miércoles, 9 de enero de 2019

CAMBALACHE (VOCES DISONANTES)


    Echando la vista atrás, concretamente al mes de Abril de 2014, he releído una entrada de este blog y he podido comprobar que, lejos de mejorar, el panorama político de este nuestro país llamado España, del que algunos salvapatrias se quieren apoderar como si estuviera en una deriva autodestructiva, va para atrás como los cangrejos.

   Soy de la opinión de que "cualquier tiempo pasado fue... peor", aunque en determinadas ocasiones esta aseveración es hartamente cuestionable. Hacía yo entonces el siguiente planteamiento:

    "En poco más de un mes tendremos oportunidad de acudir a las urnas para votar en las Elecciones al Parlamento Europeo. Un servidor defiende la opción de votar en blanco porque no me siento representado por ningún partido del arco parlamentario actual. Bien es cierto que en los últimos tiempos han surgido agrupaciones y plataformas que tienen buena "pinta", entre otras me gustaría destacar RECORTES CERO, formada por ciudadanos, desde activistas sociales a pensionistas, desde personalidades a parados, desde trabajadores o autónomos o pequeños empresarios. Plantean un programa basado en la redistribución de la riqueza, la ampliación de la democracia y la defensa de la soberanía nacional. 

   Nuestros políticos, se pongan como se pongan, han perdido en una inmensa mayoría, toda la credibilidad, sólo espero que en sucesivas convocatorias electorales, el voto en blanco vaya subiendo, hasta que las fuerzas políticas existentes modifiquen de forma drástica su forma de organizarse y dirigirse, convirtiéndose en verdaderos partidos democráticos. Lo tienen muy difícil por su propio anquilosamiento y “rancio abolengo”, lo ideal sería que surgieran “fuerzas nuevas”, (no confundir con el nefasto partido liderado antaño por el innombrable B.P.), que partiendo de la “nada” sepan canalizar lo que los ciudadanos corrientes y molientes demandan, que no es otra cosa que el sentido común, dejando de lado los intereses partidistas y las prácticas de corrupción.

    

Miquel Casals Roma dijo entonces en un periódico independiente lo siguiente: 
    
     
     ¿Qué les sucedió a las flamantes democracias surgidas tras la Independencia de los USA y la Revolución francesa? Que nada humano dura para siempre. Los sistemas políticos tienen su ciclo, como una manzana y el nuestro está más que podrido.

  Tras décadas de funcionamiento, las instituciones democráticas han ido pervirtiendo sus ideales, deslizándose por una suave pero continua pendiente de corrupción.  Las elecciones se han transformado en escaparate y desfile de técnicas de marketing e imagen, sin generar verdaderos y profundos debates de ideas. Con el tiempo fueron arrinconándose los ideólogos para que el protagonismo pasase a los asesores electorales.
   
   Al mismo tiempo la prioridad de los programas políticos ahora se limita a obtener votos. Por poner un ejemplo, Zapatero prometió a los votantes el cheque bebé, los descuentos del IRPF, los ordenadores en las escuelas. No eran medidas coherentes, ni buscaban efectos beneficiosos a largo plazo. Su principal objetivo era ganar las elecciones. Fueron tan poco consistentes que, después de aplicarse unos pocos años, se eliminaron de forma fulminante cuando las arcas del Estado se resintieron. Pura humareda, como la mayoría de promesas electorales. Muchas de ellas ni tan siquiera se cumplen, porque los políticos tienen poco apego a la verdad y mucho a los matices.

    Además están los casos de corrupción. Una larga lista de políticos ha utilizado su cargo para lucrase a costa de los ciudadanos. En este entramado ilegal no faltan los partidos políticos, siempre ávidos de dinero para financiar sus campañas electorales.

   ¿Y los partidos políticos? Un ingenuo creerá que son la máxima expresión de la pluralidad política, pero la realidad no es esta. Apenas existen diferencias de criterio entre unos y otros. Izquierda y derecha ya no tienen sentido.

    El derecho de voto ha sido vaciado de carga ideológica, es un lacónico trámite que consiste en marcar una equis, cada cuatro años, dentro de unas listas cerradas. Muchos votan para que no siga el que gobierne, o para castigarlo, en tan poco aprecio tienen su criterio personal. Tal es el desprestigio del sufragio universal por el que lucharon nuestros ancestros.

   Los políticos, a su vez, han ido perdiendo su conciencia de servidores y se han transformado en un clan privilegiado, que autorregula su status sin limitaciones, alejado de los intereses reales. Sólo cabe examinar sus expresiones para advertir en ellas soberbia, desprecio y muy poca humildad. El político que actúa por convicción propia, dispuesto a luchar contra viento y marea, es una especie extinta: nadie es capaz de contradecir las estadísticas, especialmente las tendencias de voto, aunque sea para el bien de todos. Éxito o fracaso se miden en función de los escaños obtenidos.

Se podía decir más alto pero no más claro.


Otra gran aportación fue entonces la de Francisco Javier Ruiz Maximiliano, que a mi modo de ver no ha perdido un ápice de vigencia:

La Juventud alza la voz
  
   Cada vez somos más los jóvenes que damos un paso al frente y saltamos a la parte activa de la política -herramienta de trabajo para solucionar los problemas de una sociedad, ya sean problemas aislados o problemas colectivos- y alejados de esa política "basura" que nos ha llevado a la lamentable situación en la que nos encontramos. Y no me refiero en este caso, ni en concreto, aunque pueda sorprender, ni a la crisis económica, ni a la crisis de valores. Me estoy refiriendo a los daños colaterales que estas dos crisis dejan, tras su paso. Los daños colaterales, que hacen que cada día estemos más "indignados".


   Pero nos hemos ya cansado de lamentar y pedir y ver como todos se cruzan de brazos y comen "gambas" y beben "vino". Los jóvenes hemos pasado a la acción. Esta es la parte positiva, la otra cara de la moneda de la crisis. Seremos los jóvenes con nuestras fuerzas y coraje, los que acabaremos con los actuales problemas y volveremos al Estado de Bienestar. Sí, volver, porque es un daño colateral que arrastra la crisis económica y de valores, han exterminado el Estado de Bienestar, con sus nefastas políticas, con su ineptitud a la hora de afrontar problemas. PSOE y PP, han acabado con nuestro Estado de Bienestar. Esto no lo digo yo, hablan los argumentos por sí solos: 5.000.000 de personas, están en desempleo, miles de familias con todos sus miembros en esta situación, familias que se ven "obligadas" a perder sus casas, porque no pueden hacer frente a los pagos de sus hipotecas, familias en la más estricta pobreza en una parte de Europa del siglo XXI, donde tenemos que ver como un padre de familia, a punto de ser desahuciado, se corta el cuello, en plena calle. ¡No! Lamentablemente, no vivimos en un Estado de Bienestar. Y aquí no acaba todo, porque le sumamos los recortes que venimos sufriendo en los últimos años en algo tan importante como es la salud, la educación y los servicios sociales. Todo porque dejamos nuestra confianza en personas que han sido a la hora de la verdad, ineptas e incompetentes.


   Debemos de apostar por un verdadero cambio y alejarnos de los que han ocasionado la crisis económica, la crisis de valores, de los que han destruido el Estado de Bienestar, de los que se han propuesto ahora como meta, acabar con la democracia y la libertad de poder elegir.


   Tú eres "Joven" ¿No has alzado la voz?... ¿A qué estás esperando?



Pérez-Reverte revolucionó las redes sociales en su “A ver si lo he entendido, presidente” y los bárbaros de Cavafis

“PARA ESTO, QUE NOS INVADAN LOS BÁRBAROS DE UNA PUTA VEZ. QUE TODO SE VAYA AL CARAJO Y EL SENTIDO COMÚN RECONOZCA A LOS SUYOS. SI QUEDAN”, CIERRA EL ESCRITOR

    A ver si lo he entendido, señor presidente... Hasta por morirme debo pagar un 21 %... A ver si lo entiendo. Insisto.


   Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran. Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente.
  
   ¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores... ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?


   ¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad... Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.


   En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?


   A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.


   Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía... Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.


   Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, "voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición"; "me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario"; "voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible"; "aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla".


   "Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo". Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.
    Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.


     Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí. Lo escribía el poeta Cavafis en Esperando a los bárbaros. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan. Recristo


  . Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el tango.. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. Un tango adecuado para este pasaje".



Aunque disiento en algunos matices me encantó leer el ataque desaforado de Perez-Reverte al sistema instaurado. Disiento, decía en el cuestionamiento del estado de las autonomías, hay que mejorar su eficiencia, evitando dobles y triples ventanillas, quitando a tanto asesor de cargos públicos y rentabilizando al máximo los recursos disponibles, haciendo que la ley de transpariencia se cumpla hasta sus últimas consecuencias, pero prefiero un estado descentralizado que atienda a las necesidades locales y regionales a uno dirigido, cuasi dictatorialmente, desde la capital del reino, por mucho delegado del gobierno de que disponga y altavoces o micrófonos teledirigidos tendenciosamente desde el Gobierno central. Maxime cuando esos argumentos de despilfarro da argumentos a opciones como VOX para ambicionar cargarse de un plumazo la organización territorial existente.




1 comentario:

Thomas Verdhell dijo...

Que entren los barbaros si, que del Olimpo de Valhala, Odín envie a Thor y de un martillazo pulverice a la chusma de politicos que asolan nuestra sociedad. Si herrumbre de políticas y rosa, trepas, depredadores sin escrúpulos, marchense ya, dejen paso a la honradez, solidaridad, dignidad. Ya es hora de que los votos tengan sentido. Votemos en blanco en las próximas elecciones al Parlamento europeo, Botemoss a esta caterva a esta chusma con nuestros votos.