martes, 24 de septiembre de 2019

EL AMOR BREVE



Carta a Soledad
Añadir leyenda




LA CARTA DEL 39

   Él decía amarla con la intensidad de mil soles, y buscar su recuerdo en cada suspiro. Que el horizonte no tenía significado sin su risa, ni necesitaba otra brújula que su aroma. Las trincheras se iban saciando ya, y quedaba cerca el momento de volver a reunirse con ella entre las sábanas. Quedarían atrás los gritos y las balas, los miedos y los estruendos, y ambos podrían hablar de sus mutuos secretos, del amor interrumpido, de los furtivos encuentros del pasado en la casa abandonada junto al río. También hablarían del número de hijos que iban a tener, y de los nombres de cada uno.

   Estas palabras escritas de prisa sobre una hoja de papel, a principios del treinta y nueve, nunca encontraron su destino. Se perdieron para que yo las encontrara, sesenta años después, en un tenderete de antigüedades del mercadillo de la Plaza Mayor. El sobre estaba cerrado todavía, sin matasellos, ajado por la humedad y los años transcurridos. Después de romperlo, para descubrir su contenido, tuve el impulso de encontrar a su destinataria. Seis décadas eran muchas, pero quizás no fueran demasiadas. Llevé la carta a la oficina de Correos con instrucciones para que me la devolvieran si no quedaba nadie para recibirla, y dejé volar el calendario sin esperar una respuesta. Pero la respuesta llegó, después de varias semanas, hace un rato, sólo contenía dos palabras temblorosas, empapadas de emoción, con una bonita caligrafía que ocultaba su trémulo trazo:
Muchas gracias. 


Película para dos

   Las paredes se escondían tras la oscuridad, impidiéndonos ver los límites del salón, envolviéndonos en una atmósfera de penumbra y silencio, como si aquel sofá sobre el que estábamos sentados juntos, muy juntos, fuese el único punto colonizado del universo, como si aquella luz focal que emitía la pantalla fuese la única estrella de una galaxia que nos pertenecía, la única en la que el amor estaba por encima del egoísmo.

Tus ojos

   Tus ojos sienten ahora, lo observan todo, te avisan y te salvan, te empujan y te invitan y tú sigues sus instrucciones, en silencio, porque ellos mandan. Pero tienes que creértelo. Tus ojos han aprendido a sonreír y ahora mandan ellos, se enteran de todo cuando amas. Ahora bien, tú tienes que avisarles que hay más cosas por ver, aún queda camino y amores por encontrar, que estén atentos, no vaya a ser que te indiquen el camino equivocado y tú procura no olvidar algo tan simple como importante: tus ojos son todo lo que está bien.

Reflejos

   El vaho sobre el cristal difuminaba su reflejo con cada respiración, dejándole ver de nuevo, tras unos segundos, un rostro que ya no reconocía como suyo. De nuevo, el tren era demasiado pequeño para sus pensamientos y los proyectaba en el paisaje que iba acompañándole de vuelta a casa.


La pista de baile

   La pista de baile se fue llenando de parejas conforme la luz comenzó a atenuarse y las primeras notas salieron suspiradas de lo que parecía ser el cielo.


El silencio de la noche

   En el silencio de la noche, un quebranto interrumpe el caminar del agua por las orillas del río y se dispersa entre las sombras de los olmos, que bailan como serpientes al compás de la flauta mágica del viento, junto con los cantos de los búhos y el aleteo de algunos murciélagos, uniéndose a la triste estampa que protagoniza un solitario con el corazón hecho cenizas de amor.


En el silencio de la noche


Vacíos

   El frío de febrero al anochecer se transformó en un segundo en el más cálido día de agosto. El calor se apoderó de su cuerpo como si se hubiese tomado un largo trago de absenta. Las manos nerviosas buscaban un lugar en el aire en el que esconderse, las piernas flaqueaban y amenazaban con dejarle caer. La frente se llenó de sudor como en sus días más febriles y el corazón redoblaba sus latidos ante la sensación de asfixia que inundaba sus pulmones.


Casi fin de año

   Al amparo de una chaqueta, un par de guantes y una bufanda que amenazaba con estrangularle, atravesaba una de las grandes avenidas que dividen, de un extremo de la ciudad al otro, los barrios buenos de los indeseables. Entre dos realidades y desequilibrios se dirigían sus pasos sobre la alfombra de polvo y agua, pues había llovido, que dejaban un aroma rancio que despejaba sus fosas nasales.

29 de diciembre


 La vida no sigue igual

   Cuando te asomas a la ventana, la abres y dejas que el frío erice el vello de tus brazos y endurezca la superficie de tus mejillas. Cuando tu mirada se fija en un punto inexistente del horizonte tratando de encontrar un recuerdo amable entre tanto pensamiento negativo. Cuando notas tu existencia como la película de un carrete velado por la luz.

Añadir leyenda








No hay comentarios: