viernes, 24 de enero de 2020

EN LA VIDA TODO REGRESA




Si estás en una difícil encrucijada, no te bloquees, déjate llevar por lo que

 te dicte tu corazón, pero a la decisión final, añádele una pizca de sentido

común.

(Petrus Rypff)


    Hay muchas personas que sufren en silencio y dicen que están hartas de hacer las cosas bien y de ser honestos, que tanto esfuerzo no merece la pena, que todo cae en saco roto porque cada uno va a su apaño y no hay reciprocidad, que el egoísmo generalizado les hace desistir de entregar sin recibir nada a cambio, ni siquiera un reconocimiento o un agradecimiento.

  Lo que de verdad ocurre es que no solemos leer la “letra pequeña” de lo que sucede en las películas cotidianas de las personas egoístas y codiciosas. Puede que esas personas logren notoriedad, que tengan una alta calidad de vida material, y que aparentemente no estén pagando ningún tipo de “karma”, que andan felices y contentos por la vida. Puede que incluso se constituyan como el modelo de éxito a imitar, pero pagan un precio subconsciente muy alto por sus acciones.

   No se trata de hacer el bien o de hacer el mal, eso lo dejamos aquí como tema de disquisición filosófica, seamos prácticos y profundicemos un tanto en lo que pierden los que hacen lo que todos sabemos que está mal. A veces parecemos dormidos o anestesiados frente a la realidad de las “reglas de juego” que tiene la vida, pero en nuestra naturaleza más profunda funciona una culpa subyacente que nos causa agitación mental cuando las quebramos. Infringir esas reglas tiene consecuencias, y no estamos hablando del castigo divino, sino sólo de sufrimiento psicológico. ¿Puede acaso una persona transgresora establecer buenos vínculos personales, sentirse tranquila y en paz?

   Ser malvado aleja a las personas y hace que el sujeto inmoral tenga que estar continuamente tejiendo mentiras para mantener el éxito. Tarde o temprano, la mayoría de las personas malintencionadas o manipuladoras quedan tensionadas y atrapadas en su propia red porque una falsedad necesita ser tapada por otra.




   Está comprobado científicamente que los criminales de cuello blanco no están bien: sufren de insomnio y de paranoia, tienen baja autoestima, aunque manifiesten lo contrario y se agitan fácilmente. La mayoría de los transgresores saben, en su fuero interno, a nivel subconsciente, que lo que han hecho está mal y eso les causa malestar mental y emocional, incluso antes de que sus obras sean descubiertas. Estas personas sufren por no sentir amor, no sigamos entonces diciendo desde nuestra idealización del bien y del mal que quienes hacen las cosas mal, lo pasan bien. En el “pecado” llevan la penitencia y el tiempo, la mayoría de las veces, acaba poniéndoles en su sitio, y lo que es más importante, la felicidad, pasa de ellos. Bien es verdad que el daño que causan en su tránsito por la vida es, a menudo, irreparable. Por ello, pongámonos a salvo, preventivamente, de sus fechorías.






Si se presenta la oportunidad de ser generoso, no te lo pienses, hazlo y te

 hará sentir bien, no te ha de pesar que como contrapartida recibas

diamantes de carbón, la vida te devolverá otras cosas.

 (Petrus Rypff)



A mi amigo Alexander, quien por fin, ha ganado la batalla. FELICIDADES.
  

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