sábado, 16 de noviembre de 2019

TEORÍA DEL CAOS (Parte II)



11. Hipersensibilidad a la influencia externa

  Retornemos brevemente a nuestro esquema. Cuando un proceso evoluciona caóticamente como en el tramo BC, se torna cada vez más hipersensible a las influencias del entorno (energía, información, etc), y como consecuencia de ello evolucionará hacia D. En cambio, para que el sistema evolucione hacia A no se precisa esa influencia externa: un gas con sectores más calientes y otros menos calientes, es decir un gas en estado de desequilibrio, evolucionará espontáneamente hacia una distribución homogénea del calor hasta llegar al estado de equilibrio A, sin que para ello haya debido sufrir la influencia de algún agente externo.

  No ocurre lo mismo con los sistemas abiertos. Mientras estos evolucionan caóticamente, las influencias externas acentúan ese caos hasta un punto culminante, llamado punto de bifurcación, donde el sistema deberá optar por retornar al equilibrio, o reorganizarse en una estructura y un equilibrio superiores. Si Prigogine tiene razón al respecto, señalaba Toffler, entonces debería ocurrir que la propaganda extranjera o una alteración en las tasas cambiarias mundiales (influencias externas) deberían producir un impacto interno mucho mayor en una sociedad inestable o desequilibrada que en otra en equilibrio. Por lo demás, como esas pequeñas entradas pueden causar grandes efectos, no debería sorprendernos que una influencia insignificante provoque una reacción enorme en esa sociedad.

   También debería ocurrir que, al generar esa influencia más inestabilidad aún, la sociedad termine a la larga por reestructurarse ingresando en un nuevo ordenamiento (tal vez, con la posibilidad de acceder al Primer Mundo). A nivel  psicológico también ocurre esto: una persona inestable es más hipersensible a las críticas que otra más equilibrada.

   En diciembre de 1994, hubo en  Argentina un ejemplo palpable. El país sufrió una importante influencia externa: la crisis económica de México. Argentina acusó recibo de esa influencia, causó un impacto interno muy importante, lo que puede hacernos pensar que se trata de un país altamente inestable, por ser precisamente tan hipersensible a la influencia foránea. Estados Unidos, un país estable, no sufrió tanto la conmoción mexicana como Argentina, aun cuando tomó debida cuenta de ella.


12. El planteamiento epistemológico de Prigogine

  Los intereses de Prigogine no están puestos solamente en la investigación de la realidad material, sino que también ha intentado una reflexión sobre la ciencia misma.

   Las grandes teorías, dice el pensador, surgen indudablemente debido a la inspiración de un genio, pero esto no es lo único ni lo más importante: ciertas teorías aparecen en ciertas épocas y determinados lugares no tanto por diferencias de inteligencia del sabio con las demás personas, sino por haber diferentes condiciones históricas o culturales. Así, por ejemplo, si un pueblo cree en un ser que creó el mundo y determina su futuro, las teorías propondrán leyes deterministas, y sobre esa base el sabio construirá su teoría.

   No obstante, las teorías así creadas no tienen una duración eterna. Hasta las teorías científicas más “definitivas”, como las de Copérnico, Newton o Einstein, terminan siendo refutadas, con lo cual la verdad científica es sólo parcial. Por ejemplo, la teoría de Newton mostró su incompetencia al nivel de los objetos “ligeros” del mundo subatómico, y la mecánica cuántica vino a llenar el vacío de explicación.

   El progreso científico, para Prigogine, depende más bien de la colaboración entre las ciencias que estudian la naturaleza y las ciencias del hombre. A pesar de ser tan diferentes en otros aspectos, Thom y Prigogine coinciden en algo: se oponen a la fragmentación del conocimiento, y dicen que las ciencias exactas y las humanas están condenadas a progresar juntas, o bien a perecer juntas. Para Prigogine, la clásica ruptura entre ambos grupos de disciplinas obedece a que las ciencias humanas relatan acontecimientos y las exactas buscan leyes eternas, pero con la nueva ciencia del caos, esta oposición desaparece porque los fenómenos físicos también tienen historia, y por ende no obedecen a leyes inmutables. Y podríamos agregar: la oposición también se diluye cuando advertimos que se puede analizar el fenómeno humano desde el punto de vista de la termodinámica irreversible, es decir, entendiéndolo como uno de los sistemas alejados del equilibrio que hace casi dos décadas le dieran a Prigogine la oportunidad de recibir el Premio Nobel.

13. Caos y determinismo en psicología

   Hemos dicho que la teoría del caos, a pesar de su denominación, no concibe la realidad como puro azar, sino como una mezcla de azar y determinismo, de manera que tiene algunos aspectos predecibles y otros no. En todo caso, debido a la incidencia del azar, las predicciones que se hagan sobre futuros acontecimientos sólo pueden ser probabilísticas.

   Buena parte de las teorías psicológicas, y entre ellas, el psicoanálisis, tomaron como base las teorías puramente deterministas. Aquí vamos a examinar cómo es posible encarar el comportamiento humano, o cómo es posible explicar el funcionamiento del psiquismo, sobre la base del nuevo marco teórico que nos ha suministrado en este siglo la teoría del caos. Intentaremos comprender, en una palabra, como es posible concebir lo psíquico como una mezcla de azar y determinismo.

  Los procesos de la realidad (incluida la realidad psíquica) son circulares, es decir, forman “bucles” o circuitos cerrados de retroalimentación. Para explicarlos se puede entonces comenzar desde cualquier punto del proceso, supongamos A. Se parte de un estado de equilibrio: este estado se rompe porque el sistema recibe alguna influencia externa bajo la forma de energía o información, con lo cual pasa a un estado de desequilibrio. La experiencia revela que este estado de desequilibrio no puede sostenerse por mucho tiempo, y que pronto intentará un reequilibramiento, que puede seguir dos rutas alternativas a partir de un punto de bifurcación: o bien retorna al equilibrio original (de C pasa a A), o bien procura pasar a un equilibrio superior, más complejo y más sofisticado, denominado por Prigogine estructura disipativa (pasaje de C a D).

   La primera posibilidad se lleva a cabo mediante un mecanismo de retroalimentación negativa, compensador o neutralizador de las desviaciones, y por ello el sistema vuelve a su estado inicial. La segunda posibilidad tiene lugar mediante un mecanismo de retroalimentación positiva, amplificador de las desviaciones y por ello el sistema es conducido a una situación tal que se desestructura y se reconfigura en una nueva estructura, distinta de la anterior y, como dijimos, más compleja.

   Mientras la primera posibilidad nos sugiere un proceso reversible (pues vuelve al mismo punto de partida), la segunda nos sugiere un proceso irreversible, desde que no implica volver al punto de partida sino continuar para adelante a través de la construcción de más y más estructuras cada vez de mayor complejidad, impredecibles todas ellas. Examinemos como pueden verse en el campo de los fenómenos psíquicos ambas posibilidades.

   a) Retorno al equilibrio original. - Si en algún lugar está tan bien retratado este mecanismo de retorno al equilibrio original, es en la ortodoxia de la metapsicología freudiana, cuando, inspirado en Fechner, Freud habla del famoso principio de constancia. Se habla allí de una irrupción pulsional (agente desequilibrante) en el aparato psíquico. El equilibrio se rompe, pues hay un excedente de energía, y de acuerdo al principio de constancia, que prescribe mantener todos los parámetros precisamente “constantes, buscará el aparato mental descargar ese excedente de energía para recuperar su nivel original.

    Así es el modelo ideal de funcionamiento psíquico fundado en un mecanismo de retroalimentación negativa: la desviación del nivel de energía producido por la irrupción de la pulsión debe ser neutralizada, y retornar a su medida original. Y aun cuando Freud dice que en la práctica la descarga de la pulsión no se realiza tan libremente debido a ciertas barreras que se opondrán a esa descarga, a pesar de ellas el aparato psíquico buscará salidas sustitutivas (síntomas, sueños, actos fallidos, etc) que reivindiquen el principio de constancia: a pesar de los obstáculos, hay siempre un intento por retornar al original equilibrio.

   El psicoanálisis llega incluso aún más lejos, cuando Freud plantea la eterna lucha entre las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, donde terminan prevaleciendo estas últimas llevando al sujeto a su estado original, que es el estado inorgánico inanimado. El destino del hombre ya no es simplemente neutralizar el excedente de energía pulsional, sino la misma muerte, vale decir, reducir el monto energético a cero, o por lo menos a niveles incompatibles con el sostenimiento de la vida. El hombre pasa a ser, digámoslo de otra forma, un sistema cerrado más, que intenta sustraerse a las influencias externas para mantener a toda costa un equilibrio anterior. Y esto es así porque, como indica Horstein, Freud sólo disponía de una termodinámica de los sistemas cerrados. Los nuevos modelos teóricos mostrarán al hombre, en cambio, como un sistema abierto, cuya tendencia no es al equilibrio sino a desequilibrios que conducirán a nuevos reequilibramientos y a estructuras cada vez más complejas: las que Prigogine denominó, en química, estructuras disipativas.

   Destaquemos, por último, que en el esquema del retorno al equilibrio original no hay lugar para el azar. Todo está allí determinado, y nadie podría equivocarse al predecir que, en última instancia, el comportamiento humano tiene un destino fatal. Si quisiéramos reaccionar contra esta postura, no deberíamos cometer el error de lo que los psicólogos sistémicos llaman la “ilusión de alternativas”, y creer que la única alternativa a un psiquismo determinado es un psiquismo que funciona totalmente al azar. Antes bien, el psicoanálisis podrá avanzar "si combina determinismo y azar, lo algorítmico con lo estocástico, la teoría de las máquinas y la teoría de los juegos".

   La alternativa no es entonces el puro azar, sino la mezcla de azar y determinismo de que habla la teoría del caos, y para ello habremos de remitirnos al segundo circuito de retroalimentación, donde están incluidas las estructuras disipativas.

   b) La génesis de las estructuras disipativas.- ¿Es posible extender la teoría del caos al funcionamiento psíquico? ¿Qué lugar ocupan el azar y las estructuras disipativas de Prigogine en el psiquismo? Examinemos estas cuestiones tomando como ejes de referencia tres importantes orientaciones psicológicas: el psicoanálisis, la psicología genética de Piaget, y la psicología sistémica.



La psicología genética de Piaget

    Si examinamos la evolución de la inteligencia según Piaget, la veremos desarrollarse en términos de desestructuraciones o pérdidas de equilibrio, que conducirán a nuevas reestructuraciones o equilibrios superiores y más sutiles.

   Las estructuras cognoscitivas de Piaget, tales como el grupo práctico de los desplazamientos y, más adelante, los reticulados y otras, pueden ser comprendidas como estructuras disipativas, en la terminología de Prigogine. Las razones para trazar semejante comparación son, por lo menos, las siguientes:

   a) Piaget sostiene que cuando se produce un desequilibrio, el sistema mental existente hasta entonces buscará instrumentar medidas compensatorias que, lejos de retornar al equilibrio original, intenta un nuevo equilibrio mediante la construcción de una nueva estructura sobre la base de la anterior, nueva estructura que resulta evolutivamente más adaptativa. Cada nuevo estadio viene definido por una nueva estructura, es decir representa un salto hacia una nueva estructura disipativa. El retorno al equilibrio original es lo contrario de un proceso evolutivo.

   b) En el periodo de tiempo donde se verifica el desequilibrio, el psiquismo resulta ser altamente sensible a las influencias del entorno. Un niño ocupado en afianzar una nueva estructura y que aún no entró en un nuevo desequilibrio, está en un momento de acomodación, donde cualquier estímulo externo es acomodado a la nueva estructura. Pero en un momento subsiguiente, el nuevo desequilibrio producido obligará al niño a buscar estímulos, se tornará más sensible a lo que ocurre en su entorno para poder generar una nueva estructura disipativa (asimilación). La acomodación es un tiempo de consolidación de estructuras, y la asimilación es un tiempo de búsqueda de estructuras nuevas y más complejas.

   c) Estos nuevos estímulos ambientales suelen ser muy insignificantes y ocurrir por azar, pero producen consecuencias importantes a los efectos de la constitución de la nueva estructura. Un bebé puede tocar por azar, mientras agita incoordinadamente sus manos, una campanilla. Mediante un efecto de realimentación positiva esta influencia crece cada vez más permitiendo la instauración de reacciones circulares secundarias, y éstas a su vez las reacciones terciarias y finalmente ellas conducirán nada menos que a la construcción de la primera estructura cognoscitiva propiamente dicha: el grupo práctico de los desplazamientos.

   En suma, la inteligencia se desarrollaría para Piaget de acuerdo al circuito de retroalimentación BCDB de nuestro esquema, donde cada nuevo agente externo fortuito estimula la génesis de nuevas estructuras disipativas.



frases de Piaget




La teoría del caos en psicología  

   Sabemos que la conducta humana puede presentársenos en diversos grados como caótica y desorganizada. Tal es el caso ostensible del neonato, del demente, del adolescente, pero también del adulto normal que tiene momentos donde planifica actividades -por ejemplo, para un fin de semana- y luego su plan no se cumple, procediendo de una manera errática y pareciendo estar regido únicamente por el principio del placer.

   Frente a estos comportamientos desorganizados, la psicología ha intentado minimizar su importancia (para la teoría, no para la clínica) argumentando que detrás de ellos se esconde un orden regido por las leyes de la conducta (como el conductismo) o las leyes del inconsciente (como el psicoanálisis). Es frecuente la expresión "parece un caos", con lo cual se asimila o se identifica siempre caos con apariencia. La teoría del caos viene a sugerirnos un punto de vista muy diferente: el comportamiento caótico tiene valor en sí mísmo, tiene la misma entidad, el mismo status ontológico que el orden, y nuestra actitud hacia ese caos ya no consistirá en soslayarlo intentando buscar un orden subyacente (verticalidad), sino en intentar verlo como parte de un proceso que proviene de un orden previo y que desemboca en un nuevo orden (horizontalidad). El orden ya no está debajo sino a los costados, la “verdadera” realidad ya no es solamente el orden sino la alternancia orden-desorden, teniendo ambos polos la misma entidad. Se trata, entonces, por emplear un término de la filosofía, de hipostasiar el caos, o sea de elevarlo a la categoría de una instancia constitutiva de lo real - no de lo aparente- y por lo tanto ya no habrá de constituir un punto de partida para llegar a lo real subyacente y explicarlo desde allí, sino instituirlo como instancia explicativa (no explicada) del orden subsiguiente (y no subyacente).

   Este planteamiento viene a oponerse en cierto sentido a nuestra tradición kantiana, según la cual seguimos considerando que somos nosotros desde nuestras “formas de la sensibilidad” y desde nuestras “categorías del entendimiento” quienes organizamos el mundo, cuando en realidad la organización y la desorganización de éste resultan ser independientes de un sujeto cognoscente. Se opone también al clásico principio de la uniformidad de la naturaleza, de tipo laplaceano, según el cual el mundo tiene un orden y, en cualquier caso, el desorden que percibimos no es algo constitutivo de él sino el resultado de una falacia perceptiva. ¡Los sentidos nos engañan! es la exclamación que viene resonando desde aquellos siglos cartesianos.

   La teoría del caos nos habla de una secuencia orden-desorden-orden en la naturaleza. El lenguaje verbal no es la excepción, toda vez que es el resultado de nuestra actividad mental, producto a su vez del cerebro, y producto a su vez de la naturaleza.


El psicoanálisis

 Indica Horstein que actualmente, la idea del psiquismo como un sistema cerrado con una energía constante es un punto de estancamiento en la reflexión psicoanalítica. Según el mismo autor, el inconsciente debe ser considerado más bien como un sistema abierto y como tal, capaz de autorooganizarse, desestructurarse y reestructurarse, lo que es posible si se lo concibe en el contexto de un circuito de retroacción (y más específicamente de retroalimentación positiva, según la terminología que venimos utilizando). "Esta retroacción cuestiona la causalidad lineal y funda la eficacia misma del trabajo analítico revelando una forma de recursividad donde el presente actúa sobre el pasado, el cual, sin embargo, condiciona la significación de lo actual. La retroacción permite pensar el advenimiento de lo nuevo en el interior de lo ya dado".

  ¿Qué significan estas palabras de Horstein? Lo siguiente: según el modelo de la causalidad lineal, la relación causa-efecto es unidireccional: la causa produce el efecto, pero no a la inversa. Lo pasado actúa sobre lo presente, de forma tal que lo que hoy somos, pensamos o sentimos es el producto de nuestras pasadas experiencias infantiles. O, si se quiere, ciertos procesos del pasado determinan inequívocamente el porvenir; pero sin embargo lejos han quedado aquellas épocas en que John Watson proclamaba exultante que podía modelar un niño como el adulto que el psicólogo quisiera. La retroacción viene a mostrarnos que no solamente el pasado influye sobre el presente, sino que también, de alguna manera, el presente influye sobre el pasado: en efecto, en el trabajo analítico es posible “resignificar” el pasado, desestructurarlo para volverlo a estructurar de otra manera, como si estuviéramos desarmando un pullover y, con las mismas hebras de lana, hacer un pullover nuevo. A su vez, un pasado resignificado operaría de otra manera sobre el comportamiento actual, supuestamente en la orientación deseable y produciendo la curación.

   Durante el proceso terapéutico analítico es posible verificar también mecanismos de retroalimentación negativa (bucle ABCA), como los descriptos de resistencia al cambio. Interesa destacar que esta tendencia a volver, a no cambiar es espontánea, y requiere menor cantidad de energía que iniciar el deseable cambio. Podemos pensar que el paciente que se resiste al cambio no puede contar con la suficiente reserva energética porque la que necesitaría para cambiar está siendo consumida en la resolución de un conflicto interno, por ejemplo, en el sostenimiento permanente de una defensa para contrarrestar la persistente e intensa angustia implicada en el riesgo de la liberación pulsional.

   En suma: mientras el sujeto se encuentra desestructurado, está en el punto de bifurcación, donde tiene dos opciones: o intenta volver a la estructura anterior por retroalimentación negativa neutralizando la “desviación” introducida por el analista (resistencias), o intenta reestructurarse mediante retroalimentación positiva. En esa encrucijada es altamente sensible a la influencia del entorno (a la palabra del analista) y cualquier acontecimiento que se produzca por azar entre analista y analizado, por pequeño que sea, podrá producir efectos importantes: una breve intervención interpretativa en este momento tan sensible provocará en el mejor de los casos la formación de una nueva estructura, la instauración de un nuevo orden que podrá eventualmente justificar el alta.

   Horstein declara implícitamente la importancia de ese punto de bifurcación donde el acontecimiento fortuito tendrá una importante repercusión, o no: "¿El acontecimiento azaroso puede hacer surgir nuevas posibilidades de historia, o es sólo un disfraz que forja la compulsión de repetición, apenas un pretexto para el idéntico retorno a lo ya inscripto?".

 Pensar, en síntesis, el proceso terapéutico en términos de un mecanismo de realimentación positiva donde el pasado influye sobre el presente y este sobre el pasado, es volver a una idea original de Freud, pero abortada por la influencia que sobre él ejerció la termodinámica de los sistemas cerrados, a comienzos del siglo XX. Como termina diciendo Horstein "Freud concibió al inconsciente como un sistema abierto, pero lo modeló como un sistema cerrado".

  Una última consideración: en la medida en que reconozcamos la influencia de los acontecimientos aleatorios en el punto de bifurcación, deberemos aceptar que el psiquismo es el producto del determinismo y del azar al mismo tiempo, lo que entre otras cosas explica por qué la conducta del hombre no es predecible con una seguridad del ciento por ciento. Desde ya, cuando hablamos de azar seguimos la idea de Prigogine según la cual el azar no es tanto un invento nuestro para justificar nuestra ignorancia sobre las causas de las cosas, como algo que forma parte de lo real, en forma objetiva. El azar como invención aparece por ejemplo en las explicaciones que dan los mismos pacientes sobre su propia compulsión a la repetición: "¡Qué maldita suerte! ¡Siempre me tocan para casarme mujeres dominantes!" o también "Tengo la suerte en contra: me echan de todos los trabajos que consigo". En estos casos, el azar es una forma de ocultar el determinismo propio de la compulsión a la repetición, y adjudicar las desgracias a factores externos más que a factores internos.



La psicología sistémica

  Probablemente es en el ámbito de la psicología y la psicoterapia sistémica donde más influencia hayan ejercido algunas conceptualizaciones de la teoría del caos, toda vez que ambas comparten un punto de inspiración común: la Teoría General de los Sistemas. Como buenas hermanas de un padre en común, la psicoterapia sistémica y la teoría del caos tienen muchos elementos afines, y no resulta insólito que el proceso terapéutico sistémico pueda ser comprendido de acuerdo al esquema de Prigogine.

   Estos intentos han tenido lugar especialmente a partir de 1980. Desde esa fecha, Fred Abraham y Larry Vandervert, cofundadores de la Society for Chaos Theory in Psychology, han venido trabajando en la aplicación de los conceptos de la teoría del caos al funcionamiento del psiquismo. En la misma orientación se sitúa William McDown, profesor asociado de Psicología Clínica de la Universidad de Hahnemann, quien sostiene que en el psiquismo hay sistemas que parecen comportarse aleatoriamente, pero que encierran un orden oculto que, aunque podamos conocerlo, es igualmente imposible hacer predicciones exactas. Las personas se parecen mucho al clima: tienen comportamientos predictibles, pero también impredecibles, y nunca se pueden descubrir todos los factores que sobre ellas actúan.

   Estas hipótesis fueron confirmadas por otros psicólogos como Butz. Así, por ejemplo, una persona puede encontrarse en un punto de bifurcación, donde debe optar por mantener su equilibrio homeostático original, con lo cual está postergando el caos, o bien enfrentar el caos. El terapeuta debe en estos casos propiciar el caos, acentuar la desestructuración que intenta evitar la persona en cuestión, favorecer la proliferación de circuitos de retroalimentación positiva. Y, al contrario, si la persona ya se encuentra en caos, la labor terapéutica será de contención, y buscará a ayudar a la persona a encontrar un símbolo personal que actúe como guía para organizar una nueva estructura.

   También los cognitivistas y los neurofisiólogos están interesados en el modelo del caos. Investigadores como Paul Rapp, en Pennsylvania, concluyó que, a juzgar por los registros electroencefalográficos y en comparación con el estado de reposo, el cerebro se vuelve más caótico cuando comienza a resolver problemas, lo que a nuestro entender coincide con los resultados de Prigogine para la química y las investigaciones de Piaget para la psicología, en el sentido de que un estado de desequilibrio induce a las personas a buscar información en el entorno para resolver el mismo mediante una nueva estructura cognoscitiva.

   En ese momento, la persona se encuentra altamente sensibilizada a cualquier influencia externa que, aun siendo pequeña, provocará grandes cambios, y el psiquismo funcionará caóticamente hasta el logro del nuevo estado de equilibrio.

   Linda Chamberlain, psicóloga clínica del Colorado Family Center, en Denver  piensa que la teoría del caos ofrece una forma de entender cómo ocurren los cambios durante la terapia familiar. En la bibliografía consultada sobre esta cuestión no hay detalles específicos, pero hay algunos ejemplos tomados de terapeutas sistémicos clásicos que permiten entender sus propuestas desde la teoría del caos.

  El esquema presentado puede muy bien considerarse como una descripción sucinta de los procesos de cambio o de no-cambio que pueden verificarse en el ser humano individual o en las familias, tanto los que ocurren de forma espontánea como los que son inducidos terapéuticamente. Hay dos bucles o circuitos principales: el circuito ABCA es de retroalimentación negativa, y el circuito BCDB es de retroalimentación positiva.

  Mediante cualquiera de ambos circuitos pueden describirse procesos sanos y procesos enfermos, de manera que no siempre un circuito positivo es sano, ni uno negativo enfermo. Además, al estar ambos bucles interconectados en el punto de bifurcación, el proceso puede evolucionar combinando secuencias de retroalimentación negativa y positiva, o viceversa, tal como se ve en terapia familiar sistémica. Watzlawick y su equipo de Palo Alto, California, hablan de dos tipos de cambio verificables en un contexto terapéutico: los cambios-1 y los cambios-2.

   Los cambios-1 (bucle ABCA), no modifican la estructura del sistema ni de su funcionamiento cibernético, y consiguientemente hacen que el problema original persista e incluso se agrave. Los cambios-1 nacen de la misma lógica que generó el problema, y frecuentemente consiste en hacer exactamente lo contrario: si el problema son los atracones de comida de una bulímica, el cambio consistirá en hacer a continuación una dieta estricta y no volver a comer hasta el otro día. De alguna forma es la lógica del sentido común, que prescribe compensar una desviación con una conducta opuesta. Se trata, evidentemente, de un mecanismo de retroalimentación negativa, que busca neutralizar las desviaciones sintomáticas.

  El bucle ABCA es característico de los comportamientos de resistencia al cambio, del que tanto hablan Miller y Rollnick en su "Entrevista Motivacional", ya que, por definición, la retroalimentación negativa busca retornar a una situación original, lo que permite a la bulímica volver a reiniciar su ciclo intempestivo de comidas.

   Los cambios-2 (bucle BCDB), en contraste, afectan los parámetros mismos del sistema, cambian la estructura y recurren a soluciones que contradicen el sentido común. Así, las intervenciones paradójicas en vez de sugerir a la bulímica que haga una dieta estricta, le sugiere que no haga dieta, o que siga comiendo, o que coma solo un poco menos, etc, es decir, se busca amplificar la desviación mediante una retroalimentación positiva. Aunque discutidas, se supone que tales intervenciones pueden producir cambios-2 en cortos periodos de tiempo. La escuela interaccional de Palo Alto plantea que estos cambios, se supone deben ir acompañados de una reestructuración cognitiva: la prescripción paradójica debe ser comunicada a la familia de la paciente bulímica en su propio lenguaje, apelando a su propio modo de conceptualizar la realidad, lo que obviamente exige cierta capacidad de adaptación del terapeuta al punto de vista familiar.

   En la medida en que la familia pueda pasar del cambio-1 al cambio-2, podrá solucionar su problema eficazmente, paso que se ha de verificar en el punto de bifurcación, donde la intervención del terapeuta impedirá que persista el ciclo hacia A, y pueda ser desviado hacia B. Por lo demás, en el punto de bifurcación no siempre encontramos una intervención terapéutica, y aquí van dos ejemplos: 

   a) un acontecimiento como la muerte de un progenitor fuerza al sujeto a elegir entre dos caminos alternativos: -hacia A, en cuyo caso neutralizará la pérdida negándola, y seguirá su vida normalmente sin hacer ningún duelo. Esto implica retrotraerse a la situación anterior a la muerte, para recuperar el equilibrio original; -hacia D, donde el sujeto sufre una desestructuración momentánea -su vida parece caotizarse- pero puede salir de la crisis beneficiosamente reestructurado. 

   b) el segundo ejemplo son las curaciones espontáneas, donde el sujeto (o la familia) evolucionan hacia D sin terapia alguna. Muchas veces esto es asignado al azar, pero en esta asignación suele haber un fuerte componente subjetivo: el terapeuta puede atribuir sus éxitos a sus propias maniobras terapéuticas, y los éxitos de la naturaleza (o los de algún colega), al simple azar.

   La retroalimentación positiva puede ser normal o beneficiosa, por ejemplo, cuando advertimos que la misma actividad del ser vivo facilita el encuentro azaroso con estímulos que lo desestructuren, alcanzando así una estructuración más compleja y más adaptativa. La vida es un continuo reequilibramiento que conduce al cambio, es decir a nuevos desequilibrios, y así sucesivamente, y en este trayecto el ser va cumpliendo su plan evolutivo. De la misma manera, una familia en terapia que se desestructure es en principio un buen indicador del proceso de curación. De aquí que una de las técnicas empleadas en terapia sistémica, sobre todo por la escuela de Minuchin y Haley, sea la desequilibración (l).

  Esta consiste esencialmente en que el terapeuta fomente una alianza intensa entre él mísmo y algún sub-sistema de la familia (por ejemplo, con la madre y el hijo) a los efectos de obligar a la familia a una reestructuración de sus límites (camino hacia D). De esta manera, el terapeuta crea las condiciones para que la familia del paciente esquizofrénico frene su tendencia homeostática hacia A, o tendencia hacia el no-cambio. Pero la retroalimentación positiva puede también ser perjudicial, como cuando dos personas interactúan de tal modo que van desequilibrándose cada vez más pudiendo llegarse a una situación potencialmente peligrosa para sus respectivas integridades, como ocurre en las escaladas simétricas y complementarias descriptas por Watzlawick, o en los comportamientos interactivos que Bateson englobó bajo la denominación de fenómenos de cismogénesis. Es, por ejemplo, el caso de la persona que insulta a otra y esta, en vez de controlar la situación retornando al anterior equilibrio, a su vez vuelve a insultar a su interlocutor y así sucesivamente, hasta llegar, por retroalimentación positiva, a los límites peligrosos a que hacíamos referencia.

   Nos resta ver un último ejemplo donde la retroalimentación negativa pueda ser beneficiosa, ejemplo que también nos lo provee la práctica terapéutica sistémica. Una vez que una familia completó su proceso de cura, está lo suficientemente estructurada como para que cualquier estímulo desequilibrante (una muerte, una enfermedad), no precipite una nueva crisis que se vuelva a transformar en motivo de consulta. La familia sufrirá indudablemente un desequilibrio, pero está en condiciones de neutralizar las desviaciones por retroalimentación negativa y puede retornar al estado de equilibrio (o al estado constante, como lo llama Watzlawick), es decir, a aquel estado que pudo alcanzar mediante la psicoterapia.

Caos y lenguaje

   Hábito laríngeo según el conductismo, embrujador de la inteligencia para Wittgenstein, función semiótica de acuerdo a Piaget, sistema de oposiciones y diferencias según Saussure, producto de transformaciones sintácticas para Chomsky, apaciguador de la agresividad para Freud o modelo isomorfo del inconsciente según Lacan, el lenguaje fue, desde los sofistas griegos hasta nuestros días, el objeto y el motivo de agudas reflexiones y perplejidades varias. Y tal vez sea mucho más lo que aún no se ha dicho.

   Pero, ¿acaso tienen algo que decirnos la termodinámica y la teoría del caos acerca de la naturaleza de una de las más notables creaciones del cerebro humano, a su vez la entidad más compleja e impredecible del universo conocido?

 No está de más intentarlo: como dice Prigogine, las ciencias naturales y las ciencias humanas solamente tienen dos opciones: o progresan juntas, o juntas desaparecen. En este caso, obviamente, aludimos a la física y a la psicolingüística.

  Para Einstein, la mayor parte de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas. Lo son, sí, las ideas, pero no tal vez las realidades a que ellas remiten, siendo que la claridad es apenas una ilusión útil que esconde toda la complejidad de los sucesos “por fin” aclarados.

 El lenguaje humano, y, paradigmáticamente, el lenguaje verbal puede ser concebido como un sistema cerrado o como un sistema abierto.

   El lenguaje como sistema cerrado. - Sabemos que un sistema cerrado no intercambia materia, ni energía, ni información con su entorno. Cuando el autor compone su texto, entrega información, y cuando el lector lo lee recibe información. Este intercambio de información hace que el lenguaje sea un sistema abierto, pero supongamos ahora que un trozo de discurso no tenga esa sublime posibilidad, debido a que poco a poco deje de recibir energía e información de su entorno.

   El primer ejemplo es un discurso hablado por una persona. ¿Cómo va cambiando este texto, pongamos por caso, cada diez años? Conforme avanza el tiempo, y como consecuencia de la natural involución del sistema nervioso, ese texto va desintegrándose cada vez más, hasta constituir en el anciano, un conjunto amorfo de palabras donde los significados y la organización sintáctica se pierden cada vez más y más. El lenguaje avanza hacia un estado de desorden cada vez más acentuado, y lo que supuestamente funciona como soporte material, esto es, la red neuronal, poco a poco y especialmente después de la muerte va convirtiéndose en materia inorgánica, y esta a su vez en polvo cósmico, si hemos de considerar que han pasado eones.

   Nuestro segundo ejemplo es un texto escrito. Sus significantes son acúmulos de tinta que, si los dejamos estar sin suministro de energía o información del exterior, manteniéndolos aislados como sistemas cerrados, poco a poco evolucionarán también hacia un estado de máximo desorden, o como dicen los físicos, hacia un estado de máxima entropía: el papel que los soporta va desintegrándose con el paso del tiempo y el final es equivalente al final del lenguaje hablado abandonado a su suerte: el polvo cósmico. En un poema, J.L. Borges se preguntaba acerca de qué relación podían tener una biblioteca con el polvo estelar, y aquí la termodinámica viene a dar su propia respuesta.

   Significantes y significados, aislados de su ambiente, tienen así un destino que resulta perfectamente predecible, lo que nos produce en todo caso más desazón que perplejidad: la termodinámica ya tiene previsto que los sistemas cerrados evolucionan hacia el desorden, porque no reciben del exterior el “combustible” que les permite mantenerse organizados u organizarse aún más. Para decir lo mismo desde otro punto de vista: considerado como sistema cerrado, el lenguaje tiende a evolucionar hacia un estado de máxima probabilidad: el estado de desorden. El punto de partida puede ser, por ejemplo, un estado de lengua organizado, donde cada letra no aparece por azar, sino que tiene asignada una determinada probabilidad de aparición. Por ejemplo, es más probable que la siguiente letra de un texto sea una "e" y no una "z", como advirtieron los pensadores de la Teoría de la Información, con Shannon a la cabeza.

   Sin embargo, en cuanto ese mismo lenguaje evoluciona (o si se prefiere, involuciona) hacia un estado de desorganización cada vez mayor, ya dejan de existir razones válidas para pensar que unas letras tienen más probabilidad que otras: todas adquieren la misma probabilidad de aparecer, puesto que su distribución es al azar. Este estado de equiprobabilidad es perfectamente predecible y es, por lo demás, el estado final más probable. El lenguaje de un cerebro muy senil, por caso, es tan azaroso que cualquier letra tiene la misma probabilidad de seguir a otra cualquiera.

  Hasta aquí vamos extrayendo una conclusión: a medida que el lenguaje se desorganiza, se torna predecible su estado final, a saber, el máximo desorden, y al mismo tiempo y por eso mismo se tornan impredecibles las siguientes letras o palabras que aparecerán. Como decíamos, ¿acaso podemos predecir cuál es la próxima palabra que pronunciará un esquizofrénico delirando, o un sujeto con demencia senil? El lenguaje como sistema cerrado evoluciona hacia grados de impredecibilidad perfectamente predecibles. Ello ocurre porque el sistema se va “cerrando” cada vez más, a medida que las neuronas dejan de recibir adecuadamente la energía proveniente de la glucosa, o a medida que dejan de recibir información a través de órganos sensoriales en decadencia.

   El lenguaje como sistema abierto. - Si la idea del lenguaje como sistema cerrado nos producía desazón, la idea de un lenguaje como sistema abierto nos producirá más bien perplejidad, en la medida en que, si consideramos al lenguaje como un sistema abierto, no evolucionará hacia estados predecibles sino hacia estados impredecibles, y es aquí donde podría suministrarnos respuestas plausibles la termodinámica irreversible y la teoría del caos de Ilya Prigogine.

   Pero vayamos por partes, y tomemos como ejemplo la creación literaria. Según la teoría de Prigogine, los sistemas evolucionan del orden al caos, y del caos nuevamente al orden y así sucesivamente. La termodinámica prescribe que todo sistema evolucionará hacia el caos, se desorganizará y desintegrará cada vez más, a menos que reciba un aporte de energía y/o información del entorno. Si una planta no recibe la energía solar que desencadena el proceso anabólico fotosintético que la hace crecer, se termina pudriendo y desintegrando, degradándose al estado inorgánico.

   En esta tendencia al caos de todo sistema existe entonces un punto de bifurcación, como lo llama Prigogine, donde el sistema tiene dos posibilidades: o bien continúa su proceso de caos progresivo y termina retornando a un estado anterior (por ejemplo, el estado inorgánico), o bien ocurre por azar un acontecimiento que hará que el proceso evolucione hacia un orden creciente alcanzando un nuevo estado de equilibrio llamado estructura disipativa.

   ¿Cuál sería el equivalente en la investigación del lenguaje, del punto de bifurcación y de la estructura dispersiva de la que habla Prigogine? 

Tomemos dos ejemplos: uno de creación literaria y otro de creación científica.

   a) El primero tiene que ver con un lenguaje cinematográfico, con el guión de la película "Titanic", de James Cameron. En principio, hay dos posibilidades: un guión convencional y repetitivo, y un guion creativo y original. El guion convencional hubiera consistido en narrar los hechos linealmente y en una forma casi totalmente predecible: el barco sale del puerto, luego lo vemos surcar el Atlántico, choca con un témpano, se hunde y algunos pasajeros se salvan. Mientras el guionista va pensando este argumento, se produce en su mente una especie de desorganización momentánea, de caos donde evoca imágenes diferentes, como si fuera un rompecabezas que debe armar. Poco a poco va llegando al punto de bifurcación, donde el guionista convencional encuentra una salida que implica un retorno al estado anterior: narrar los hechos tal como sucedieron, en la forma antes indicada, o los narra como también lo había hecho la película anterior. Otro guionista más creativo, al llegar al punto de bifurcación genera una nueva estructura argumental. Para generar y mantener esta estructura disipativa se requiere aporte externo de energía e información, esta última, por ejemplo, bajo la forma de imágenes alternativas que surgen de ideas personales o de ideas sugeridas por cosas que vio o leyó. La solución que dio Cameron a su película resulta original. El film no comienza con la clásica salida del puerto del Titanic, sino con un cazafortunas que busca en el barco ya hundido un supuesto tesoro escondido en una caja. Cuando la abre, no hay tal tesoro, pero en su lugar hay un retrato, una foto en color sepia de una mujer joven. La siguiente imagen es esa misma mujer cuando ya es anciana, y rememora su romance a bordo del Titanic. A partir de aquí, el argumento retrocede hasta la época en que ocurrieron los hechos. Todas estas imágenes que aparecen desde el comienzo no permiten casi prever cuál será la siguiente (ni siquiera la primera imagen del cazafortunas es predecible): la estructura disipativa es un orden que no puede predecirse a partir del caos anterior. Si el día de mañana se decide hacer una nueva película sobre el tema, el nuevo guionista podrá partir de la última línea argumental, ahora clásica, y, o bien repetirla volviendo al estado anterior, o bien generando una nueva estructura disipativa, es decir, un nuevo diseño argumental.

   b) El segundo ejemplo tiene que ver con la tarea que emprende quien debe escribir una monografía o una tesis. Lo primero que aparece es un estado de confusión, de caos. El texto científico aparece primero tal vez como una idea difusa, un sueño, una inspiración o incluso simplemente una simple voluntad por querer escribir algo. En esta etapa, el pensamiento se mueve erráticamente, toma y abandona ideas con facilidad, y hasta puede cambiar hasta su propósito original. Esta confusión inicial progresa hacia el punto de bifurcación, donde una posibilidad es escribir algo ya escrito (hay monografías que son simples transcripciones textuales), y otra posibilidad es, en vez de la repetición, la creación de una nueva estructura disipativa, un nuevo orden, de manera que queda una distancia entre el texto imaginado, garrapateado, corregido y finalmente publicado. Mientras tanto el texto sufre diversas correcciones. El primer lector de un autor es él mismo, y es también su primer crítico, a veces feroz y despiadado. Un buen escritor, dijo alguien, es aquel que escribe veinte hojas y tira diecinueve.

   El resultado final es una estructura ordenada donde nada sobra ni nada falta. Un buen cuento, para Isidoro Blainstein, es como un reloj: no sobre ninguna palabra, ni tampoco falta ninguna. Es predecible un orden, pero no qué clase de orden: una misma consigna para distintos escritores, darán diferentes productos terminados. La impredecibilidad del tipo de orden al que se llega está dada por la incertidumbre o la intriga acerca de cuál será el siguiente párrafo. El escritor original busca nuevas combinaciones porque ello, al hacer más improbable, incierto o impredecible el próximo párrafo, lo hace también más informativo, según la idea de Shannon.

   Aunque es más difícil, también puede estructurarse el discurso de manera que sea incierta no el próximo párrafo sino la próxima palabra, y, aún más difícil, que lo incierto sea la siguiente letra dentro de la palabra.

   En síntesis, podríamos decir que desde que el sujeto incorpora las primeras letras del alfabeto hasta que termina escribiendo una tesis, va aprendiendo a administrar los recursos entrópicos del lenguaje. Si quiere un texto más creativo, aprenderá que debe consumir más energía, y si quiere ahorrarla, se transformará en un repetidor. Para ello cuenta con un patrimonio colectivo constituido por 28 letras, en el caso del castellano. Si solamente con las diferentes combinaciones de unas pocas bases cíclicas nitrogenadas del ADN se pueden generar tantos seres vivos diferentes, ¿que esperar de las 28 unidades de nuestro lenguaje?

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                       "DEL ORDEN AL CAOS"
                       "DE LORD ENA LCA"OS
                       E"DCA DEN LO RA L S"O
                       E" D A C E N D O R L A S " L O
                       DEL"CA AL OS D E"N OR
                       DEL CASOALO RDE"N
                       "DEL CAOS AL ORDEN"



                         George Carlin. Terrorismo de Estado. subtitulado español.



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