sábado, 20 de julio de 2019

CURSO PELIGROSO





  Francisco tiene 39 años, trabaja como  coordinador de la sección de deportes de unos grandes almacenes muy prestigiosos situados en el centro de la ciudad. Reside en una bonita y amplia casa en una urbanización ubicada al oeste, a pocos kilómetros de su lugar de trabajo. Está casado y tiene dos hijos de diez y ocho años respectivamente. Mantiene una muy buena relación con su esposa, Clara, dos años menor que él. Clara trabaja como enfermera en un centro de salud de un pueblo cercano a su lugar de residencia.

   Francisco estaba participando, por sugerencia de una subordinada suya, con la que mantiene una buena relación de amistad desde hace varios años, en un curso impartido por un psicólogo argentino en la Facultad de Psicología. El título del curso era “Experiencias sobre la propia muerte” y contaba con el aval del decano de la facultad, un prestigioso psicólogo clínico y profesor universitario durante no menos de 20 años.

   Francisco siempre ha sido aficionado a los temas esotéricos y dado que el curso duraba sólo siete días y no interfería demasiado con su horario de trabajo ni en la conciliación familiar, decidió apuntarse a su realización. El último día del curso por la mañana, se realizó un ejercicio práctico consistente en sesiones de hipnosis y regresión dirigidas por el Dr. Noccioni. Posteriormente los participantes, entre los que estaba Francisco y su amiga Tere, compartieron un ágape durante el que se procedió a la entrega de diplomas de asistencia.

   Casi al final del acto, Francisco, que ya durante la regresión se había sentido algo indispuesto, sufrió una crisis nerviosa, con excitación psicomotriz, confusión mental, pensamientos autolíticos y verborrea, con un lenguaje en algunos momentos incoherente y saltatorio. Aunque resultó complicada su contención, fue conducido por una ambulancia a la Puerta de Urgencias del Hospital Clínico para una evaluación psiquiátrica.
   Clara, avisada por teléfono por una enfermera del hospital, antigua compañera de estudios, se presentó en un tiempo record en la puerta de urgencias, golpeó con los nudillos  la puerta del box donde el psiquiatra de guardia estaba empezando a explorar a Francisco, y fue invitada a entrar en el despacho. Al ver el lamentable estado en que estaba su marido no pudo reprimir un sollozo pero, rápidamente consiguió recomponerse, no en vano era toda una profesional sanitaria.

   Asistió con la calma suficiente que la situación exigía a la anamnesis que el médico estaba realizando y al ser preguntada por el estado del paciente en los días previos, explicó que lo estaba notando un poco acelerado desde hacía tres jornadas, dormía mucho menos de lo habitual y le oía hablar en voz alta estando solo en la habitación contigua al dormitorio marital. La mañana del sábado, penúltimo día del curso, durante el desayuno, estuvo muy excitado e inquieto, con rápidas fluctuaciones en su estado de ánimo. A veces se sentía extremadamente feliz sin causa aparente, explicando planes extravagantes, mostrándose hiperactivo y hablando sin parar y, en otros momentos se mostraba decaído, cansado, expresando sentimientos de culpa e ideas de suicidio. Una tarde se encontró con un vecino al que dijo que podía leer el pensamiento y predecir su futuro. También le había contado a la cajera del supermercado que solían frecuentar en la compra semanal, que recibía mensajes simbólicos a través de la televisión, que tenía habilidades telepáticas y que había sido elegido para una misión y por ello  “ciertos enemigos” lo trataban de perseguir. Al mismo tiempo sentía que todo a su alrededor parecía irreal, como si estuviera delante de un escenario lleno de personajes extraños.

   En la oficina, el sábado por la mañana estuvo excitado y perturbado. Anunció a sus colegas que había sido nombrado director de la empresa, y que todos deberían hacer un viaje alrededor del mundo.

Antecedentes: El paciente era hijo único. Su padre era fontanero en un pueblo de provincia. Al terminar la escuela secundaria, hizo un curso de formación de vendedor de la rama textil en la Cámara de Comercio y a los 27 años empezó desde abajo en la empresa donde continúa trabajando a día de hoy.

   Siempre había sido extrovertido, activo y enérgico, pero muy responsable. Era ambicioso y le gustaba su trabajo. Trabajaba de forma eficiente y su esfuerzo era apreciado por sus jefes.
   Al concluir el relato de la esposa, el psiquiatra de guardia prosiguió con la exploración psicopatológica: Francisco parecía perplejo y ansioso, pero estaba completamente orientado. Se mostraba verborreico, con fuga de ideas y por momentos parecía responder a alucinaciones auditivas. Tras la realización del completo protocolo de ingreso fue subido a la planta de agudos.

   Al día siguiente estaba excitado y confundido. Dijo que había sido sentenciado a muerte y que su vida estaba en peligro. Una luz que entraba por la ventana le indicaba que estaba bajo vigilancia especial. Una estrella en el cielo era un objeto volador no identificado que había venido a llevárselo de la tierra. Entre el ruido de la sala común de la planta distinguía voces que se burlaban y reían de él. Al ver la televisión veía las caras y oía la música deformadas. Sentía que otras personas podían “bucear en su mente”, sacar sus pensamientos y hacerle sentir emociones e impulsos que no eran los de él. Por momentos se volvía irritable y verbalmente agresivo, y hablaba incesantemente con fuga de ideas.

Evolución: Al ser tratado con 20 mg de Olanzapina por día, el paciente se fue calmando gradualmente y después de 10 días ya no parecía psicótico. Estuvo algo deprimido durante otra semana, después de lo cual su familia lo consideró en su estado mental basal.

Discusión: En el transcurso de una semana, el paciente desarrolló un trastorno psicótico con cambios rápidos de humor que iban de la euforia a la depresión, y con ideas delirantes que en casi todos los casos eran incongruentes con su estado emocional. Tuvo experiencias de robo del pensamiento y de impulsos y emociones controladas por fuentes externas, lo que son síntomas esquizofrénicos de primer rango.

  Su perturbación estaba aparentemente asociada a un curso de “experiencias sobre la propia muerte” que pudo haber sido muy estresante, sobre todo por la falta de pericia del responsable del mismo, el Dr. Noccioni. También pudo tener algo que ver su ambición y su personalidad sensible. Uno de los diagnósticos a considerar sería trastorno psicótico polimorfo agudo y transitorio, con síntomas de esquizofrenia (F23.1 según en manual diagnóstico CIE-10), caracterizado por disturbio emocional severo, ideas delirantes cambiantes y alucinaciones, sumados a síntomas que responden a los criterios de síndrome esquizofrénico. Sin embargo, para hacer este diagnóstico, la condición es que no responda a los criterios de episodios maníacos o depresivos. En el caso de este paciente, están presentes los síntomas maníacos y depresivos, en grado severo, y dado que alternan rápidamente, constituyen un episodio de trastorno afectivo mixto. Al concurrir simultáneamente síntomas de esquizofrenia durante por lo menos dos semanas, todo apunta a un diagnóstico de episodio esquizoafectivo del subtipo mixto. F25.2: Trastorno esquizoafectivo, tipo mixto, según la citada CIE-10.


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DESPERTAR A LA VIDA A TRAVÉS DE LA MUERTE

TALLER VIVENCIAL BASADO EN LA RESPIRACIÓN HOLORÉNICA 

Un verdadero rito de paso actual para expandir la consciencia y perder el miedo a vivir

   Una experiencia espiritual y transpersonal de disolución consciente del ego. El taller facilita una catarsis profunda para descargarse, fluir, regenerarse y sanar. Las personas que pierden el miedo a morir ganan un espacio inmenso para sus vidas, avanzan más rápido y son más saludables.

¿QUÉ ES EL TALLER?
EXPERIENCIA
   Una experiencia incomparable, un paseo conciliador por la propia muerte, el amor y la vida propulsado por la Respiración Holorénica.

VIVENCIA
  Una vivencia completa y profundamente espiritual de desarrollo psicológico y existencial. Quien es capaz de enfrentarse a la muerte abre una incomparable y nueva dimensión de su vida basada en la aceptación profunda de uno/a mismo/a.

DIMENSIONES
   Es un taller que permite descubrir dimensiones insospechadas de la existencia por el camino de descargar las presiones emocionales que nos condicionan. Experimentando un estado expandido de consciencia, cada asistente constata las causas que limitan su vida.

SANACIÓN
   Es un marco de sanación y de desarrollo profundo de la persona propulsado por la técnica de Respiración Holorénica guiada por músicas y sonidos altamente seleccionados que empujan a los asistentes a una disolución creativa del ego, ayudando a descubrir el lugar exacto donde cada uno está atascado en la vida.

RESPIRACIÓN HOLORÉNICA
  La sesión de Respiración Holorénica va precedida por ejercicios especiales que ayudan a liberar miedos, bloqueos físicos y emocionales y a reconocerse. Tras el estado expandido de consciencia, sigue un proceso de elaboración de la experiencia que permite entender lo que ha sucedido, ayudándonos unos a otros en esta tarea.

DESARROLLO
   Especialmente indicado para personal sanitario y psicoterapeutas, profesores y estudiantes, parejas, gerontólogos y, en especial, para toda persona realmente interesada en su desarrollo como ser humano.

EXPLORACIÓN
El taller está orientado a explorar los límites existenciales, sea por interés personal o profesional. No hay límite de edad. Ayuda a ganar valentía para vivir, a sanar algunas heridas psicosomáticas profundas y a encontrar el lugar que le corresponde a cada uno/a en el mundo. Además, se descubre amorosamente, la grandeza de lo que implica morir y se aprende a acompañar a terminales.

Experiencias cercanas a la muerte en terapia

      La muerte es un tema incómodo para la raza humana, pero a pesar de ello siempre ha existido una curiosidad, más allá de las creencias, por saber qué experiencias tienen las personas que han estado en trance de muerte y han llegado a sobrevivir. Nos referimos a las llamadas experiencias cercanas a la muerte (ECM).
      El número de este tipo de experiencias se ha incrementado en las últimas décadas gracias a las modernas técnicas de reanimación cardiaca.  
   En 1975 el psiquiatra Raymond Moody tipificó por primera vez una serie de vivencias comunes compartidas por pacientes que habían pasado por reanimación, tales como una profunda sensación de paz,  la visión del propio cuerpo desde el exterior, una revisión vital de los sucesos de la vida, encontrarse en un túnel con una luz al final, e incluso reportes de contactos con familiares fallecidos o seres espirituales.
     Hoy en día gracias a la Neurología y a la Psicología muchos de los aspectos vividos en las ECM tienen una explicación científica. Por ejemplo, la visión del túnel puede ser generada por alteraciones sobre las zonas ópticas siendo esto coherente con la visión central de la mácula provocando que la actividad visual durante la isquemia retiniana de la impresión de ver una luz al final de un túnel.

Alteraciones del cerebro 

   Las alteraciones del lóbulo contralateral izquierdo son susceptibles de generar la conocida “sensación de presencia” que, aunque no patológica, sabemos que también se da en trastornos mentales como la esquizofrenia. Estas alteraciones explicarían los encuentros que se reportan con entidades o personas fallecidas.
   Las experiencias de salida del cuerpo o alucinaciones heautoscópicas son comunes con otras afecciones como por la epilepsia del lóbulo temporal. De hecho, pueden ser producidas artificialmente estimulando la zona derecha temporal-parietal y según Olaf Blanke (2004) son consecuencia de un fallo de integración de la información del propio cuerpo.
   La base neurológica y psicológica de las ECM la encontramos en la alteración de la conciencia provocada por el estrés extremo lo que produce una distorsión temporal con la consecuente inhibición de los mecanismos lingüísticos, así como la correspondiente activación de técnicas de protección emocional ante cualquier trauma que amenace la vida. El cerebro reacciona provocando sensaciones de analgesia, indiferencia e incluso euforia, producto del efecto de los neurotransmisores dando lugar a alucinaciones visuales complejas mediante la actividad epiléptica en estructuras límbicas (cerebelo, hipocampo, áreas internas) y a la creación de una historia coherente post-experiencia (Saavedra-Aguilar y Gómez Jeria 1989).


Opiniones dispares 

   Por contraintuitivo que parezca en nuestro acercamiento a este tipo de fenómenos parece que la anoxia y el daño cerebral son solo uno de los mecanismos susceptibles de provocar una ECM(Blackmore 1993) y no al contrario. Un apoyo a este hecho es que las ECM se han llegado a dar aunque la vida del sujeto no haya corrido peligro.
  No todas las posturas ante las ECM son unánimes. Existe un conglomerado de publicaciones de profesionales de la Medicina, cardiólogos como Pim Van Lommel o psiquiatras como Raymond Moody que no dudan en afirmar que la conciencia es independiente del cerebro. Todos ellos bajo el prisma último de la subjetividad citan como presuntas pruebas de ello experiencias vividas por pacientes al borde de la muerte e incluso experiencias propias como la del neurocirujano Eben Alexander (2012) renunciando a aplicar explicaciones más adecuadas al principio de parsimonia como expresaron las críticas posteriores (Scientific American,Shermer 2013).
   Asimismo, en los casos donde se han reportado datos positivos a favor de esta pervivencia de la conciencia, como son los presentados por psicólogos como Charles Tart (2009), nos encontramos con experimentos que adolecen de falta de control sobre las variables extrañas, arrojando los que están correctamente diseñados resultados nulos (Lawrence 1996, Sartori 2004).
  No todas las personas son candidatas a participar en estos cursos, deberían abstenerse quienes presenten marcados rasgos de inestabilidad emocional de la personalidad, trastornos disociativos y conversivos hipersensibilidad mocional y por supuesto enfermedades mentales graves del espectro psicótico que pueden presentar descompensaciones agudas.



Consideraciones para tratar pacientes con ECM   

   El hecho de que las ECM se den solo en un porcentaje pequeño de personas no es razón para ignorar la importancia que puede tener una experiencia así para los pacientes. He aquí algunas consideraciones básicas que merece la pena recordar:

• Distinguir entre la vivencia de la ECM que generalmente no es vivida con terror por mediación de los mecanismos antes citados, aunque aún susceptible de TEPT (Greyson 2001) de la serie de acontecimientos traumáticos (accidentes, atentados, y amenazas para la propia vida) en los que se ve inmersa la persona previos al trauma, que se recuerdan con dificultad o bien se encuentran directamente disociados. Estos últimos son los que deben ser especialmente atendidos ante la posibilidad de un trastorno de estrés post-traumático.
• Menospreciar la vivencia de un paciente si se decide a compartirla en consulta es un error compartido por los profesionales del ámbito sanitario. Muchas personas ocultan o minimizan las ECM en ocasiones durante años, por miedo a la vergüenza o a la estigmatización. Si la experiencia existe y es relevante se debe trabajar en el marco de la relación terapéutica bajo el principio de aceptación incondicional para que se integre correctamente.
• Debe valorarse la adaptabilidad de la persona a su ambiente social, laboral y familiar, así como al sufrimiento egodistónico, como el peso que sufrir una ECM ha influido en su perspectiva. No hay que olvidar atender al cómo se llegó a experimentar ya que tienen implicaciones completamente distintas a nivel terapéutico. Por ejemplo, no será lo mismo sufrir una ECM por un accidente fortuito que por un intento autolítico.
• Se pueden dar cambios de tipo fisiológico, citando a Atwater (2012) parecen ser muy comunes (del 90 al 95%) la fotosensibilidad, un aumento de la curiosidad, la disminución de la presión arterial y un incremento de la capacidad de invención y de las sinestesias.
• A nivel de cambios psicológicos se produce de forma muy común una pérdida del miedo a la muerte, un aumento de la capacidad de manejo del estrés, una mayor apertura a la experiencia y menos ansias de competición.
• Existe un porcentaje muy pequeño de experiencias cercanas a la muerte que son de carácter angustioso y atemorizante. Generalmente suelen producirse tras administrar naloxona al paciente (Judson & Wiltshaw, 1983), un antagonista usado en casos de intoxicación aguda por opiáceos, depresión respiratoria y choque séptico.

                            ¿Qué hay después de la Muerte? por Emilio Carrillo


                Mi EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE - Historia de un viaje inesperado, por Rafael




  

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