lunes, 27 de mayo de 2019

EL ENCANTADOR DE SERPIENTES II





Interior del Restaurante Ahdoos (SRINAGAR)





  La cena transcurre en un ambiente cálido. Theo ha elegido los platos más representativos de la zona en la variada y selecta carta ofrecida por el chef del Restaurante Ahdoos. Como entrantes pide nedru yakni, hecho con raíces de loto cocidas con yogur y momos, una especie de raviolis blancos de verdura, cocidos al vapor, y como plato principal rishta, a base de carne de cordero picada con especias, servida en forma de albóndigas con salsa de yogur. Como bebida un té cachemirí salado llamado shiri, aromatizado con jenjibre y cardamomo, en infusión en un samovar con almendras peladas.



    
   Mientras degustan la deliciosa comida, Theo explica algunas de las tradiciones religiosas y culturales de Cachemira, Francesco le escucha con deleite y Lucy parece abstraída, observa al encantador con ojos concupiscentes. Su jefe repara en ello e intenta con un leve codazo devolverla a la realidad, la secretaria recompone la postura. Tiempo atrás Lucy intentó  en más de una ocasión seducir con sus encantos a Francesco y éste le dejó claro que admiraba su entrega y profesionalidad, pero nunca iría a más allá con ella. Con mucho sigilo se descalza el pie izquierdo y empieza a deslizarlo por debajo de la mesa a lo largo de la pierna de Theo que, sorprendido, traga saliva y la mira de soslayo hasta que consigue proseguir su relato. 
    
     Corleone toma la palabra y explica a Schwann su plan, ideado durante la cena. Le propone trabajar para él como capataz en el rancho que tiene en Texas, a las afueras de Amarillo, intuye que con su poder de convicción podrá liderar un nutrido grupo de trabajadores que se ocupan de más de cinco mil cabezas de ganado y una de las mayores plantaciones de algodón del país. Le ofrece multiplicar por veinte su salario como encantador de serpientes y una casa para vivir dentro de la finca. Theo no sabe como digerir tanto golpe de suerte pero recuerda que en Estados Unidos es un proscrito y para darse un respiro y recapacitar un poco, solicita ir al baño. Una vez allí se lava la cara con agua fría y se observa en el espejo. Piensa que conservando su identidad falsa y con la distancia que separa Texas de Ohio, será muy difícil que alguien le descubra. - Las condiciones de Corleone son muy ventajosas-, se dice a sí mismo. Aligera su tumefacto bajo vientre en el WC y vuelve a la mesa con una sonrisa de conformidad y tras un apretón de manos con el magnate, pregunta cuando tiene que incorporarse a su nuevo trabajo. Francesco le indica que su avión vuela de regreso a Los Ángeles el domingo por la mañana. Theo hace inventario mentalmente de lo que necesita recoger para volver a su país y se da cuenta de que hay tiempo suficiente para embalar sus pertenencias de más valor, entre las que por supuesto incluye su valiosa flauta, que le acompaña desde niño.

  En el avión, Francesco Corleone se mantiene largo rato ocupado con su ordenador portátil y contando al piloto, que trabaja para él desde hace catorce años, su emocionante jornada de sábado en el Parque Dachigam. Mientras tanto, Lucy y Theo departen divertidos y con una inusitada complicidad en los asientos traseros del avión, apartados del "mundanal" ruido. La secretaria explica que está un poco cansada de su trabajo junto a Corleone y no le importaría dar un giro a su vida, puesto que nada le ata  a California desde que hace cinco años se divorció del pelmazo de su marido. Theo no da crédito a lo que entiende es una proposición "indecente" en toda regla, una rubia despampanante ofreciéndose en bandeja de plata a un don nadie que nunca ha tenido éxito con las mujeres...
   En un gesto de sinceridad, Schwann explica a Lucy que su verdadero nombre es Joe Barlow, que la suya es una larga historia que algún día le explicará. Lucy, agradecida por la confidencia, le promete que guardará el secreto aunque queda intrigada y recelosa ante la reticencia de Joe a dar más detalles. Ambos intentan disimular, cambiando de tema de conversación, ante la llegada de Corleone a su zona de la aeronave.  
     
   Tras un vuelo sin incidentes relevantes, el avión privado con el rótulo de ACE toma tierra a la hora prevista en el aeropuerto de Los Ángeles.


                                  Los Angeles International Airport Aerial Photo





   Corleone y Barlow (para el magnate todavía Theo Schwann) se despiden de Lucy y  son recogidos a la salida de la terminal por el chófer particular del magnate que les lleva a Palm Spring. A la llegada a la mansión son recibidos por Isabella, la esposa de Francesco que, informada por teléfono por su marido de la llegada de un invitado muy particular, ordena al mayordomo que le aloje en la habitación de invitados número 5. 
    
   Joe queda impresionado por la majestuosidad de la residencia de su nuevo jefe, los amplios espacios y la decoración, tan funcional como elegante. Su dormitorio por un día es sobrio pero confortable. El cansancio por el largo viaje supera con creces su apetito a pesar de que en el avión sólo ha tomado un sándwich, un zumo de tomate y un café. Se da una reconfortante ducha y se dispone a dormir, antes activa el aire acondicionado ya que el calor es sofocante en esta época del año en California, nada que ver con los suaves veranos que recuerda de Ohio, al norte del país.

   Durante las primeras horas de la noche tiene un plácido sueño pero,  de forma abrupta, entra en una pesadilla que no olvidará en mucho tiempo. Se ve a sí mismo, ataviado con un elegante traje de encantador de serpientes, tocando una extraña flauta de metal y de pronto, del saco emerge, no una cobra como las que le han acompañado durante años, sino una enorme boa constríctor que se vuelve hacia él y en un rápido latigazo de su cuerpo, le rodea por la cintura haciendo que pierda el equilibrio y caiga al suelo. La presión que ejerce sobre su abdomen le dificulta la respiración y nota la cara congestionada, al instante, la serpiente dirige su impresionante boca abierta hacia el rostro de su dueño. Justo en el instante en que de forma irremediable parece que va a engullirle la cabeza, Joe se despierta sobresaltado. Agitado y con el corazón al borde del colapso, comprueba aliviado que es una pesadilla, la más horrible que jamás ha tenido. 
   
   Al incorporarse en la cama, se percata de que las cortinas del amplio ventanal están descorridas y la luz resulta cegadora. De pronto, el silencio se ve interrumpido por una dulce voz que le resulta familiar, es Lucy, que porta en una bandeja un suculento desayuno que, a buen seguro, va a permitirle recuperar fuerzas y superar el mal trago pasado unos minutos antes.
     
    La secretaria se sienta en la cama junto a Joe y le explica que ha tenido una larga conversación con Corleone y ha pactado, pese a las reticencias iniciales de éste, que le permita iniciar una nueva etapa como gobernanta en el rancho de Amarillo, siempre que al nuevo capataz le parezca bien. De una manera sibilina, que es su modus operandi habitual, está tanteando a Barlow  para que éste se pronuncie sobre si tiene interés por ella, más allá de la atracción física que ambos se han mostrado los últimos días. Tomando la bandeja con la mano izquierda, con el desayuno sin terminar, la deja sobre la moqueta y cogiendo a Lucy de la mano, la atrae hacia sí y la besa apasionadamente mientras desabrocha su escueto vestido. Ella hace lo propio con el pijama de Joe y se enzarzan en un tórrido encuentro sexual, que termina en un clímax sublime de ambos. Exhaustos y mirando hacia la ventana se dicen sin hablar: - aquí hay futuro-. Al rato los dos duermen abrazados durante algo más de una hora.

 
Lucy se despierta primero y empieza a ronronear a su partenaire al tiempo que acaricia sensualmente su poderosa espalda. Su intención es sonsacarle información sobre su identidad verdadera y su pasado, aprovechando sus encantos y que Joe está todavía medio dormido. Barlow empieza a "largar" involuntariamente la información, guardada en su memoria durante años, acerca de sus oscuros antecedentes. Cuando se despierta del todo se queda mirando a Lucy que está esbozando una pícara sonrisa y le pregunta: - ¿Porqué estás tan contenta?-. A lo que ella responde: - Porque estoy feliz-. Está claro que ignora donde se está metiendo y que su pesadilla puede tener muchos visos de realidad.


No hay comentarios: