jueves, 15 de agosto de 2019

MICROMIEDOS II








BURBUJAS
   Las burbujas negras son un lugar intermedio entre el plano que todos habitamos y otra dimensión. Ambos mundos se fusionan para encontrar una coherencia, parece ser una copia del mundo humano pero en él se aprende el lenguaje de los seres multidimensionales. Todo se ve igual, pero no todo es lo que parece, las cosas pueden ser una metáfora extraña y peligrosa, o no. Ten cuidado con las puertas negras, y trata de despertar lo antes posible por más interesante que te parezca el sueño. Puede que alguien quiera robar tu cuerpo y despiertes mirándolo irse, fuera de ti.

LA PESADILLA
   Estaba en un bosque desolado, era de noche y solo alumbraba mi camino la luz de la luna. La única melodía que se escuchaba era la de mis pasos descalzos y la agitación de mi respiración tras una larga caminata. La desesperación penetraba en mi alma y hacía bombear mi corazón a la velocidad del viento que erizaba mi piel. Una mano que quemaba tocó mi espalda y escuché un susurro tan lejano que no logré descifrar. Sentí un dolor desgarrador y de pronto vi mi habitación. Desperté con una frase tatuada en mi piel: ‘No despertarás jamás’.

DESAPAREZCO
   Abro los ojos. Nuevamente estoy esperando que la oscuridad se vaya o que un mínimo haz de luz me permita observar algo, cualquier cosa. Pero no; la negrura sigue cubriéndolo todo. Ya no recuerdo cuántas veces desperté. Sí recuerdo el dolor, que persiste y me martillea. Muñecas, tobillos, un costado, quizás cerca de las costillas. La cabeza me arde. Respirar sigue siendo difícil, y puedo distinguir el olor a sangre. Dos puertas se cierran de golpe. Un coche se pone en marcha. Antes de que arranque alcanzo a escuchar: ¿Cuánto hace que está el paquete atrás? Hay que despacharlo hoy.

EL SECUESTRO
   Las heladas gotas que se colaban a través del techo de madera  resquebrajado se estrellaban en la frente de Susan.
   La niña yacía entre el barro y las heces de las vacas que dormían a esas horas de la madrugada. Afuera la lluvia arreciaba con ráfagas de viento que aullaban al atravesar las copas de los pinos que poblaban la granja que vio nacer seis años atrás a la pequeña. Junto al cuerpo de Susan, en un charco de sangre estaba su osito de peluche, la sangre manaba de la entrepierna de la niña.

EL CEMENTERIO
   - Es perfecta, pero no está a tu altura- concluye, disconforme.       
   -  En Halloween mandas tú- concede el hombre.
    La ofrenda es una adolescente muy alta, casi tanto como la diablesa que le estruja el cuello. El ser tronza las piernas de la víctima indefensa valiéndose de una garra poderosa; luego,  compara los restos ensangrentados con su benefactor. ¡Ahora sí está a tu misma altura!
El vigilante del cementerio, complacido, recibe su paga en monedas de oro. - Y para la próxima, búscate una de tu tamaño… ¡Lo sobrante es mucho, y me da pena desperdiciar la comida!-



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