jueves, 27 de diciembre de 2018

UNA DE MITOLOGÍA (LA TIERRA)



   
      Del mismo modo que las mitologías tratan de explicar la existencia del hombre y el funcionamiento del reino de lo sobrenatural, se aplican a racionalizar nuestro entorno. Hay accidentes físicos de la tierra espectaculares (montañas, ríos, desfiladeros, cascadas o simas), con panoramas tan hermosos o amenazadores que ninguna cultura ha podido privarse de buscarles sentido. Para los griegos, el mundo estaba conformado por, literalmente, dioses. La primera entidad que surgió del caos primordial fue Gaia, la encarnación de la Tierra que dio vida a montañas y cielos (Urano). Juntos engendraron a los titanes y cíclopes. Disgustado por su descendencia, Urano los encerró en el Tártaro. Gaia, harta de su esposo, le dio una hoz al hijo que le quedaba (Cronos) para que castrara a su padre. Así, el cielo fue separado de la tierra para hacer espacio al reto de la creación.



Hesíodo, copia de un manuscrito original de la Teogonía, siglo XI. Conservado en la Biblioteca Marciana de Venecia

   En varias mitologías, incluida la amerindia, encontramos a la Madre Tierra y al Padre Cielo. Para los nigerianos, ambos se estrechan en un abrazo que atrapa a sus hijos, sólo uno logra apartarlos y escapa. Los egipcios creían que Geb (la tierra) y Nut (el cielo) fueron separados por su padre Shu.





























Cabeza de 
Oduduwa dios de la creación del mundo según la religión
Yoruba (Nigeria)

Las leyendas chinas cuentan que Pan Gu, levantó el cielo, apoyándolo sobre cuatro pilares. Tras morir, su cuerpo se convirtió en distintas partes del paisaje. La historia del “dios desmenbrado” aparece también en Mesopotamia, donde Marduk partió en dos a Tiamat formando la tierra (sus senos se convirtieron en montes) y el cielo.




Grabado en el código de Hammurabi, que representa al dios Marduk sentado frente al conquistador babilonio.13 Como deidad de la justicia, Marduk entrega a Hammurabi las leyes que debían seguir los hombres.13


   Hay episodios míticos que explican las curiosidades topográficas. Los mitos aborígenes de Australia están íntimamente ligados a la geodesia. Los Seres Creadores fueron los responsables de crear puntos de referencia durante el Tiempo de los Sueños; las montañas eran gigantes o iguanas echados, signos legados por los ascentros. Desfiladeros y cañadas eran el rastro dejado por gigantescas serpientes. El lugar más sagrado del subcontinente australiano es el peñasco Ayers Rock (Uluru). Estos mitos locales evidencian un nexo inmediato con lo sobrenatural, una prueba tangible de las creencias populares. Incluso hoy, hay arqueólogos que buscan el Arca de Noé en el monte Ararat. No en vano, sus homólogos en la Grecia clásica y Roma, creyeron que los fósiles de mamut que desenterraban eran restos de gigantes ctónicos. El mito de un diluvio que prácticamente acabó con la humanidad es casi universal. En las historias de los nativos norteamericanos los predios emergieron de la aguas gracias a los esfuerzos de los “buceadores de tierra”. El avatar-jabalí de Visnú, recuperó la tierra del fondo de los océanos.



Monte Ararat, lugar donde supuestamente se encontró el arca de Noé





https://www.youtube.com/watch?v=czggH6zdYj0




   La mitología nos da un atisbo a las cosmovisiones de las distintas culturas. En varias tradiciones encontramos el concepto de un eje del mundo. Los mapamundis medievales, por su importancia bíblica, colocaban a Jerusalem en el centro. Otros pensaban que el meollo del planeta estaba en el Jardín del Edén, la Fuente de los Cuatro Ríos del Paraiso. En la mitología hindú el fabuloso monte Meru se halla en dicho lugar, ocupado para loa nórdicos por Yggdrasil, el Árbol del Mundo. Los árboles tienen una importancia fundamental en la mitología; su envergadura, fortaleza y longevidad cosntituyen  potentes metáforas.

   En muchas culturas el campo estaba custodiado por los espíritus. Los griegos tenían sus náyades y dríadas que vigilaban bosques y manantiales, como hacían los espíritus celtas. Los nórdicos adscribían ese papel a los protectores landvoettir. En Extremo Oriente también encontramos dioses y espíritus de las montañas. Las mitologías del Sudeste Asiático imbuían a las piedras, plantas y ríos con naturalezas espirituales; el Espíritu del Arroz, por ejemplo, desempeñaba un importante papel durante la cosecha.

 Lógicamente, hay varios mitos en los que se refleja la dependencia humana de los ritmos de la naturaleza. Las crecidas anuales del Nilo aseguraban la fertilidad de Egipto al cubrir de limo sus tierras. En Mesopotamia el rey-pastor Dumuzi, esposo de Ishtar, era forzado a permanecer seis meses del año en el inframundo para fertilizar la tierra. La mitología hitita y la hurrita tenían a Telepinu (muy venerado en Anatolia) como dios de la agricultura y el riego. Se creía que durante un tiempo se enfadaba y desaparecía de la vista, llevándose la fertilidad consigo hasta que un colega divino lo convencía para que regresara.

   En la mitología griega este  ciclo era explicado a través de Perséfone, la bella diosa de la fertilidad, hija de Deméter y Zaus. Sin que Deméter lo supiera, Zeus había prometido la mano de Perséfone a su hermano Hades (Plutón), quien se la llevó al inframundo. Su madre la buscó por todas partes, descuidando su función como cuidadora de la tierra. Al final, Zeus envió a Hermes a rescatarla. El mensajero olímpico logró que Hades permitiera a Perséfone pasar ocho meses del año al aire libre. Su emergencia anual del inframundo señalaba la llegada de la primavera.



Rapto de Proserpina (Perséfone), Óleo en lienzo, obra de Niccolò dell'Abbate:  Museo del Louvre.

1 comentario:

Thomas Verdhell dijo...

Interesante y bonita lección sobre la creación y recreación de la tierra, bosques.. Preciosa conjunción universal del nexo humano con la naturaleza a través de los mitos de diferentes culturas. Gracias Petrus