martes, 15 de octubre de 2019

DOSTOYEVSKI, EL JUGADOR







GERLILIBROS: 11DE NOVIEMBRE DE 1821 NACE FIÓDOR DOSTOIEVSKI (Fi...

"El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive" Fiodor Dostoievski

Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas inspirarás a los otros a respetarte. (Fiódor Dostoyevski)

Fyodor Mikhaylovich Dostoyevsky (1821 – 1881), fue un novelista y periodista ruso cuyo análisis psicológico del alma humana tuvo una gran influencia en la novela del siglo XX. Nunca antes un autor ruso había examinado tan minuciosamente las complejidades psicológicas de los sentimientos del hombre.

Los hombres aman los razonamientos abstractos y las sistematizaciones bien elaboradas, al punto de que no les molesta deformar la verdad; cierran los ojos y los oídos a todas las pruebas que los contradicen con tal de sustentar sus construcciones lógicas. (Fiódor Dostoyevski)

Acaba uno por agotarse y siente que esa inagotable fantasía se agota con el esfuerzo constante por avivarla (Fiódor Dostoyevski)


Fedor Dostoievski, el post que se merece parte 2 - Taringa!

Fiódor Dostoyewski. La mejor manera de evitar que un prisionero escape, es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión.




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Fedor Dostoievski (1821-1881)



Fiodor Dostoievski: citas y frases


“Los innovadores y los genios siempre han sido tratados como locos al principio (y muy a menudo al final) de sus carreras”.

“No busques premio, porque tú tienes una gran recompensa en esta tierra que sólo el justo puede gozar”.

“El hombre debe basar su felicidad mediante el sufrimiento: es la ley de la tierra”.

“Uno puede conocer a un hombre por su sonrisa. Si te gusta su sonrisa antes que lo conozcas del todo confía en que será un buen hombre”.

“No hay desgracias para los corazones débiles. La desgracia quiere un corazón fuerte”.

“La segunda mitad de la vida de un hombre está hecha únicamente de los hábitos adquiridos en la primera mitad. Si quieres que los demás te respeten, lo mejor que puedes hacer es respetarte a ti mismo”.

“Amigos míos, pedid a Dios la alegría. Sed alegres como los niños, como los pájaros del cielo”.

“Hay cosas que incluso un hombre tiene miedo a decírselas a sí mismo, y todo hombre decente tiene un buen número de esas cosas almacenadas en su mente”.

“Cuando estás perplejo antes algunos hechos, especialmente los pecados humanos, y dudas entre combatirlos por la fuerza o con amor siempre decide: “Lo combatiré con amor”. Si piensas así podrás conquistar todo el mundo. El amor es una fuerza terrible, la más poderosa de todas las cosas, no existe nada como ella”.

“El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive”.

“Si alguien me demostrara que Jesús no poseyó la verdad… entonces preferiría seguir con Jesús que con la verdad”.

“No sé si Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios”.

“Es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal”.

“Después de un fracaso los planes mejor elaborados parecen absurdos”.
“Yo creo en Dios pero Él no cree en mí”.

“Enamorarse no es amar. Puede uno enamorarse y odiar”.



FIODOR DOSTOIEVSKI
(1821-1881)

        Fiodor (o Fedor) Mijailovich Dostoievski (o Dostoyevski) nació el 11 de noviembre de 1821 en la ciudad rusa de Moscú, concretamente en el Hospital para Pobres en el cual su padre Mijail trabajaba como médico. Su progenitor era un hombre alcohólico de fuerte personalidad y actitud dictatorial, todo lo contrario que su madre María Fiódorovna Necháieva, una mujer cariñosa de buen carácter y amante de la cultura.


   A los once años de edad, Fiodor y su numerosa familia (tenía siete hermanos), se trasladaron a la aldea de Darovoye, en Tula, lugar en donde su padre había comprado unas tierras.

   En 1837 el joven Dostoievski sufrió la pérdida de su madre, quien falleció a causa de la tuberculosis. Un año después se trasladó con su hermano Mijail a estudiar en San Petersburgo en la Escuela de Ingenieros Militares. Su hermano no fue aceptado por problemas físicos. Fiodor terminó su instrucción a los veintidós años con el grado de subteniente.

   En esa época comenzó a aficionarse al juego, costumbre lúdica que le acarreó numerosas deudas a lo largo de su existencia. En el año 1839 falleció su padre fue asesinado a manos de sus sirvientes, hartos de los procederes déspotas de su patrón. La familia Kumanin se hizo cargo de los hijos del fallecido. Este hecho provocó en Dostoievski una crisis nerviosa y sus primeros ataques epilépticos.

   Por motivos económicos trabajó durante un tiempo como traductor (llegó a traducir el “Eugenie Grandet” de Honoré de Balzac), y terminó pidiendo la excedencia para dedicarse de lleno a la literatura.

   En el año 1846 logró relevancia en su país y fuecomparado con Nikolai Gogol con su primera novela, la epistolar “Pobres Gentes” (1846). Su penetrante descripción del alma humana, su implicación emocional con lo relatado, y su aguda descripción social, fueron las bases de su influyente estilo literario. Con posterioridad escribió títulos recibidos con menor entusiasmo, como “El Doble” (1846), “La Patrona” (1847), “Noches Blancas” (1848) o “Nietochka Nezvanova” (1849).

   En el año 1849 fue arrestado mientras se encontraba en el círculo de Petraschevski. Se le acusó de debatir sobre las ideas socialistas y liberales surgidas en Francia. Condenado a muerte en tiempos del zar Nicolás I, logró que su pena fuese conmutada por cuatro años en Siberia, siendo trasladado a la fortaleza de Omsk. Posteriormente fue enviado como soldado raso a Semipalatinsk. Estas vivencias le inspiraron títulos como “Recuerdos De La Casa De Los Muertos” (1861) o “Memorias Del Subsuelo” (1864).

   En su estancia en Siberia dedicó mucho tiempo a la lectura de la Biblia, empapándose de espiritualidad y tomando de sus escritos el valor del sufrimiento como liberación y salvación existencial.

   En el año 1857 se casó con María Dmitrievna Isaieva, una mujer viuda con la que no consiguió ser feliz. Ese mismo año el nuevo zar Alejandro II concedió una amnistía y Fiodor recuperó su linaje y la libertad creativa.

   En 1859 publicó la comedia “Stepanchikovo y Sus Habitantes”. En 1861, junto a su hermano Mijail, fundó la revista “El Tiempo”, en donde publicó alguna de sus obras poco antes de que la revista acabara siendo censurada. Tres años después creó “Época”, en donde publicó varios relatos, entre ellos la sátira “El Cocodrilo”. 1864 fue un año trágico para el autor ruso, ya que perdió a su mujer a causa de la tuberculosis. También falleció su hermano Mijail, con quien estaba muy unido.

   Dos años antes, Dostoievski conoció a la mujer de su vida, la estudiante pelirroja Apolinaria (Polina) Suslova, con la que mantuvo un apasionado romance hasta 1865, año en el que Polina rechazó su propuesta matrimonial. Con Polina había recorrido gran parte de Europa, viaje que le inspiró el libro “Notas De Invierno Sobre Impresiones De Verano” (1863), en el que se mostró muy crítico con los ambientes europeos. En 1866 se casó con su secretaria particular, Anna Grigorievna Snítkina, con la que viajó por Europa de nuevo para olvidarse de los múltiples acreedores que le acosaban por deudas de juego.



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  En la última etapa de su vida publicó algunos de sus mejores trabajos, como “El Jugador” (1866), escrita para el editor Stellovski, “El Idiota” (1866), “Crimen y Castigo” (1866), trabajo encargado por Katkov, el director de “El Mensajero Ruso”, en donde se va publicando por entregas la obra, “El Eterno Marido” (1870), “Los Endemoniados” (1872), “Diario De Un Escritor” (redactado entre 1873 y 1881), y una de sus obras maestras, “Los Hermanos Karamazov” (1880), novela ejemplar en la profundidad psicológica de sus personajes y en la configuración de un complejo retrato social. Una de sus últimas reediciones en español fue la novela corta “La Dulce” (1876).


   El alemán Reinhard Lauth escribió sobre sus aspectos filosóficos en el ensayo “He Visto La Verdad”.


   

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   Fiodor Dostoievski murió en San Petersburgo el 9 de febrero de 1881. Tenía 59 años. Tuvo cuatro hijos, dos mujeres llamadas Sonya y Lyuvod, y dos varones de nombre Fyodor y Alexei, los cuatro fruto de su matrimonio con Anna Grigorievna. Está enterrado en el Monasterio Alexander Nevsky de San Petersburgo.


POBRES GENTES

   En la historia lo que triunfa no son las masas de millones de hombres ni las fuerzas materiales, que parecen tan fuertes e irresistibles, ni el dinero ni la espada ni el poder, sino el pensamiento, casi imperceptible al inicio, de un hombre que frecuentemente parece privado de importancia.

   Mucho se hablado, aunque a mi juicio equivocadamente, de que Pobres gentes, la primera novela escrita y publicada por Fiodor Dostoievski, supone poco más que un mero divertimento literario en el que el lector, aunque no quedará defraudado, no encontrará sin embargo el meollo «filosófico» del autor ruso. Queda así clasificada –y casi condenada–, automáticamente, como una «obra menor», en absoluto comparable con títulos como Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo o Los demonios.

   A pesar de la brevedad de esta novela, que su autor comenzó a redactar en el cuerpo de Ingenieros del ejército (al que estuvo destinado tras finalizar sus estudios), que abandonó tras explicar que la disciplina militar sólo conviene a gentes que «desean ser mandadas», en Pobres gentes encontramos, a veces en germen, a veces desarrolladas todas aquellas ideas que, más tarde, Dostoievski pondrá en juego tanto en sus novelas más largas como en sus artículos y documentos más íntimos (como Diario de un escritor).

   Cuando hablamos de «ideas» en un literato como Dostoievski, no debemos entender meramente un constructo conceptual a través del que queda trenzado un argumento más o menos original. Pues, como él mismo explica, «las ideas descienden a las almas de los hombres y se propagan por contagio». Una idea así, parece convertirse en Dostoievski en una suerte de daimon que dirige nuestra vida y que, de alguna forma, nos determina a ser como somos y a actuar como de hecho actuamos. En Diario de un escritor explicaba nuestro protagonista que «acaece a veces que una idea, que parece accesible sólo para una inteligencia culta y elevada, logra de repente impresionar a una persona burda, inculta e inteligente». Como apunta Luigi Pareyson en su imprescindible estudio sobre el autor ruso, “las novelas de Dostoievski son planteamientos de problemas y contrastes de ideas”. Sus héroes constituyen verdadera y propiamente “ideas personificadas”. La palabra “idea” es, sin duda, la más usada en las obras de Dostoievski. La idea es aquello de lo cual un hombre vive y que considera como “su secreto”. “Las personalidades son ideas encarnadas».

   En Pobres gentes son numerosas las ideas que, en este sentido, Dostoievski desea reivindicar. En la historia, bien conocida, asistimos al intercambio epistolar entre una joven (Varvara Aleksiéyevna) y un hombre ya entrado en años (Makar Aleksiéyevich), cuyas cuitas podrán en ocasiones sobrellevar precisamente gracias al bálsamo que les procura la palabra: La propia literatura se convierte en una herramienta metatextual que ayuda a los personajes a salvar el mal llamado peso de sus respectivas existencias. En un doble e ingenioso juego literario, Dostoievski justifica la necesidad de escribir para aliviar y dar salida a nuestros más oscuros secretos, mientras que, por otro lado, no son pocos los fragmentos de Pobres gentes en los que la novela, como género, queda reducida a un puro entretenimiento (al más puro estilo kantiano):

 «Todos sabemos, Várinka, que un hombre pobre es peor que un pingajo y que, dígase lo que se quiera, no puede merecerle a nadie la menor estimación. Porque, por más que escriban esos literatuelos, un pobre siempre será un pobre con todas sus consecuencias».

   Se hace así efectiva, y explícita, la oposición entre el contenido que encontramos en las novelas (superfluo, a menudo indecoroso) y la vida práctica, a través de una crítica irónicamente velada de Dostoievski hacia el ruido mundanal que sólo se ocupa del dinero, la fama y la gloria… a cualquier precio. Pero, en paralelo, y es ésta quizás la nota más característica de Pobres gentes, permanece implícita (y en tantas ocasiones olvidada), la conflictiva relación entre dos estratos sociales bien diferenciados, entre aquellos pocos que, inmersos en la abundancia y la riqueza, no tienen oídos para escuchar las demandas de un pueblo que muere de hambre y de frío en las gélidas calles de San Petersburgo.

   Afirmar que, por un lado, Pobres gentes inaugura la «novela social» en la literatura y que, después, se ciñe a poner sobre la mesa este aspecto implícito del que hablo es, en mi opinión, una perogrullada. Al margen de las intenciones de Dostoievski, que en ningún caso podremos descifrar, lo que sí se manifiesta inequívocamente en Pobres gentes es el análisis literario que el autor lleva a cabo sobre el origen, instauración y desarrollo del mal como un dispositivo eminentemente social. El contacto directo de Dostoievski con los estratos más desfavorecidos de su tiempo, con los que llegó a convivir bajo el único amparo de un agonizante fuego, aleja aún a Fiodor de elucubraciones teológicas y asienta la firme creencia de que la desigualdad y la injusticia provienen de un ahínco constatable y enraizado en la condición social del ser humano. En uno de los momentos culminantes de Pobres gentes, Makar escribe a Varvara:

“¿Por qué están arregladas las cosas de este mundo en forma que un hombre de bien haya de vivir pobre y miserable, en tanto a otros la felicidad se les entra ella sola por las puertas? Ya sé, ya sé, hijita, que no está bien pensar así; eso se llama librepensamiento. Pero, hablando honradamente y con franqueza, cuando reflexionamos sobre la justicia de las cosas… ¿por qué, sí, por qué unos están destinados a ser felices ya desde el vientre mismo de su madre para toda la vida, mientras que otros pasan de la Inclusa al mundo de Dios? Y, sin embargo, así es la vida”.
   Y es que para Dostoievski, todo en la naturaleza es perfecto e inocente… excepto el hombre, en quien anida el auténtico principio del mal. En una obra poco conocida, de esas mal catalogadas como «menores» (El príncipe idiota), Fiodor pone en boca de sus personajes, que discuten acaloradamente, las siguientes palabras:

—La ley normal de la humanidad es precisamente el instinto de conservación.

—¿Quién le ha dicho eso? Es una ley, sin duda, pero una ley que es, ni más ni menos, la ley de la destrucción, y aún de la destrucción personal.

—Sí, la ley de la conservación personal y la de la destrucción son igualmente poderosas en el mundo. El diablo conservará aún su poderío sobre la humanidad por un periodo de tiempo desconocido por nosotros. ¿Se ríe usted? ¿Acaso no cree en el diablo? ¿Sabe usted quién es el diablo? ¿Sabe cómo se llama? ¡Y sin saber quién es, ni cómo se llama, se atreve usted a burlarse de su forma a ejemplo de Voltaire; se ríe de sus puntiagudos pies, de su cola y de sus cuernos, todo lo cual es producto de su imaginación! El diablo, en realidad, es un grande y terrible espíritu; carece de cola, cuernos, pies; son ustedes mismos los que le han dotado de esos atributos.


                     Kenny Rogers The Gambler (El Jugador) -Sub. en Español



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