Una mañana de agosto, en el año 1967, Otis Redding se encontraba sentado en el porche de su casa flotante en Sausalito, frente a la bahía de San Francisco, justo al otro lado del Golden Gate, cuando de pronto se sintió envuelto por una inevitable sensación de calma. El tiempo parecía haberse detenido allí mismo, en aquel muelle. Redding se hallaba inmerso en esa época en una gira con The Bar-Kays. Acababa de actuar en el histórico auditorio Fillmore. Pero aquella mañana todo era quietud. Sólo existían el cielo, la bahía y los barcos que entraban y salían de ella. Valía la pena permanecer allí todo el día sin hacer nada, perdiendo deliberadamente el tiempo, simplemente viendo los barcos pasar.
Cogió un papel y un bolígrafo y anotó una frase: “I’m watching the ships roll in and I watch them roll away again” (Veo a los barcos pasar y los veo marcharse otra vez). En aquel momento él todavía no lo sabía, pero acababa de escribir el primer verso de (Sittin’ On) The Dock of the Bay, uno de los himnos más aplaudidos de la historia del Rhythm & Blues. Y no le hizo falta nada más que un destello. Un momento fugaz de inspiración mientras estaba sentado en un muelle de la bahía de San Francisco una mañana como otra cualquiera.

Sentado una mañana más

En el muelle, cuando el sol se va

Viendo los barcos partir

Sé que pronto volverán a venir

Estoy sentado en el muelle otra vez

Solo y dejando el tiempo correr

Sentado en el muelle otra vez

Volviendo a empezar

Atrás quedó mi casa

Y hasta la ciudad llegué

Poco es lo perdido

Y tampoco mucho ganaré

Estoy sentado en el muelle otra vez

La gris bahía bajo mis pies

Sentado en el muelle otra vez

Volviendo a empezar

Nena, nada va a cambiar

Seguiré los consejos que me des

Y al final, como ayer, otra vez

Acabaré, no sé, no sé…

Sentado una mañana más

Silbando triste mi canción

La soledad es mi único amor

En mil millas alrededor

Estoy sentado en el muelle otra vez

Solo y dejando el tiempo correr

Sentado en el muelle otra vez

Volviendo a empezar.