de ocio. Desde que me decidí a escribir hace seis años, esta tarea me ocupa cada vez más tiempo y es muy gratificante que empiece a tener cierto reconocimiento, tanto en este blog como en los dos libros que espero publicar en los meses venideros, el primero está ya en imprenta. 

   Además, tengo la suerte de contar con una legión de amigos a los que quiero y que me quieren y, a veces, he de reconocer, no sin fastidio, que no dispongo del tiempo que me gustaría  compartir con ellos.

   Luego está mi ocupación de padre que, aunque la haya puesto en último lugar, es para mí la más importante y supone, con diferencia, el primer lugar en mi escala de valores y, por qué no decirlo, el tiempo invertido en ella, no es ni mucho menos una obligación sino una delicia enormemente enriquecedora y divertida, que me lo paso "pipa" vamos, y eso que de momento el tiempo del que dispongo para ejercer esta función es muy limitado, por "exigencias del guión". Espero que esta situación cambie pronto, y que la lavadora siga funcionando correctamente, como ocurrió a partir de mi entrada "LA COLADA", publicada en la Nochevieja de 2013. 

    Tristemente desde Agosto de 2018, volvieron a aparecer algunas deficiencias en el funcionamiento de la referida lavadora y he tenido que incorporar nuevos aditivos, proporcionados por muchas personas que me rodean, que me demuestran en el día a día que se puede contar con ellos incondicionalmente. Hablo de familiares, amigos y especialmente de Manuel, la prenda más preciada y preciosa de mi colada, un hombrecito de diez años que pone de manifiesto continuamente, a su tempranísima edad, su alegría, sus valores y sus potencialidades, a pesar de estar sometido a una dura presión por parte de un agente corrosivo que ha hecho aparecer rozaduras y manchas en el conjunto de la ropa.

   Afortunadamente, ELA me proporciona, desde su horizonte particular de vieja sirena, un suavizante milagroso y desconocido para los que habitamos este loco y ajetreado mundo terrenal, y que aporta a las distintas prendas de la colada una prestancia sin igual.
  
   Ojalá en la primavera que se avecina a pasos agigantados, no hay más que ver como los almendros nos enseñan ya su espectacular floración, pueda de nuevo tumbar(me) al sol, aunque sea a ratos pequeños, que me permitan desconectar de las muchas actividades que jalonan el devenir diario.

   Gracias a todos por vuestra generosidad y ¡Qué pena, Heike!, que después del tiempo transcurrido, no hayas sabido enderezar el rumbo y sigas descuidando las "Pelotas de Golf". A ver si, con el tiempo y una caña…





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