domingo, 28 de abril de 2019

LA CULPA


               

   Aquella tarde, como tantas, aquel joven de aspecto flacucho y andrajoso, hacía uso de sus artimañas para pedir limosna en aquella esquina tan concurrida. De diez a doce era su horario por la mañana y de cuatro a seis por la tarde.
   
   -¡Qué ser tan miserable!– Se dijo Alicia al verle con un aspecto tan normal. -¡tener una pierna coja y usar una muleta no es  impedimento para poder trabajar!… - seguía pensando. Ida en sus pensamientos y ya cayendo la noche, tomó su bolso y las llaves de su coche. Pensó en su vida rutinaria, mientras bajaba los peldaños lentamente… tan sola, llegar a su hogar frío… Se le ocurrió pasar por el supermercado a comprar algunas cosas para cenar. Miró hacia la esquina y aquel joven ya no estaba.
   
   Después de haber cogido las cosas necesarias se dirigió a la caja para pagar, algo le faltaba… claro… ¡leche! Rápidamente se dirigió a los lácteos, se agachó a coger la última botella  que quedaba. Su mano fue a dar sobre una delgada mano masculina.- Disculpe dama - dijo el muchacho. – Tome, es la única que queda - prosiguió…

   - ¡No!,- Le dijo ella. - prefiero de chocolate- … se dio media vuelta sin siquiera volverlo a mirar…- Sinvergüenza – se dijo. Era el mismo tipo de la esquina, claro que bien arreglado, hasta buen mozo se veía… - ¡Dios mío!, sin cojera y sin muleta… ¡miserable!- Murmuró y se fue enfadada a su casa. 

   El sol que daba justo en su ventana le hizo despertar temprano. Se levantó dispuesta a seguir a aquel individuo, dispuesta a desenmascarar al tipo que engañaba a la gente de buen corazón que día a día le llenaba su cuenco de monedas y billetes.
   
    El día se le hacía largo, el reloj no avanzaba como ella quería. De pronto vio al muchacho dispuesto a salir de un edificio, bajó rápidamente del coche para seguirlo, dobló la esquina, inició un paso rápido y se dispuso a correr. Tomó una calle que daba hacia el mercado, ella le seguía a una distancia prudente para no ser descubierta. Por un momento pensó que le había perdido, no se había dado cuenta de que el chico había entrado nuevamente en el supermercado. La espera se le hacía eterna. Él salió de pronto con prisa, no sin mirarla extrañado. Con disimulo, Alicia avanzó y lo vio entrar en una pequeña casita que daba frente al mar.

     La curiosidad de la chica fue creciendo, disminuyó el paso y se dirigió hacia la puerta silenciosamente. No oyó ningún ruido y de pronto una mano se posó sobre su hombro, sus piernas se quisieron doblar del susto y del miedo. Aquel joven de ojos verdes la condujo por un largo pasillo, salieron a un patio y abriendo una puerta metálica la forzó a entrar.
   
   -¿Por qué me has seguido hasta aquí? - Le dijo enfurecido…
 Alicia, recomponiendo su postura lo encaró, - Eres un sinvergüenza, mírate!- le gritó, - Eres normal, estás engañando a la gente-.
   
   Sin defenderse y callado, la cogió del brazo empujándole a una habitación. El sol ya estaba bajando, aquella hermosa vista por unos segundos la distrajo. Aquel inmenso ventanal, dejaba ver la majestuosidad del mar y el sol perdiéndose en el horizonte.
   
   El joven la llevó frente a una cama donde yacía un cuerpo pálido y frágil. -Es mi hermano, hace cinco meses que está postrado por culpa mía -.
   
  La chica, sin entender nada, muy confundida, sólo logró balbucear unas breves palabras. - hay hospitales- le dijo…
  - No, ya lo intenté todo y mi hermano no tiene cura…, fue una noche horrorosa -le contó mientras las lágrimas caían por sus pómulos huesudos. - Yo conducía el coche… y la lluvia y el pavimento resbaladizo me hicieron perder el control en una curva…perdí a mis padres aquella noche y a mi querido y único hermano lo estoy cuidando, ya que es lo único que me queda de mi familia y sé que nadie más que yo lo cuidará con amor, le hago compañía y es por eso que pido limosna, en ningún lugar me pagan lo suficiente por trabajar cuatro horas al día.

   - Joven, lo siento… no me dé más explicaciones…- fue lo único que pudo decir Alicia, quien dirigió la mirada a aquel chico que estaba postrado en aquella cama, tenía un rostro angelical.
   
   Partió de aquel hogar con una extraña sensación. Trató de recordar en qué momento se había puesto tan amargada y triste. Pasó la noche dando vueltas y vueltas en su cama, hasta que amaneció no le abandonó esa sensación extraña de culpa.
   
   Desde su tranquila oficina no divisó en todo el día a aquel joven. Intranquila, decidió ir al acabar su jornada a pedir disculpas.
   
   Ya en su coche tomó la dirección de la calle que conducía al mercado, al superarlo, desde lejos se divisaba la pequeña casa junto a la playa. Tocó la puerta y nadie respondió… Golpeó más fuerte y no hubo respuesta, curiosa fue a la parte de atrás, la puerta de la cocina estaba abierta. Entró y no encontraba a nadie, fue a la sala donde había estado la noche anterior, llamó suavemente pero no obtuvo contestación alguna. Empujó la puerta y entró.

   El sol estaba ya perdiéndose, aquella habitación estaba vacía, la cama hecha perfectamente. Sobre una mesita había una botella de leche y al lado una nota…: “Señorita, anoche partió mi hermano a un lugar mejor… Yo comenzaré una nueva vida lejos de aquí. Terminó de pagar su culpa el mendigo… Firmado: Ángel”.
   Alicia se dejó caer en  la cama y lloró como nunca.
  Aquella esquina había sido tomada por otro mendigo…Bajó de su oficina y fue donde estaba aquel hombre, le cogió su arrugada mano y mirándole a los ojos le entregó unas monedas. Sintió que su corazón estaba volviendo a latir… 



LA CULPA
Como emoción humana que es, la culpa y su resultante sentimiento de culpabilidad, la hemos experimentado todos a lo largo de nuestras vidas, siendo una emoción que consideramos negativa, pues en definitiva nos hace sentirnos mal.

Pero definir la culpa como algo negativo o positivo no es tan simple como identificarla a los sentimientos que pueden venir parejos a ella, sino que requiere un análisis más profundo e indiviualizado de todos los factores que intervienen.


La culpa es una emoción, pero, ¿qué son las emociones? Las emociones son indicativos, señales de nuestro cuerpo y psique que nos indican o propician estímulos útiles para identificar nuestro camino y acciones en la vida, facilitando nuestro proceso adaptativo al entorno en que nos movemos. Y ¿cuándo sentimos culpa? Normalmente cuando rompemos o creemos haber roto ciertas normas o significados tanto personales como sociales, de carácter ético, natural, religioso, sexual, existencial… podemos encontramos ante una culpa causa-efecto, hicimos algo que pensamos que no debíamos haber hecho, o a la inversa, no hicimos algo que creíamos deber hacer y ahora nos sentimos mal, pudiendo ser todo esto algo real o imaginario.
Resulta obvio que todos deseamos evitar el sentimiento de culpabilidad, pues es un sentimiento que nos lleva con facilidad a la tristeza, la vergüenza, la autocompasión, la mala conciencia, los remordimientos, provocando una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal y que además se retroalimentan entre sí dificultando su identificación y una superación positiva de los mismos.







LA CULPA COMO FACTOR POSITIVO
   Como consecuencia de no querer experimentar lo anterior, se produce un proceso de autoaprendizaje y evitación de lo que nos llevó a ello anteriormente, por ejemplo, si lastimar a alguien nos produce sentimiento de culpa, dicho sentimiento a su vez nos enseñará a no desear lastimar nuevamente a nadie, encontrando aquí un factor positivo propio de las emociones, adaptativo y social.
   La culpa no debe enquistarse, hay que hacer un proceso de reflexión que nos permita olvidarla, que entendamos que hemos aprendido algo de ello, que podemos emprender acciones de reparación si es posible, que en definitiva seguimos avanzando siendo más sabios y mejor personas.

   Debemos saber identificar sus causas, pero también que estas no son homogéneas, dado que el sentimiento de culpa está profundamente relacionado con la escala de valores personales producto de la educación recibida, no todos experimentaremos culpa ante las mismas cosas y no toda culpa tiene un origen necesariamente reprobable, por tanto es fácil caer ante sentimientos de culpabilidad que choquen con la biología propia de las personas o sus intereses universales.

LA CULPA COMO FACTOR NEGATIVO
   La culpa puede convertirse en una emoción carente de utilidad si su generación no responde a hechos objetivamente reprobables. En la teoría, los grupos sociales, desde la sociedad a la familia, se dotan a sí mismos de un conjunto normativo para mantener un orden y armonía colectivas, sin embargo esta normatividad es normalmente preestablecida e impuesta per sé, por lo que en la práctica es necesario comprender que dicha normativa no siempre responde a intereses colectivos. 
   Este factor nos puede llevar a una culpabilidad generada desde las estructuras de control que no responde a transgresiones de hechos natural y racionalmente negativos, una culpabilidad manipulada, a menudo provocada por culturas predominantemente moralistas, rígidas y puritanas, o imbuida por religiones que con maestría han sabido explotar el ciclo de confesión, arrepentimiento y penitencia; sociedades que han caído en usos que responden a condicionantes meramente económicos e incluso por figuras familiares perfeccionistas en exceso o chantajistas.

   Quebrantar o creer haber quebrantado de algún modo dicha normativa, asumida sin más, sin tener en cuenta nuestros propios intereses como individuos y como sociedad, provoca que innumerables personas lleven vidas atormentadas en sí mismas a causa de hechos que no se basan en ninguna transgresión real, personas que viven acarreando una culpa que los tiene atados y en cierta medida fracasados a nivel emocional.
                                                   

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