miércoles, 12 de junio de 2019

PADRES E HIJOS















Carta de un padre a un hijo
   ¡Querido hijo…
   Mientras duermes, viéndote descansar, desde cierta distancia, pienso en ti. Cuando la noche llega y el cansancio parece ganar la batalla, el silencio se alía con el alma y salen a combatir misteriosamente, trayendo al corazón tantas preguntas…
  ¡Cuánto te quiero! Es lo primero que me brota del corazón. Cuánto te quiero… No sé explicártelo muy bien… Tal vez cuando seas padre lo descubrirás por ti mismo. Un amor proporcional al sufrimiento que siento. Cuando uno ama, se abre al sufrimiento. Uno no puede amar sin darse, sin vaciarse, sin desnudarse, sin exponerse. Desde que apareciste, yo soy más fuerte en mi fragilidad. Y sufro más. Y amo más. Y soy más. 
  ¿Eres feliz? Es la pregunta fundamental que, creo,  más atormenta a un padre. Sé que tu felicidad no depende de mí, ni soy yo quién te la va a proveer, pero no puedo dejar de pensar si estoy acertando para ayudarte en esta tarea que hay que afrontar. Porque la felicidad no depende tanto de lo de fuera como de lo que uno cocina por dentro. Esa interioridad, ese misterio que nos habita, nuestras aspiraciones, nuestros sueños, nuestro dolor, nuestra serena alegría, el amor que damos y percibimos… Yo te veo feliz pero también percibo que no llego a todo lo que eres. Te conozco y no alcanzo a conocerte por completo a la vez. Y eso, en parte, me llena de preocupación. ¡Querría conocerte por entero! Pero eso sería casi poseerte… Y no, no eres mío.
   Muchas noches, al acostarme,  intento relajarme, asumirme como padre con todos mis errores: no debería gritarte, ni regañarte, ni  decepcionarte, ni  confundirte, ni  exigirte más allá de lo que puedes dar… Pero te amo, te espero siempre, te perdono,  te curo las heridas. Sueño con lo mejor para ti,  veo el diamante que te habita y los dones que te han sido dados. Me gusta que me abraces, que descanses en mí, que busques refugio en mis besos, en mi mirada…
  ¡Qué difícil enseñarte! ¡Qué difícil educarte! ¿Dónde poner límites? ¿Cuándo apretar para sacar lo mejor de ti y enseñarte el camino del esfuerzo, de la tarea, de la misión,  de la fidelidad, de la fortaleza? ¿Cuándo abrir simplemente los brazos y recibirte vencido, sin más? ¿En qué cosas me excedo y en cuáles me quedo corto?
   Me gustaría contarte muchas cosas, llevarte a mil sitios, que vivieras mucho de lo que yo he vivido y descubierto… Creo que me quedo corto en mucho pero lo asumo. También este camino es personal y sólo tú puedes andarlo. Te acompaño como padre. 
  Me voy despidiendo. Gracias por ti. Gracias por lo que me enseñas. Gracias por tu coraje, por tu alegría, por luchar por tu autonomía. Gracias por quererme y dejarte querer.






















































Carta de un padre a su hijo adolescente
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Querido hijo: 
   Aprovecho esta carta para contarte algunas cosas que me hubiera gustado saber a tu edad, o incluso algunos años más tarde. Quiero que sepas que te quiero mucho y que pienso cada día en ti. Estás siempre presente en mis pensamientos, en mis sueños y en mi corazón.

   Quiero que sepas también, hijo, que me siento orgulloso de ti, del chico que eres y del hombre en el que te estás convirtiendo. Me siento honrado de ser tu padre; es de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida. Y ello es independiente del hecho que tengamos más o menos relación.

   No sé cuándo será la próxima vez que podamos volver a hablar, que podamos vernos. Espero que no pasen muchos años. Pero en cualquier caso quiero decirte algunas cosas ahora, pensado que pueden ayudarte en la vida, porque aprenderlas me ayudó a mí.

·                  Busca siempre en tu interior, dentro de ti, para saber qué es lo que te gusta hacer en esta vida. Nunca sabemos el tiempo que vamos a vivir, pero sea el que sea, es más limitado de lo que crees ahora. ¿Cómo se busca dentro de uno? Pues, por ejemplo, dedicando tiempo para pensar y reflexionar tú solo sobre tu vida y sobre lo que deseas. 
·           Haz siempre aquello que te apasione, aquello que te haga vibrar, incluso aunque a mamá o a mí no nos guste mucho. Vive tus sueños, nunca los de nadie más, porque ese es el secreto para una vida plena y feliz. 
·        Sirve a los demás. Una vida en plenitud es una vida de servicio. Ayuda y apoya a otros, entrégate a aquello que haces, sea lo que sea. Actúa con generosidad, conectado con tu propósito, porque nadie recibe más que aquel que contribuye sin esperar nada a cambio. 
·              No te tomes nada demasiado en serio, ni siquiera a ti mismo o esta carta. Diviértete y ríete, también de ti mismo. Sobre todo cuando te equivoques o cometas errores. 
·         Ocúpate de las cosas que dependen de ti (¡no son muchas, pero son las más importantes y más que suficientes!) y no te preocupes de las que no dependen de ti, de aquellas que no puedes controlar. No confundas determinación con obcecación. Esto también te llevará a la plenitud y a la serenidad. 
·         Quiérete sin excusas. Tras pasarme décadas estudiando y trabajando sobre el comportamiento humano, sobre el desarrollo del talento y las competencias en las personas, he descubierto que la más importante de todas es la autoestima, la confianza en ti mismo. También es de las más críticas en muchas personas, porque todos somos muy sensibles a perderla, sobre todo en la infancia y en la etapa en la que tú ya has entrado, la adolescencia. Sé siempre amable, respetuoso y amoroso contigo mismo, incondicionalmente, cariño. 
·         Arriésgate, hijo. No me refiero a que hagas cosas estúpidas como saltar de un balcón a otro por la noche cuando además hayas bebido de más; o engancharte a alguna droga o cosas así. Lo que quiero decir es que te atrevas a hacer cosas que te dan miedo, que te desafían en tus creencias, que no sabes si las lograrás hacer o directamente crees que no las puedes hacer. Durante miles de años los seres humanos hemos aprendido a superar infinitos límites, sin llegar a saber nunca dónde está realmente el definitivo. Y yo lo llevo aprendiendo desde hace casi 50 años: siempre es mucho mejor intentar algo y arrepentirse después si no se consigue, aprendiendo de ello, que no hacerlo y arrepentirse por no haberlo intentado. Siempre. 
·         Lee cada día, aunque sea un poco. Leer es vivir otras vidas. Leer te ayuda a pensar mejor, a saber mejor quién eres y quién puedes llegar a ser. Leer te hace libre y grande: abrir un libro para leerlo es como abrir tus alas. Leer te da la oportunidad de contar con inmejorable compañía. Decía el gran Groucho Marx, que después del perro el libro es el mejor amigo del hombre ¡Cultiva tus amistades!
·         Y nunca olvides que te quiero un montón y de que siempre lo haré. Eres mi hijo del alma y siempre lo serás. Te adoro y no hay nada ni nadie en el mundo que pueda cambiar eso. Es mucho el tiempo en el que no hemos podido estar el uno con el otro, pero ello no cambia nada de lo que siento por ti, campeón. Estaré siempre disponible para ti, para guiarte, apoyarte o ayudarte, para todo lo que tú necesites.

   Cuídate, Papá.


¿Cómo comunicarse con un hijo adolescente?

  Aunque la comunicación sea difícil, tu papel es ahora más importante que nunca.

  De repente llega un día en que parece que no conoces a tu hijo. Sin saber muy bien cómo, los mimos y las conversaciones familiares han dado paso a reproches y cambios de humor repentinos. Ten paciencia. La adolescencia no es fácil. Sin embargo, el papel que tienes ahora es más importante que nunca. Una buena comunicación entre padres e hijos adolescentes es fundamental para avanzar hacia la madurez.

  Pero “¿cómo se dialoga con un adolescente?”, te estarás preguntando. Déjanos adivinar. Tus hijos ya no te cuentan su día a día, eres incapaz de saber qué les preocupa y no están de acuerdo con nada de lo que digas. Es una situación completamente normal. Ahora bien, basta de echar balones fuera: tú también eres una parte del problema.

Eliminando las barreras del diálogo

   Es humano perder los nervios a la hora de lidiar con hijos adolescentes. No obstante, la clave está en la empatía y la educación emocional. Intenta ponerte en la piel de ellos más a menudo, mantén la mente abierta y evita convertir tu casa en una dictadura. Gritar y dar órdenes no va a ayudarte a conseguir el respeto que te mereces.

   Hay tres aspectos que nos cuesta mucho aceptar como padres y que entorpecen el diálogo con los hijos adolescentes. Tienes que asumir que:
      1.  Ya no son niños. Y, por tanto, no puedes tratarlos como tales. Del mismo modo que les exiges aumentar sus responsabilidades en casa, es necesario que confíes en ellos a la hora de tratar asuntos que hasta ahora dejabas solo para los adultos.
       2.   El mundo ha cambiado desde que tú fuiste adolescente. Las experiencias, las preocupaciones y, en definitiva, la forma de ver la vida ahora distan mucho de la de hace unas décadas. Si te sobresaltas con cualquier comentario o tema conflictivo, tus hijos dejarán de contarte lo que les pasa por la cabeza.
      3.  Los adolescentes también tienen una vida privada. Sí, tienes miedo y quieres saberlo todo: sus conversaciones, dónde han ido, con quién están hablando por teléfono… Está claro que hay muchos peligros ahí afuera, pero la balanza entre el control y la privacidad tiene que mantenerse estable.    

 Consejos para la comunicación entre padres e hijos adolescentes
    
   Ya hemos hablado de los tres aspectos que entorpecen con más frecuencia la comunicación con los hijos en esta etapa de la vida. ¿Cómo conseguir un diálogo más positivo en casa?

-      Pregúntale por sus aficiones
     
    Tus hijos están construyendo su personalidad. A pesar de las dificultades de la revolución hormonal, esta es una época de descubrimientos bonitos. Aunque no compartas sus mismos gustos, interésate por lo que les motiva, anímalos y planifica actividades en familia.

-      Escucha

   Desde la perspectiva adulta, es posible que los problemas que no dejan dormir a tus hijos te parezcan una tontería, pero para ellos no lo son. Evita hacer comentarios como “cuando seas mayor, te reirás”. En lugar de eso, escucha sus razonamientos y ayúdalos a tomar sus propias decisiones.

-      Exige responsabilidades
   
    No se trata de gritar que recojan su habitación o que se pongan a estudiar. Puedes hacer listas de tareas semanales y enseñarlos a ser responsables de sus actos. Si no cumplen con lo que estaba previsto, no podrán salir con los amigos o jugar a la consola. Se trata de negociar para que todos ganéis.

-      Acércalos a modelos de referencia
   
    De pequeños lo copiaban todo de ti, pero eso ha cambiado. Ahora valorarán más los consejos que puedan darles otros jóvenes. No hace falta irse demasiado lejos para eso. Seguro que sus hermanos, primos o amigos algo más mayores pueden echarte una mano.



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