miércoles, 11 de marzo de 2020

JOSÉ EUSEBIO CARO (EL ROMÁNTICO COLOMBIANO)





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Fecha de nacimiento: 5 de marzo de 1817, Ocaña, Colombia
Fallecimiento: 28 de enero de 1853, Santa Marta, Colombia
Obras notables: El huerfano sobre el cadáver, desesperación, mi juventud, después de 20 años y aparición.
Educado en: Colegio de San Bartolomé
Libros: Poesías, Escritos filosóficos, Poesía escogida.
Hijos: Miguel Antonio Caro


José Eusebio Caro

   José Eusebio Caro Ibáñez fue un poeta y escritor neogranadino de la generación posterior a la Independencia. También fue ideólogo y fundador del Partido Conservador Colombiano, junto con Mariano Ospina Rodríguez. Viajó a Estados Unidos en 1850, regresó a Nueva 
Granada en 1853 y murió en Santa Marta.






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APARICIÓN

Mi lámpara nocturna está apagada
solo estoy en silencio y en tinieblas
ningún reloj, ningún rumor se escucha
por la ciudad que inmensa me rodea.

¡Oh noche! entre tus sombras lo presente
el porvenir, el mundo, la materia,
ayer, mañana, la ambición, la carne,
el curso de la vida que nos lleva,
el sudor por el pan de cada día,
la envidia cuyo diente nos asecha,
de los falsos amigos la perfidia,
del triunfante enemigo la insolencia.

Todo desaparece: sordo, ciego,
muerto, el hombre entre el hombre se concentra
y en gloria y soledad ante sí misma
súbito el alma humana se presenta.

¡Sí! gloriosa y solitaria el alma,
la posesión sintiendo de sus fuerzas,
lánzase libre al invisible mundo
que sus nobles instintos le revela.

En vano ensancho más y más los ojos,
en vano los oídos tengo alerta;
sólo escucho el zumbido del silencio,
sólo miro espesarse las tinieblas.

Del fondo, empero, de silencio y sombras
siento venirme claridad incierta,
y las voces volver de lo pasado,
y la feliz edad de la inocencia.

Vuelven mis olvidadas ilusiones,
mis recuerdos de infancia, mis creencias;
vuelvo a soñar lo que jamás he hallado,
lo que en vano busqué sobre la tierra.

Vuelvo a ver lo que amé, cual lo veía
cuando el amor sentí por vez primera,
con los colores mágicos que huyeron
ante la odiosa luz de la experiencia.

¡Oh amistad! ¡oh virtud! ¡oh dulces nombres!
vuestra noción la mente lleva impresa
desde el nacer; y el corazón ansioso
por convertirla en realidad se esfuerza.

Vuelvo mi padre a ver: su faz augusta,
a un tiempo mismo afectuosa y seria,
a presentarse torna ante mis ojos
radiante de virtud e inteligencia.

¡Ay! al mirarla así, prorrumpo en llanto.
que es de mi vida la incurable pena
el no poder vivificar la tumba,
y conseguir que lo que fue no sea.

Sangre debo llorar, llorar mis ojos,
al pensar de mi padre en la existencia,
en aquella existencia tormentosa
que no halló más descanso que en la huesa.

Para la dicha y la amistad nacido,
vivió de desengaños y dolencias;
y murió pobre, atribulado y ciego,
del cuerpo y de la edad aún en la fuerza.

Hoy pudiera vivir cual otros viven;
hoy, después de tres lustros, si viviera,
sobre su vasta frente empezarían
sus negros rizos a argentarse apenas.

                                      



¡ADIÓS, PATRIA MÍA! (Fragmento)

De hoy ya más, vagando triste
por antípoda región,
con mi llanto al pasajero
pediré el pan del dolor.

De una en otra puerta el golpe
sonará de mi bastón,
¡Ay, en balde! ¿en tierra extraña
quién conocerá mi voz?
¡Adiós, patria! ¡Patria mía,
aún no puedo odiarte; adiós!

¡Ah, de ti sólo una tumba
demandaba humilde yo!
cada tarde la excavaba
al postrer rayo del sol.

«¡Ve a pedirla al extranjero!»
fue tu réplica feroz:
y llenándola de piedras
tu planta la destruyó,
¡Adiós, patria! ¡Patria mía,
aún no puedo odiarte; adiós!

En un vaso un tierno ramo
llevo de un naranjo en flor:
¡El perfume de la patria
aún aspiro en su botón!

Él mi huesa con su sombra
cubrirá; y entonces yo
dormiré mi último sueño
de sus hojas al rumor.

¡Adiós, patria! ¡Patria mía,
aún no puedo odiarte; adiós!   


  https://www.calameo.com/books/00438222976697eef27f9        

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                HORIZONTES CULTURALES 50 2017

 Bicentenario del HORIZONTES natalicio de CULTURALES José Eusebio Caro 1817 - 2017 Revista virtual de cultura 
Busto en mármol de Carrara de José Eusebio Caro 
Palacio Municipal de Ocaña, Colombia. Febrero de 2017


JOSE EUSEBIO CARO


(Ocaña, 1817 - Santa Marta, 1853) Escritor y político colombiano considerado el mayor poeta del primer romanticismo nacional. De ascendencia española, quedó pronto huérfano de padre y se educó con su abuelo Francisco Javier, aunque no pudo terminar sus estudios de derecho por los trastornos de las luchas civiles.

   Paralelamente a su quehacer literario, se desempeñó con éxito en el ambiente político: fue parlamentario, administrador de la hacienda pública, director del Crédito Nacional y ministro de Hacienda, y sentó con Mariano Ospina las bases del incipiente partido conservador. Fundó los periódicos El Granadino (1840-1845) y La Civilización (1849-1851), en los que colaboró como redactor. Hacia 1850 fue condenado a prisión por sus ideas políticas, pero se le conmutó la pena y partió al exilio. Desde entonces fijó su residencia en Nueva York; murió víctima de la fiebre amarilla al regresar a su patria.

José Eusebio Caro


   Su prosa, dispersa por los periódicos La Estrella NacionalEl Granadino y La Civilización, fue recogida por los redactores de El Tradicionalista en las Obras escogidas en prosa y en verso, publicadas e inéditas... (Bogotá, 1873). Pero fue fundamentalmente un poeta lírico romántico, que vivió en constante inquietud, en continua rectificación ideológica, y murió joven, como tantos otros románticos.

   Influido en su juventud por los enciclopedistas, viró luego hacia el escolasticismo remozado que representa Balmes, para marchar después algún tiempo con los positivistas y volver a continuación a la tradición católica. Se ha dicho que, como pensador que era, desarrollaba primero su pensamiento en prosa para ponerlo en verso después: ello no parece compatible con la calidad y el vigor de un lírico romántico del tono de José Eusebio Caro, calidad y vigor que prevalecen en su poesía, pese a la irregularidad y la aspereza de muchos de sus versos.

   Su poesía, para la que usó seudónimos diversos (B. y B.CascafuerteJec), posee el vigor sentimental y el sentido de la fe y de la vida de los románticos, pero en la forma permanece, por su lírica conceptual y su expresión oratoria, vinculado a los clásicos. Su estilo poético se formó en la lectura de los escritores españoles, los clásicos franceses e italianos y sobre todo los románticos ingleses y franceses.

  José Eusebio Caro buscó ritmos nuevos combinando las formas latinas clásicas, sobre todo el hexámetro, con los metros modernos, prenunciando las posteriores innovaciones de Rubén Darío. Los temas de sus composiciones están íntimamente relacionados con su vida, y aun los más impersonales suenan con acentos de personal emoción; los más importantes son el amor vehemente, el afecto conyugal, la familia, el entusiasmo patriótico, el ideal liberal y el sentimiento religioso.

   Desde Lara o los Bucaneros, poema inaugural de la corriente romántica, a las composiciones más musicales (Mi juventud, El ciprés), desde las de asunto familiar (Bendición nupcial, A su primogénito) hasta sus odas patrióticas y políticas (En boca del último Inca, La libertad y el socialismo), aparece una fantasía llena de ímpetu y vigor, aunque en algunos casos excesivamente declamatoria. Sus versos, en los que siempre está el propio autor como centro, reflejan en bastantes momentos su condición de desterrado, de proscrito político. Se distinguen tres etapas en la producción literaria de José Eusebio Caro.

  En las obras de su primera etapa prima un ambiente lúgubre; el poeta da rienda suelta a su imaginación y deja translucir la soledad propia del romántico. En una segunda etapa su producción literaria se orienta hacia el encuentro con el mundo, que el poeta aprehende desde el sentimiento: así se percibe en poemas como Mi lira y Venida a la ciudad

  La razón marca un tercer y último momento de su creación literaria; el poeta reflexiona acerca de su tiempo en piezas como Después de veinte años y Aparición, poema en que el autor da cuenta de la subjetividad pura del alma romántica en un mundo hostil y ajeno, dominado por la maldad.

  Ya desde su primera producción literaria, como lo demuestra su composición La estrella nacional, el autor dejó ver su hostilidad hacia el mundo, el padecer constante de la vida y la imposibilidad de la comunicación humana; todo ello lo lleva a la evasión hacia la intimidad y el pensamiento. Estar contigo se considera el poema de mayor interés desde el punto de vista formal, ya que se emparenta más con el modernismo que con el romanticismo, e influye de manera decisiva en la producción literaria de Rubén Darío. Sus últimos poemas, Despedida de la patria y El hacha del proscrito muestran otras inquietudes de Caro: la leyenda, la presencia indígena y un marcado interés por la historia. Sus poesías sueltas fueron editadas póstumamente en el volumen Poesías de Caro y Vargas Tejada, publicadas por José Joaquín Ortiz (1857) en Bogotá.

ESTAR CONTIGO

¡Oh! ya de orgullo estoy cansado,
ya estoy cansado de razón;
¡Déjame, en fin, que hable a tu lado
cual habla sólo el corazón!

No te hablaré de grandes cosas;
quiero más bien verte y callar,
no contar las horas odiosas,
y reír oyéndote hablar.
Quiero una vez estar contigo,
cual Dios el alma te formó;
tratarte cual a un viejo amigo
que en nuestra infancia nos amó;
Volver a mi vida pasada,
olvidar todo cuanto sé,
extasiarme en una nada,
y llorar sin saber por qué.

¡Ah! para amar Dios hizo al hombre
¿Quién un hado no da feliz,
por esos instantes sin nombre
de la vida del infeliz,
cuando, con larga desgracia
de amar doblado su poder,
toda su alma ardiendo vacía
en el alma de una mujer?

¡Oh padre Adán! ¡qué error tan triste
cometió en ti la humanidad,
Cuando a la dicha preferiste
de la ciencia la vanidad!
¿Qué es lo que dicha aquí se llama
sino no conocer temor,
y con la Eva que se ama,
vivir de ignorancia y de amor?
¡Ay! mas con todo así nos pasa;
con la Patria y la juventud,
con nuestro hogar y antigua casa,
con la inocencia y la virtud.

Mientras tenemos despreciamos,
sentimos después de perder;
y entonces aquel bien lloramos
que se fue para no volver.

Julio 29, 1839.

                                                     

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