viernes, 10 de enero de 2020

SIRIUS, INALCANZABLE





Malena es un nombre de tango : Foto



SIRIUS, COMO SIEMPRE, INALCANZABLE

   Era ya noche cerrada cuando Malena llegó a su cuarto, la velada había sido larga y tediosa, quizás se había pasado con el alcohol. Arrastrando los pies se sentó en la cama y como pudo, se despojó de los zapatos de tacón que la estaban martirizando.

   Aún aguardaba la tortuosa tarea diaria de quitarse el maquillaje con el que disimulaba las incipientes arrugas de su tez ya algo marchita, muy a su pesar. La decrepitud de su aspecto cuando se observaba desnuda ante el espejo empezaba a hacer mella en su autoestima. Volvió a su habitación, se colocó su pijama favorito y se dejó caer en el lecho. Ya tumbada en la cama, estiró los brazos y sus largas piernas doloridas, se frotó los ojos, irritados y cansados de derramar lágrimas, se acurrucó entre las sábanas de raso y se quedó profundamente dormida.

   Fue entonces, creyendo que en sus sueños hallaría el refugio que tanto necesitaba, cuando la memoria volvió a jugarle una mala pasada, evocando aquel rostro del que venía huyendo. Intentó no mirarle, pero era imposible, y se perdió navegando en cada una de sus facciones: su pelo, lacio y suave cubriéndole parte del rostro; sus ojos, mirándola fijamente con aquella expresión de seguridad en sí mismos, unos ojos tan seductores que podrían hechizar a cualquiera que osase mirarlos directamente. Quiso besarle, ahogarse en su boca y morir entre sus labios, que dibujaban una media sonrisa que le daba un aire enigmático y misterioso que hacía que las piernas de Malena flaqueasen por momentos.
  
   André se acercó despacio, alargando una mano hacia ella. Malena quiso detenerle, marcharse, evitar el contacto con él, pero su cuerpo no le respondía. Estaba presa de un embrujo que la paralizaba y la atraía con fuerza hacia su acompañante. Cuando estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro en sus caras, ella tembló y le pidió que la dejase marchar. No le sorprendió que él la besase, tierna y suavemente en los labios, así como tampoco se sorprendió al verse tumbados en el lecho, ella quitándole la ropa y acariciando su espalda, mientras él recorría la curva de sus caderas y la piel de sus muslos.

   Malena se rindió, se abandonó al deseo y al placer. Se abandonó a un amor que sabía que no era correspondido, a unos labios que la besaban, pero que estaban vacíos de emoción alguna. Buceó en la mirada de André, sin encontrar ni rastro de afecto ni cariño.

   Horas después, se despertó bañada en sudor, aún con el sabor de su piel en la boca. En la cama se percibía todavía la calidez del cuerpo de André, y en el aire quedaba un resquicio de su perfume flotando en el aire.

   Malena se levantó, se puso su bata y salió al balcón. La ciudad aún bullía a pesar de que eran ya altas horas de la madrugada. Alzó la cabeza en busca de alguna estrella en el firmamento, pero las luces de la ciudad tan sólo le permitieron ver una única estrella tintineante allá en el cielo nocturno.

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   Entonces Malena se dio cuenta de que su vida misma había sido como aquel cielo: había conocido a miles de estrellas, pero ahora sólo una arrojaba un poco de luz.

   Y, por desgracia, aquella estrella estaba demasiado lejos de su alcance. Con una sonrisa amarga y sarcástica, Malena volvió a entrar en su cuarto, abandonándose a la noche oscura y arrullándose en sus dulces mentiras.

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