martes, 17 de septiembre de 2019

MODELADO





LOS ZAPATOS DEL CAMPESINO

   Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias. El alumno dijo al profesor: -Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre -.

   -Mi querido amigo - le dijo el profesor, -nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre - Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre. El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. Ahora, dijo el profesor -¿No estás más complacido que si le hubieras hecho una broma? -

   El joven respondió: -Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir -.



CONTRA EL RACISMO
 
   En un avión, iniciado el vuelo, una señora oprime insistentemente el timbre para llamar a la azafata: -¿Cuál es el problema, señora? - pregunta la azafata, -¿Es que no lo ve? - responde la dama, -me colocaron junto a un sucio indígena, no soporto estar al lado de uno de estos seres repugnantes, ¿No tiene otro asiento -. -Por favor, cálmese - dice la azafata, -casi todos los asientos están ocupados, pero, voy a ver si hay un lugar disponible -. 

   La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde: -Señora, como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica, hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase -. Antes de que la dama pudiera hacer el menor comentario, la azafata sigue: -Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase, pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante -. Todos los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados. Entonces, la azafata, dirigiéndose al indígena, le dice: -Si el señor lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera -. Y los pasajeros, que sorprendidos, presenciaban la escena, se levantaron y aplaudieron.



 
UNA VERDAD QUE DUELE, PERO MUY CIERTA
 
   Durante una conferencia sobre las grandes diferencias entre generaciones, un presumido estudiante se tomó la molestia de explicarle a un señor mayor sentado cerca de él, por qué le es imposible a la vieja generación comprender a los más jóvenes:

    "Usted creció en un mundo diferente, realmente casi primitivo", dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor. "Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, internet, teléfonos móviles, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno. Computadoras con procesos de velocidad de la luz…y más".

   Después de un breve silencio el señor mayor respondió: "Tienes razón, hijo mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes...¡Así que las inventamos! Ahora, dime arrogante, ¿Qué estás haciendo tú para la próxima generación?

¡El aplauso fue ensordecedor!



EL NIÑO Y LA CAMARERA
 
   En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La camarera puso un vaso de agua en frente de él.

-¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con nueces? - preguntó el niño -, -Cincuenta peniques, respondió la camarera -. El niño saco su mano de su bolsillo y examinó el número de monedas que llevaba.
 
-¿Cuánto cuesta un helado solo? -, volvió a preguntar.
 
  En ese momento había algunas personas que estaban esperando  mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.

-Treinta y cinco peniques -, dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas -. 
-Quiero el helado solo -, dijo el niño. La camarera le trajo el helado con mala cara, puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue.

   Cuando la camarera volvió, empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco peniques. ¡Su propina! ¡Jamás juzgues a alguien sólo por las apariencias!



LA ARENA Y LA ROCA
 
   Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y discutieron. Uno acabó dando al otro una bofetada. El ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”.

   Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo. Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar se podía leer: “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”.
 
   Intrigado su amigo, le preguntó: -¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca? -
 
   Sonriente, el otro respondió: -Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo -.



LA VIDA ES UN ESPEJO
 
   En un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró entrar a dicha casa y se topó con una puerta semiabierta;  lentamente se adentró en el cuarto y se dio cuenta que dentro de ese cuarto había mil perritos mas observándolo, como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas. Los mil perritos hicieron lo mismo. Sonrió y les ladró alegremente a uno de ellos, los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando salió del cuarto pensó: Que lugar tan agradable. Voy a venir más veces a visitarlo.

   Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y entro al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, al ver a los mil del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Empezó a ladrar y vio como los mil perritos le ladraban también a él. El perrito salió del cuarto y pensó: “Que lugar tan horrible es este. Nunca más volveré a entrar”. En la fachada de la casa había un letrero que decía: "La casa de los mil espejos". No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones. "Todos los rostros del mundo son espejos". Decide cual rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás. Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón.



LOS CLAVOS DEL MAL GENIO
 
   Esta es la historia de un joven que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. Pronto la puerta se llenó de clavos. Pero, a medida que aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que podía controlar su genio, pues el clavar le hacía pensar sobre su mala actitud. Llegó el día en que pudo controlar su carácter y ya no tenía razón de clavar.

    Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Era ciertamente un gran logro, pero su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero la herida permanece y el mal se propaga. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física. Ahora hace falta trabajar mucho más para que la puerta quede como nueva. Hay que reparar cada agujero y muy difícilmente lograrás que quede como nueva."





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