jueves, 28 de noviembre de 2019

OCTAVIO PAZ, EL NOBEL MEXICANO



Octavio Paz - 1988 Malmö.jpg
Octavio Paz en 1988



Octavio Paz: “Todo es presencia, todos los siglos son de

este presente”


PUBLICADO POR BIBLIOAECIDMADRID 


Octavio_Paz_retrato
    BAJO TU CLARA SOMBRA

                        Un cuerpo, un cuerpo solo, 
                                  un sólo cuerpo un cuerpo 
                                 como día derramado y noche devorada;
                                 la luz de unos cabellos que no apaciguan
                          nunca la sombra de mi tacto; una garganta,
                         un vientre que amanece como el mar
                   que se enciende cuando toca la frente de la aurora; 
                           unos tobillos, puentes del verano; 
                         unos muslos nocturnos que se hunden
                                en la música verde de la tarde; 
                         un pecho que se alza y arrasa las espumas;
                       un cuello, sólo un cuello, unas manos tan sólo,
                          unas palabras lentas que descienden como arena
                            caída en otra arena…. Esto que se me escapa,
                       agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo;
                        estos labios y dientes, estos ojos hambrientos,
                             me desnudan de mí y su furiosa gracia
                           me levanta hasta los quietos cielos
                           donde vibra el instante; la cima de los besos,
                             la plenitud del mundo y de sus formas
  
   Se cumplen 105 años desde que, el 31 de marzo de 1914, en plena revolución, naciera en Ciudad de México, el poeta, ensayista y diplomático Octavio Paz Lozano. Desde muy joven mostró una profunda pasión por las letras, hasta el punto de que, en 1933, con apenas 19 años, publicó su primer poemario “luna silvestre” mientras cursaba estudios de Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

   Fue el comienzo de una fulgurante trayectoria literaria, que en 1990 le hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura. Tenía 72 años. Desde entonces, todo fueron conferencias, homenajes y nuevas ediciones, para enriquecer su brillante bibliografía y trayectoria intelectual. Pero Octavio Paz, nunca se desvinculó del ámbito académico universitario. En 1961 realizó uno de sus más brillantes recitales. Para este acontecimiento la UNAM realizó un importante despliegue tecnológico, con objeto de grabar -con la máxima fidelidad- los poemas de su ilustre discípulo.

   De este modo, la palabra del escritor quedó registrada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y recogida -para la posteridad- en un vinilo, que hizo el número 13 de su serie “Voz Viva”.


   La portada de este disco fue ilustrada con un óleo - “El Cometa”- del artista mexicano Juan Soriano (apodado “el Mozart de la pintura”) y la contraportada con un dibujo a tinta del autor, realizado por José Moreno Villa en el año 1942. En esta ocasión Octavio Paz leyó varios de sus poemas más sobresalientes reunidos en el volumen “Libertad bajo palabra” (escritos de 1935 a 1958). Además, adelantó algunas composiciones -en ese instante- aún inéditas en su país, pendientes de su recopilación en el tomo “Salamandra”.

   La presentación de esta obra -en un cuadernillo adjunto- fue realizada por Ramón Xirau, definiéndola como una experiencia “en el sentido más real de la palabra, una experiencia de conversión. Paz nos dice que nuestra vida tiene sentido si somos capaces de lanzarnos fuera de nosotros mismos para recuperarnos en los otros. ¿Conocerse a sí mismo? Más que eso: vivimos vertidos a un mundo y convertidos en lo que verdaderamente somos”.

Discos de O.Paz


   En 1981 España reconoció la trayectoria creativa de Octavio Paz, galardonándole con el Premio Cervantes. Tras la creación -en 1987- del Premio Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Octavio Paz fue el primero en obtener este reconocimiento, por su valioso e importante trabajo humanístico e intelectual.

   En 1989- visitó de nuevo nuestro país, haciendo tres paradas en la madrileña y mítica Residencia de Estudiantes.

“Ésta es la residencia de los poetas, la residencia de los artistas y uno de los lugares donde se creó ese gran renacimiento de la cultura española, que tanto influyó, no solamente en la Península, sino también allá, en América. Por primera vez, después de un siglo, la cultura española tuvo una influencia decisiva, profunda, fundadora, en la América hispana, especialmente, creo yo, en México”; se expresó durante la primera de sus lecturas.

   El 9 de junio -durante más de una hora- obsequió a una entregada audiencia con sus nuevas creaciones poéticas. En su recital, el Premio Nobel de Literatura mexicano reflexionó “sobre su propia experiencia poética y su concepción de la poesía” leyendo poemas de sus principales libros, situándolos para que puedan ser vistos “no como creaciones o como objetos verbales, invenciones verbales abstractas, sino como respuestas concretas a situaciones concretas”. Su disertación fue grabada en un simple casete (en contraste con la tecnología usada en México 28 años antes), que una década después -1999- tras morir el año anterior, fue transcrita y volcada en CD, integrando un nuevo audiolibro de la serie “Poesía en la Residencia”.



Homenaje numismático y filatélico

   Durante el año 1990 el Instituto Karolinska de Estocolmo, le proclamó Premio Nobel de Literatura.

   España mantenía aún una deuda cultural con Octavio Paz, y tres años después -en 1993- la Fundación Príncipe de Asturias otorgó su premio -en la categoría de Comunicación y Humanidades- a su revista “Vuelta”.

Sello y cupon de O.Paz


   Muy pronto, la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE) se hizo eco de este acontecimiento tan relevante para la literatura hispanoamericana. El 28 de junio de 1994, ilustró con la imagen del sensacional poeta, ensayista y diplomático mexicano su tradicional cupón diario. Durante los años 2000 y 2001, su país acuñó sendas monedas (de 20 pesos) grabadas con su efigie, ilustradas con la frase “todo es presencia, todos los siglos son de este presente” y su firma.

   En 2010, nuevamente la numismática mexicana le dedicó el anverso de otra moneda -también de 20 pesos- donde su semblante anterior, se transformó en pose pensativa, acariciándose la barbilla con su mano derecha. Se mantuvo la misma frase (suprimiendo la firma), añadiendo la leyenda “Premio Nobel de Literatura 1990”.




   Durante ese mismo año, la filatelia también quiso conmemorar el “20 aniversario de la entrega del Premio Nobel de Literatura”, y Correos de México emitió un sello postal con un valor facial de 7 pesos, conteniendo su efigie y la misma leyenda grabada -una década antes- en las monedas.

   Una vez más, para conmemorar el primer centenario de su nacimiento, México  emitió una medalla conmemorativa, un sello postal y un billete de lotería. Una iniciativa, a la que se sumaron otros países, enriqueciendo -con estas imágenes “olvidadas”- las temáticas de los más exigentes coleccionistas.

Javier-Julio García Miravete


Homenaje a O. Paz, año 1979
                                                       Homenaje a O. Paz, año 1979


Homenaje a O. Paz, año 2014
Homenaje a O. Paz, año 2014


   Octavio Irineo Paz Lozano nació el 31 de marzo de 1914, en Ciudad de México, durante la Revolución mexicana. Apenas unos meses después, al unirse su padre al movimiento zapatista junto con Antonio Díaz Soto y Gama, su madre lo llevó a vivir a la casa del abuelo paterno, Ireneo Paz, en Mixcoac, entonces un poblado cercano a la Ciudad de México. Ahí vivieron hasta que Octavio Paz Lozano tuvo que exiliarse en Los Ángeles con la representación de Emiliano Zapata ante los Estados Unidos, cargo que mantuvo hasta 1919, año del asesinato de Zapata.

   En ese tiempo lo cuidaron su madre Josefina Lozano, su tía Amalia Paz Solórzano y su abuelo paterno, Ireneo Paz (1836-1924), un soldado retirado de las fuerzas de Porfirio Díaz, intelectual liberal y novelista. Su padre, Octavio Paz Solórzano (1883-1935), el menor de siete hermanos, trabajó como escribano y abogado para Emiliano Zapata; estuvo involucrado en la reforma agraria que siguió a la Revolución, fue diputado y colaboró activamente en el movimiento vasconcelista. Todas estas actividades provocaron que el padre se ausentara de casa durante largos periodos. Fue un poeta, ensayista, dramaturgo y diplomático mexicano. Obtuvo el premio Nobel de literatura en 1990 y el premio Cervantes en 1981. Se le considera uno de los más influyentes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Murió el 19 de abril de 1998.

 ​  

Primeras experiencias literarias

   Deslumbrado, literalmente, por la lectura de The Waste Land de T. S. Eliot, traducido por Enrique Munguía como El páramo, y publicado en la revista Contemporáneos en 1930. Por eso, aunque mantuviese en sus actividades un prioritario interés en la poesía, atendía desde la prosa un panorama inevitable: "Literalmente, esta práctica dual fue para mí un juego de reflejos entre poesía y prosa".

   Preocupado por confirmar la existencia de vínculos entre la moral y la poesía, escribió en 1931, a los dieciséis años, el que sería su primer artículo publicado, «Ética del artista», donde, antes de plantearse la pregunta sobre el deber del artista entre lo que denomina arte de tesis o arte puro, descalifica al segundo en razón de la enseñanza de la tradición. Asimilando un lenguaje que recuerda al estilo religioso y, paradójicamente, marxista, encuentra el verdadero valor del arte en su intención, en su sentido, por lo que, los seguidores del arte puro, al carecer de él, se encuentran en una posición aislada y favorecen la idea kantiana del «hombre que pierde toda relación con el mundo». ​   

   La revista Barandal apareció en agosto de 1931, dirigida por Rafael López Malo, Salvador Toscano, Arnulfo Martínez Lavalle y Octavio Paz, jóvenes antecedidos, excepto Salvador Toscano, por cierta celebridad literaria debida a sus padres. A Octavio Paz Solórzano, su padre, se le conocía como el autor ocasional de narraciones literarias aparecidas en el suplemento dominical del periódico El Universal.

 En medio de encuentros, verdaderas confrontaciones, entre representantes de la generación del Ateneo, especialmente quienes se agruparon en el Ateneo de la Juventud Mexicana, después denominado Ateneo de México, y de los Siete Sabios, sobre las ruinas de un positivismo sobreviviente en crónicas periodísticas, donde se debatían las posibilidades del materialismo histórico, el realismo socialista crecía como la única doctrina viable, a la que debían apegarse todos, o casi todos, los que simpatizaran con las promesas del comunismo. Octavio Paz, cercano a estas ideas, fundó, después de la desaparición de la revista Barandal, y ya estando inscrito en la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), unos Cuadernos del Valle de México que sólo lograrían aparecer por dos números, pero que sirvió para, además de publicar algunos poemas, constatar que el grupo original no tendría la solidez para la continuación de una empresa en común.

   En 1933, Octavio Paz publicó el poemario Luna Silvestre, que revelaba ya cierta asimilación de temas románticos; como expresa Carlos H. Magis, «los poemas de Luna Silvestre tocan aspectos del espíritu romántico vigentes aún en la poesía moderna: el desprendimiento de la realidad puramente sensible, el misterio de la poesía, la verdad del sueño». Los siete poemas de Luna silvestre no tendrían cabida en la revisión que Paz hiciera posteriormente de su obra, pero revelan a pesar de ello un rigor en la palabra mecida en la sensualidad de sí misma, seducida por la presencia de la mujer, de la naturaleza.  El deseo y la pasión andan por los poemas como desprendidos del silencio y de la memoria, se recrean y se recuerdan, se fijan y se desvanecen en el pronunciamiento.

   En este momento, prendido a una escritura de tipo intimista, Paz tendrá oportunidad de mostrar sus poemas a Rafael Alberti, quien le señalará una contradicción entre su ideal revolucionario de la poesía y de la política. Llegado a México en 1934, Rafael Alberti representaba la encarnación del poeta de los nuevos tiempos, el advenimiento de un lenguaje socialista congruente con la poesía: su presencia fue un acontecimiento que fascinó sobre todo a los más jóvenes, teniendo en ellos a sus mejores lectores. «Abanderado con el poema La toma del poder de Louis Aragón», según recuerda Efraín Huerta, Alberti venía como afiliado del Partido Comunista Español para dar una serie de conferencias, después de las cuales se reunía con los jóvenes poetas, entre ellos Octavio Paz, quien recuerda que «Una noche, todos los que lo rodeábamos le leímos nuestros poemas... Todos éramos de izquierdas, pero ya desde entonces sentía cierta desconfianza ante la poesía política y la literatura que después se llamó 'comprometida'. En aquella época, en 1934, Alberti escribía una poesía política –es la época de Consignas–, aquel librito en el que había afirmado que la poesía debía estar al servicio del partido comunista. Y cuando yo le enseñé mis poemas a Alberti, él me dijo: 'Bueno, esto no es poesía social' (al contrario, era una poesía intimista –una palabra horrible ésta, intimista, pero eso era: intimista–), 'no es una poesía revolucionaria en el sentido político', dijo Alberti, 'pero Octavio es el único poeta revolucionario entre todos ustedes, porque es el único en el cual hay una tentativa por transformar el lenguaje». ​

   La confrontación con la fatalidad provoca rebeldías: Octavio Paz, recogido en sí mismo, se enfrenta a sí mismo. La calidad de sus expresiones románticas empieza a cobrar verdadero sentido y empieza a realizar una lectura más atenta de San Juan de la Cruz y de D. H. Lawrence, en quienes encuentra el mismo interés por tender puentes entre la vida y la poesía, entre la realidad y el mito». La redacción del diario íntimo que comenzará a expresar, sólo conocerá la publicación cuatro años después, en 1938, bajo el título de Vigilias: diario de un soñador, en la revista Taller, cuando hayan sucedido dos hechos trascendentales en su vida, su estancia en Yucatán y la Guerra Civil Española.

   A fines de 1936, Octavio Paz escribiría la primera versión del libro de poemas Raíz del Hombre, que fue publicada en enero del siguiente año y que despejaría el silencio que entornara a Luna silvestre y a ¡No pasarán! Sería también el poemario que lo daría a conocer frente a Pablo Neruda y que le permitiría ser invitado al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en España. Aunque Paz conocía a algunos de los Contemporáneos desde su época de Barandal, el libro y su recepción le valieron conocerlos a todos ellos juntos. Frente a Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta, Ortíz de Montellano, José y Celestino Gorostiza, Samuel Ramos, Octavio G. Barreda (director de Letras de México), Jaime Torres Bodet, Enrique González Rojo y el abate Mendoza, Paz fue, nuevamente cuestionado: «Me interrogaron largamente sobre la contradicción que les parecía advertir entre mis opiniones políticas y mis gustos poéticos».

  En junio de 1937, Octavio Paz recibió una carta de invitación a un congreso. La carta, la firmaban Pablo Neruda y Rafael Alberti​, se trataba del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que había de celebrarse del 4 al 17 de julio de 1937 en Madrid, Barcelona y Valencia, ciudad esta última donde se encontraba la sede del gobierno republicano presidido por Juan Negrín. Al evento, mecido entre una tímida distancia crítica y una coronación del dogmatismo, asistiría más de un centenar de escritores, entre los que se encontraban André Malraux, Tristan Tzara y Julien Benda, de Francia; M. Koltszov y A. Tolstoi, de Rusia; W. H. Auden y Stephen Spender, de Inglaterra; Malcom Cowley, John Dos Passos y Ernest Hemingway, de Estados Unidos; Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y Juan Marinello, de Cuba; César Vallejo, de Perú; González Tuñón, de Argentina; Vicente Huidobro y Pablo Neruda, de Chile; José Bergamín, Antonio Machado y Rafael Alberti, de España; y de parte de México la delegación de la LEAR: José Chávez Morado y Fernando Gamboa –quienes montarían la exposición Cien años de Grabados Políticos Mexicanos–, José Mancisidor, Juan de la Cabada, Silvestre Revueltas –quien a su regreso a México realizaría el Homenaje a García Lorca– y la pedagoga Maria Luisa Vera. Invitado por Neruda y Alberti, asistiría también Carlos Pellicer, conocido por su catolicismo y franco antifascismo; él, al igual que Paz, eran los únicos mexicanos que no pertenecían a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, aunque, a diferencia de este, no era mirado con tanta suspicacia y menos con la desaprobación de algunos grupos por su reticencia frente a la doctrina del realismo socialista; Paz viajaba así con la velada acusación de ser trotskista, sin serlo.

    El viaje de Octavio Paz a España estaba antecedido por una admiración a los poetas de la generación del 27, conocidos en México sobre todo por la Antología poética en honor a Góngora que dirigiera Gerardo Diego con motivo de la celebración y recuperación del poeta barroco tras trescientos años de su muerte, y en la que la propuesta de Diego era la de crear objetos verbales que en su ensalmo rebasaran al verso. En esta antología se daban a conocer poesías de García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Manuel Altolaguirre. Con esta procedencia, Octavio Paz iba al encuentro de una generación debatida en la búsqueda de una alternativa para la poesía que se enfrentaba a una realidad insumisa a la proclama de un hombre nuevo.

   Junto con Carlos Pellicer, Octavio Paz llegó a París el 10 de julio de 1937. Ahí conoció a Neruda y a Vallejo, al «mito nacido del océano» y al «vagabundo de la ciudad», como les llamó. De París fueron a Barcelona y de ahí a Valencia, donde sería la inauguración.

   Su padre se retiró de la política en 1928, y murió el 10 de marzo de 1935, en la colonia Santa Marta Acatitla, al ser arrollado por un tren, en un accidente ocasionado por su embriaguez. Después de la muerte de su padre, se trasladó a España para combatir en el bando republicano en la guerra civil, y participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo.

   En 1937 viajó a Yucatán como miembro de las misiones educativas del general Lázaro Cárdenas en una escuela para hijos de obreros y campesinos de Mérida. Ahí comenzó a escribir Entre la piedra y la flor (1941, revisado en 1976), poema sobre la dramática explotación del campo y el campesino yucateco.

   Estuvo casado con la dramaturga, escritora y poeta Elena Garro a quién conoció en la UNAM (1938-1959), con quien tuvo una hija, Laura Helena Paz Garro, divorciándose en 1950. En 1959 se unió a Bona Tibertelli de Pisis, con quien convivió hasta 1965, mientras era embajador de México en la India. Al año siguiente contrajo matrimonio con la francesa Marie José Tramini, su compañera hasta el final.

   En 1937, Paz fue invitado a España durante la guerra civil como miembro de la delegación mexicana al Congreso Antifascista, donde mostró su solidaridad con los republicanos, y donde conoció y trató a los poetas de la revista Hora de España, cuya ideología política y literaria influyó en su obra juvenil. Sin embargo, como confesó años después en la serie televisiva Conversaciones con Octavio Paz, ese sentimiento de solidaridad con la causa republicana se vio afectado por la represión contra los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista de Cataluña entre quienes tenía camaradas. Este prolongado proceso de desilusión lo llevaría a denunciar los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin en marzo de 1951.

   A su regreso de España, participó en 1938 como co-fundador en la revista literaria Taller, en la que escribió hasta 1941.

   En 1943 recibió la Beca Guggenheim e inició sus estudios en la Universidad de California, Berkeley en los Estados Unidos. Dos años después comenzó a servir como diplomático mexicano, y fue destinado a Francia donde permaneció hasta 1951 y donde conoció a los surrealistas, que le influyeron, y colaboró en la revista Esprit. Durante esa estancia, en 1950, publicó El laberinto de la soledad, un innovador ensayo antropológico sobre los pensamientos y la identidad mexicanos.

   De enero a marzo de 1952 trabaja en la embajada mexicana en la India y después, hasta enero de 1953, en Japón. Regresa a la Ciudad de México a dirigir la oficina de Organismos Internacionales de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

   En 1954, Paz tuvo «una participación muy estrecha en la fundación de la Revista Mexicana de Literatura, influenciada «políticamente con la idea de la llamada 'tercera vía', que significaba ni con la izquierda, ni con la derecha. Esta idea venía de París, con León Blum».

  En 1959 regresó a París y tres años más tarde fue designado embajador en la India. En 1964 conocería a la francesa Marie-José Tramini, que se convertiría en su última esposa.

   En 1968, estaba en Nueva Delhi cuando tuvo lugar la masacre de Tlatelolco como parte del Movimiento de 1968 en México el 2 de octubre. En señal de protesta contra estos lamentables sucesos, que empañaron la celebración de los Juegos Olímpicos, renunció a su cargo de embajador, dejando patentes sus diferencias con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Fue el único que se atrevió a hacerlo. Trabajará los próximos años enseñando en diversas universidades estadounidenses, como las de Texas, Austin, Pittsburgh, Pensilvania y Harvard.​

   Tres años más tarde, en octubre de 1971, ya bajo la presidencia de Luis Echeverría, «un poco con esa idea de redescubrir los valores liberales y democráticos en la sociedad mexicana»,​ fundaría la revista Plural, «elegante fusión de literatura y política»,​ y que dirigiría hasta su desaparición en 1976 el mismo Paz. A diferencia de otros escritores e intelectuales mexicanos, Paz no tardó en retirarle su apoyo al presidente Echeverría, una vez que este demostró su escasa voluntad de aclarar las matanzas de Tlatelolco, en 1968, y en San Cosme, el llamado Jueves de Corpus, en 1971, en donde hubo una represión brutal contra una protesta estudiantil.

   Tanto en esa revista como en Vuelta —fundada ese mismo año de 1976 y donde «la influencia del liberalismo sería fundamental», reflejando la «reconciliación» del escritor con esta corriente de pensamiento— Paz denunció las violaciones de los derechos humanos de los regímenes comunistas. Esto le trajo mucha animosidad de parte de la izquierda latinoamericana y algunos estudiantes universitarios. En el prólogo del tomo IX de sus obras completas, publicado en 1993, Paz declaró:

   En México, antes había sido visto con sospecha y recelo; desde entonces, la desconfianza empezó a transformarse en enemistad más y más abierta e intensa. Pero en aquellos días (década de los 1950) yo no me imaginaba que los vituperios iban a acompañarme años y años, hasta ahora.

Muerte

   El 19 de abril de 1998 Octavio Paz murió en Coyoacán, Ciudad de México. El escritor había sido trasladado por la presidencia de la República en enero de 1997, ya enfermo, luego de que un incendio destruyó su apartamento y parte de su biblioteca, el domingo 22 de diciembre de 1996.​ Durante un tiempo, la Casa Alvarado fue sede de la Fundación Octavio Paz y ahora lo es de la Fonoteca Nacional.​

Estilo literario

   Experimentación e inconformismo pueden ser dos de las palabras que mejor definen su labor poética. Con todo, Paz es un poeta difícil de encasillar. Ninguna de las etiquetas adjudicadas por los críticos encaja con su poesía: poeta neomodernista en sus comienzos; más tarde, poeta existencial; y, en ocasiones, poeta con tintes de surrealismo. Ninguna etiqueta le cuadra y ninguna le sobra, aunque el mismo Paz reconoció que en su formación «fundamentales fueron los surrealistas, con quienes hice amistad en el año 46 o 47, que en esa época estaban más cerca de los libertarios».

   En realidad, se trata de un poeta que no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo alerta ante los cambios que se iban produciendo en el campo de la poesía y siempre estuvo experimentando, de modo que su poesía, como toda poesía profunda, acabó por convertirse en una manifestación muy personal y original. Además, se trata de un poeta de gran lirismo cuyos versos contienen imágenes de gran belleza. Después de la preocupación social, presente en sus primeros libros, comenzó a tratar temas de raíz existencial, como la soledad y la incomunicación. Una de las obsesiones más frecuentes en sus poemas es el deseo de huir del tiempo, lo que lo llevó a la creación de una poesía espacial cuyos poemas fueron bautizados por el propio autor con el nombre de topoemas (de topos + poema). Esto es lo que significa poesía espacial: poesía opuesta a la típica poesía temporal y discursiva. Se trata de una poesía intelectual y minoritaria, casi metafísica, en la que además de signos lingüísticos se incluyen signos visuales. En los topoemas, igual que ocurría en la poesía de los movimientos de vanguardia, se le da importancia al poder sugerente y expresivo de las imágenes plásticas. No cabe duda de que en la última poesía de Paz hay bastante esoterismo, pero, al margen de ello, toda su poesía anterior destaca por su lirismo y por el sentido de transubstanciación que el autor da a las palabras.

Obras

Poesía

  • 1933 - Luna silvestre
  • 1936 - ¡No pasarán!
  • 1937 - Raíz del hombre
  • 1937 - Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España
  • 1941 - Entre la piedra y la flor
  • 1942 - A la orilla del mundo y Primer día, Bajo tu clara sombra, Raíz del hombre, Noche de resurrecciones
  • 1949 - Libertad bajo palabra
  • 1951 - ¿Águila o sol? (en prosa)
  • 1954 - Semillas para un himno
  • 1956 - La hija de Rappaccini (poema dramático)
  • 1957 - Piedra de sol
  • 1958 - La estación violenta
  • 1960 - Libertad bajo palabra. Obra poética (1935-1957)
  • 1962 - Salamandra (1958-1961)
  • 1965 - Viento entero
  • 1967 - Blanco, escrito en tres columnas; permite diferentes lecturas
  • 1968 - Discos visuales, con Vicente Rojo
  • 1969 - Ladera este (1962-1968)
  • 1971 - Topoemas
  • 1972 - Renga, con Jacques Roubaud, Edoardo Sanguineti y Charles Tomlinson
  • 1974 - El mono gramático (en prosa)
  • 1975 - Pasado en claro
  • 1976 - Vuelta (hay una primera edición artesanal de 1971)
  • 1979 - Air Born/Hijos del aire, con Charles Tomlinson
  • 1979 - Poemas (1935-1975)
  • 1987 - Árbol adentro
  • 1990 - Obra poética (1935-1988)
  • 1990 - Figuras y figuraciones, con Marie José Paz

Ensayos

  • 1950 - El laberinto de la soledad (la edición revisada y aumentada es de 1959)
  • 1956 - El arco y la lira (una edición revisada y aumentada apareció en 1967)
  • 1957 - Las peras del olmo
  • 1965 - Cuadrivio
  • 1965 - Los signos en rotación
  • 1966 - Puertas al campo
  • 1967 - Corriente alterna
  • 1967 - Claude Levi-Strauss o El nuevo festín de Esopo
  • 1968 - Marcel Duchamp o El castillo de la pureza (la reedición ampliada, Apariencia desnuda, es de 1973)
  • 1969 - Conjunciones y disyunciones
  • 1970 - Posdata, continuación de El laberinto de la soledad.
  • 1973 - El signo y el garabato
  • 1974 - Los hijos del limo. Del romanticismo a la vanguardia
  • 1974 - La búsqueda del comienzo. Escritos sobre el surrealismo
  • 1978 - Xavier Villaurrutia en persona y obra
  • 1979 - El ogro filantrópico
  • 1979 - In/Mediaciones
  • 1982 - Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
  • 1983 - Tiempo nublado
  • 1983 - Sombras de obras
  • 1984 - Hombres en su siglo y otros ensayos
  • 1988 - Primeras letras (1931-1943), colección de sus prosas de juventud
  • 1990 - Pequeña crónica de grandes días
  • 1990 - La otra voz. Poesía y fin de siglo
  • 1991 - Convergencias
  • 1992 - Al paso
  • 1993 - La llama doble
  • 1993 - Itinerario
  • 1994 - Un más allá erótico: Sade
  • 1995 - Vislumbres de la India

                 Salamandra (Fragmento)
      (negra armadura viste el fuego)
          calorifero de combustión lenta
          entre las fauces de la chimenea
          -o mármol o ladrillo-
          tortuga estática
          o agazapado guerrero japonés.
          Y una u otro
          —el martirio es reposo-
          impasible en la tortura

              A través
       Doblo la página del día,
          escribo lo que me dicta
          el movimiento de tus pestañas.

          Mis manos abren las cortinas de tu ser
          te visten con otra desnudez
          descubren los cuerpos de tu cuerpo
          Mis manos inventan otro cuerpo a tu cuerpo.

          Entro en ti,
          veracidad de la tiniebla.
          Quiero las evidencias de lo oscuro,
          beber el vino negro:
          toma mis ojos y reviéntalos.

          Una gota de noche
          sobre la punta de tus senos:
          enigmas del clavel.

          Al cerrar los ojos
          los abro dentro de tus ojos.

          En su lecho granate
          siempre está despierta
          y húmeda tu lengua.

          Hay fuentes
          en el jardín de tus arterias.

          Con una máscara de sangre
          atravieso tu pensamiento en blanco:
          desmemoria me guía
          hacia el reverso de la vida.
   

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