miércoles, 2 de enero de 2019

DONDE FUE A PARAR EL 15-M


   Hace unos años, el controvertido colaborador de la caja tonta, Risto Mejide, jurado implacable de concursos televisivos, en los que cantantes y artistas noveles intentan abrirse camino hacia el éxito, escribió un artículo que corrió como la pólvora por las redes sociales. Creo que utiliza un lenguaje demasiado duro, incluso soez en algunos calificativos, pero en el fondo opino que describía bastante bien el hastío de un gran número de ciudadanos, entre los que me incluyo, que estábamos hasta el gorro de las políticas de recortes que hacían y hacen nuestros gobernantes, creo que definitivamente se quitaron la careta y con una desfachatez y desvergüenza sin límites, plantearon iniciativas que ponían en riesgo la supervivencia de los más débiles, intentando culpabilizar a los funcionarios de los males del país, queriendo convencernos de que sólo apretándonos el cinturón, hasta que el hígado nos salga por la boca, se podría superar la crisis. 
   
   La crisis, como dije en otra entrada de este blog, es real y dramática, pero no vino porque sí, es claramente facticia, es decir, provocada a conciencia para acabar con los derechos civiles y laborales ganados a pulso por los ciudadanos a lo largo de muchos años. A continuación expongo el texto completo del mencionado artículo:

    Largaos de una vez. Largaos, sí. Los que trincáis, los que habéis trincado, los que permitisteis que otros trincaran y los que todavía hoy no hacéis nada por que se deje de trincar. Todos. Sobráis, de verdad, dejadnos en paz de una puñetera vez.

   Dais asco. Vuestra falta de vergüenza ha llevado la nuestra hasta límites que jamás deberíamos haber conocido. Y ahora os cubrís el culo los unos a los otros, un culo que tenéis tan sucio que hasta las pústulas de vuestra ignominia os han invadido el cerebro, y ya no es posible distinguir vuestras declaraciones rellenas de mierda de la peste que emana de un zurullo común.

   Callaos. Callaos de una vez. Dejad de contaminar los medios, las noticias y nuestro estado de ánimo. Dejad de hacer comunicados y ruedas de prensa, disolved todos los chanchullos, deponed vuestros privilegios y salid con la cabeza bien baja y las manos en alto.

   Dejad de desanimar a la gente. Dejad de decirnos que todo fue por nuestra culpa. Dejad de tomarnos por gilipollas. Ah, y no os atreváis a volver a decir que sois reflejo de la sociedad en la que vivís. Que si robasteis fue porque os lo pusieron delante. Que sois víctimas de un vacío legal, un entorno corrupto y una dudosa moral. Que sois reflejo de la gente, representantes elegidos por el pueblo. Vosotros no sois pueblo, vosotros sois escoria.

  Devolvedlo. Devolvedlo todo. El dinero, las propiedades, los cargos, las dietas, los sobresueldos, las comisiones, la dignidad que os quede y la honorabilidad que algún día se os supuso. Y cuando hayáis acabado, devolved la nacionalidad que se os dio por error. Porque no merecéis formar parte ni de este ni de ningún país. No hagáis ni las maletas, saltad por la borda, como las ratas, salid nadando. Y quien no sepa, que se joda, francamente nos da igual.
  
   Pedid perdón. Disculpaos. Ante todo aquel que votó. Ante todo aquel que piensa seguir votando. Porque ellos han creído en un sistema democrático que vosotros habéis violado, sodomizado y puesto del revés. No, yo no os concedo la presunción de inocencia. Porque cuando uno deja que ciertas cosas ocurran, acaba siendo cómplice aunque sólo sea por ignorancia, por desidia u omisión.

   Y por último, largaos, sí, pero sin dejar rastro. Ni se os ocurra nombrar sucesores, ni gestores, ni primos segundos que calienten vuestra silla. No tengáis la cara dura de intentar dejar un legado. Vuestro único legado será la vergüenza. Y tampoco os atreváis a interponeros nunca más entre la gente de bien y sus lícitos objetivos. Porque en este país aún quedan ciudadanos, empresas e incluso algún político honrado que construyen, que siguen luchando y que ahora ya solo tienen una misión: que no les jodáis la vida, que les dejéis hacer.

   Pero sobre todo y ante todo, por lo que más queráis, seguid ignorando estas órdenes, exigencias demagógicas de un publicista que de vez en cuando hace el capullo en televisión.

  Seguid creyendo que no pasará nada. Porque así quedará menos para que pase.

   No fueron pocos los periodistas, abogados, jueces, profesores universitarios, actores y otros líderes de opinión que desde hacía años, al margen de intereses partidistas, se atrevían a calificar con tino lo que los mandatarios de este país nuestro, llamado España, están haciendo, supuestamente para salvarnos de una situación gravísima. Muchos pensábamos que la solución al problema planteado era imposible, al no haber una respuesta ciudadana que parara los pies a unos políticos ineptos en su mayoría, corruptos en gran número y cómplices casi todos de un sistema pseudodemocrático.

   Afortunadamente, se empezó a percibir un caldo de cultivo diferente. En la calle, en los bares, en la universidad, en las empresas, en casi todos sitios, se intuyó que algo estaba cambiando, el aborregamiento de los ciudadanos estaba dando paso a una conciencia colectiva que exigía un cambio de paradigma.

    Apareció entonces el Movimiento 15-M


                                 

  
   El Movimiento 15-M, también llamado movimiento de los indignados,  formado a raíz de la manifestación del 15 de mayo de 2011, convocada por diversos colectivos, donde después de que cuarenta personas decidieran acampar en la Puerta del Sol esa noche de forma espontánea, se produjeron una serie de protestas pacíficas en España, con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo PSOE-PP  y del dominio de bancos y corporaciones, así como una «auténtica división de poderes» y otras medidas con la intención de mejorar el sistema democrático. Aglutinó a diversos colectivos ciudadanos con distintos lemas, como el de la manifestación del 15 de mayo: «No somos marionetas en manos de políticos y banqueros.» o «Democracia real ¡YA! ».  Los activistas que formaban parte de las acampadas y asambleas, empezaron a crear colectivos temáticos. Asimismo, empezaron a formarse nuevos partidos políticos, como el Partido X en enero de 2013, o Podemos en 2014, que se presentaron a las elecciones europeas de 2014, obteniendo cinco eurodiputados, siendo el cuarto grupo más votado. El movimiento 15M es  un espacio de encuentro,  un estado de politización o repolitización de la ciudadanía, un momento en el que la gente despierta de alguna manera y empieza a sentirse junta y a poder hablar de ciertos temas que nos estaban preocupando a todos, teníamos las tasas más altas de paro, unas de las peores condiciones laborales y sin embargo todo el mundo se quejaba en el sofá o en el bar, y de repente cambia. El malestar social y la sangría del paro fueron el fermento que hace ahora siete años cuajó en el 15-M, un movimiento surgido de una mezcla heterogénea de colectivos bajo el denominador común de la protesta contra los efectos devastadores de la crisis económica. La acampada ilegal en Sol -permitida por el entonces Gobierno socialista-  condujo a algaradas y a una creciente tensión que aumentó la temperatura de la movilización callejera. En todo caso, al margen de su evolución posterior, lo cierto es que el 15-M tuvo la virtud de poner encima de la mesa algunos asuntos que, al cabo de siete años, o bien han sido asumidos por la clase política o bien siguen copando el debate público. Por ejemplo, la transparencia, la lucha contra los deshaucios, la democratización en la toma de decisiones en las distintas formaciones políticas y la precariedad laboral.
    El denominado movimiento de los indignados, que en sus albores estuvo presidido por un espíritu reformista, suspuso a la postre un grito de contestación contra el sistema político surgido de la Transición. Esta es la razón que explica la adhesión de movimientos antisistema y de otro tipo de colectivos sociales -especialmente ligados a las plataformas antidesahucios-, cuya orientación contraria a la democracia representativa desvirtuó los fines originales del 15-M. En este contexto, fue Podemos, de entre los nuevos partidos que en los últimos años han logrado horadar el bipartidismo, el que se apropió del espíritu del 15-M y el que no ha dudado en ornamentar su discurso con continuas referencias que evocan las reivindicaciones originales de este movimiento.  

  Podemos no sólo ha frustrado el anhelo de cambio de quienes entonces clamaban con aquel "no nos representan", sino que ha incurrido en algunos de los peores vicios de lo que este partido llama "casta". Podemos se ha convertido en la tercera fuerza del país, fruto de su estrategia de confluencias en territorios con peso electoral, pero también de su oportunismo a la hora de capitalizar el hartazgo social larvado a raíz del 15-M. Sin embargo, pese a su corto periodo de existencia, Podemos es ya en un partido burocratizado, lastrado por las sombras de sospecha sobre su financiación, con un tipo de liderazgo personalista y en el que su cúpula dirigente no se anda con contemplaciones a la hora de laminar a las minorías de su partido y lo peor de todo, al menos lo más visible es que su líder, Pablo Iglesias, se ha convertido en lo peor de la casta al comprarse a bombo y platillo un macrochalet valorado en más de un millón de €, poniendo en su puerta a “dos gorilas”, con perdón, para hacer frente a posibles escraches que hasta hace bien poco apoyaba, eso sí mientras vayan dirigidos a otros, “Qué desvergüenza” .  Atrás quedaron las promesas de renovación no sólo ideológica sino también en lo que atañe al modelo orgánico.

   
   Lo peor, con todo, es que Podemos no ha cejado desde su eclosión parlamentaria en alimentar el descrédito de las instituciones, lo que en sí mismo representa una enorme contradicción teniendo en cuenta la fuerza electoral que ha adquirido. En lugar de aprovechar esta posición para condicionar el rumbo de la legislatura y ejercer su labor de oposición de forma crítica pero constructiva, el partido de Pablo Iglesias ha preferido deslizarse por el camino de la irresponsabilidad, con un permanente cuestionamiento de las bases de la democracia representantiva, que es uno de los principales cimientos en los que asienta nuestro sistema político.

   
   Podemos ha dilapidado el espíritu del 15-M, lo que no quiere decir que los grandes partidos no sigan teniendo asignaturas pendientes que engarzan con las reclamaciones de este movimiento. Ningún partido cuestiona la necesidad de poner coto a los desahucios y las primarias parecen abrirse paso no en todos los partidos, pero sí en la mayoría.

   
  Sin embargo, tanto el PP como el PSOE deben asumir plenamente las exigencias de regeneración que emanan de la ciudadanía. La recuperación económica es un hecho y el empleo ha vuelto a una senda positiva aunque sea a costa de unos sueldos, en la mayor parte de los casos, miserables y con casi nulas garantías de continuidad, debido al abaratamiento del despido. La corrupción continúa alcanzando cotas inaceptables y no se han ejecutado reformas de calado en ámbitos esenciales como la Justicia, la educación o la vivienda.

   
  Éste es, precisamente, el mayor reto de los viejos partidos, pero también de los nuevos en el séptimo aniversario del 15-M: satisfacer las demandas de regeneración descartando cualquier tentación rupturista. En este contexto, en las recientes elecciones andaluzas ha emergido una Fuerza Nueva Renovada con nombre de diccionario enciclopédico, VOX (jocosamente algunos dicen que son las siglas de cine X en versión original, de todos es sabido la importancia de no distorsionar las voces de los actores de cine porno con doblajes de mala calidad). La formación que en teoría está en el polo opuesto del espectro electoral, o al menos su cabecilla, Pablo Iglesias, se lanzó al día siguiente de la convocatoria electoral a pedir a sus bases que se movilizara para protestar por esa irrupción de VOX . Es cierto que esa opción, encabezada por el señor Abascal y sus secuaces, es perversa y no aporta nada que no sepamos y por supuesto, que sus auspiciadores, cerebros huecos, hacen gala de símbolos y propuestas fascistas, pero han ganado los escaños obtenidos donde corresponde, en las urnas. No hay que detenerlos ni rebelarse contra ellos sino dejar que su representatividad del hartazgo popular por la situación reinante hasta ahora, de corrupción generalizada, se diluya como un azucarillo, sobre todo cuando sus mimbres antidemocráticos queden al descubierto. La mayoría de los votos que han tenido en Andalucía son de personas que realmente no conocen su programa electoral y sólo están “cabreadas” por el tema del independentismo catalán, cuya gravedad no es baladí, la inmigración ilegal descontrolada y la referida corrupción política de los principales partidos.

   Estoy seguro de que en las próximas elecciones los dos grandes partidos se van a dar un batacazo de órdago. ¿Sería beneficioso para todos?, mi opinión es que no, porque la polarización de la sociedad hacia opciones extremistas, sería harto peligrosa.



https://youtu.be/Cat_hmkuOzo




  

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