domingo, 19 de mayo de 2019

ACEPTACIÓN Y LUCHA


COMENTARIO DE UNA "ENFERMA"  M. Iris T.  F.

    Para mí lo difícil ha sido aceptar la responsabilidad de mis acciones y de mis pensamientos y de los errores cometidos en mi vida.
   Salir de esa inercia de malestar del que es tan difícil salir. Esto se complica cuando están negando tu mente que sólo tiene que ver con errores, puesto que la locura es pura confusión. Entonces aparece el odio a aquel que te niega. Todo ello implica negarse a ser etiquetada cuando es negada la validez de la propia existencia. Para agarrarse a ser una persona y no un animal. Superado el odio, después viene una reconstrucción desde el aprendizaje de la experiencia. Esta reconstrucción es a través del compartir con los iguales y la reflexión y la lucha interna con una misma.
   Entonces el dolor del autoestigma y el rencor a los profesionales desaparece con la comprensión de la experiencia y el alejamiento del hábito de vivir en el sufrimiento.
   Es la labor de un superviviente porque nadie apuesta por la llamada recuperación. Ahora lamento que los compañeros estén en el camino y se les haga daño. Pero el camino es difícil y en solitario. Al menos de momento. Gracias por expresarlo tan bien Rodolfo.
A mí no me duele ya el mundo exterior y el profesional. He dejado de creer en la bondad del ser humano. Y aunque han cambiado ciertas cosas a mejor, creo que otras están empeorando gravísimamente.

   Nosotros luchamos por lo que creemos y nos apoyamos y estamos creando conciencia de colectivo, para que a otros no les pase y vivan la soledad del proceso como nosotros. 
Un abrazo.



OPINIÓN PERSONAL
   Como profesional de la Psiquiatría desde hace varios lustros (dicen que la experiencia es un grado), uno de mis objetivos más importantes en mi trabajo diario, es luchar contra la estigmatización de los enfermos mentales.
   Afortunadamente se ha avanzado bastante  en la normalización y aceptación sin prejuicios de la enfermedad mental grave, gracias al ímprobo esfuerzo de los distintos sectores implicados en la materia, aunque no cabe duda de que aún queda mucho por hacer. Pese a que pueda pecar de utópico albergo la ilusión de que, con el esfuerzo de todos, pueda ver cumplido algún día el objetivo de que se trate a los enfermos mentales de igual manera que a los que padecen otras patologías somáticas, no como a tarados peligrosos que hay que mantener apartados de la sociedad, ya sea en instituciones mentales decimonónicas de  crónicos, que no hacen más que perpetuar su proceso de enfermedad y robar todo atisbo de dignidad personal, o en un rincón de la morada familiar impidiéndoles cualquier contacto con personas "normales" del entorno vecinal o social.
   Las personas con enfermedad mental sufren además de las discapacidades y dificultades de integración derivadas directamente de la enfermedad, las consecuencias del desconocimiento social que existe hacia dichas patologías. El prejuicio social determina y amplifica las dificultades de integración social y laboral de los enfermos mentales y provoca un rechazo hacia ellos de todo punto inmerecido e injusto, lo que levanta barreras adicionales que aumentan el riesgo de aislamiento y marginación. Por ello es evidente que una atención integral a su problemática, no sólo tiene que cubrir sus necesidades de apoyo e integración, sino que simultáneamente también debe establecer acciones que disminuyan o eliminen las consecuencias negativas del estigma que tradicionalmente pesa sobre ellas.

Porque no. Porque aún no ha nacido la crisis que pueda con nosotros. Porque esperamos a los problemas con traje de luces y a puerta gayola. Porque, como el mimbre, antes partimos que doblamos. Porque el cielo no caerá sobre nuestras cabezas. Porque pueden matar al soñador pero nunca al sueño. Porque nos caemos para levantarnos. Porque todos los días sale el sol, chipirón. Porque siempre nos quedará París. Porque bailaremos bajo la lluvia. Porque somos salmones nadando a contracorriente. Porque mientras nos queden reinas en el tablero, no hay temor al jaque mate. Porque no hay jefes idiotas, sino copas de menos. Porque si las flechas ocultan el sol, pelearemos en la sombra. Porque con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero. Porque nada sabe mejor que la primera copa tras exámenes. Porque mi vida es una partida del Monopoly: aunque no tenga dinero y me joda, seguiré pasando por tu calle una y otra vez. Porque saldremos de nuestra Jungla de Cristal. Porque seguirá sonando Sinatra. Porque encontraremos la tarta de queso y el gin tonic perfectos. Porque somos unos verbenas. Porque nunca nos podrán robar el mes de abril. Porque podremos estar parados, pero jamás quietos. Porque más se perdió en Cuba. Porque quedan muchas maletas por hacer y muchos lazos de vestidos por deshacer. Porque los días de sol están a la vuelta de la esquina. Porque nadie podrá con nosotros. Porque, como los violinistas del Titanic, tocaremos y bailaremos hasta que el agua nos llegue al cuello.

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