miércoles, 8 de enero de 2020

EL LIENZO





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   Aquella mañana el Sol no quería asomarse, tenía pereza, no quería ver a las mismas caras de siempre, que a ritmo de monotonía realizaban las mismas tareas en un continuo vaivén rutinario. Las nubes y la lluvia tomaron el relevo, anunciando la llegada de un estado de ánimo algo oscuro y sobre todo, lleno de nostalgia y de sentimiento por lo que se había dejado atrás.

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  Nika, la niña niebla, observaba a través del cristal mojado los movimientos lentos de Manu en su habitación. Estaba enfadado, se daba cuenta una vez más de que las cosas no eran como él quería. El mundo iba en su contra, un alma que quiere dar, pero recibe lo que más odia. Una vez más se daba cuenta de la insignificancia del hombre.

   Sonó un estruendo fuera, como algo golpeando el cristal… Sólo el rocío de la mañana sobre las plantas y la niebla y el frío, típicos de Berlín le acompañaban en sus pensamientos. Entonces recordó, aquellas voces que suplicaban, el sufrimiento constante por la pérdida, el sentimiento de culpa, la insignificancia del hombre. Rompió a llorar.

   Nika entró entonces en la habitación, bailando suavemente entre las rendijas minúsculas del vano de vidrio. Se acercó a Manu. No podía entender que aquella persona se recostara de aquella manera, pareciera que necesitara algo, algo que ella pudiera proporcionarle.

   Manu sintió frío, levantó la vista con los ojos enrojecidos por el llanto, no vio nada, pero se incorporó, miró a través del cristal y dijo en voz alta un nombre, Zola (la niña permanente), en una invocación a la nostalgia, intento vano de alcanzar lo que una vez conoció. De nuevo lloró.

   Entonces fue cuando Nika tuvo necesidad de arropar a ese hombre, sintió por primera vez algo, tristeza, comprensión, humanidad. Se acercó a Manu y le rodeó con sus cortos brazos, no entendía por qué, pero en el fondo pensaba que aquello serviría para algo. Su roído vestido gris acariciaba el rostro mojado de Manu debido al correr de las lágrimas.

   Manu continuó llorando durante unos largos minutos, recostado como estaba sobre la cálida cama de su cuarto, con sus brazos agarrándose las rodillas en un intento de sentirse acompañado y de evitar el frío que le causaba el recuerdo de lo pasado.

   Finalmente se levantó, -decididamente hace hoy un día malo, y frío- pensó; Entonces salió del cuarto y fue directamente a la última habitación. Hacía años que no traspasaba aquella puerta, sin embargo, Manu sentía que ese día tenía el valor y la confianza necesaria para hacerlo. Se paró, acercó la mano lentamente al pomo, medio giro a la izquierda. La puerta chirrió mientras se abría, y de repente cien millones de olores, doscientos de sentimiento y otros tantos de antiguas vivencias le alcanzaron cual ventisca gélida azota el rostro del pionero perdido en la nieve. Sintió deseos de retroceder, sus piernas, inmóviles, parecían no responder, agarró el pomo dispuesto a cerrar la puerta, convencido de que su vida no era aún lo completa que habría esperado, que su mente no estaba adaptada a su situación y sobretodo que el mundo no estaba preparado para lo que detrás de aquella puerta se escondía.

   Nika vio toda la escena, le resultó graciosa y se echó a reír. Entonces, se percató de que el hombre cerraba la puerta lentamente, sintió de nuevo pena, ira, humanidad. Empujó al hombre sin pensarlo, con ambas manos, con toda la fuerza que pudo sacar en ese instante de sus cortos y enclenques bracitos.

   Manu rodó por el suelo, pensando que su torpeza y algún objeto en el suelo le habían jugado una mala pasada. Al levantase lo vio. El lienzo en blanco que nunca empezó, pero siempre sintió haber acabado, se encontraba frente a sí. Sin pensarlo, tomó la brocha vieja y deshilachada, el color azul, y su mano guió los movimientos que iban trazando pequeñas muestras de emociones y sentimientos sobre la superficie blanca.

   Cuando acabó, Nika comprendió lo que era la humanidad, se dio la vuelta y se fue como había venido, estaba cansada y, además, un fuerte pensamiento habitaba en su cabeza, el mismo que Manu tenía en todo momento. Entendió lo que de verdad era la humanidad.

   ¿Cuál era el sentimiento?, ¿Por qué no mirar, mejor, el cuadro de Manu? No estaba acostumbrada a sentir, a ponerse en el lugar de un ser humano y, el miedo a lo desconocido le hizo huir.

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                                   Pink Floyd - Comfortably Numb (Sub Español)

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