martes, 3 de diciembre de 2019

LA MNEMOTECNIA





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LA MNEMOTECNIA


   Apuré de un sorbo mi copa de cerveza negra y adopté la postura de un hombre fatigado, fatigado por una comida opípara y le pregunté a mi contertulio:
-Me llamará usted mañana por la mañana, ¿vale?
-Desde luego. Por cierto: Dígame cuál es su número de teléfono.
-Ha hecho bien en pedírmelo: no viene en ninguna guía. Apúntelo: 34-22.

   Mi “amigo” sonrió con desdén y dijo:
-No hace falta, tengo buena memoria. ¿Qué número me ha dicho?
-34-22.
-34-22…34-22. No es difícil de memorizar. 34-22.
-No se le olvide, ¿eh?
-¡Qué se me va a olvidar! Es muy fácil: 44-22.
-44, no: ¡34!
-¡Ah, sí! 34 y 22: la primera mitad es 13 más que la segunda, y como no soy supersticioso, el 13 es mi número de la suerte…
-¡No hombre! 34 menos 22 es 12, cabalístico, no 13.
-¡Tiene usted razón! La primera mitad equivale a la segunda más 13, menos 1. ¡Es muy sencillo!
-Sí; pero con esa sencillez –objeté, -hay un defecto. De acuerdo a ese sistema, usted puede creerse que el número de mi teléfono es, por ejemplo, el 24-12.
-¿Por qué?
-Porque si a la segunda mitad le suma 13 y le resta 1 obtiene usted la primera mitad.
-¡Diantre, es verdad! Espere…¿Qué número dice usted que es?
-El 34-22
-Muy bien. Por de pronto, hay que grabar bien en la memoria la segunda mitad y servirse de ella como punto de partida. La segunda mitad es 12, ¿no?
-¡22!
-¡Ah, sí, 22! Se trata de grabarla bien en la memoria. Pero ¿cómo?

   Mi amigo se sumió en una profunda meditación.
-22 es el número total de dedos contando los de las manos y los de los pies, más 2. Este sumando es el que no sé cómo recordar.
-Es muy sencillo- dije-. -2 es el segundo dígito de la segunda mitad.
- Si, pero también es el primer dígito de la segunda mitad. Y surge un nuevo problema; el recordar si el dígito que hay que recordar es el primero o el segundo de la segunda mitad.

   Yo también me sumergí en una profunda meditación mnemotécnica y no tardé en encontrar una solución, que me apresuré a proponerle a mi amigo: -Apuntar el 2 en el listín telefónico.
-¡Hombre, para eso apuntaría el número entero! No merece la pena. Lo importante es recordar la segunda mitad, el 22…Verá usted, verá usted…Supongamos que tengo un billete de 21 marcos y un marco de plata.
-Eso es muy complicado! Lo mejor sería… ¿Cuántos años tiene usted?
-treinta y cuatro.
-¿treinta y cuatro? ¡Muy bien! 22 es el número de sus años menos 12. ¡Eureka!
-¡Qué eureka ni qué niño muerto! Surge otra vez el 12, que no hay modo de recordarlo.
-Alguno habrá. Por ejemplo…, los diez dedos de las dos manos más 2 marcos… ¡Me armaría un lío! Hay que idear algo más sencillo.
-Invéntelo usted- conteste herido en mi amor propio.
-Bueno; déjeme pensar un poco…

   Mi amigo frunció el ceño y se atenazó la barbilla con el pulgar y el índice de la mano derecha como un hombre de Estado que trata de resolver una grave crisis internacional.
-¿Cuál ha dicho que es el número de su teléfono?- preguntó tras un largo silencio.
-El 34-22.
-Muy bien. Mi padre murió a los cincuenta y siete años, y mi hermana a los veintiuno. De modo que la primera mitad del número de su teléfono es la edad de mi difunto padre al morir menos 23…, y la de mi hermana al exhalar el último suspiro, más…
-Deje usted en paz a los muertos. Se puede proceder de una manera más sencilla. Los dos primeros dígitos de mi número de teléfono son 34, y los de la segunda cifra 22. Tres y cuatro suman siete; dos y dos suman cuatro.
-Bien, ¿y qué?
-7 y 4 suman 11. El 1 y el 1 de 11 suman 2.
-No sé adónde va usted a parar.
   La mirada grave que acompañó a sus palabras me turbó un poco.
-Dos- proseguí, -no lo olvide usted, 2…; es decir, 1 y 1, o si le parece a usted mejor, 3 menos 1.
-¿Y qué?
-No me mire usted de ese modo…Me azora, me enerva. Si no le gusta a usted este procedimiento, invente otro más ingenioso.
-Verá usted, verá usted…¿en qué año estalló la guerra de Crimea?
-En 1854.
-Muy bien, 54 es la primera mitad de su teléfono más 20. ¿Cuánto duró la guerra de los Treinta Años?
-Si mal no recuerdo, treinta.
-Muy bien. 30 menos 8, 22: es decir, la segunda mitad del número que nos ocupa. El 8 es lo que no sé cómo recordar…
-Es muy sencillo. Los dedos de una mano más los de un pie…
-¡Sí, son diez! Le sigo.
-Los dedos de una mano más los de un pie, tras la amputación de los dos que juzgue usted menos necesarios, son 8.
-¡Ah, se lo toma usted a broma!...Cuatro…, cuatro…¡Las cuatro paredes del mundo! Ya está todo arreglado: La guerra de Crimea menos 20 y la guerra de los Treinta Años menos el doble de las cuatro paredes del mundo. ¡No puede ser más sencillo!

   Tres días después me encontré al mnemonista en el teatro.
-¿Por qué no me telefoneó usted anteayer?- le pregunté con sorna. –Me pasé todo el día en casa esperando.
-¡Hombre, tiene gracia!- contestó de muy mal talante. –¡Soy yo el descalabrado y usted se pone la venda!
-¿Qué es usted el descalabrado?
-¡Claro! ¡Se burló usted de mí! En vez de decirme el número de su teléfono, me dijo usted el número de su querida.
-¿…?
-No se haga el sorprendido, no. Llamé, pedí comunicación con el número 34-2, y cuando pregunté por usted me contestó, furiosa, una voz masculina: “¡Váyase usted al diablo! Y dígale a Petrus Reinke que, si vuelve a poner los pies en esta casa y no rompe sus relaciones criminales con mi mujer, le mato como a un perro”.

   El mnemonista me lanzó una mirada severa y añadió:
-Cuando se tienen relaciones amorosas con mujeres casadas hay que ser más prudente.
-¡Guárdese sus consejos- grité, -y usted explíqueme por qué razón pidió comunicación con el número 34-2, siendo el 34-22 el de mi teléfono!
-¿El 34-22? ¿Fue ese el número que me dijo usted?
-Sí; ¡El 34-22!, ¡¡el 34-22!!, ¡¡¡el 34-22!!!
-No puede ser!
-¿Cómo que no puede ser?
-Lo grabé muy bien en mi memoria…La Guerra de Crimea (1854) menos 20…
-¿Y qué más?
-La Guerra de los Siete Años…
-¡De los Treinta Años!
-¿De los Treinta?...¡Ahora me lo explico todo! En vez de restar de 30 el doble de las cinco partes del mundo, resté a 7 las 5 partes del mundo.
-¿Las cinco partes del mundo? ¿No habíamos quedado en que eran las cuatro paredes del mundo?...Cuando se es tan desmemoriado se deben apuntar las cosas. Con su dichosa mnemotecnia me ha fastidiado usted.
-¿Yo?
-¡Claro! Por culpa de usted no podré volver a presentarme en la casa del teléfono 34-2.

   En vez de lamentar su equivocación, mi amigo me dijo, mirándome con ojos catonianos:
-No sabía que era usted tan tenorio…En la primera casa con que se pone uno en comunicación telefónica se le descubre una querida. Aplicando la teoría de las probabilidades, y teniendo en cuenta que en la capital hay cerca de sesenta mil teléfonos…
-Muchos de esos teléfonos- repliqué modestamente, -pertenecen a bancos, a oficinas, a casas de comercio.
-En todos esos sitios hay empleados, y los amoríos son más fáciles en los establecimientos bancarios y comerciales que en el hogar doméstico.

  La observación era atinadísima y, no encontrando ningún argumento de fuerza contra ella, callé.

(P.RYPFF)


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