miércoles, 3 de abril de 2019

EN PRIMERA PERSONA



  Hace unos días tuve la oportunidad, y el placer, de asistir a una mesa de debate llamada “La Salud Mental en la Región de Murcia”, la organizaba Marea Blanca Región de Murcia, representada por Pilar Balanza, gran psicóloga clínica, y participó mi amigo Silver (Silvestre Martínez), excelente psiquiatra, representando a la AEN; Delia Topham, presidenta de la Federación de Asociaciones de Salud Mental, luchadora infatigable en la defensa de los derechos de los enfermos mentales de la región desde hace varias décadas; Amanda Martínez, representante de la Fundación RAIS y Esperanza Parra, representando a la Asociación en Primera Persona ECOS.

   La intervención de muchas personas desde el auditorio enriqueció significativamente el debate, hablaron mucho y bien varios “enfermos” mentales, casi todos vinculados a asociaciones en primera persona como “En el Límite”, “Barlovento” ubicada en la ciudad de Cartagena y “ECOS”. Apenas había oído hablar de este tipo de asociaciones, y fue una gratísima sorpresa escucharles, su nivel de oratoria y el contenido de sus intervenciones fue casi lo más enriquecedor de la reunión, que tuvo un alto nivel en su conjunto. Al final, como no puede ser de otra manera, Delia , un beso para ti desde aquí, en su línea de mosca cojonera allá donde va, consiguió que los políticos allí presentes se comprometieran en el utópico empeño de conseguir un consenso para que mejore la dotación presupuestaria destinada a la asistencia de los enfermos mentales. Hubo coincidencia en que la porción del pastel de los dineros públicos para la prevención y tratamiento de las patologías mentales es, a día de hoy, paupérrimo y fácilmente corregible. Está meridianamente claro que “El que no llora no mama” y es de justicia que las personas con problemas psiquiátricos, prefiero no llamarles enfermos, estén mejor atendidos por la sanidad pública.

   A título personal debo decir que me emocionó sobremanera escuchar y saludar a Don Pedro Marset, catedrático de la Facultad de Medicina en mis tiempos de estudiante años ha, político de postín y trabajador incansable durante más de una década en el Parlamento Europeo (no como tantos otros que poco han aportado a la sociedad y llegaron a la política a servirse y no a servir) y persona sabia de las que ya no se ven, apenas, en este mediocre momento político-social que nos toca vivir.

   He encontrado en internet, en la WEB de la asociación Barlovento, mencionada más arriba, un texto que me ha impresionado y que expongo literalmente a continuación:



Una poeta desde el manicomio
   Christine Lavant, una de las poetas austriacas más importantes del siglo XX, entró de forma voluntaria con 20 años en un hospital psiquiátrico. Errata Naturae publica sus ‘Notas desde un manicomio’, las duras, bellas y valiosas páginas en las que se refugió y en las que relató las opresiones e insurrecciones de sus compañeras internas.
   “¿Será posible que, tras semanas aquí, vuelva a tener ganas o valor para reír?”, se preguntó la que acabaría siendo una de las poetas austriacas más importantes del siglo XX (premio estatal de literatura de Austria en 1970). La duda le surgió al convivir cada día con el sufrimiento, con el delirio, con la desesperanza, con las camisas de fuerza: a una interna le fuerzan a alimentarse con un tubo en la nariz, a otra le inmovilizaron en la cama, la mayoría –la Reina, la Crucificada, la Condesa, la Mujer del Comandante…– pasaban encerradas sus días sin solución.
   Pobre no, mísera, y mujer, y poeta: nada de su parte. Christine Lavant (1915-1973) entró de forma voluntaria con 20 años en el Hospital Psiquiátrico de Klagenfurt, en 1935. ¿Pero, se puede entrar de forma voluntaria en un psiquiátrico cuando la sociedad te ha dejado al margen y has intentado suicidarte? Fueron seis semanas de las que surgieron casi once años después sus Notas desde un manicomio, que ahora Errata Naturae publica por primera vez en español –y no deja de ser llamativo, por otra parte, que sea ésta, precisamente, la primera de sus obras traducidas, como si la locura nos trajera un poco de luz.
   Lavant no era su apellido, que en realidad fue Thonhauser, sino que lo tomó prestado como seudónimo del nombre del río que cruzaba el valle de Austria donde nació. Borrar el apellido fue, como la escritura, un modo más de huir del fatalismo social al que le abocaba el haber nacido en el seno de una familia minera en la que ella era la novena hija. Su futuro pasaba por buscarse un novio, casarse, malvivir como costurera, tal vez, con suerte, convertirse en sirvienta. Sin embargo, escogió un seudónimo: la escritura como voluntad de supervivencia.
   En ese sentido, Christine Lavant ingresó en el psiquiátrico con sus cuadernos. Seguramente fue con lo que trabajó posteriormente la escritura de sus Notas desde un manicomio. El resultado son apenas unas pocas páginas publicadas de forma póstuma por primera vez en 2001. ¡Pero qué páginas! Las anotaciones no tienen fecha, no hay un orden, saltan de una a otra solo impulsadas por la desbordante necesidad de dejar testimonio de que “somos capaces de todo menos de reunir un gramo de auténtico amor”. Es un texto duro que nos deja frente a altas cuotas de dolor, “aquí se elevan -llega a decir al describir las crisis de sus compañeras- hasta el infinito montañas de sufrimiento”.


   

Grafitti from Jef Aerosol at the Robert Musil Museum in KlagenfurtChristine Lavant
De Christine Lavant hay algunas fotografías. En ellas, sus ojos transmiten dolor. Son grandes –o  así lo parecen en un rostro delgado y anguloso, marcado por las enfermedades–, y tienen la desnudez propia de los pobres y desposeídos, la de aquellos que parecen estar siempre a punto de traspasar esa línea de la que ya no hay retorno posible. Christine Lavant podía estar desesperada; pero mantuvo la lucidez: “Mientras que aquí se me considere una invitada de paso y que yo misma me sienta como tal, no habré traspasado la última frontera”. No la traspasó. Se refugió en la escritura; lo hizo a pesar de que el psiquiatra forense la ridiculizara y despreciara porque ella era pobre, era fea, inculta, un ser carente de poesía. “Tiene que buscarse un novio”, le reprende así por su vocación literaria cuando debiera, mejor, buscar un “trabajo honrado”, como toca a los pobres. Y eso era algo que en el momento nadie se cuestionaba. “Cuando el médico te haga entrar en razón- le dijo en una de las revisiones-, pasado uno o dos años, te alegrarás si consigues que una señora te adiestre para hacer las faenas domésticas”.




   Pero Christine Lavant desconfía del sistema: el del psiquiátrico no deja de ser un reflejo del orden establecido afuera. Ni entre locas, logra dejar de lado el determinismo social que impera. “¿Qué esperaba? –se preguntó once años después– ¿Curarme?¿Pensaba realmente que cierta cantidad de arsénico tomada con regularidad daría sentido a mi vida?”. Desde luego que no fue nada de eso lo que dio algo de sentido a su atormentada vida. Fue la literatura, y escribir, siempre escribir, aunque fuera con “palabras corrientes, cuando, en realidad –dice  al referirse a sus anotaciones– debería romper las paredes piedra a piedra y lanzarlas contra el cielo”. Ahí está: la escritura como rebelión.

Ahora comparto un texto que me ha llegado por whatsapp que me ha parecido extraordinario, escrito por un “loco”, dicho sea con todo el cariño y admiración.

“Los locos no son asesinos”

 Oigo una y otra vez como nos llamáis asesinos, peligrosos, violentos, a los mal llamados enfermos mentales (no creo en los diagnósticos), extendiendo esa idea a todos nosotros, cuando son una pequeña y ridícula minoría. Sí que habrá locos violentos igual que hay entre los que supuestamente están cuerdos; la mayoría de violadores y asesinos no están diagnosticados de ninguna enfermedad mental (mirar estadísticas).  

   Recordad que los llamados locos aman y sueñan y saben querer y cuidar y respetar y consolar y reír y compartir y apreciar y luchamos cada día con nuestros miedos y por superar grandísimos dolores que vienen del alma y tenemos muchos compañeros que se fueron por no soportar más. A enloquecer se llega después de muchísimo dolor, después de arrastrar muchas noches de insomnio y desengaños y muchos golpes en el corazón, habría que rastrear la vida del llamado enfermo mental para analizar qué sufrimiento tan grande le ha hecho pasar al otro lado, la locura.

 
   
   No penséis que el loco es un objeto que ni siente ni padece sino que el loco huye del mundo compartido mentalmente porque no puede soportar más el peso de éste. No caigáis en el error de pensar que el loco no sufre; la locura es muy dolorosa y el loco NO NACE sino que lo crea este mundo terrible y absolutamente, este sí, enfermo . Así que menos cuestionar a los llamados enfermos mentales y achacarles violencias y cosas terribles y pedir más responsabilidad a esta  sociedad estructuralmente desquiciada.





2 comentarios:

Thomas Verdhell dijo...

¿Quién determina la locura o la cordura? ¿Es mensurable? Los mecanismos economicistas y utilitaristas enraizados en los modelos actuales, se atreven a determinarlos. El capital califica al ser humano como unidad de producción y, en tanto este produzca, se está cuerdo y loco. La deshumanización en la que estamos inmersos,osa estigmatizar a los seres humanos hasta el punto en muchos casos de la autodestrucción. Ante esta agresión sin límites del capital, sólo queda la insurrección y sobre todo, la comprensión, el respeto y el amor.

Patricia dijo...

excelente y gran leccion,sobre la biografia de esta admirada mujer de la que todos deberiamos aprender,sentimientos, amor,respeto,caridad y mucha humanidad. tratando a todas las personas como nos gustaria que nos tratasen a cada uno de nosostros y muy buen analixis de quien es mas enfermo mental,los que estan registrados o los que nos manejan fuera y somos,simples titeres o marionetas.me revelo con esta pobre socidad,para algunos,como siempre los mas desfavorecidos y ya es tiempo de que Despertemos y hacerles saber , que los locos son mas cuerdos y gozan de mejor sentimiento que los locos que andan fuera . por la codicia,ego,falta de honestidad y hacer getos de super clases sociales .















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































con lo que han conseguido ,que parte de esta sociedad llegue a enfermar,tanto mentalmente como de otras .... a consecuencia de estos llamados , lucidos cuerdos...que si tuvieron la oportunidad de ser unos previlegiados. eny