martes, 10 de diciembre de 2019

IMPÁVIDO PERO INCÓLUME




Michelle Pfeiffer as Madame de Tourvel, "Dangerous Liaisons" (1988)
LAS AMISTADES PELIGROSAS
                                      

¡Alcánzame! la certidumbre de mi amor
no es boda ceremonial;
es emoción continua ante tu celestial presencia,
ante tus ojos posados en mis formas que te reclaman.

Me fío de tus olores, de tus ojos de colores
y de tus manos al calor de mis sabores.
Seremos vida en nosotros cada día
y seremos luz a nuestros ojos,
frente al canto y los gemidos.

¡Avisadme de vuestra alegría!
Amigos, enamoraos sin miedo,
que el tiempo premiará vuestro amor
y mi felicidad será vuelo
ante vuestro gentil gesto seguro!




Gélido y rígido, duro cual desastre repetido.
Mundo impávido rodeando mi vida ansiosa de querer,
¡rescátame, oh inteligencia de vida trabajada!
Soy un superviviente y lo seré,
aún asido a un hilo grabado con la palabra libertad;
ella me llevará a sus cantos brillantes
guiará mis pasos por la vida.
Soy libre y feliz y estoy ansioso por vivir
 con la escoba de las brujas a mi vera
 y la luz de un Dios que seguro susurra mi camino.
¡Adiós amigo serás la vida,
camino y rueda en autopistas plagadas de horizontes!



Triste final el que el odio recoge.
La humildad se fabrica en la inteligencia,
el orgullo la vuelve vacía, como el egoísmo y sus precipicios. Somos lo que marcamos,
los demás sienten nuestros signos,
sus sonrisas harán más brillantes nuestros pasos.
Alegría en los rostros provocada, vida es a nosotros regalada.

Gracias, Calvin Chestnut.

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Amistades peligrosas


    Lorena y Eva eran amigas desde la infancia, compartían juegos, confidencias, risas y aventuras, a pesar de los problemas de salud de Eva, que sufría una enfermedad en la vista que le impedía exponerse al contacto directo con luces intensas. Por ello, todos los juegos entre las pequeñas eran dentro de la casa o en horas nocturnas.

   Los padres de Lorena no estaban muy convencidos de la amistad entre las pequeñas, aunque no se oponían, consideraban que su hija debía conocer a otras personas y jugar en alguna ocasión en espacios abiertos que le permitieran exponerse a los beneficiosos rayos solares.

   Eva sentía algo de resentimiento por la opinión de los padres de Lorena, la pequeña no quería que la separaran de su única amiga.

  Los años pasaron y el carácter de Eva se hacía cada vez más dominante y posesivo. Lorena empezaba a preparar la selectividad y tenía nuevos amigos, hecho que Eva no veía con buenos ojos. Las jóvenes amigas decidieron concertar una cita para hacer dulces navideños, con ayuda de la madre de Lorena, experta repostera. Lorena y su madre no aparecieron esa tarde y Eva se sintió humillada y llevada por la desesperación, la rabia y la frustración, fue entonces cuando empezó a maquinar un plan de venganza. Sus rasgos patológicos de personalidad, en parte paranoides, en parte de inestabilidad emocional y especialmente psicopáticos, no exentos de una puerilidad “aplastante”, le hacían pasar del amor al odio en pocos minutos.

   Pasadas las horas, Lorena llamó a Eva y se disculpó, le dijo que algo había surgido con sus amigos y no pudo asistir a su casa, Eva ya había terminado de idear su maléfico plan de venganza, así que le respondió de inmediato cuándo podrían verse.

   -Mañana por la tarde estaré en tu casa con mi madre para hacer los dulces navideños– comentó segura Lorena, sin saber lo que le esperaría.

  Esa tarde Lorena llevó todo lo necesario para pasar una tarde diferente con su amiga, sin embargo, al llegar a la casa notó que todo estaba totalmente a oscuras y nadie respondía a sus llamadas en voz alta. Cuando se dio la vuelta para salir, la cerradura no le permitía hacerlo y sintió cómo la cogían por la espalda, al girarse, vio a Eva con un rostro que reflejaba la furia que había acumulado. La madre de Lorena tardaba en llegar, había ido a estacionar el coche y no resultaba fácil encontrar aparcamiento en la zona.

  Trató de huir, pero fue inútil, Eva enterró en los ojos de Lorena sendos alfileres que hicieron que la chica perdiese la visión súbitamente. Acto seguido, entre los gritos de Lorena, Eva le susurró al oído: -Quiero que entiendas mi realidad, así nunca más me dejarás sola.


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