sábado, 22 de febrero de 2020

EL SÍNDROME DE ULISES



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La decisión de migrar, sea cual sea la razón que te empuje a dar ese paso tan importante, es de personas valientes, de corazón y espíritu.  Lo son porque han decidido dejar su tierra, aquella que les vio crecer día a día, aquella donde forjaron sus amistades de colegio, de universidad y, lo más importante aun, ese círculo familiar que lo fue y será todo en este largo camino que decidieron iniciar.

                                   
                                                  SERRAT - jUAN Y JOSÉ



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EL SÍNDROME DE ULISES YA AFECTA A 50 MILLONES DE PERSONAS EN EL MUNDO, y la cifra sigue en aumento


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   El Síndrome de Ulises es un trastorno de estrés específico de inmigrantes asociado con la incertidumbre, la soledad y, en general, las múltiples experiencias de duelo a las que se enfrentan estas personas obligadas a adaptarse a una nueva vida lejos de casa. El Síndrome de Ulises o síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple es un cuadro de duelo migratorio extremo, no un trastorno mental, que aparece en los inmigrantes que viven situaciones muy adversas (soledad, exclusión, miedo e indefensión). Este cuadro fue descrito el año 2002 por el doctor Joseba Achotegui, y afecta a más de 50 millones de personas en el mundo de hoy. ​


  El nombre se inspira en el héroe mítico Ulises, el cual vivió innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos. Se calcula que, en España, por ejemplo, hay unas 800.000 personas afectadas por ese síndrome.

  Según el psiquiatra Joseba Achotegui, director del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados (SAPPIR) y profesor titular de la Universidad de Barcelona: “Los estresores más importantes son: la separación forzada de los seres queridos que supone una ruptura del instinto del apego, el sentimiento de desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio y la ausencia de oportunidades, la lucha por la supervivencia (dónde alimentarse, dónde encontrar un techo para dormir), y en cuarto lugar el miedo, el terror que viven en los viajes migratorios (pateras, ir escondidos en camiones…), las amenazas de las mafias o de la detención y expulsión, la indefensión por carecer de derechos, etc.​

   El síndrome de Ulises es un cuadro reactivo de estrés ante situaciones límite que no pueden ser elaboradas. No es el duelo migratorio clásico, sino una variante extrema de este duelo que afecta a los inmigrantes en situación extrema en pleno siglo XXI. Es importante remarcar que no es un trastorno mental, sino un cuadro intenso de estrés o un trastorno adaptativo, con síntomas mixtos ansioso-depresivos. ​ 

   Entre el 15% y el 20% de los inmigrantes que acuden a salud mental sufren este trastorno, que, como decíamos, no es una depresión ni  ningún tipo de enfermedad mental, sino una manifestación específica de estrés crónico múltiple. Ese 15-20% de personas, fundamentalmente inmigrantes "sin papeles", son tratados en muchas ocasiones como enfermos y medicados en consecuencia cuando lo que precisan es una acción psicosocial, que les ayude a hacer frente a la situación de dificultad extrema en la que se encuentran. "Tratarlos como enfermos es inadecuado, provoca un gasto innecesario para el sistema y no les ayuda a mejorar su estado". Las nuevas oleadas de inmigrantes llegadas a partir de 2002 se encuentran en una situación peor que las que lo hicieron a los años 80 y 90. Las peores condiciones de trabajo, nuevas leyes que dificultan el reagrupamiento familiar y los impedimentos que encuentran los inmigrantes no legalizados para llevar una vida social normal hacen que el Síndrome de Ulises este cada día más presente. "Es importante no patologizar ni medicalizar esos casos, sino buscar la forma de proporcionarles apoyo emocional, psico-educativo y asesoramiento jurídico", mantiene la doctora Espeso.

   "La fuerza evocadora de la Odisea, una poesía de inmigrantes, intercultural, que da cuenta de los padecimientos de alguien alejado de su país y de su medio, ayuda a luchar contra la deshumanización de la migración y a explicar la situación de riesgo que padecen los inmigrantes actuales". Achotegui lamenta que se contemple el estrés post traumático y no el estrés crónico múltiple que padece un grupo significativo de inmigrantes, sometidos a situaciones de padecimiento grave. Junto con otros psiquiatras españoles y extranjeros, ha creado la red Atenea, con el propósito de dar apoyo psicosocial a inmigrantes en situaciones extremas (www.laredatenea.com ).

   Su nombre, como decía, hace referencia a Odiseo, héroe de la mitología griega que fue conocido como “Ulises” en el mundo romano, quien, según narran la Ilíada y la Odisea, se vio obligado a navegar durante diez años tras participar en la Guerra de Troya enfrentándose a enormes retos y dificultades antes de poder regresar a casa. 
                                            
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   Aunque todavía haya quien se empeñe en mirar a los emigrantes con desconfianza y desconocimiento, la mayoría sabemos que nadie abandona su país, su idioma, su cultura y su forma de vida por “capricho”. Antes de salir en busca de una nueva vida lejos de casa, los que llegan han pasado años intentando encontrar una solución que les permitiera seguir habitando en la tierra que les vio nacer, cerca de su familia y sus vecinos, hablando su idioma y practicando su religión. No la encontraron. Emprender un incierto viaje se convierte así en la última oportunidad para salir adelante sin dejar que la sensación de fracaso e incertidumbre les venza. Y como Ulises, tienen que enfrentarse a numerosos peligros y adversidades, sin garantía alguna de que la “aventura” a la que se han visto abocados les termine compensando de algún modo.

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“Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a

 fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando 

incansablemente…” (Odisea, canto V, 150).




   A lo largo de la historia muchos países han visto irse a una parte de los suyos, con independencia de que el exilio sea por motivos económicos, políticos o bélicos, y antes era más fácil que pudieran verlos regresar años después orgullosos del resultado del viaje. Sin embargo, en nuestro globalizado mundo de hoy, cada vez hay más emigrantes que, a pesar de todos los esfuerzos, no logran la estabilidad económica y social necesaria para vivir con tranquilidad. Y, en todo caso, quienes lo logran han atravesado antes por un desierto vital lleno de miedos y obstáculos que les han cambiado para siempre. Emigrar jamás ha sido un proceso fácil pero, además, la migración de hoy no guarda parecido alguno con aquella de nuestros antepasados.

   La sensación de aislamiento sociocultural está considerada como un factor clave en la aparición del síndrome. En este sentido son relevantes los prejuicios y la discriminación por motivos étnicos y culturales a los que las personas inmigrantes de muchos países se ven sometidas cada día. En nuestro país, de acuerdo con un estudio sociodemográfico de los inmigrantes con Síndrome de Ulises realizado por el SAPPIR, estos son en su mayoría latinoamericanos y subsaharianos que llevan aquí de 2 a 5 años y con edades comprendidas entre los 30 y los 45 años, que tratan de mantener a la familia que dejaron atrás, en muchos casos a sus propios hijos. Un terrible mal que ya afecta, solo en España, a unas 800.000 personas y que sigue aumentando en todo el mundo.

                     
Aunque en muchos casos la migración puede suponer más una solución que un problema, nunca es un proceso fácil. En la vida de quien emigra todo cambia de golpe, y el cambio es mayor cuanto más lejos vaya. No solo deja atrás a los amigos o a la familia, también el paisaje, los olores, la lengua, las costumbres… Y, como consecuencia de ello, la migración transforma la propia identidad.


   Los síntomas presentes en las personas que lo padecen varían en función del caso particular, pero pueden ser clasificados en cuatro categorías de alteraciones: la ansiedad, la depresión, la disociación y los síntomas físicos de origen psicógeno como dolores de cabeza y fatiga. Por otra parte, los síntomas específicos están claramente influidos por la cultura: por ejemplo, la culpa es más habitual en occidentales que en asiáticos, mientras que estos últimos suelen presentar síntomas de tipo sexual y los magrebíes, molestias en el tórax. Otros problemas que aparecen con frecuencia en las personas aquejadas con el síndrome son la baja autoestima, el descenso del rendimiento a nivel general, el consumo excesivo de sustancias como el tabaco y el alcohol o dolores gastrointestinales, óseos y musculares.

                                    

   La ansiedad se manifiesta como preocupación recurrente y excesiva, así como por una marcada tendencia a la irritabilidad. En los casos en que el proceso de migración ha sido llevado a cabo de forma ilegal, el miedo al internamiento o la deportación constituye un factos de estrés adicional que favorece un estado de malestar emocional crónico. Igual que lo es, asimismo, la frustración de las expectativas personales y económicas de la persona.

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                              Migrar; decisión de valientes:
Desde que tomas la decisión de migrar, cada día, aunque sea por muy poco tiempo siempre piensas un día menos para irme, las distracciones del día a día te impiden recordar el hecho en cuestión cada dos por tres pero ese pensamiento te perseguirá hasta la llegada del ansiado y a la vez odiado día.





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