jueves, 5 de diciembre de 2019

VÍCTIMA Y VERDUGO





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VÍCTIMA Y VERDUGO

   El acosado y el acosador en el entorno escolar no nacen, se hacen. La ausencia de modelos emocionales efectivos lleva a muchos menores a no entender el dolor ajeno, son psicópatas en potencia. Por otro lado, la falta de autoestima en un niño o adolescente, facilita que se convierta en víctima, un blanco perfecto para un desaprensivo que, arropado por el grupo que lidera, otros niños que utiliza como gregarios, se transforma en un monstruo que se ceba, como simple divertimento, en el que percibe como más débil e indefenso. En ocasiones, el acosador actúa solo, por temor a ser delatado por un cómplice arrepentido.

  Hablar de retratos de víctima y acosador en el fenómeno del acoso escolar puede resultar confuso y llevar a la errónea idea de que en la infancia hay niños que poseen unas características que los van a convertir en acosadores de otros y que, a su vez, hay otros niños destinados a ser víctimas.

   Esta imagen contrasta con lo que sabemos del acoso escolar. Es un fenómeno que se da al instaurarse un patrón conductual y relacional en el agresor. Este le resulta eficaz para obtener popularidad o un estatus superior entre su grupo de iguales, y por esta razón lo mantiene. Por tanto, podríamos decir que los agresores aprenden y mantienen este tipo de conducta porque les funciona entre su grupo para alcanzar sus objetivos.

   Por otro lado, las víctimas son compañeros que en ocasiones tienen algún rasgo distintivo relacionado con su aspecto, actitud o funcionamiento académico que llama la atención del agresor y suelen carecer de habilidades para enfrentarse a él y salir del acoso. Tan dinámico resulta este fenómeno, que en muchas ocasiones las víctimas adoptan el papel de acosador repitiendo un patrón conductual vivido.

   Desde la psicología intentamos buscar respuestas que nos ayuden a entender las causas que hacen que algunos menores se vean implicados en este fenómeno y otros no. Hay factores de riesgo que hacen a algunos menores más vulnerables a verse implicados en el acoso escolar, sea como víctimas o como acosadores. Estos factores de riesgo del acoso escolar pueden ser de índole familiar, sociocultural y emocional o afectiva. Los más interesantes desde el punto de vista de la psicología y de la educación, por la posibilidad de intervención que nos brindan, son los relacionados con la inteligencia emocional de víctimas y agresores.


El papel de la inteligencia emocional

   La inteligencia emocional, según Mayer y Salovey es la habilidad para percibir y valorar las emociones, comprenderlas y regularlas en una búsqueda del crecimiento personal y emocional. Una buena inteligencia emocional mejora nuestra capacidad de adaptarnos de manera adecuada a situaciones nuevas, inesperadas o amenazantes (como tantas a las que se enfrentan los menores en los entornos escolares). Parece claro que existen diferencias en las distintas dimensiones de inteligencia emocional entre las víctimas, los agresores y los menores no implicados en el fenómeno del acoso escolar.

  En el caso de las víctimas, conocemos que aquellos menores con problemas de autoestima, con estado de ánimo bajo o pocas habilidades sociales tienen más probabilidades que el resto de ser objeto de acoso por parte de otros compañeros. A esto se suma que cualquier rasgo diferenciador, ya sea físico, comportamental o de aptitudes les vuelve más vulnerables a este fenómeno, por ejemplo, llevar gafas, corrector dental o alguna “tara” en su fisonomía.

  Por otro lado, los chicos y chicas agresores, en general, presentan niveles de inteligencia emocional más bajos. En concreto, podemos decir que tienen escasa tolerancia a la frustración, no se muestran dispuestos a seguir las reglas y suelen tener graves carencias de empatía y poca capacidad de autorregulación emocional.

   En este sentido, la empatía es uno de los factores de riesgo que cada vez toma más protagonismo en el fenómeno del acoso escolar. La empatía o la capacidad para identificar los estados de ánimo de los demás y actuar de manera congruente aparece de forma natural a partir de los tres años de vida en la mayoría de los niños, pero necesita de un importante componente experiencial y educativo para desarrollarse de manera óptima.

   La ausencia de modelos empáticos o de una guía emocional efectiva puede llevar a muchos menores a ser incapaces de identificar y entender el dolor ajeno, y por consiguiente implicarse de manera activa en actos violentos contra sus iguales si esto les reporta beneficios.

   Si bien no existe un retrato patognomónico y fijo que describa las características de los menores implicados en acoso escolar, sí tenemos una idea clara de qué habilidades emocionales y sociales pueden protegerles de él y cuáles van a facilitar que en un entorno propicio desarrollen patrones de relación basados en la agresión física o verbal y en la persecución y acoso de un compañero con la finalidad de reforzar su imagen y estatus dentro de su grupo de iguales. Esto, en definitiva, nos lleva a uno de los aspectos más importantes en el acoso escolar, que es la prevención.

   Conocemos los factores de riesgo y la forma de modificarlos a través de educación emocional que fomente el desarrollo de la empatía, de la autorregulación emocional y demás competencias emocionales. Más allá de ser un problema de índole educativa, el acoso escolar actualmente es un reto de salud y seguridad públicas. Supone una de las mayores causas de alteraciones emocionales en la infancia. Las víctimas de acoso experimentan trastornos ansiosos, depresivos e incluso fobias, y los agresores tiene hasta un 60 % más de probabilidades de cometer actos violentos o delictivos en la juventud que el resto de sus compañeros no acosadores.

   El conocimiento y estudio de estos factores de riesgo en el fenómeno del acoso escolar ilumina el camino de la prevención, guiándonos sobre en qué aspectos debemos incidir para elaborar programas preventivos eficaces. Recientes estudios indican que la eficacia de estos programas no solo radica en la duración o intensidad de los mismos, sino también en incluir aspectos como la educación emocional.

   En esta línea ya existen programas dirigidos a prevenir el acoso escolar centrados en mejorar las competencias emocionales de los escolares. Estos no solo podrían disminuir el número de casos de acoso escolar en los centros escolares, sino también contribuir a construir una futura sociedad más tolerante, conciliadora y solidaria.

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El método Kiva en Finlandia consigue una pronta detección de casos de acoso escolar y en muchos casos logran prevenirlos. La esencia del método Kiva es muy trivial. Se basa en dejar a un lado la dialéctica entre víctima y agresor, para dar un papel protagonista al resto de los alumnos del centro.
Son los propios niños los que se sienten responsables de mantener un ambiente positivo, tolerante y respetuoso en su colegio.


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  Voy a exponer aquí una corriente de opinión que me parece desacertada totalmente, por mucho que esté bien argumentada. Creo que obedece a una postura que podría calificar de “talibán” y podría entroncarse con las opiniones de ciertos líderes de una formación política de reciente aparición; para ellos, la máxima “Ojo por ojo, diente por diente” es la que debe prevalecer. De ahí a proponer la Pena de muerte para los que violan el código penal vigente, me temo que, sólo hay un paso. Pudiera ser que entre los niños y adolescentes haya algún psicópata irredento que de mayor será asesino y violador, pero opino tajantemente que la mayoría son reconducibles con un abordaje multidisciplinar adecuado. Disiento de la idea de pensar que con los niños-adolescentes acosadores sea una pérdida de tiempo y recursos intentar su rehabilitación.


 Afortunadamente, las personas que opinan de la manera que a continuación voy a exponer no son muchas, por mucho que alcen la voz al más genuino estilo “voxiano”.

   “El gran problema con los menores violentos, no es que "no son capaces de identificar y entender el dolor ajeno" sino que identifican y entienden perfectamente el dolor ajeno y disfrutan con ello. No son violentos para reforzar su imagen, lograr popularidad y status dentro de su grupo de pares, esos son sólo beneficios secundarios que recogen de su antisocialidad y les sirve de pantalla para conseguir el apoyo y la complicidad de los demás, pero no es el objetivo y la intencionalidad de un individuo violento. Son violentos porque necesitan sacar afuera, por algún lado, la violencia que les bulle adentro. La intención es saciar la necesidad de someter y sojuzgar, buscan la satisfacción sádica que les permita acumular seguidores o cómplices que refuercen y/o tapen sus actos despreciables”.

   “Ninguna persona puede escapar a un individuo psicópata o antisocial por sus propios medios, no se trata de lograr "desarrollar inteligencia emocional" ni mucho menos "tener habilidades para enfrentarse a un acosador y salir del acoso". Eso no existe. Son las autoridades escolares las que deben estar atentas para detectar abusos y denunciarlos, no taparlos para evitar escándalos o una mala imagen institucional, como suelen hacer actualmente, teniendo en cuenta que los menores quedan bajo su responsabilidad el tiempo que no están con sus padres. Ellos son los primeros responsables de lo que les ocurra a los menores en la escuela y deben tener cárcel por descuido, negligencia o complicidad. Luego las autoridades del Poder Judicial deben tomar las medidas de protección de las víctimas sacando a los acosadores de la institución educativa, de prevención de nuevos ataques con medidas de seguridad y de sanciones a modo de resarcimiento. Según las leyes de cada país se determinará si los menores abusadores van a la cárcel o a un centro de rehabilitación o reformatorio”.

   “No existen tales "factores de riesgo" en el acoso y violencia escolar ni en ningún otro tipo de violencia, más que el antecedente de un maltratador que ya abusó. Si atacó una vez, atacará siempre que se lo permitan. Por lo demás no existen "menores más o menos vulnerables" sino instituciones educativas y tribunales penales más o menos irresponsables. Un chico violento debe ser separado del resto de manera inmediata en alguna institución especializada, para evitar que siga atacando y para que la víctima se pueda reinsertar nuevamente sin miedo con su grupo de pares. Recordemos que no es seguro que un niño violento modifique su conducta y si lo hace puede llevarle mucho tiempo, durante el cual no podemos exponer a riesgos a los demás”.

   “No se puede minimizar la gravedad del móvil de la conducta violenta al asegurar que "el violento obtiene popularidad o un estatus superior entre su grupo de iguales, y por esta razón lo mantiene" y que "los agresores aprenden y mantienen este tipo de conducta porque les funciona entre su grupo para alcanzar sus objetivos". Si fuera así de sencillo no sería tan grave, pero es mucho más grave que eso, porque la persona violenta disfruta sometiendo, poniendo a los demás bajo su yugo, sin posibilidades de salida ni escapatoria, disfruta también causando daño, dolor y sufrimiento. Es una conducta antisocial en los niños y psicopática en los adultos, de extrema gravedad y muy pocas posibilidades de reversibilidad en los niños, ya que en los adultos no cabe ninguna posibilidad, aunque muchos profesionales nos mientan cuando nos dicen que sí puede modificar su conducta, para justificar sus empleos”.

   Por otra parte, hacen un "Retrato del acosador y de la víctima", ¡Qué barbaridad! No existe un modelo de victimario y mucho menos de víctima. No existe un patrón. Existen tantos tipos de víctimas como fantasías del victimario. El victimario elige a sus víctimas de acuerdo a vivencias muy íntimas que lo marcaron desde que estaba en el vientre materno, desde los rasgos físicos, a la personalidad de su víctima son cuidadosamente elegidos para el ataque. Si una víctima cae en las garras de un violento, es porque reunía las características que el violento buscaba, estas características son únicas y distintas para cada victimario. Desde que la víctima pasa a ser tal, una vez que el victimario la somete y sojuzga, la víctima pasará a tener los mismos comportamientos que caracterizan a todas las víctimas de violencia, que es lo que se conoce como la "indefensión adquirida", un conjunto de signos y síntomas que experimenta una víctima de violencia cuando se encuentra atrapada y sin salida, en las redes de un violento. Una de esas características es la falta de autestima, ya que el violento es lo primero que destruye para poder atrapar a su presa. La baja autoestima es una consecuencia de la violencia, no una condición para que el violento ataque. Eso de que " la falta de autoestima facilita convertirse en víctima, es una falacia. Existen mujeres con una gran personalidad y autoestima, que fueron víctimas de violencia y no pudieron escapar a los abusos de un depredador, hasta que quedaron devastadas psicológicamente, aniquiladas e incluso con trastornos mentales, producto de los abusos. Todos podemos ser víctimas y nadie está libre.

   Los psicólogos dicen estas cosas porque es gratis, dicen barbaridades. No tienen ni idea de lo que es la violencia y mucho menos la violencia escolar. Está de moda la Inteligencia Emocional y buscan hacerla encajar en todo para poder vender sus libros. Lamento decirles que no se aplica en violencia. La violencia es abuso y es un delito, por lo que en la violencia escolar nos enfrentamos a abusadores y delincuentes, por más niños que sean, y en este contexto la Inteligencia Emocional no basta, porque cuando un psicópata elige a un niño como víctima, el mismo no tiene escapatoria sin ayuda de las autoridades, los padres, la policía y el sistema judicial. El circo de la mediación (otra estrategia de moda que no se puede aplicar en violencia) es una victimización secundaria y expone a mayores riesgos a las víctimas.

 Como decía al principio, algunas de las consideraciones expuestas no están totalmente exentas de razón, pero el tufo que desprende el texto, en su conjunto, es nauseabundo, más propio de un panegírico totalitario y represor. No nos olvidemos que estamos hablando de personas en formación, que no han alcanzado la mayoría de edad y por lo tanto no se les puede criminalizar sin darles ninguna oportunidad. Sólo le falta decir como corolario: “AL PAREDÓN CON LOS ACOSADORES ESCOLARES”.  

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