martes, 25 de febrero de 2020

EL SEXO EN LA VEJEZ





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“El hecho de que seamos viejos/as no nos cancela el derecho a seguir experimentando el afecto y el placer que nos brindan las relaciones sexuales”.

Es un error suponer que la actividad sexual en los adultos mayores se acaba, pero hay personas que así lo viven. Tener 55, 60 o 70 años no significa ponerle fin a la vida sexual activa, “desde que nazco hasta que muero la actividad sexual es posible en mi vida, nunca en la misma intensidad, pero siempre y hasta el último suspiro”, afirmó Patricia Kelly, periodista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.




Enamorarse en la recta final de la vida no es fácil. Pero muchos octogenarios aspiran a ello. Buscan el amor, el cariño y el sexo como huida y tratan de esquivar una soledad nunca elegida. Cupido no entiende de edades



   Habitualmente recibimos mensajes por redes sociales (por ejemplo, whatsapp, el más difundido vía teléfono) que resultan intranscendentes, de vigencia efímera, que transmiten información, digamos, irrelevante. A través de los grupos nos llegan memes graciosos, curiosos y muchas veces bochornosos. Hay contactos que nos envían gracietas que más bien dan vergüenza ajena pero otras son muy ocurrentes y atinadas.

  En contadas ocasiones el mensaje recibido te "toca" por su originalidad, calidad literaria y profundidad. Suele ser remitido por amigos muy selectos que no se prodigan mucho en estos menesteres, pero, cuando te envían algo, resulta conmovedor y fantástico.

   Así ha ocurrido en esta ocasión y, con su permiso, lo comparto en esta entrada del blog. 

Gracias Faustino.


EL SEXO EN LA VEJEZ


   Sería conveniente hacer dos precisiones al título: Mejor decir sexualidad que es un término más amplio que el sexo, ya que incluye factores, sociales, psicológicos, espirituales además de la genitalidad que es característica exclusiva del sexo.

   En segundo lugar, ¿qué entendemos por vejez? Es un término amplio y ambiguo. Conozco a viejos de 40 años y a jóvenes de edad avanzada que demuestran que la edad biológica no coincide necesariamente con la cronológica. Mientras que los primeros pueden no hacer nada, ser como “marmolillos”, estar quietos como Don Tancredo en los toros, los segundos pueden tener entusiasmo y curiosidad sin límites que hacen bueno el dicho de que “solo cumple años el que no hace nada”.

   Según el neurobiólogo portugués Antonio Damásio, los seres humanos venimos a este mundo exclusivamente con dos misiones: sobrevivir y ser felices. Desde el mismo momento del nacimiento, tenemos que defendernos de los peligros y de la hostilidad del medio ambiente; en los bebés ya se demuestra el instinto de conservación, por medio de automatismos. Para ser felices, es el fin último de la ética, es importante la búsqueda del placer. Para ambas cosas, se necesitan de modo imperativo los órganos de los sentidos.

   Con el paso de los años, van declinando paulatinamente los sentidos, todos excepto la culpa que es “maldita”, no malentendida. Sentido de la culpa judeo-cristiana que hace bueno el dicho de que “entre la culpa y el arrepentimiento no nos queda tiempo para disfrutar”. Nos tenemos que acomodar, porque se pierden facultades, lo que va a repercutir en el sexo (genitalidad), pero toma importancia decisiva la relación afectiva: la ternura, el afecto y el cariño, están al alza y toman protagonismo.

   La sexualidad es una condición que nos acompaña toda la vida desde el mismo momento del nacimiento, hasta la muerte. Como la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La sexualidad debe ser libremente escogida y aceptada, lo que debe implicar y hace aconsejable que también deba de ser compartida, y para ejercerla se debe gozar de una buena salud física y psíquica y de una vida de relación plena, cuanto más plena, mejor. Tiene enemigos que atentan contra su desarrollo como son: el miedo al rechazo, el miedo al fracaso, la soledad, la depresión y la disminución de la líbido o el deseo, en la que influyen los miedos referidos junto con el padecimiento de enfermedades y la toma de algunos fármacos. Los límites de la sexualidad, implican la aceptación y el consentimiento mutuo sin ningún tipo de imposiciones.

   En el “amor carnal”, el varón empieza como poeta y termina oficiando de cirujano. A medida que pasan los años uno termina perdiendo destreza en el quirófano, pero agranda su ramalazo lírico, hasta el punto de parecer un elegido del Parnaso.

   En resumen, "la sexualidad va más allá de la genitalidad, pero no la excluye. Nos acompaña toda la vida, sólo se transforma según se cumplen años, es conveniente que se desarrolle en pareja, y la castidad sólo sería una conspicua desviación de la misma" (J.L. Borges).

A veces uno puede perder o le quitan la esperanza, pero no el deseo que es ansia y pálpito interno, perseverante y contumaz que no conoce acomodo ni descanso y que hacen bueno el dicho poético de que “deseoso, deseoso es aquel que huye de la madre”. El deseo exacerba la imaginación. En este sentido es ilustrativa la anécdota del periodista César González Ruano, frecuentador de las casas de citas que, en su vejez al ser preguntado por otro periodista, de cuál era el mejor momento de su estancia en esos lugares, contesto sin dudar “mientras subo las escaleras”, imaginando lo que voy a hacer.

   Desde siempre, el ser humano ha necesitado del contacto de “piel con piel”, desde el nacimiento y también resulta muy importante en la vejez en la que se suele tener “hambre de piel”. En las relaciones íntimas, la piel es el mayor órgano sexual, y en este sentido es ilustrativa la anécdota de Woody Allen, que, cuando fue preguntado por si creía en la reencarnación contestó: "sí, por supuesto y me gustaría reencarnarme en la yema de los dedos de Paul Newman o Warren Beatty”.

   A veces se produce el enamoramiento en edades tardías, que hace bueno el dicho de que hay cosas del corazón que no gobierna la cabeza; en este sentido es ilustrativa la conmovedora carta abierta que escribió Gabriel García Márquez, cuando supo que le quedaba poco tiempo de vida: “terrible equivocación pensar que el ser humano deja de enamorarse porque envejece, sin saber que envejece cuando deja de enamorarse”, ¡¡a enamorarse tocan¡¡

   Decisiva y clarividente resulta la periodista Luz Sánchez Mellado que describe magistralmente el enamoramiento: “hay gente que descubre en medio de un invierno afectivo cruel, que lleva un verano invencible dentro", o como sostenía Albert Camus: "Se enamora, se apasiona y encima lo cuenta; ello suscita criticas acerbas de los miserables apóstoles de la envida. Esa situación por mucho que la neguemos, la queremos todos.  Ese calor, ese anhelo, ese abandono. Queremos que nos exciten los sentidos, que nos llenen los huecos, que nos acaricien el lomo. Y eso no caduca”. Vuelvo a repetir, hay cosas del corazón que no gobierna la cabeza.

   Magistral el poeta Antonio Gamoneda, que describe en el poema “El abrazo”: “hay maneras de amarte sencillas. Te aprieto a mi como si pudiese traspasarte la justicia de mi corazón. Cuando te revuelvo los cabellos, algo hermoso se forma, se enreda entre mis manos. Y solo aspiro a estar en paz y a estar contigo en paz”.

   Producto de un delirio de quien les habla, ¡¡válgame Dios¡¡: "eyacularé mi mirada en tu mirada/fondearé mi barco de amor en tus ojos/recorreré palmo a palmo toda tu piel/coseré tu boca a besos/invernaré en tu pecho/me amarraré fuerte a tus caderas/descansaré en tu vientre/acurrucado".

   Quiero terminar con una frase a modo de homenaje al inmortal J. Brel: "Morir no importa, pero envejecer… ¡¡ay envejecer¡¡"

Muchas Gracias.  

(FAUSTINO HERRERO HUERTA)



Cuando hablamos de los más mayores existe un gran tabú en torno al sexo. Por eso, en este vídeo vamos a desterrar mitos y a hablar de relaciones sexuales en la vejez.




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