miércoles, 18 de diciembre de 2019

AMOR-ODIO (II)



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El siguiente texto está extraído de la magnífica conferencia de mi admirado profesor y amigo F. Martínez Pardo, titulada "LA MANIPULACION GLOBAL: LA IDEOLOGIA DEL MIEDO, EL ODIO Y LOS FANATISMOS"


   A menudo hemos creído o nos han hecho creer que la Tierra estaba hecha a medida del hombre y que su historia coincidía con la de la humanidad, pero ahora sabemos que la Tierra tiene miles de millones de años y la historia del ser humano es sólo de 200.000 años, apenas un segundo de ese inmenso período cósmico. Nos creemos el ombligo del mundo, pero en la Tierra somos unos invitados de última hora y estamos aquí gracias a un afortunado accidente. Hemos sido artífices de grandes adelantos tecnológicos y nos creemos los mejores: nuestra raza, nuestro país, nuestra región o nuestro pueblo, y ahí comienza la triste historia del racismo, de la xenofobia y de los genocidios.

   Nuestro cerebro que tiene capacidades excelentes como la aptitud para hablar, el talento musical y el matemático, tiene también sentimientos que influyen poderosamente en el funcionamiento del mismo y que son básicos a la hora de tomar decisiones.

  Si hay un aspecto fundamental para la Salud Mental que ha estado totalmente descuidado, ha sido la educación sentimental: educar los sentimientos, controlar nuestras emociones y gestionarlas de manera correcta haciendo frente a la adversidad, a los fracasos, a saber relacionarnos con los demás, eso lo hemos ido aprendiendo aquí y allá por pura empiria y algún consejo de padres, profesores y amigos. Los grandes enfados, los ataques de cólera, que en otros tiempos cumplían la función de garantizar la supervivencia, pueden crearnos problemas.

   Hay dos sentimientos, emociones o pasiones con las que nos manipulan a menudo gobiernos y mercados económicos: el odio y al miedo. Ambas emociones solemos gestionarlas mal y de eso se aprovechan otros.

   Los centenares de miles de alemanes que cometieron atrocidades en el Holocausto judío no lo hicieron solamente porque obedecían órdenes de sus autoridades: la obediencia sólo no explicaría estas aberraciones, que sólo se entienden por la siembra de odio que el nazismo ideó para que alemanes corrientes vieran a los judíos como monstruos criminales y odiosos y se convirtieran en “verdugos serviciales de Hitler”.

   Cuando una élite de poder quiere destruir a un país, una raza, una etnia, recurre a sus expertos para diseñar un Programa de odio. ¿Qué hace falta para que los ciudadanos de una sociedad acaben odiando a ciudadanos de otra hasta el punto de querer aniquilarlos? Hace falta una Imaginación hostil, una construcción psicológica implantada en las profundidades de la mente mediante una propaganda que transforme a los otros en “el enemigo”. Esta imagen del enemigo es la motivación más poderosa del soldado, la que carga su fusil con una munición hecha de odio y de miedo.

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   Detrás de cualquier acto colectivo criminal, explicable por intereses de codicia de dinero y de poder, hay una inoculación programada de odio y de miedo a un enemigo. Ya lo había advertido Maquiavelo en El Príncipe: “Pues sabido es que los hombres sólo agreden por miedo o por odio”.

   La imagen de un enemigo aterrador que amenaza nuestro bienestar personal y la seguridad nacional, da a las madres y a los padres el valor para enviar a sus hijos a la guerra, y habilita a los gobiernos para declararla presionados por unos lobbys financieros ávidos de poder y dinero.

   Todo esto se hace con palabras e imágenes. El proceso se inicia creando una imagen estereotipada y deshumanizada del otro, que nos presenta a ese otro como un ser despreciable y todopoderoso pero diabólico, como un monstruo que representa una amenaza real contra nuestras vidas, nuestras creencias, nuestro bienestar, nuestros más preciados bienes.

   Cuando se ha conseguido que el miedo cale en la opinión pública se dice que el peligro es inminente, que la amenaza es enorme, y eso hace que el pacífico actúe como un guerrero, que el razonable actúe de una forma irracional y que el indeciso actúe con una obediencia ciega.

  La difusión de esos enemigos en imágenes visuales, en titulares de periódicos, en portadas de revistas, en la televisión, el cine, en internet; hace que esa imagen se fije en los recovecos de nuestro cerebro primitivo, en el sistema límbico, donde residen las potentes emociones del miedo y del odio.

   Los políticos y los financieros han utilizado con frecuencia el miedo para unificar y enardecer o aterrorizar a una nación. El miedo y el odio son rápidos cementos. Las conspiraciones, las amenazas, aunque sean ficticias, los enemigos peligrosos unen mucho y cuando un país siente miedo está dispuesto a cambiar libertades y bienestar por seguridad. Uno de los pilares básicos del fascismo es el miedo. Que el enemigo tenga armas de destrucción masiva, que en cualquier momento pueda utilizar contra nosotros, justifica una invasión, una guerra que en realidad tiene otras motivaciones. Los códigos penales, las penas de muerte pretenden evitar que la gente delinca metiéndole el miedo en el cuerpo con el castigo.

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A continuación, voy a exponer la explicación que la Neurociencia da a otros refranes:

Contar hasta diez
Contar hasta diez cuando estamos enfadados da tiempo a que la parte más evolucionada del cerebro tome las riendas.

  Diez segundos. Ese es, aproximadamente, el tiempo que tarda una información en pasar desde nuestro cerebro emocional, más primitivo, al racional, la corteza cerebral, más evolucionada. Este tiempo marca la diferencia entre actuar impulsivamente o de forma más meditada, es decir, literalmente, “pensándolo dos veces”.

   Contar hasta diez antes de responder a algo que consideramos una gran afrenta o amenaza, es un útil consejo que en muchas ocasiones conviene seguir, en muchas ocasiones. Sin embargo, las respuestas impulsivas se han conservado porque nos ayudan a evitar males mayores.

   Un ejemplo, imaginemos que paseando por el campo nos parece ver una serpiente, uno de los estímulos en el “top ten” de los que más miedo despiertan. Esta información visual llega rápidamente a una estructura situada en el centro de nuestro cerebro llamada tálamo. Es algo así como el "recepcionista" del cerebro, y por aquí pasa toda la información que recibimos del exterior procedente de nuestros sentidos, a excepción del olfato.

   Desde el tálamo, la información percibida sigue dos rutas. Un camino rápido que la lleva a otra estructura cerebral, la amígdala, implicada en emociones como el miedo, que emite una respuesta inmediata, instintiva. Esta vía rápida nos prepara para la “lucha o huida”, pero a cambio es menos precisa, porque el tálamo transmite una información muy burda: “detectado objeto curvo y delgado”.

   Con estos datos, la amígdala emite una respuesta ancestral de huida muy útil en situaciones de emergencia cuando no hay tiempo para “pensar” mucho. "Podría ser una serpiente". Está en juego la supervivencia y el objetivo es ponerse a salvo.

  Además de tomar esta “salida de emergencia”, de forma paralela, la información que ha llegado al tálamo sigue un segundo camino, algo más lento, pero más meditado. Su destino ahora es la corteza cerebral, encargada de emitir respuestas más elaboradas. La diferencia es que ahora se emplea más tiempo para procesar lo que hemos visto y obtenemos una imagen más nítida. La corteza visual nos aclara que eso que nos ha sobresaltado no es más que una cuerda enroscada: "Falsa alarma".

    Pero si hubiera sido una serpiente venenosa, es la primera respuesta la que nos habría salvado la vida. En cierto modo, nuestro sistema nervioso actúa con “coeficientes de seguridad”, que garantizan la supervivencia.

   En casos como este, está claro que contar hasta diez no es lo más adecuado. Lo “saludable” es dar un salto sin pensárselo dos veces. Pero por lo general, no solemos encontrarnos con muchas serpientes en nuestro día a día.

Amenazas psicológicas

   Sin embargo, hay otras amenazas de tipo psicológico, que ponen en marcha rutas parecidas que desembocan en una respuesta de lucha o huida, igual que una amenaza física. Por ejemplo, la valoración de nuestro trabajo por parte de nuestro jefe, o en el ámbito familiar, la respuesta a una crítica.

   Aquí sí que conviene respirar hondo y contar hasta diez. El motivo es que, el aprendizaje emocional, la forma en la que respondemos en situaciones que consideramos amenazantes, aunque sean psicológicas, depende de rutas que no pasan por la corteza cerebral, como explica Joseph Ledoux en “El cerebro emocional”.

   Y la corteza cerebral, también denominada neocórtex, es la estructura responsable del pensamiento, el razonamiento y la consciencia. Por eso, en estos casos, antes que contestar impulsivamente (vía amígdala), es preferible contar hasta diez y dar tiempo a que el lóbulo frontal tome las riendas y elabore una respuesta más meditada.


El roce hace el cariño
La oxitocina es la responsable de los lazos afectivos

   El roce hace el cariño, asegura el refranero y ahora la neurociencia, lo demuestra. Y lo consigue a través de una hormona denominada oxitocina, conocida con múltiples nombres, de los que quizá el más popular sea el de "hormona del amor". Sin embargo, su espectro de acción es mucho más amplio. Esta primitiva proteína está compuesta sólo por nueve aminoácidos y empezó su “carrera” en la evolución encargándose de cuestiones muy básicas, como mantener el balance adecuado de sal y agua.

   Poco a poco fue ascendiendo, ampliando su influencia a las conductas maternales (vínculofiliales) y reproductoras. La preocupación que despertaba por la prole  se extendió en círculos concéntricos cada vez más amplios: parejas, familia u otros miembros de la tribu.

   Y es que esta hormona vinculada con el apego materno filial, promueve también el contacto social, las preferencias de pareja y el apego posterior. Se libera con las caricias y produce sensación de seguridad, bienestar y reduce el estrés.

   Aunque es más conocida por aumentar la contracción muscular durante el parto, también tiene un papel muy importante en las conductas sexuales y reproductivas y se libera durante el orgasmo.


El amor es ciego
El amor disminuye las críticas hacia la pareja, que nos parece siempre ideal. El tiempo acaba con esa sesgada visión

   En tan solo medio segundo nuestro cerebro puede vincularnos a otra persona, es el conocido flechazo, y liberar al torrente sanguíneo sustancias que afectan a todo el organismo: adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina y vasopresina. Un cóctel químico que hará que nuestro corazón vaya más rápido (adrenalina) al pensar en la persona amada, nos centremos en ella (dopamina) y ocupe nuestros pensamientos (serotonina) en la tormenta emocional que llamamos enamoramiento.

    Pero eso no es todo. La dopamina es la responsable de que durante esta fase sólo tengamos ojos para nuestra pareja. Su liberación en el núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema de recompensa del cerebro, estrecha los lazos entre la pareja y limita el interés por otras personas. Además, reduce el sentido crítico.

   Algunos estudios muestran que cuando nos enamoramos perdemos la capacidad de criticar a nuestra pareja. Esto significa que literalmente somos incapaces de ver sus defectos, lo que viene a confirmar aquel refrán que asegura que "el amor es ciego".

   Esto sucede tanto en el amor romántico como en el maternal ("amor de madre"). En ambos tipos de amor se "desactiva" la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de la persona objeto de nuestra amorosa atención.


Del amor al odio solo hay un paso
Amor y odio comparten estructuras cerebrales. Es la situación, la que inclina la balanza a uno u otro lado

   Hay una situación en la que nos volvemos mucho más críticos: cuando la persona a la que amamos deja de merecer ese sentimiento. Casi automáticamente empezamos a encontrar defectos que antes no veíamos. Es una defensa psicológica de nuestro cerebro que trata de reducir el desacuerdo entre nuestros sentimientos y la realidad. A esa discrepancia los psicólogos la llaman "disonancia cognitiva". Y para sentirnos bien hemos de reducirla: ya que no podemos cambiar la realidad, cambiamos la forma de pensar sobre ella. Y los defectos afloran...

   Del amor al odio sólo hay un paso, no sólo en el refranero, también en el cerebro. Ambos sentimientos comparten estructuras, según un estudio llevado a cabo en 2008 por Semir Zeki: el núcleo caudado, que forma parte del sistema de recompensa del cerebro y la ínsula, donde tiene lugar la integración emocional y multisensorial. Para sopresa de Zeki y su equipo, vieron que el odio se origina de forma irracional en las mismas áreas donde nace la pasión amorosa y activa algunas regiones del cerebro comunes al enamoramiento.

   Pero a diferencia de lo que ocurre con el amor, que inhibe gran parte de la corteza cerebral, donde se procesan las ideas racionales, en el odio estas regiones están activas. Es más, algunas de las regiones corticales están hiperactivadas, posiblemente para calcular o procesar mejor las acciones destinadas a dañar a la persona que se odia, afirma Semir Zeki.

   Y es que, este pernicioso sentimiento se procesa de manera "racional" en otras áreas en las que se planifican las conductas de agresión y se evalúan las reacciones de los demás. La venganza es un plato que se sirve frío, advierte el refranero.
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Frases de odio y rabia

   Algunas son citas de odio hacia el mundo, otras hacia enemigos o personas concretas. Sin duda, todas estas frases de desprecio tienen como objetivo demostrar cómo nos sentimos en momentos en los que las emociones nos desbordan.
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  • -  Cuando vuelva a tu mente, acuérdate de que me traicionaste, me defraudaste y ni se te ocurra buscarme.
  • -        El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor.
  • -       Te odio con el odio de la ilusión marchita.
  • -       No te guardo rencor, porque ni siquiera te mereces eso.
  • -      Mi pasado contigo fue bonito, pero mi futuro sin ti será mucho mejor.
  • -       ¿La mejor venganza? Que te ignoren.
  • -      Dicen que todas las personas somos valiosas, pero tú no eres más que un animal.
  • -    Las heridas que te causa quien te quiere son preferibles a los besos engañadores de quien te odia.
  • -       Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia.
  • -       No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor.
  • -   ¿Por qué la mente humana solo se preocupa por aquello que tanto daño le ha hecho?
  • -     Me das repulsión, me provocas rencor, no me gustas nada, te quiero lejos de mi vida.
  • -      Dicen que el que calla otorga, pero es que a mí no me apetece hablar con un imbécil como tú.
  • -       No eres para tanto, ni yo para tan poco.
  • -        Me encantaría verte, en tu funeral.
  • -        Me encantaría verte, en tu funeral.
  • -        Pasión más viva que la amistad es el odio.
  • -   Más se unen las personas para compartir un mismo odio que un mismo amor.
  • -       Se ve que lo que se lleva es la hipocresía, y tú eres de los que van a la moda.
  • -       Ayer creí verte en mi casa, pero al tirar de la cisterna desapareciste.
  • -       Te odio con el odio de la ilusión que tú has marchitado.
  • -       El odio es una forma de matar la nobleza del corazón.
  • -       El odio no da tanta satisfacción como la venganza.
  • -     Tengo muchas dudas sobre todo lo que ha pasado, pero la principal es saber qué es más pequeño, tu corazón o tu cerebro.
  • -   Nunca te odiaré por tu personalidad, no pretendo cambiarte. Te odiaré por cómo me trataste.
  • -    Odiamos a una persona cuando no hemos aprendido a olvidar, cuando no sabemos dejar de sufrir.
  • -         El odio más profundo es el que nadie conoce, el que está oculto en tu corazón.
  • -        Sabía que el ser humano tiene un lado oscuro, pero tú eres como un agujero negro. 
  • -    Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.
  • -    Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.
  • -       Si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin mayor fundamento.
  • -         El odio es la venganza de un cobarde intimidado.
  • -         No te odio por cómo eres sino por cómo me tratas.
  • -      Que una persona odie a otra es suficiente para que este sentimiento se adueñe de toda la humanidad.
  • -         Odiar a alguien es sentir irritación por su simple existencia.
  • -       Cuando nuestro odio es demasiado vivo, nos coloca por debajo de lo que odiamos.
  • -         El odio engaña, el miedo distorsiona, y el amor ciega.
  • -         No eres lo suficiente guapo para ser tan estúpido.
  • -         El día que te mueras lo declararán fiesta nacional.
  • -         Te daría la razón, pero entonces estaríamos equivocados los dos.
  • -        Si te dejé en mi pasado es porque mi futuro te queda grande.
  • -  Ahora sé que tu boca es un mar de mentiras y no pienso volver a ahogarme.

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