martes, 29 de octubre de 2019

DON MIGUEL NO SE FUE A LA GUERRA



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Unamuno

La película de Amenábar, a pesar de algunos errores históricos, traza un honesto retrato del escritor
Pedro García Cuartango (Columnista de ABC)
   
  Unamuno era un tipo de claroscuro crónico, sin luces ni sombras absolutas. Así le define Jon Juaristi a don Miguel de Unamuno, sobre el que publicó hace algunos años una excelente biografía.

   Esa dificultad de catalogar a Unamuno subyace en «Mientras dure la guerra», la película de Amenábar, que, a pesar de algunos errores históricos menores, traza a mi juicio un honesto retrato del escritor, filósofo y catedrático vasco.

   El trabajo de Amenábar me parece muy recomendable para las nuevas generaciones que ignoran lo que fue aquel terrible conflicto que desgarró España y que algunos se empeñan en utilizar políticamente para sembrar la división.

   No digo que haya que olvidar lo que sucedió, que vi reproducido en el odio y el enfrentamiento en mi propia familia, pero sí que debemos hacer un esfuerzo de distanciamiento y comprensión para no reducir aquel drama a un episodio de buenos y malos.

   Me remito al discurso de Azaña en 1938 en Barcelona cuando pronunció aquellas palabras que cayeron en saco roto: «Paz, piedad y perdón». Eso es lo que nos hace falta todavía en esta España en la que la exhumación de Franco y la campaña electoral están resucitando los fantasmas del pasado.

   En el verano de 1936, nuestro país se convirtió en el escenario de una brutal confrontación en la que afloraron los rencores del pasado y en la que a nadie se le consintió ser neutral. O estabas con unos o eras un traidor. Unamuno, que había sido desterrado a Fuerteventura por Primo de Rivera, acogió la llegada de la República con la esperanza de que el nuevo régimen supusiera una regeneración para España. A pesar de ser diputado republicano-socialista, pronto quedó desencantado por el sectarismo de sus dirigentes.

  Cuando estalló el golpe militar en julio de 1936, respaldó la insurrección, donó dinero para la causa, firmó manifiestos de apoyo y fue restituido como rector de Salamanca. El asesinato de sus amigos, particularmente el del pastor protestante Atilano Coco, le abrió los ojos sobre la crueldad de los generales que encabezaban Mola y Franco.

    El 12 de octubre de 1936 pronunció su famoso discurso en el que frente a Millán-Astray y cientos de falangistas afirmó: «Vencer no es convencer». Pocos alegatos más valientes que el de aquella infausta jornada a favor de la tolerancia y la reconciliación.

   Unamuno murió dos meses después en arresto domiciliario, pero sus luminosas palabras nos llegan tras viajar 83 años en el tiempo con la misma fuerza que cuando fueron pronunciadas.

   Por muchos errores que hubiera cometido en el pasado, Unamuno se redimió aquel día con un testamento que debería haber quedado grabado para siempre en la mente de todos los españoles. Como subrayó, lo importante no es ganar si se pierde la decencia y el respeto del adversario.

   Unamuno era un personaje excéntrico y voluble, pero comprendió lo esencial: que en la vida y en la política es mucho más importante la razón que la fuerza, convencer que vencer.


San Sebastián 2019 ‘Mientras dure la guerra’: el sentido alegato de Amenábar a favor de la Tercera España

   El director de ‘Tesis’ compite por la Concha de Oro con un filme conciliador que no contentará a ninguna de las dos Españas

Por Andrea G. Bermejo. 21 de septiembre de 2019

   El conflicto estaba ya en su penúltima película, Ágora. El filme más incomprendido de Alejandro Amenábar contaba la lucha de Hipatia por salvar el conocimiento de la antigüedad del enfrentamiento entre cristianos y paganos. No solo eso, contaba su fracaso, tal fue el desgraciado final de la filósofa y científica que acabó asesinada y descuartizada. Quizás el mensaje no había quedado demasiado claro. O Amenábar pensó que si contaba esa misma historia en España y con personajes históricos españoles, dejaríamos de mirar hacia otro lado.

   El director de Los Otros encontró en el paraninfo de la Universidad de Salamanca su propia Alejandría. Allí, en lo que Unamuno llamaba el “templo de la inteligencia”, el filósofo vasco y el fundador de La Legión Millán Astray se enzarzaron en un rifirrafe, más o menos tenso y acalorado según quién lo cuente, que acabó con la destitución de Unamuno como rector de la universidad. Con su don de la oportunidad intacto y ese carácter valiente que lo llevó a dirigir su exitosa ópera prima antes incluso de acabar la carrera, Amenábar consideró que ese escenario de nuestra historia era el idóneo para hablar de nuestro presente.
 
   A la manera de El discurso del rey o El instante más oscuro, Mientras dure la guerra es una puesta en contexto del discurso de Unamuno en el paraninfo de la universidad de Salamanca, donde supuestamente pronunció aquello de “Venceréis pero no convenceréis”. Así, en el preámbulo de la Guerra Civil, acompañamos a Unamuno en su toma de conciencia: de su desengaño con la República y su supuesto apoyo al alzamiento militar, a la comprensión del carácter fascista del golpe. Aunque Santi Prego salva los muebles en esa tarea imposible que es interpretar a Franco, la trama paralela de los generales conspirando para quedarse España desluce frente al divagar de Unamuno por las calles ocres de Salamanca.
 
   El Unamuno de Karra Elejalde es mitad Karra mitad Unamuno, siendo eso un cumplido, y su txapela, bastón y chepa tienen todas las papeletas para que, a partir de ahora, pensemos en él mientras leamos La tía Tula. Un mérito que comparte con el Millán Astray de Eduard Fernández, tuerto, manco y medio loco, ahora que están de moda los villanos, pero sin caer en lo caricaturesco.

 Algunas secuencias funcionan mejor que otras pero el conjunto convence. Parece que Amenábar hubiese aparcado las pocas florituras estilísticas que hay en su cine –solo se permite cierto esteticismo en las secuencias oníricas de Unamuno, hermosas, pero, ¿pertinentes? – y se descubre más clásico que nunca, tal vez para que el mensaje no se deje ningún espectador por el camino. Sobre todo, en la secuencia final del enfrentamiento en el paraninfo, un espejo escalofriante en el que mirarnos hoy.


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    El espíritu de Mientras dure la guerra no puede ser más conciliador. La derecha se lleva lo suyo y la izquierda también, porque la intención de Amenábar es que el espectador vaya con Unamuno, el que decía que todos éramos españoles y que por eso mismo nos teníamos que entender. Es el suyo un alegato sentido a la Tercera España, a la inteligencia. Pero siendo esto España, en cualquier momento la película puede dar lugar a gresca, como ya ha venido sucediendo tras los pases de prensa. Pues era justamente Unamuno el que decía: “A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse”.
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 Pues se ve que yo no soy de ninguna de las dos Españas porque no sólo me ha contentado, me ha encantado. Amenábar hace obras de arte, es verdad que pasan años entre la realización de una obra suya hasta la siguiente, por algo será, porque no es un hacedor de churros como otros. El proceso es largo, pero al final merece la pena la espera, porque siempre te sorprende y te cautiva. Nunca recurre a trucos fáciles para encandilar a los espectadores, mide hasta los más mínimos detalles, en los diálogos, en los encuadres, en los rostros de los actores. Por otra parte, el mensaje que quiere transmitir en sus películas no busca el dogmatismo ni el adoctrinamiento, no es persuasivo sino finamente crítico y a la vez respetuoso con los que no piensan como él. Hay quien dice que en la película "Mientras dure la guerra" falta que salgan imágenes de las fechorías del otro bando ...¿Y pasa algo por ello? "¡Ni falta que me importa!", como diría mi sobrina. No creo que sea por falta de objetividad, sin sacarlos a escena también los pone a caldo. No obstante, quien inició la guerra no fue el bando republicano y eso hay que tenerlo en cuenta. La rata venida del desierto y sus secuaces se tomaron la justicia por su mano y eso no cabe en democracia. Por cierto, las interpretaciones de Karra Elejalde y de Albert Fernández, de matrícula de honor, qué pena que no puedan optar al óscar de la academia americana. El personaje de Millán Astray me encantó en muchas escenas y el de Unamuno me conmovió, negativamente en algún momento, pero de diez en el alegato final defendiendo el valor de la inteligencia frente a la fuerza y la sinrazón de los vencedores de una guerra que nunca debió de producirse.
(Petrus Rypff)
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'Mientras dure la guerra', la película de Amenábar sobre Unamuno en la que clama contra el fascismo y lanza un mensaje de unión entre españoles
   Unamuno pasó de apoyar el golpe de Estado del 36 a pronunciar su histórico discurso de "Venceréis, pero no convenceréis", algo que Amenábar plasma en el film.

El mensaje de unidad que Alejandro Amenábar quiere trasmitir con su película 'Mientras dure la guerra'
laSexta.com - Madrid | 21/09/2019

   Verano de 1936, arranca la Guerra Civil en España. El rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, desengañado por la Segunda República decide apoyar la sublevación militar: "Yo no he traicionado a la República, la República me ha traicionado a mí", decía el filósofo.

   "El Señor Unamuno la lio muy parda aquella mañana. Esa misma tarde le expulsaron del casino y dos días después fue destituido como rector y le pusieron un policía en la puerta", explica Alejandro Amenábar.

   La nueva película del director de cine 'Mientras dure la guerra' se centra en la figura del escritor. En la lucha interna de Unamuno, que pasa de apoyar el golpe de Estado a criticarlo públicamente en un discurso histórico: "Venceréis porque tenéis fuerza bruta de sobra, pero no convenceréis porque para convencer hay que persuadir", habría dicho.

    El film se presentó en el Festival de San Sebastián, en un momento, dice Amenábar, de "repunte del fascismo": "El fascismo creíamos que formaba parte de la mitología, pero estamos viendo que los extremos vuelven".

   Tanto él como los actores esperan que la película sirva para no volver a épocas pasadas: "El último alegato de Miguel de Unamuno es 'todos españoles y todos somos necesarios'. Sin unos y otros estaremos mancos, no valdremos para nada", defiende Karra Elejalde, actor que interpreta a Unamuno.


Reparto de "Mientras dure la guerra"



   "Se trata de entender que en el espacio común tenemos que convivir gente que pensamos diferente. Esa es la raíz de la democracia", pide Amenábar. Un mensaje de unión para una sociedad, dicen, cada vez más dividida.


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