viernes, 26 de julio de 2019

EL LLANTO DE LOS NIÑOS...Y LOS VIEJOS


Esos locos bajitos - Joan Manuel Serrat


   Como cada mañana despierto con la esperanza de retomar el vaivén de mi vida y la ilusión de dejar atrás el efímero abandono. Bombardeo como despertador, cenizas como jabón y sangre como ducha mañanera.

   Cinco años de continuas lágrimas negras, lágrimas bañadas de ilusiones muertas, ilusiones creadas a base de sueños perdidos que se convierten en esa esperanza desesperanzada.

   Por más que corramos, el bombardeo de pesadillas nos persigue a cada paso desesperado que dejamos atrás. Un día fui niño y hoy con diecisiete años estoy en la obligación de ser adulto. No se me está permitido flaquear porque significaría bajar la guardia.

   Este no es mi país sino un cementerio de recuerdos, ilusiones y ante todo, de cadáveres bañados en cenizas que apelmazan una historia amordazada por los medios, el miedo y la ignorancia.

   Miles de monografías hablarán de esto con el tiempo, para entonces esos nuevos medios recordarán los trágicos sucesos que se han presenciado aquí y como testigos sólo habrá pequeñas almas desorientadas que no encuentran respuestas a sus preguntas. Por ese entonces, esperemos que los medios no tengan mordaza y que nuestros SOS no queden en un grito desesperado, hundido en el silencio. ¿Es la sociedad un saco de hipocresía artificial que se hunde en actos de buena voluntad, en mensajes tan voluntariosos como efímeros y estériles?

No veo más que mensajes llenos de algarabía civil, pero, realmente ¿qué se hace? Mirar para otro lado mientras que los niños y los viejos lloran desesperadamente.


   Los niños lloran por el mundo que les vamos a dejar y porque su mirada se pierde en un pozo oscuro sin apenas un haz de luz y por ello, se sienten obligados a sobrevivir todos los días y a ver el mundo de diferente modo después de observar como su familia se pierde  en el montón de la indiferencia,  la desidia y el conformismo. ¿La belleza de todo esto? Es que no la tiene. Aquí vives cada día como si fuera el último, sin pensar que nos deparará el mañana.

   Por otro lado, los viejos lloran por la soledad que les salpica de ruido y la desesperanza propiciada por el abandono. Abandono que nos priva de la posibilidad de admirar su sabiduría y aprovechar su experiencia, y todo porque van a su ritmo…sólo un poco más lentos, más sordos y más ciegos, lentitud, sordera y ceguera que es sólo física, no emocional ni intelectiva.

   Los demás intentamos vivir con la única belleza que nos queda de esta sombría situación, la belleza del saber apreciar la vida, sin importar lo material, el conocimiento que se tenga o incluso la creencia que defiendas. 

   Un servidor se rebela ante este negro panorama y propone ponerlo todo patas arriba y reconstruir un mundo diferente. ¿QUIMERAS, UTOPÍAS, ENCANTAMIENTOS?

                                   JOAN MANUEL SERRAT -  LLEGAR A VIEJO

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