sábado, 4 de mayo de 2019

LOS DEBERES ESCOLARES





                Los deberes escolares ¿son buenos?, ¿son necesarios?, ¿son útiles?



ABC
Deberes escolares: sí o no
Laura Peraita



Junio 2017

   Cuando llegan los niños a casa después del colegio y se disponen a hacer sus deberes, la actitud de los padres es muy diferente según estén a favor o en contra de la realización de estas tareas. No hay duda de que cada familia es un mundo y de que las circunstancias personales y profesionales de los padres condicionan en gran medida la aceptación de que los niños continúen con labores escolares en el hogar.
   Argumentos de dos expertas en la materia que ofrecen los pros y contras de esta controvertida cuestión. ¿Con cuál postura te identificas?
A favor

Para Sonia García, secretaria de comunicación de Anpe (Sindicato Independiente de la Enseñanza Pública), habría que reducir un poco la cuantía de las tareas que los docentes mandan a los alumnos, pero no duda en asegurar que «los deberes son necesarios». Entre los argumentos de Sonia García para apoyar esta afirmación, destacan los siguientes:

—Hacer deberes supone un hábito que todo alumno debe adquirir desde la escuela para ser capaz de establecer unas rutinas y una responsabilidad personal que, posteriormente, le van a exigir en la universidad.

—Los deberes ayudan a los estudiantes a comprender lo que es el «esfuerzo» personal. 

—Es una fórmula muy adecuada para que adquieran disciplina.  

—En función de los deberes de cada día aprenden a distribuir su tiempo personal y a avanzar en el estudio. De esta forma, asegura la secretaria de comunicación de Anpe, se logra que desde pequeños aprendan que tienen un objetivo que cumplir y al finalizarlos sientan la satisfacción de su propio aprendizaje.

—Las tareas en casa ayudan a reforzar los contenidos abordados en el aula e, incluso, a añadir contenidos nuevos.

—El tiempo de deberes debe ser acorde a la edad de cada estudiante. En Primaria, la dedicación debe oscilar entre los 30 y 60 minutos y a partir de los siguientes cursos ir aumentando el tiempo en Secundaria, la ESO...

—Recomienda que los profesores del mismo curso se pongan de acuerdo para que se coordinen y no manden todos el mismo día muchos deberes. Según Sonia García deberían decidir que los lunes se mandaran tareas de matemáticas —por ejemplo—; los martes de inglés; los miércoles de naturales...




En contra
Según Eva Bailén, madre de tres hijos, y promotora de la campaña «Por unos deberes escolares justos», hay muchos motivos por los que considera que no hay que mandar deberes a los niños:

—Los deberes para casa son como las horas extras en el trabajo. A nadie le gusta hacer horas extra, al menos altruistamente, todos queremos disfrutar de nuestro tiempo libre, de los fines de semana, o de las vacaciones. Es incomprensible que lo que los adultos reclamamos por derecho no se les conceda a los niños. Hay alumnos de 6 años que se pasan tres horas haciendo deberes. Una cosa es hacer 15 minutos, se puede entender o no, pero tres horas no se pueden encajar por más que se intente.

—Los deberes tradicionales a menudo carecen de valor pedagógico. «He visto a mis hijos pasar horas copiando enunciados, copiando páginas enteras de un libro... no dejan lugar a la creatividad o al emprendimiento», asegura Eva Bailén.

Generan y aumentan las desigualdades sociales. Los niños de Primaria necesitan de un adulto que pueda pasar la tarde con ellos, pero no todos los padres pueden permitírselo. Con lo cual, aquellos niños que no disponen de esa ayuda no pueden completar sus deberes, sufriendo por ello castigos, recibiendo puntuaciones negativas, cuando no se ven sometidos al escarnio público por no haber traído hecha la tarea.

Tergiversan los resultados de las pruebas externas. Según Eva Bailén, las pruebas externas están ahí para evaluar el trabajo que se realiza en las horas lectivas, el trabajo de los profesores, la calidad del sistema educativo español, no del sistema educativo paralelo de academias, profesores particulares, padres y familiares con formación que ayudan a los niños a entender lo que no se ha comprendido en clase.

Frustran a los niños. En vez de jugar, que es completamente necesario e imprescindible para el correcto desarrollo de los niños, estos pasan las tardes haciendo deberes. Ven como tarde tras tarde se hace la hora de la cena sin haber podido jugar. No crea ningún buen hábito porque no hay opción de hacer otra cosa. Acaban frustrados, agotados y odiando los deberes, si no odiando el cole.

Provocan tensión familiar. Cuando ambos padres trabajan y la familia cuenta con más de un niño, la gestión de la agenda se hace imposible.

Impiden a los niños educarse en otras materias. El niño adolece de la educación que debería recibir en el seno del hogar. No va de compras, no pone o quita la mesa, no ve cómo cocinan sus padres, no aprende a resolver conflictos en el parque porque no le da tiempo a ir...

Llevan al abandono escolar. Una vida sin lugar a la creatividad, sin tiempo para el deporte, cargado de libros, con dolores de espalda e incipientes signos de obesidad... Avanzará en la ESO con tanto hastío que no será de extrañar que pronto deje de ir a clase, suspenda, repita curso y acabe por abandonar su educación.

—No crean buenos hábitos. Más bien al contrario, crea niños dependientes e inseguros. Niños que no pueden organizar su tiempo, porque no lo tienen, no pueden decidir cuándo jugar y cuándo estudiar, porque solo hay tiempo para la segundo, necesitan que el padre o la madre estudie con ellos, les ayude a colorear, a hacer resúmenes de libros que no les han enganchado, porque de lo contrario, no dormirían lo que necesitan.

—Atentan contra el artículo 31 de la convención de los derechos del niño: «El niño tiene derecho al descanso y al esparcimiento, al juego y a las actividades propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes».



Tras la exposición de estas dos posturas, ¿Con cuál te sientes más identificado? Entre los padres también hay división de opiniones, lo que no deja de ser “normal”, el debate nunca deja de estar encima de la mesa.




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                          Deberes escolares sí o no


EL PAÍS
Bárbara SánchezMarzo de 2019
Deberes, ¿un problema de cantidad o de 
calidad?  
   Las tareas escolares deben ser personalizadas y servir para motivar al alumno, no para trabajar lo que no haya dado tiempo a ver en clase.
   El día a día en los colegios se mueve al ritmo que marcan las clases, los deberes y los exámenes. Hay tres ingredientes básicos de cualquier receta educativa que ahora están en entredicho. Se cuestiona si el formato de las lecciones magistrales es adecuado y si se educa para aprender o para aprobar. Pero, sobre todo,  se cuestiona para qué sirven los deberes. El debate educativo que más ruido ha generado recientemente enfrenta a los defensores de eliminar las tareas escolares por considerar que son una carga innecesaria con los partidarios de mantener lo que definen como una herramienta básica del aprendizaje.
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Opinión personal:
   Los expertos recomiendan huir de posturas antagónicas y reformular la pregunta: no es una cuestión de sí o no, sino de cuántos y de qué tipo de deberes hacer. No me considero experto en temas de educación pero opino que como casi siempre, en el término medio está la virtud. Hay actividades extraescolares que, sin pasarse en el tiempo invertido en ellas, son muy beneficiosas, por ejemplo una actividad deportiva, si a eso añadimos unas tareas escolares, que no pocas veces requieren hasta 2-3 horas, ¿Cuándo puede el niño realizar actividades lúdicas que él pueda elegir y que él más disfruta, sea con amigos, vecinos, hermanos o él solo?. Voy más allá, admito que cierto grado de supervisión en lo que hacen es necesaria, sobre todo cuando juegan con dispositivos electrónicos, por los riesgos que suponen las redes sociales, internet y las video-consolas mal utilizadas, de todos conocidos, pero si los educamos en valores y fomentamos la capacidad autocrítica, cierto grado de autonomía es muy conveniente. Los padres o tutores no podemos convertirnos en fiscalizadores o controladores, como “moscas cojoneras”, de todo lo que hacen nuestros hijos, que una cosa es guiar, fomentar el diálogo en casa y facilitarles la tarea y otra muy diferente es hacer siempre todos los deberes con ellos, por impedir que tengan el más mínimo fallo, o que controlemos cualquier movimiento que realicen, ¿O es que nosotros hemos sido perfectos cuando éramos niños? Creo que es sano que realicen algunas pequeñas travesuras o que compartan  pequeños secretillos con amigos o compañeros, que no dañan a nadie ni siquiera a ellos mismos. No podemos empeñarnos en ser “sus amigos”, somos padres y debemos ponerles límites y aplaudir sus éxitos como refuerzo positivo, ponderando muy mucho “los castigos” cuando se pasan de la raya, pero siempre con medidas correctoras proporcionadas al comportamiento reprobable. Debemos preparar a los niños para lo inesperado, no para aprobar un examen sin sorpresas y a aprender también se aprende (y se enseña)
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  España es el quinto país de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en el que los estudiantes dedican más horas al trabajo en casa, 6,5 a la semana frente a las 4,8 de media. La necesidad de repensar las tareas escolares es obvia. “Las jornadas de los niños parecen las de un superejecutivo”, resume Victoria Gómez Serés, maestra, doctora en pedagogía y vicepresidenta del Collegi de Pedagogs de Catalunya. Las horas que pasan en el aula se estiran en actividades extraescolares que luego se alargan en tardes frente al libro y el cuaderno en casa. Mientras, el tiempo para descansar se esfuma, sepultado bajo problemas de matemáticas y oraciones que analizar para lengua. 

   “Las familias tienen dificultades para conciliar y muchas veces se encuentran con los deberes de por medio”, explica Luis Javier Álvarez, profesor, que ha lanzado StudyTask, una herramienta para ayudar a los centros a gestionar la carga de deberes. Son precisamente las familias quienes abrieron el melón. En 2015, una madre, Eva Bailén, reunió más de 200.000 firmas en apoyo a la “racionalización” de los deberes.
   
  Las familias de la escuela pública recogieron el guante y la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) pidió eliminarlos por considerar que son un método de aprendizaje erróneo que sobrecarga a los alumnos, interfiere en su vida familiar y su tiempo de ocio e incluso provoca desigualdades. La protesta desembocó en una singular huelga de deberes en 2016.

   El debate vuelve a estar sobre la mesa después de que el pasado noviembre la Comunidad Valenciana aprobara su Ley de Derechos y Garantías de la Infancia y la Adolescencia, en la que se indica a los centros que procuren que “la mayor parte de las actividades de aprendizaje programadas puedan realizarse dentro de la jornada lectiva, de manera que las que tengan que realizarse fuera de ella no menoscaben el derecho del alumnado al ocio, al deporte y a la participación en la vida social y familiar”. Es la primera norma que refleja la necesidad de poner límites a las tareas escolares.
   “Es un tema con muchas aristas, tiene tantas situaciones particulares que no se puede generalizar”, advierte Juan Antonio Planas, presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía. La discusión, en realidad, gira en torno a una pregunta de fondo: ¿sirven para algo los deberes?
   El objetivo principal de las tareas escolares es “practicar y revisar el material de aprendizaje que previamente se ha presentado en el aula”, según se recoge en el estudio Deberes escolares y rendimiento académico en Educación Primaria, elaborado en 2015 por investigadores de las universidades de A Coruña, Oviedo y Minho (Portugal). El problema, según apunta Victoria Gómez Serés, es que muchas veces se plantean como una extensión de aquello que no ha dado tiempo a hacer en clase. “Deberían servir para motivar al alumno y no ser una tarea que se pone porque el profesor se ha pasado 45 minutos de la clase explicando y no tiene tiempo de hacer las actividades en el aula”, critica la experta.
   La investigación científica más reciente, que trata de aclarar qué relación hay entre las tareas escolares y el rendimiento académico, señala diferencias muy significativas entre primaria y secundaria. Así, en los primeros años se suelen mandar deberes para crear un hábito de estudio y no tanto por el impacto que pueda tener en las notas de los alumnos, mientras que en los cursos superiores actúan como una herramienta básica para enriquecer lo visto en clase.

PROFESORES MÁS COORDINADOS

   El rompecabezas de los deberes se complica si cada profesor manda los suyos sin tener en cuenta los del resto de asignaturas. En el colegio concertado J. H. Newman, en Madrid, los alumnos de bachillerato lanzaron una queja clara: tenían demasiado trabajo. Por eso, acaban de poner en marcha una prueba piloto con la herramienta StudyTask, que les permite coordinar las tareas que manda cada docente para que no sobrepasen el límite de tres horas diarias de trabajo en casa que fija el centro para bachillerato.


    “A veces no es tanto un problema de cantidad como de una mala distribución del trabajo”, señala Luis Javier Álvarez, responsable de la herramienta. Pero también de organización del tiempo de los propios estudiantes. “Una buena parte de la queja se debe a que los alumnos lo dejan todo para el final”, cuenta Gabriel Lanzas, profesor de historia en el centro. “Es necesario ayudarles también a gestionar el tiempo”.

   Para dilucidar si las tareas en casa mejoran o no el rendimiento escolar, los investigadores se formulan dos preguntas: cuánto tiempo se dedica a hacerlos y cómo se aprovecha ese tiempo. “Lo que se ha recogido es que a mayor tiempo, hay un mayor rendimiento pero en tramos de edad determinados. En secundaria sí es una variable significativa y positiva, pero en primaria no tanto y puede estar asociada a problemas en el aprendizaje”, explica Pilar Mariñoso, profesora e investigadora de la Universidad Camilo José Cela. “El esfuerzo invertido y la motivación, sobre todo si es intrínseca, tienen un mayor impacto positivo en el rendimiento”.

   Como regla general, Juan Antonio Planas señala que en primaria es necesario potenciar las tareas enfocadas a trabajar la lectoescritura y procurar que los niños “tengan algún tipo de ocio creativo para evitar que todo su tiempo libre lo dediquen al móvil o a la Play”. En secundaria y sobre todo en bachillerato, el tiempo de estudio en casa es absolutamente necesario. El pedagogo indica el reparto ideal de horas: “Nada en infantil; entre media hora y una hora al día en los primeros cursos de primaria; hora y media o dos en los últimos cursos; dos horas y media en secundaria; y tres horas en bachillerato”.

   Más allá del cuánto y el para qué, los expertos recuerdan que se debe reflexionar también sobre el tipo de tarea. Las que son meras repeticiones deberían ser cosa del pasado, dicen. Hacen falta deberes creativos y, sobre todo, personalizados. También como fórmula para evitar las desigualdades que, según los investigadores, se generan cuando un profesor fija la misma tarea para todos sus alumnos. “El diseño de la misma cantidad, modalidad y nivel de dificultad de los deberes para todos los estudiantes perjudica especialmente a aquellos que tienen peores niveles de rendimiento, mayores dificultades, menos conocimientos y una motivación menor”, señalan los investigadores de las universidades de A Coruña, Oviedo y Minho en un segundo estudio hecho con alumnos de secundaria el año pasado. Las comparativas de la OCDE apuntan en el mismo sentido, pues los alumnos más favorecidos cuentan con condiciones más favorables (un espacio adecuado, unos padres comprometidos…) para dedicar tiempo a los deberes.
   “Hay niños que precisan de un refuerzo, por lo que necesitan actividades para recordar lo aprendido. Otros se aburren en clase y lo que necesitan son retos y juegos en los que tengan que pensar”, ejemplifica Victoria Gómez Serés. “Falta un poco de imaginación al poder. Los deberes tienen que ser un guante a medida”.

Los niños rinden más en el colegio cuando sus padres se interesan de forma activa por sus deberes y tareas escolares, así les demuestran a sus hijos que lo que hacen es importante.


Por descontado, ayudar a su hijo con los deberes y tareas escolares no debería implicar tenerse que pasar largas horas encorvado sobre su escritorio. 
   Los padres pueden apoyar a sus hijos demostrándoles sus habilidades de organización y de estudio, explicándoles un problema complicado o animándoles a que se tomen un descanso cuando lleven cierto tiempo trabajando en las tareas escolares. Y, ¿quién sabe? ¡Es posible que los padres aprendan alguna que otra cosa en el proceso!
He aquí algunos consejos para guiarle en este camino:
1.   Conozca a los profesores de su hijo y cuáles son sus objetivos. Asista a las reuniones escolares, como las de padres y profesores, para conocer mejor a los profesores de su hijo. Pregúntales acerca de lo que esperan de los deberes y sobre cómo debería implicarse usted.
2.   Establezca un área adecuada para hacer los deberes. Asegúrese de que el niño dispone de un lugar bien iluminado para hacer los deberes y de que tiene a mano el material escolar necesario (papel, lápices, pega, tijeras …).
3.   Establezca un horario regular para estudiar y hacer los deberes. Algunos niños trabajan mejor por la tarde, después de merendar y de un período de juego, mientras que otros prefieren esperar a después de la cena.
4.   Ayúdele a diseñar un plan de trabajo. En los días en que tenga un volumen importante de deberes o cuando tenga que iniciar una tarea escolar especialmente complicada o pesada, anime a su hijo a dividirla en partes más manejables. En caso necesario, ayúdele a elaborar un horario de trabajo para ese día o período y, a ser posible, pídale que se tome 15 minutos de descanso después de cada hora de trabajo.
5.   Reduzca al mínimo las distracciones. Esto engloba la televisión, la música alta y las llamadas de teléfono. (De todos modos, en algunas ocasiones una llamada de teléfono a un compañero de clase sobre una tarea escolar en concreto puede ser de gran ayuda.)
6.   Asegúrese de que su hijo hace su propio trabajo. No aprenderá nada si no piensa por sí mismo y comete sus propios errores. Los padres pueden hacer sugerencias y dar indicaciones para orientar a sus hijos. Pero el aprendizaje debe estar en manos de los niños.
7.   Motive y supervise a su hijo. Pregunte a su hijo sobre las tareas escolares, los controles y los exámenes. Apóyelo, revise que ha completado los deberes y trasmítale el mensaje de que puede acudir a usted cuando tenga preguntas o haya algo que le preocupe.
8.   Dele un buen ejemplo. ¿Le ve su hijo organizándose bien el tiempo o leyendo libros? Los niños son más proclives a seguir el ejemplo de sus padres que sus consejos.
9.   Elogie su trabajo y su esfuerzo. Cuelgue en la nevera un examen o trabajo artístico donde sacó un sobresaliente. Comente sus logros académicos a sus parientes.
10.      Si su hijo tiene constantemente problemas con los deberes escolares, pida ayuda. Hable al respecto con su profesor. Hay niños que tienen problemas para ver bien la pizarra y necesitan llevar gafas; otros pueden necesitar que los evalúen por tener problemas de aprendizaje y/o un trastorno por déficit de atención.


   


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