lunes, 28 de octubre de 2019

BORGES, EL PORTEÑO





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Jorge Luis Borges

  Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo fue un erudito escritor argentino, considerado uno de los más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas.
Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1899, Buenos Aires, Argentina
Fallecimiento: 14 de junio de 1986, Ginebra, Suiza
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo fue un erudito escritor argentino, considerado uno de los más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas.

   Su obra, fundamental en la literatura y el pensamiento universales, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, excluye todo dogmatismo. En sus obras, Borges ofrece tanto a los estudiosos como al lector no especializado.

   Concebía la filosofía como perplejidad; el pensamiento como conjetura, y la poesía, como la forma suprema de la racionalidad. Aunque fue un literato puro, es preferido por semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, ya que Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y al pensamiento universal.

   Galardonado con numerosos premios, fue también polémico por sus posturas políticas de corte conservador, que pudieron ser óbice para ganar el Premio Nobel de Literatura, al que fue candidato durante casi treinta años.

   “Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja es la inocente voluntad de toda biografía”. (J. L. Borges)

 Borges consideraba que había heredado dos tradiciones de sus antepasados: una militar y otra literaria. Su árbol genealógico lo entronca con ilustres familias argentinas de estirpe criolla y anglosajona, así como también portuguesa.

   Su padre, Jorge Guillermo Borges pertenecía a una familia de origen portugués. Fue un abogado argentino, nacido en Entre Ríos, que se dedicó a impartir clases de psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en una novela, El caudillo, y algunos poemas. En 1970, Jorge Luis recordaba con estas palabras a su padre: «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música».

   Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era porteña, aunque algunas fuentes la consideran uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras al español. La familia de su padre tenía orígenes españoles, portugueses e ingleses; la de su madre, españoles y es posible que portugueses. En su casa se hablaba tanto castellano como inglés por ende, JLB creció como bilingüe.

   Jorge Luis nació el 24 de agosto de 1899 a los ocho meses de gestación, en una casa porteña de fines del siglo XIX con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Su relación con la literatura comenzó a muy temprana edad; a los cuatro años ya sabía leer y escribir. Diría, ya con 71 años, que «Si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca. Es como si todavía la estuviera viendorecuerdo con nitidez los grabados en acero de la Chambers's Encyclopaedia y de la Británica».

   Su primera poesía, Himno al mar, escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919.
¡Oh, mar! ¡oh, mito! ¡oh, largo lecho!

Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh, proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas!
Ambos con una sed intensa de estrellas;
ambos con esperanzas y desengaños;
ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria.

Borges en 1921
Borges y el ultraísmo

   El 25 de enero de 1921 apareció el primer número de la revista literaria española Ultra, que —como su propio nombre deja adivinar— era el órgano difusor del movimiento ultraísta. Entre los colaboradores más notables se cuentan el mismo Borges, Rafael Cansinos-Assens, Ramón Gómez de la Serna y Guillermo de Torre, quien más tarde se casaría con Norah Borges.

 Así lo definió el mismo Cansinos: «El ultraísmo es una voluntad caudalosa que rebasa todo límite escolástico. Es una orientación hacia continuas y reiteradas evoluciones, un propósito de perenne juventud literaria, una anticipada aceptación de todo módulo y de toda idea nuevos. Representa el compromiso de ir avanzando con el tiempo

Al respecto, el joven Borges escribió en 1921 en la revista Nosotros:
Estas palabras fueron escritas en el otoño de 1918. Hoy, tras dos años de variadísimos experimentos líricos ejecutados por una treintena de poetas en las revistas españolas Cervantes y Grecia -capitaneada esta última por Isaac del Vando-Villar- podemos precisar y limitar esa anchurosa y precavida declaración del maestro. Esquematizada, la presente actitud del ultraísmo es resumible en los principios que siguen:

“Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora.
Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles.
Abolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas y la nebulosidad rebuscada.
Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia.
Los poemas ultraicos constan, pues, de una serie de metáforas, cada una de las cuales tiene sugestividad propia y compendiza una visión inédita de algún fragmento de la vida. La desemejanza raigal que existe entre la poesía vigente y la nuestra es la que sigue: en la primera, el hallazgo lírico se magnifica, se agiganta y se desarrolla; en la segunda, se anota brevemente. ¡Y no creáis que tal procedimiento menoscabe la fuerza emocional!

En ese mismo artículo, terminó resumiendo:
“La poesía lírica no ha hecho otra cosa hasta ahora que bambolearse entre la cacería de efectos auditivos o visuales, y el prurito de querer expresar la personalidad de su hacedor. El primero de ambos empeños atañe a la pintura o a la música, y el segundo se asienta en un error psicológico, ya que la personalidad, el yo, es solo una ancha denominación colectiva que abarca la pluralidad de los estados de conciencia. Cualquier estado nuevo que se agregue a los otros llega a formar parte esencial del yo, y a expresarle: lo mismo lo individual que lo ajeno. Cualquier acontecimiento, cualquier percepción, cualquier idea, nos expresa con igual virtud; vale decir, puede añadirse a nosotros... Superando esa inútil terquedad en fijar verbalmente un yo vagabundo que se transforma en cada instante, el ultraísmo tiende a la meta primicial de toda poesía, esto es, a la transmutación de la realidad palpable del mundo en realidad interior y emocional.”

Un año después Borges publicó en esa misma revista una antología de poemas ultraístas.

  Años más tarde, Borges reprobaría, y hasta despreciaría, aquellos comienzos de su obra y todo lo relacionado con el ultraísmo. Su entusiasmo de una época, de unos años —de 1919 a 1922— pronto se trocó en desdén y aun en agresividad. Muy pronto llegó a considerar como pura futilidad la técnica del poema ultraísta: “enfilamiento de percepciones sueltas, rosario de imágenes sensuales, plásticas y llamativas”. La consecuencia fue que, sin perjuicio de haber inoculado el virus ultraísta a algunos jóvenes argentinos aprendices de poetas, muy pocos años después, Borges no vacilaría en calificar aquellos experimentos de áridos poemas de la equivocada secta ultraísta. De hecho, para 1966, Borges juzgaba el 'dogma de la metáfora' como falso, “pues...basta un solo verso no metafórico para probar que la metáfora no es un elemento esencial, concluyendo en que el error del ultraísmo fue el de no haber enriquecido, el de haber prohibido simplemente. Por ejemplo, casi todos escribíamos sin signos de puntuación. Hubiera sido mucho más interesante inventar nuevos signos, es decir enriquecer la literatura. El ultraísmo fue una revolución que consistía en relegar la literatura a una sola figura, la metáfora.

   En una reunión en la casa de Bioy Casares y Silvina Ocampo, Borges conoció en agosto de 1944 a Estela Canto, una joven atractiva, inteligente, cultivada y poco convencional, que llamó su atención —acostumbrado a tratar en los círculos literario y social con mujeres convencionales de la clase media o alta— y de quien se enamoró sin ser correspondido. Estela era una mujer vanidosa y hasta su muerte se ufanaba de haber conquistado el amor, y después la amistad de Borges, así como de haber sido la destinataria de una colección de cartas de amor que mostraban hasta qué punto el autor de Ficciones, que detestaba el sentimentalismo en la literatura, podía ser profundamente sentimental en la vida. En su libro de memorias, Canto escribió:

“La actitud de Borges me conmovía. Me gustaba lo que yo era para él, lo que él veía en mí. Sexualmente me era indiferente, ni siquiera me desagradaba. Sus besos torpes, bruscos, siempre a destiempo, eran aceptados condescendientemente. Nunca pretendí sentir lo que no sentía.”

   En 1946 Juan Domingo Perón fue elegido presidente, venciendo así a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a esta última, se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno. Su fama de antiperonista lo acompañó toda su vida. Respecto al nuevo gobierno, que Borges consideraba una dictadura, manifestó:

“Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina?”

Jorge Luis Borges en 1969 en L'Hôtel , hotel situado en la calle rue des Beaux Arts, en París . Borges manifestó su deseo de morir en dicho hotel, donde había fallecido Oscar Wilde, momento en el que el nombre del establecimiento era Hôtel d'Alsace.

Jorge Luis Borges en 1963, ya con dificultades en la visión.

  
   Tras varios accidentes y algunas operaciones, un oftalmólogo le prohibió leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta prohibición cambió profundamente su práctica literaria. Borges se fue quedando ciego como consecuencia de la enfermedad congénita que había ya afectado a su padre. El hecho no fue repentino («Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo»), sino que más bien se trató de un proceso. Como fuere, esto no le impidió seguir con su carrera de escritor, ensayista y conferenciante, así como tampoco significó para él el abandono de la lectura —hacía que le leyesen en voz alta— ni del aprendizaje de nuevas lenguas. El haber sido nombrado director de la Biblioteca Nacional y, en el mismo año, comprender la profundización de su ceguera fue percibido por Borges como una contradicción del destino. Él mismo lo relató en una conferencia dos décadas más tarde: «Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el Poema de los dones»:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.


   Jorge Luis Borges fue uno de los escritores más relevantes en el siglo XX. Su estilo a la hora de escribir, así como sus poesías, cautivaron a sus lectores y su obra ha quedado enmarcada como una de las mejores literaturas del momento. En ella, cómo no, nos podemos deleitar con citas y reflexiones sobre el amor, el paraíso y la vida.


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   Borges tenía cuatro nombres de pila: se llamaba Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo. Se convirtió en uno de los autores más importantes del siglo XX gracias al legado que nos dejó con su extensa obra literaria. Escribió distintos tipos de literatura, como poesías o cuentos, así como bestiarios lógicos, gramáticas utópicas, invenciones geométricas o genealogías sincrónicas. Hablaba en francés y alemán, idiomas en los que redactó varios textos. Sus temáticas preferidas eran el amor, las reflexiones para pensar, el alma, la política el paraíso y el fútbol.
    Algunos de los filósofos y autores que impulsaron a Borges en su carrera literaria como poeta fueron Leopoldo Lugones, Eduardo González Lanuza o Mecedonio Fernández, con quien entabló una buena relación en Buenos Aires.

Quiero terminar esta entrada con la frase de Borges que más me ha impactado siempre: "La infelicidad es el pecado más grave del hombre".

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