jueves, 24 de octubre de 2019

MAQUIAVELO VS MAQUIAVELISMO
















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Nicolás Maquiavelo (en italiano: Niccolò di Bernardo dei Machiavelli) fue un diplomático, funcionario, filósofo político y escritor italiano, considerado padre de la Ciencia Política moderna.​ Fue así mismo una figura relevante del Renacimiento italiano. En 1513 escribió su tratado de doctrina política titulado El príncipe, póstumamente publicado en Roma en 1531. 
Fecha de nacimiento: 3 de mayo de 1469, Florencia, Italia
Fallecimiento: 21 de junio de 1527, Florencia, Italia
Ocupación: Filósofo político, diplomático, teórico político
Entierro: Basílica de la Santa Cruz, Florencia, Italia








   Hoy, en una época en la que las ideologías están desacreditadas y la globalización ha provocado el deshielo de sistemas políticos anquilosados, muchos consideran que la acción política es una carga desagradable. Otros, a través de ella, tratan de inculcar en los ciudadanos un sentido unívoco y monolítico del bien público. Por eso “lo público” está en constante peligro de ser aplastado por los enemigos de la libertad o por los ciudadanos que se olvidan de sus responsabilidades. La primera posibilidad es el destino político de los fundamentalismos religiosos, y la segunda, se puede ejemplificar en la experiencia occidental de la política “irresponsable”, desarrollada con arreglo a una definición cada vez más privada y materialista de la búsqueda de la felicidad.

   Lo que distingue a Maquiavelo de los políticos de nuestro tiempo es que no se presenta al frente de un partido que representa a una clase o una raza universal ni en nombre de la humanidad. Para él, no existen criterios por encima de la política. En otras palabras, el pensamiento político de Maquiavelo, en principio, es hostil a las declaraciones partidistas, que engañan a cualquier político o ciudadano que se las tome en serio. Maquiavelo considera que el dato fundamental no está en la pregunta “¿Quién gobierna?”, sino en “¿Cómo gobierna?”. Cuando un gobernante funda un régimen totalmente nuevo a mayor gloria de sí mismo, de paso cree que así prevalecen “la verdadera forma de vida y la auténtica calma de una ciudad”.

   El argumento de Maquiavelo es que las cosas humanas se mueven y, por tanto, los asuntos humanos sufren altibajos. No se puede evitar el cambio, pero los hombres deben dedicar su talento político a mantenerse seguros dentro de él. Sin embargo, añade Maquiavelo, “los hombres no pueden estar seguros sin el poder”. Por eso sugiere una expansión del poder humano.

   En vez de usar el modelo de los seis gobiernos clásicos para referirse al ciclo inevitable de bien y mal en la política, Maquiavelo pide una “república perpetua” como condición para el progreso de toda la humanidad. Al decir “república perpetua”, se refiere a la expansión del poder de actuar. Como la naturaleza otorga a los hombres el conocimiento, pero no la facultad de actuar, los hombres deben actuar por su cuenta, sin esperar la ayuda ni de Dios ni de la naturaleza. Dios y la naturaleza no ayudan a los hombres a ejercer el poder, por lo que no existe ninguna ley natural ni ningún derecho natural que sean el fundamento de la política. En otras palabras, la doctrina moderna de la soberanía comienza cuando Maquiavelo se apropia del poder que antes los hombres ejercían, en teoría, para cumplir la voluntad de Dios.

   El Estado, pues, debe ser el dominio de la estabilidad en la caótica esfera de los cambios naturales y las pasiones humanas. Por eso, a diferencia de los clásicos, Maquiavelo cree que la política es una entidad artificial creada por el talento humano. Para comprender este punto, hay que recordar que la teoría política de Maquiavelo se presenta como una teoría “laica” y mundana, y su aplicación práctica, además, entraña una nueva dimensión ontológica. Esa nueva ontología política inaugurada por Maquiavelo, por tanto, se puede considerar un momento de transición hacia la modernidad.

   Al reflexionar sobre el establecimiento de lo político desde el horizonte final, Maquiavelo busca la forma de superar los dos límites teóricos fundamentales de la lógica de lo teológico y lo político: la falta de una teoría de lo político y que no se basa en una historia de hechos ocurridos. Maquiavelo vuelve a los paganos, más allá de lo ontoteológico, para hallar una manera de concebir la historia en función de una teoría política de los acontecimientos, en la que dichos acontecimientos se vean como el encuentro entre lo político y el movimiento real de la sociedad.

   No es ninguna exageración decir que, con Maquiavelo, el pensamiento político europeo alcanza en ciertos aspectos una extraordinaria emancipación de la autoridad religiosa y la concepción medieval del hombre. Ahora bien, para liberar su mundo de la tiranía del pasado y del dominio de los textos medievales, Maquiavelo acude al mundo antiguo. Más aún, que Maquiavelo consulte a los clásicos no solo representa una gran aventura intelectual, sino también una forma de igualar tal vez los logros políticos y las hazañas filosóficas de los tiempos antiguos.

  Estas ideas sobre el mundo clásico y el proceso histórico son el trasfondo filosófico que da auténtica originalidad a la obra de Maquiavelo. En vista de ellos y de las conclusiones a las que llega Maquiavelo, resulta todavía más extraordinario que la lectura de sus escritos nos pueda ayudar a comprender la idea maquiavélica de “entrar en política” como forma de dejar atrás nuestro maquiavelismo. No podemos entender el verdadero carácter del pensamiento de Maquiavelo si no nos liberamos de la influencia del maquiavelismo en nuestra propia historia. Para hacer justicia hoy a Maquiavelo y entender mejor sus opiniones, debemos considerarle mucho más que un pensador sobre la razón de Estado. Si lo hacemos, veremos que su interpretación de la política y su insistencia en que es autónoma forman la aportación más original a la historia de las ideas políticas.

Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.





Maquiavelo 

  Su vida podría ser dividida en tres periodos; cada uno de ellos representa en sí mismo la historia de Florencia. Su juventud coincidió con la grandeza de Florencia como potencia italiana, bajo el mandato de Lorenzo de Médici. La caída de los Médici en Florencia ocurrió en 1494, el mismo año en el que Maquiavelo se integraba en el servicio público. Durante su carrera como funcionario, ejerce importantes puestos en la Florencia que fue libre bajo el gobierno de una república, la cual duró hasta 1512, cuando los Médici regresaron al poder, y Maquiavelo perdió su puesto, fue despedido y brevemente encarcelado.

Al regreso de los Médici, Maquiavelo, quien había mantenido esperanzas de retener su puesto bajo el mandato de los nuevos amos de Florencia, fue despedido por decreto el 7 de noviembre de 1512. Fue apresado y torturado al pertenecer a una conspiración contra los Médici, junto con su amigo Giovanni Battaini y 20 personas más. El nuevo pontífice León X medió para liberarlo y Maquiavelo se retiró a su pequeña propiedad en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros de Florencia. Aquí malvive talando un bosque de su propiedad junto con unos obreros contratados y sobrevive con este pesado trabajo. También se dedicaba a la agricultura y a la ganadería y convivía con los obreros, con ellos comía, jugaba y hablaba, para sentirse vivo. Sus amigos de la ciudad le dan la espalda. Pero aunque son los peores años de su vida, Maquiavelo tiene en las noches su espacio para la libertad y el bienestar. Cada noche se despojaba de sus vestimentas de trabajo y se ponía trajes de cuando su servicio civil. Una vez así ataviado leía a Dante, a Petrarca y a Ovidio y fue entonces en aquellas noches solitarias cuando empieza a dedicarse en cuerpo y alma a la literatura. Logró escribir ocho libros, la mayoría con una prosa ágil y clara, entre 1513 y 1525. En una carta a Francesco Vettori, fechada en diciembre de 1513, dejó una descripción interesante de su vida en ese período, y un esbozo de sus motivos para escribir El príncipe.

Llegó a dar una réplica de El príncipe a los Médicis, pero estos lo despreciaron. Maquiavelo escribe su segunda obra de más importancia en su bibliografía llamada Discursos de la primera década de Tito Livio, donde muestra Nicolás Maquiavelo su verdadera visión política, describiendo como mejor forma de gobierno una república y no una monarquía absoluta entre otras cosas más importantes. Luego realiza Discurso sobre el Arte de la Guerra y su comedia La mandrágora. Pese a ser años de penuria en donde su mente sufría, Maquiavelo sacó lo mejor de su talento.

 Los Médici gobernaron Florencia desde 1512 hasta 1527, cuando fueron nuevamente retirados del poder. Este fue el período de actividad literaria de Maquiavelo, y también de su creciente influencia, fue cuando escribió El Príncipe; sin embargo, murió a semanas de la expulsión de los Médici, el 21 de junio de 1527, a los cincuenta y ocho años, sin haber recuperado su cargo.

Estatua de Maquiavelo en la Galería Uffizi.

   El Príncipe es un manual para los políticos sobre el uso de la despiadada y egoísta astucia, inspirando el término «maquiavélico» y estableciendo a Maquiavelo como el «padre de la teoría política moderna». También escribió varios poemas y obras de teatro. Murió el 21 de junio de 1527, en Florencia, Italia.  El «maquiavelismo» es un término negativo utilizado para caracterizar políticos sin escrúpulos del tipo que Maquiavelo describió en El Príncipe.

  Maquiavelo describió el comportamiento inmoral, como la deshonestidad y la muerte de inocentes, como algo normal y efectivo en la política. Incluso pareció respaldarlo en algunas situaciones. El libro ganó notoriedad cuando algunos lectores afirmaron que el autor estaba enseñando el mal y proporcionando «malas recomendaciones a los tiranos para ayudarles a mantener su poder».

Obras de Nicolás Maquiavelo

Discurso sobre la corte de Pisa, 1499
Del modo di trattare i popoli della Valdichiana ribellati, 1502
Del modo tenuto dal duca Valentino nell' ammazzare Vitellozzo Vitelli, Oliverotto da Fermo, etc., 1502
Discorso sopra la provisione del danaro, 1502
Decennale primo (poema), 1506
Retrato de la corte de Alemania, 1508-1512
Decennale secondo, 1509
Retrato de la corte de Francia, 1510
Discursos sobre la primera década de Tito Livio, 3 volúmenes, 1512-1517
El príncipe, 1513
Andria, comedia, 1517
La mandrágora, comedia en prosa de cinco actos, con prólogo en verso, 1518
Della lingua (diálogo), 1514
Clizia, comedia en prosa, 1525
Belfagor arcidiavolo (novela), 1515
Asino d'oro (poema), 1517
Del arte de la guerra, 1519-1520
Discorso sopra il riformare lo stato di Firenze, 1520
Sumario de la corte de la ciudad de Lucca, 1520
La Vida de Castruccio Castracani, 1520
Historia de Florencia, 8 libros, 1520-1525
Historias florentinas (1521-1525)7

frases célebres:

-Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.

-Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas.

-Es defecto común de los hombres no preocuparse por la tempestad durante la bonanza.

-El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito.

-La naturaleza crea pocos hombres valientes, la industria y entrenamiento hace muchos.

-Cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él.

-Los hombres van de una ambición a otra: primero, buscan asegurarse contra el ataque y luego, atacan a otros.

-La política no tiene relación con la moral.

-Quien desee éxito constante debe cambiar su conducta con los tiempos.

-Los hombres se conducen principalmente por dos impulsos; o por amor o por miedo.

-La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente.

-La habilidad y la constancia son las armas de la debilidad.

-Dios no quiere hacerlo todo, para no quitaros el libre albedrío y aquella parte de la gloria que os corresponde.

-No hay nada más importante que aparentar ser religioso.

-La mejor fortaleza que un príncipe puede poseer es el afecto de su gente.

-No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos.

-No hay otra forma que protegerte a ti mismo de la adulación que hacer entender a los demás que decirte la verdad no te ofenderá.

-Los príncipes y gobiernos son mucho más peligrosos que otros elementos en la sociedad.

-El vulgo se toma siempre por las apariencias y el mundo se compone fundamentalmente de lo vulgar.

-Las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria.

-Es doblemente placentero mentir al impostor.

-El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar los hombres que tiene a su alrededor.

-Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser o extremadamente buenos o extremadamente malos.

-Ante todo, ármate.

-Nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro.

-Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres.

-El fin justifica los medios.
Aunque nunca lo dijo, se le atribuye la frase el fin justifica los medios, ya que resume muchas de las ideas contenidas en el capítulo XVIII de El príncipe: sólo el resultado justifica la acción, siendo además el creador del concepto de la razón de estado, fundamental en Política, y que se encuentra ulteriormente en Guicciardini y Giovanni della Casa, aunque solo con Giovanni Botero se desarrollará como doctrina (Della Ragion di Stato, 1589). Maquiavelo lo expone en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio (lib. III, cap. 41): «Que la patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de cualquier manera estará defendida». 

-El que quiere ser obedecido debe saber mandar.

-Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira.

-No estoy interesado en preservar el status quo; quiero derrocarlo.

-El odio se gana tanto por las buenas obras como por el mal.

-Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse.

-El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Uno debe ser por tanto un zorro para reconocer trampas y león para asustar a los lobos.

-Para entender la naturaleza de la gente, uno debe ser un príncipe y para entender la naturaleza del príncipe, uno debe ser la gente.

-Donde la voluntad es grande, las dificultades no pueden ser grandes.

-Un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar.

-Es mejor ser amado que temido, si no puedes ser ambos.

-El hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

-Los hombres en general juzgan más por las apariencias que por la realidad. Todos los hombres tienen ojos, pero pocos tienen el don de la penetración.

-La guerra es solo cuando es necesario; las armas son permisibles cuando no hay esperanza excepto en las armas.

-El príncipe prudente debe preferir rodearse de hombres de buen juicio a los que dará la libertad de decirle la verdad.

-No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden.

-Un cambio siempre deja el camino abierto para el establecimiento de otros.

-Si quien gobierna no reconoce los males hasta que los tiene encima, no es realmente sabio.

-Los hombres intrínsecamente no confían en nuevas cosas que no han experimentado por si mismos.

-No puede haber grandes dificultades donde abunda la buena voluntad.

-Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves, de las fuertes no pueden.

-Los hombres que no obran bien siempre andan temiendo que otros les respondan con las acciones que las propias suyas se merecen.

-De los seres humanos en general, se puede decir que son hipócritas y codiciosos.

-El que engaña encontrará siempre quien se deja engañar.

-En todas las cosas humanas, cuando se examinan de cerca, se demuestra que no pueden apartarse los obstáculos sin que de ellos surjan otros.

-No hay nada más difícil de llevar a cabo, más peligroso de conducir o más incierto en su éxito que llevar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas.

-No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en la ventaja de otros.

-La tardanza nos roba a menuda la oportunidad y roba nuestras fuerzas.

-La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.

-La historia es la ciencia de los hombres, de los hombres en el tiempo.

-Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse.

-Guerra justa es aquella que es necesaria.

-Un príncipe que tenga una ciudad fuerte y que no sea odiado por su pueblo no puede ser atacado.

-Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.

-La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor.

-Cuando veáis al servidor pensar más en sus propios intereses que en los vuestros, y que interiormente busca sus propios beneficios en todas las cosas, ese hombre nunca será un buen sirviente, ni jamás podréis confiar en él.

-Si una lesión tiene que ser hecha a un hombre, debería ser tan severa que su venganza no necesite ser temida.

-Es un mal ejemplo no observar una ley, sobre todo por parte del que la ha hecho.

-Las leyes no deben mirar hacia cosa ya pasada, sino proveer para las futuras.

-Los odios de los hombres generalmente nacen del temor o de la envidia.

-El hombre sabio hace a la primera lo que el necio hace a la última.

-No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas.

-Debe estimarse muy poco vivir en una ciudad donde las leyes pueden menos que los hombres.

-No hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruirlo.

-Castigar a uno o dos transgresores para que sirva de ejemplo es más benévolo que ser demasiado compasivo.

-Los ejércitos mercenarios y los auxiliares son inútiles y peligrosos.

-Cuando uno ha sido buen amigo, encuentra buenas amistades aun a pesar suyo.

-Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno, para poder evitarlo.

-Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla.

-Es central saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en el fingimiento.

-La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.

-Una ley no debe nunca conculcar la fe empeñada en los pactos públicos.

– Un hijo puede soportar con ecuanimidad la pérdida de su padre, pero la pérdida de su herencia puede llevarlo a la desesperación.

-De la humanidad podemos decir en general que son volubles, hipócritas y codiciosos de ganancia.

-La naturaleza que nos enmarcó de cuatro elementos, combatiendo en nuestros senos para el regimiento, nos enseña a todos a tener mentes aspirantes.

-Antes de todo lo demás, ármate.

-La guerra debe ser el único estudio de un príncipe. Debe considerar la paz sólo como un tiempo de respiración, que le da tiempo para inventar, y proporciona la capacidad de ejecutar planes militares.

-El primer método para estimar la inteligencia de un gobernante es mirar a los hombres que tiene alrededor de él.

-Es mucho más seguro ser temido que amado porque el amor es preservado por el vínculo de obligación que, debido a la bajeza de los hombres, se rompe en cada oportunidad para su ventaja; pero el miedo te preserva por un temor de castigo que nunca falla.

-Las personas deben ser acariciadas o aplastadas. Si les haces un daño menor obtendrás su venganza; pero si los lisias no hay nada que puedan hacer.

-Todos los cursos de acción son riesgosos, por lo que la prudencia no consiste en evitar el peligro (es imposible), sino en calcular el riesgo y actuar de manera decisiva. Cometer errores de ambición y no errores de pereza. Desarrollar la fuerza para hacer cosas audaces, no la fuerza para sufrir.

-La forma en que vivimos es tan diferente de cómo debemos vivir que el que estudia lo que debe hacerse en lugar de lo que se hace, aprenderá el camino hacia su caída más que a su preservación.

-Y aquí viene la pregunta de si es mejor ser amado en lugar de temido, o temido en lugar de amado. Podría quizá responderse que deberíamos desear ser ambos; pero puesto que el amor y el miedo apenas pueden existir juntos, si debemos elegir entre ellos, es mucho más seguro ser temido que amado.

-Hay que recordar que no hay nada más difícil de planificar, más dudoso de éxito, ni más peligroso para gestionar que un nuevo sistema. Porque el iniciador tiene la enemistad de todos los que se beneficiarían de la preservación de la vieja institución y defensores meramente tibios en aquellos que ganan algo del nuevo.

-El hombre prudente siempre debe seguir el camino pisado por los grandes hombres e imitar a los más excelentes, de modo que si no alcanza su grandeza, al menos recibirá algo de ella.

-Es necesario para aquel quien establece un estado y organiza leyes, que  presuponga que todos los hombres son malos y que siempre van a actuar de acuerdo con la maldad de sus espíritus cada vez que tienen libre el camino.

-Todo hombre que intente ser bueno todo el tiempo está destinado a venirse a la ruina entre el gran número que no son buenos. De ahí que un príncipe que quiera conservar su autoridad debe aprender a no ser bueno, y usar ese conocimiento, o abstenerse de usarlo, como la necesidad lo requiera.

-Un retorno a los primeros principios en una república a veces es causado por las simples virtudes de un hombre. Su buen ejemplo tiene tal influencia que los hombres buenos se esfuerzan por imitarlo, y los impíos se avergüenzan de llevar una vida tan contraria a su ejemplo.

-Un hombre prudente debe discurrir siempre por las vías trazadas por los grandes hombres e imitar a aquellos que han sobresalido extraordinariamente por encima de los demás, con el fin de que, aunque no se alcance su virtud, algo nos quede, sin embargo, de su aroma.

-Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de ser adquirido, estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero, destruirlo, después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por un corto número de personas, para que se encargue de velar por la conquista.

-Porque así como aquellos que dibujan se colocan abajo, en el llano, para considerar la naturaleza de los montes y de los lugares elevados y, para considerar la de los bajos, se colocan en lo alto, sobre los montes, igualmente para conocer bien la naturaleza de los pueblos, es necesario ser príncipe, y para conocer bien la de los príncipes, es necesario ser del pueblo.

-Cuando llega la noche, vuelvo a casa y entro en mi estudio. En el umbral me despojo de mis ropas sucias, sudorosas, de día de trabajo, me pongo las túnicas de la corte y del palacio, y en este vestido más grave entro en las antiguas cortes de los antiguos y soy recibido por ellos, y allí pruebo la comida que solo es mía, y para la cual nací. Y allí me atrevo a hablarles y preguntarles los motivos de sus acciones, y ellos, en su humanidad, me responden. Y por el espacio de cuatro horas me olvido del mundo, no recuerdo ninguna vejación, no temo más la pobreza, no tiemblo más ante la muerte: yo paso efectivamente a su mundo.
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Razón de Estado

   Estrictamente hablando, la razón de Estado es un concepto de origen italiano empleado a partir de Nicolás Maquiavelo (quien lo empleaba con la denominación arte dello Stato) y utilizado luego por Guicciardini y Giovanni della Casa, aunque sólo con Giovanni Botero se desarrollará como doctrina (Della Ragion di Stato, 1589), para referirse a las medidas excepcionales que ejerce un gobernante con objeto de conservar o incrementar la salud y fuerza de un Estado, bajo el supuesto de que la supervivencia de dicho Estado es un valor superior a otros derechos individuales o colectivos, como es el caso de la llamada Doctrina Brezhnev.

   Maquiavelo define el concepto en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio (lib. III, cap. 41 “Que la patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de cualquier manera estará defendida”):

   Esto es algo que merece ser notado e imitado por todo ciudadano que quiera aconsejar a su patria, pues en las deliberaciones en que está en juego la salvación de la patria, no se debe guardar ninguna consideración a lo justo o lo injusto, lo piadoso o lo cruel, lo laudable o lo vergonzoso, sino que, dejando de lado cualquier otro respeto, se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria y mantenga su libertad.
   Dichas medidas adoptadas pueden ser perfectamente legales como por ejemplo, la construcción de un embalse que obligue al desalojo de millones de personas para asegurar el abastecimiento de agua, pero pueden también contradecir los principios básicos que defiende el propio Estado, como es el caso de los asesinatos de dirigentes políticos, o llegar al terrorismo de Estado.

   La razón de Estado está estrechamente vinculada con el problema de la legitimidad que pudiera tener el Estado para tomar este tipo de medidas y con el problema de proporcionalidad en el medio empleado en relación al beneficio obtenido o esperado (por ejemplo, el bombardeo nuclear de otro estado rival existiendo otros métodos para solucionar el conflicto).

   No obstante ello, con gran frecuencia la razón de Estado se ha utilizado para justificar medidas de dudosa ética o abiertamente tiránicas, utilizándose este motivo para lograr la permanencia de un gobierno o sistema de gobierno determinados; por ejemplo, el cambio incluso violento, de un sistema de gobierno liberal a uno con una concepción política marxista, no tendría por qué amenazar la existencia misma de un Estado.

   Por ello la expresión ha cobrado muy mala fama y conlleva una significación negativa. Hasta tal extremo, que en la actualidad "por razón de Estado" se utiliza de manera generalizada para definir las medidas ilegales o ilegítimas tomadas por un Gobierno con intención de mantener el orden establecido o mejorar su posición frente a enemigos y disidentes.

   Fue quizás el cardenal Richelieu quien primero utilizó de manera extensiva la razón de Estado para garantizar la supervivencia de un determinado orden, atendiendo únicamente a una supuesta razón y sin considerar la naturaleza ética de los medios utilizados: la razón de Estado estima lícito un mal menor si con ello se evita un mal mayor.  La filosofía política y la ciencia jurídica contemporánea prestan gran atención a este concepto y sus derivaciones. En general, suele entenderse que la razón de Estado no debería exceder los límites de la legitimidad del Estado.


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