jueves, 6 de junio de 2019

NIVEL "DIOS"



 

   

   Hay una hermosa cita que dice así: «Ayer era inteligente y quería cambiar el mundo, hoy soy sabio y me estoy cambiando a mí mismo«. Sé que la mayoría de nosotros hemos tropezado con esta cita antes y pensamos que era muy profunda y muy cierta… pero eso no es todo.
  
   El problema es que a todos nos gusta leer citas positivas e inspiradoras, historias maravillosas que ablandan nuestro corazón, pero ese es el problema, sólo nos gusta hacer esto y muy raramente implementamos la misma sabiduría que leemos sobre ello. Cuántas veces hemos leído un libro perfecto, viajado a esos lugares bellamente descritos que el autor nos presenta, y cuando la lectura termina no queremos volver a nuestra realidad.
   Simplemente no queremos dejar el libro y volver a nuestra gris realidad una vez más. Pero ese dolor encubierto es nuestra vida, tenemos que seguir viviéndola… ¿o no?
   La mayoría de nosotros siempre decimos: «Quiero ser feliz, quiero conseguir un trabajo bien pagado, vivir en abundancia… y así sucesivamente» y luego no hacemos absolutamente nada al respecto.

   Hay muchas personas que están sufriendo una depresión  realmente dura, personas que sufren de ataques de pánico diariamente y que tienen una autoestima tan baja que desafortunadamente para el alma que habitan, abandonan este hermoso mundo antes de lo que deberían.

   Casi todos los trastornos psicopatológicos que la humanidad conoce y tiene, tienen su raíz en la baja, o ausencia total de autoestima. Y te pregunto ¿Por qué llegas deliberadamente al fondo y permites que la persona que tanto has querido y que ya no te corresponde siga hundiéndote en un abismo que ni te mereces ni te puedes permitir? ¿Por qué haces tales sacrificios? ¿Esto lo haces para que puedas y puedan etiquetarte como una buena persona, o para obtener algún tipo de recompensa de los humanos o de los cielos?
   Permíteme decirte que el universo te ha dado un alma maravillosa que tú y solo tú debes proteger, es tu responsabilidad y no de los que te rodean, por mucho que te digan que lo hacen por tu bien. Todos ellos tienen su propio destino, su propia alma, de la que sólo ellos deben ocuparse. Ya tienes a alguien a quien cuidar, ¿por qué llevas una carga tan pesada sobre tus hombros? Al Universo no le gusta que sacrifiques la única cosa que te ha dado para que la atesores.¡ Podrías y deberías apreciar a otros, amarlos y protegerlos, pero todo esto no se puede hacer sin TI! Así que respira profundamente, apóyate en la silla y empieza a pensar en dónde estás en la cadena de la felicidad que intentas crear para los demás. Pregúntate a ti mismo, ¿cómo podrías enseñar a alguien a encontrar y a tener una sensación que tú ni siquiera tienes?
   Así que creo que es hora de tomar tu propia felicidad en tus propias manos. Ante todo hay que recordar que la «felicidad» no es un sentimiento, es un punto de vista. ¿Qué es la felicidad sino la concatenación de pequeños momentos de bienestar en tu relación con el mundo que te rodea, la satisfacción por el trabajo bien hecho, la cosecha de los parabienes que te da la vida tras arduos esfuerzos, el acostarse cada noche con la conciencia tranquila, que el mundo te devuelva algo de lo que tú le aportas? Las cosas hay que hacerlas por generosidad, sin esperar nada a cambio, sin estrategias perversas que manipulen al otro para que te devuelva lo que le has dado. Pero lo que ocurre a veces es que hay gente egoísta que te utiliza para su bien personal y lo que te devuelve son puñaladas por la espalda, es un parásito que mina tu fortaleza y te culpabiliza de su fracaso si le cierras el grifo de la generosidad, si por fin eres asertivo y defiendes tu posición frente a sus agresiones o sus quejas chantajistas.



   Debes descubrir que se avanza más rápìdo con la mochila ligera, debes quitarte lastre, meter en tu lavadora las prendas que verdaderamente te importan y te aportan, cuidar mucho las prendas delicadas y mandar al “rastro” las ya no vas a utilizar porque se han quedado pequeñas o porque están tan sucias que ya no hay detergente ni aditivos que les devuelva su prestancia, que ya no van a lucir nunca. Quizás haya otra lavadora industrial que con agentes químicos corrosivos les devuelva algo de brillo, pero la tuya es más ecológica y pequeña y debes evitar la tentación de mezclar prendas tan desiguales que la colada quedaría tan falta de colorido que te avergonzaría lucirla.
  
   Hay dos palabras de relativamente reciente cuño en el mundo de la Psicología: Resiliencia y Asertividad, que definen muy bien cómo se deben encarar las situaciones problemáticas que muchas veces te toca  afrontar.

Resiliencia: Se define como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos y también como la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Asertividad:  Según la RAE es una habilidad social que se trabaja desde el interior de la persona. Se define como la habilidad para ser claros, francos y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás, ni menospreciar la valía de los otros, sólo defendiendo sus derechos como persona.  Dicha habilidad se sitúa en un continuo, donde en el centro se encuentra la asertividad, y en los extremos a un lado y a otro de ella, se encuentran la pasividad y la agresividad. Con un ejemplo será más fácil de ilustrar.

                      ASERTIVIDAD - Aprende A Decir Lo Que Piensas 


   Un niño está jugando con sus juguetes en el parque, muy entretenido y sin fijarse en que hay más niños alrededor, de repente, uno de esos niños que pululaban sobre los juguetes del primero, se sienta a su lado y comienza a jugar con ellos. Sin mediar palabra, el niño que ha prestado los juguetes se levanta y deja al usurpador libre en el territorio que antes ocupaba él, esta conducta refleja pasividad, el extremo situado a la izquierda de la asertividad.
    Ese mismo niño y ante la misma situación, coge un juguete y agrede al que ha intentado jugar con ellos. Se trata de agresividad, el extremo situado a la derecha de la asertividad.
   Por último, la situación es la misma, el niño decide compartir sus juguetes y en algún momento interactuar con el intruso, no se siente agredido ni desplazado, se siente bien y comparte. Esta es una conducta que refleja asertividad.
Las personas asertivas saben lo que quieren, están seguras de sí mismas, y en esa misma medida, tienen un nivel alto de autoestima y autoconfianza, establecen una comunicación clara y directa con los demás, son proactivas buscando continuamente sus objetivos propuestosy aceptan las limitaciones que tanto los elementos como las personas en algún momento pueden interponerles.

   Es un «cómo» encarar y entender todas las cosas y experiencias que te están sucediendo. Aquí hay tres maneras qué debes hacer para que finalmente puedas romper la cadena eterna de sufrimiento y dolor.
1. Fíjate cómo te tratas a ti mismo
   Este es un paso muy difícil, especialmente si alguien toda su vida ha estado dejando que otros tomen la iniciativa en lugar de él. Pero una vez que empieces a pensar, apreciar y amar a tu propio ser, verás que te están ocurriendo cambios muy positivos y drásticos. Y recuerda, esto no es egoísmo.
   Esta es una forma de amor propio que te pone primero en tu lista de prioridades y luego al resto del mundo. No dejas a otros colgados, sólo te cargas primero con energía positiva y luego pasas esta positividad a lo largo del camino.
2. Ama a tu Ser
   ¿Recuerdas cuando eras niño, que amabas absolutamente todo de ti mismo?  Cada uno era perfecto y  disfrutaba de su propia compañía.
   Pero a medida que crecías, ¿qué cambió, quién te cambió y por qué consintió  ese cambio negativo que te puso triste de esta manera? En el proceso de búsqueda de las respuestas a estas preguntas se producirá un milagro. Trata de verlo.

3. Sé amable con tu ser
  Muchos de nosotros pensamos que es suficiente con ser amables con los demás, tener una enorme compasión sólo por los demás. Pero, ¿Quién cuidará de ti, de tu propia alma? ¿Quién si no eres tú? No olvides nunca que tú también eres un alma hermosa que merece ser reconocida, ser vista, ser amada.
   No siempre podemos esperar que los demás vean lo buenos y honestos que somos y nos devuelvan el favor. No funciona de esa manera. Tal vez algunas personas sí ven tu dolor y te ayudarán tanto como tú les has ayudado a ellos. Pero la mayoría no lo hará, por una simple razón: la gente está impulsada por el ego y esperan que alguien más se ocupe de ellos. Sabes que es fácil ser amable, pero es muy difícil ser justo. Así que por favor, empieza a ser justo, da todo lo que puedas, y pon tu ser primero.
   Por lo tanto, deja de dejar que tu alma te espere en la acera mientras ayudas a los demás a cruzar hacia el lado mejor. No te olvides de ti mismo, eres tu propia responsabilidad y hasta que no termines con esa responsabilidad, no puedes ayudar a ninguna otra criatura a ser feliz. Podrías intentarlo, pero no serás más feliz, y la clave de ayudar es que tú también deberías ser feliz. Así que, después de ayudar a alguien, si todavía estás deprimido y te sientes inútil, entonces estás haciendo algo mal.


   Hace mucho, mucho tiempo que me considero “profundamente” agnóstico pero, cuando leí la definición que Spinoza (filósofo Holandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII) hacía de “su Dios” recuperé un grado de “religiosidad” que me acompaña ahora. Esto es lo que diría el Dios de Spinoza:



¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida. Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti!

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa! Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti!



¡Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada malo en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo! El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer!
¡Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...No me encontrarás en ningún libro! Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí cómo hacer mi trabajo?


¡Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor!

¡Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío! ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?

¡Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que solo crean culpa en ti!

¡Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía!

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.



Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó? ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...
¡Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar!
¡Deja de alabarme!, ¿qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?... ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.



¡Deja de complicarte las cosas y de repetir como un loro lo que te han enseñado acerca de mí!. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. 

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás.

Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en

ti.






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