viernes, 13 de septiembre de 2019

SEPTIEMBRE POÉTICO



                               "Tiempo de lluvias " - Joan Manuel Serrat.



DELINA
¡Ay! la hermosa mujer que tanto amaba
de improviso ante mí despareció,
y en su lugar brillante alzose un ángel,
un ángel, sí, brillante más que el sol.

Cayó la carne: el alma presentose;
yo comprendí la gran bondad de Dios,
yo comprendí que todo aquí no acaba,
que hay otro mundo de inmortal amor.

Y ya inspirado con tan grande idea
pulsé mi lira y levanté mi voz,
y te cité para el postrero día
para el reino infinito del Señor.

Y aunque lloraba, dulce me era el llanto
que iba mezclado con mi triste adiós
un dulce sentimiento de esperanza,
que aliviaba el pesar del corazón.                    
Hoy, Delina, yo te amo todavía;
te amo, Delina, cual jamás te amé:
¡Te amo, te adoro, todo yo soy tuyo,
cuanto ya he sido, cuanto habré de ser!

¡Y, oh dicha inmensa! ¡Inapreciable gloria!
soy amado de ti, tengo tu fe;
no hay ya desaires que afligirme puedan,
ni rival a quien deba aborrecer.

Ahora yo, pues, debiera ser dichoso...
mas, ¡ay infortunado! ¿Lo diré?
No soy feliz; tu amor, que es mi tesoro,
es quien me roba mi quietud también.

No hay ya ilusión: el ángel ha volado,
y en su lugar ha vuelto la mujer:
¡Hermosa, seductora, irresistible
que me tiene en cadenas a sus pies!                     
¡Ah! vivir pude y esperar tranquilo
cuando en ti contemplaba el serafín;
mas hoy que adoro en ti mi dulce amante,
¡No puedo ya, no puedo en paz vivir!

Tus miradas de fuego me anonadan,
me hacen temblar tus labios de carmín;
la imagen de tus gracias virginales
donde quiera me viene a perseguir.

¿Será la dicha, pues, un don funesto,
y tu amor un castigo para mí?
¿Será infalible, pues, que acá en la tierra
no podré mientras viva, ser feliz?

¡Ah! ni hay ya para mí más que dos muertes:
¡O expirar de dolor lejos de ti,
o en tu seno adorado y palpitante,
de dicha inmensa y sin igual morir!

JOSÉ EULOGIO CARO



MEMORIAS DE UN VIVO QUE NO FUE (I)

Sombras agitadas de un ayer vacío
guerrero y sombrío
con amaneceres estridentes, sin tregua, oscuros
y sólo iluminados por explosiones llegadas
de todas partes…
Seguía vivo al anochecer
cuando amanecía en mi habitación
solitaria, con mi hermano,
era mi sol y mi sonrisa.
Soledad permanente, el infierno me rodeaba,
Dios era mi castigador,
él debía ser el pensamiento único,
todos me llevaban a sus templos,
a sus mensajes de alzacuellos y sotanas,
salvados, desnudos y agitados,
nuevas guerras por librar.
Era un niño descarnado
todos miraban a otro lado
los grandes de la iglesia adinerada
los sepulcros portapasos blanqueados
los de dentro, los de fuera
todos mirabana otro lado
a su misa de salvación reconfortada.
Sigo encerrado, no es Dios
y su amor regalado
ahora son rejas de hierro forjado.

CALVIN CHESTNUT



EL HUÉRFANO SOBRE EL CADÁVER
I
Este tu cuerpo es, pues, ¡oh padre mío!
¡padre! ¡Ya no respondes! ¿Qué te has hecho?
¿Eres acaso el cuerpo inmóvil, frío,
que yace aquí sobre este aciago lecho?
¡Oh, no! que hablabas, y este cuerpo calla
calla y nunca hablará: tu lengua muerta
fija, trabada al paladar se halla,
y la vida en tus ojos no despierta.
Al recibir mis últimos abrazos
ayer de amor tu corazón latía,
y me estrechaban con afán tus brazos,
y una lágrima en tu ojo se veía.
y ahora a tus ojos lágrimas no asoman,
y ahora en tu pecho ni un latido siento,
y ahora tus brazos yertos se desploman
cuando enlazarlos a mi cuello intento
¡Oh ! ya no volverás nunca a abrazarme .
¡Oh padre mio! de mi infancia amigo.
Nunca ya volverás a consolarme
nunca a llorar ya volverás conmigo
y este cuerpo infeliz, manos de extraños
a hundirlo van en olvidado suelo:
y sobre él volarán sin fin los años,
y sobre él lucirá sin fin el cielo

II
Y para mí las risas y alegrías,
y las horas de amor, de luz, de oro
vieron su fin; y desde hoy los días
van a empezar de soledad y lloro
De hoy más, bajo el hogar del extranjero,
Sin ti me sentaré solo a la mesa;
Y, como tú te fuiste, si yo muero,
nadie a llorar irá sobre mi huesa
y un ser sobre la tierra que me ame
como me amaste tú, buscaré en vano.
¡Ah! ¿Qué me importa que haya quien me llame
alguna vez amigo, esposo, hermano?
Sin el amor, de amor ¿Qué son los nombres?
no logran engañar ni al que los dijo
¡Ay! no veré de nuevo entre los hombres
al que de veras me llamaba hijo
Tú, tú me amaste, y solo tú supiste
amar mi sed, mi sed de ser amado
y a mí tu inmenso corazón abriste,
Y en él entré, y en él quedé saciado
y ahora te vas... ¡ah ! ya te fuiste ...  Y nunca,
¡Oh! ¡nunca ... No! vuelve otra vez siquiera
vuelve; que ya mi vida siento trunca,
y espera en ti mi amor que en nada espera.

JOSÉ EULOGIO CARO


LLEGÓ EL OTOÑO  (ESTA VEZ ADELANTADO)

Otoño de nubarrones
otoño de noches frías
otoño de golondrinas  que se alejan, ya no pían
otoño de cortas tardes
que de los parques nos privan,
otoño que de hojas secas
nos alfombras los caminos,
en los jardines no hay niños
las terrazas se vacían
los amores de verano
ven marchar sus alegrías,
el verano seca el alma
es estío, desertifica,
pero tú,  otoño,  nos traes,
sin querer, melancolía.
(Petrus Rypff)



El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

(Ángel González)


 



Aquel verano, delicado y solemne, fue la vida.
Fue la vida el verano, y es ahora
como una tempestad, atormentando
los barcos fantasmales que cruzan la memoria.
Se muere el mar de otoño
y hay niños que apuñalan las estatuas
y las olas arrastran candelabros, sables rotos.
Alguien que no conozco me persigue llorando
pero sé que el verano fue la vida.
( Felipe Benítez Reyes)



Me siento, a veces, triste 
como una tarde del otoño viejo; 
de saudades sin nombre, 
de penas melancólicas tan lleno... 
Mi pensamiento, entonces, 
vaga junto a las tumbas de los muertos 
y en torno a los cipreses y a los sauces 
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo 
de historias tristes, sin poesía... Historias 
que tienen casi blancos mis cabellos.
MANUEL MACHADO



Has entrado al otoño
me dijiste
y me sentí temblar
hoja encendida
que se aferra a su tallo
que se obstina
que es párpado amarillo
y luz de vela
danza de vida
y muerte
claridad suspendida
en el eterno instante
del presente.

CLARIBEL ALEGRÍA




Te recuerdo como eras en el último otoño
eras la boina gris y el corazón en calma
en tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma,
hoguera de estupor en que mi sed ardía,
dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío, campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos,
hojas secas de otoño giraban en tu alma.

PABLO NERUDA
 



¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

FEDERICO GARCÍA LORCA





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