lunes, 22 de julio de 2019

EL RELOJ DE LA ABUELA ELA




                                                               A María y Pablo


-Hola abuela-, saludó María mientras se quitaba el abrigo y cerraba el paraguas.

   Allí estaba ELA, sentada en su sillón favorito, en el que pasaba largas horas cada jornada porque su avanzada artrosis le impidía permanecer en pie más allá de lo imprescindible. Con su pelo recogido, sus gafas caidas hasta media nariz y su característico olor a perfume de bebé. Tan elegante como siempre.

   La abuela levantó la cabeza y dedicó a María la mejor de sus sonrisas, de sobra sabía que era la nieta favorita. Con un caluroso gesto le pidió que se acercara para darle uno de sus calurosos achuchones.

-Ya basta abuela, le dijo. – ya no soy una niña para estas muestras de cariño.

   La abuela la miró entristecida y con voz entrecortada le pidió que se sentara a su lado, y que le pusiera al día de su vida, haciéndole miles de preguntas.

-Todo bien, abuela, le contestó escuetamente, mientras ojeaba el móvil.

-Cuando el reloj marque mi hora me echarás de menos, dijo la abuela en un tono casi imperceptible, y pidió a María que le dedicara unos minutos.

   La nieta aceptó a regañadientes, dejando el móvil a un lado.

-María, sé que ya no te apetece venir como cuando eras una niña, sé que  los tiempos están cambiando, que ya no soy capaz de entretenerte y que el mundo exterior ofrece más diversión que estas cuatro paredes, pero déjame decirte algo:  La vida, María, te pondrá a prueba, te romperán el corazón, te caerás y algunas veces te encontrarás sola para levantarte, te reirás, llorarás, querrás comerte el mundo y habrá veces en las que no querrás ni levantarte de la cama, ya le pasó a tu madre y te pasará a ti, créeme. Sé todo eso porque soy vieja, y me han contado todos los cuentos, y cuando eso suceda, María, yo ya no estaré, ya no podré saber de ti, ya no me tendrás para curar tus heridas y secar tus lágrimas.

   Los ojos de la abuela se llenaron de lágrimas, y un extraño escalofrío recorrió el cuerpo de María. La abrazó profundamente, y entre sollozos le pidió perdón, por su inconsciente egoísmo.

   Sus palabras siguen retumbando en la cabeza de María,  porque el reloj marcó su hora aquella fría tarde del jueves sin otro sábado para visitarla.

                     Estrella morente - Volver



                     "Volver" Pedro Almodóvar (2006)


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