sábado, 29 de diciembre de 2018

LA LOCA SUICIDA


   
   El adjunto de la P. U. me llamó al busca a las 3 horas A.M., hace unos años. Me dijo por teléfono que bajara a la puerta porque tenía allí a una “loca” que quería suicidarse. Tras adecuar un poco mi indumentaria después de 2 horas de sueño, llegué al box de urgencias y me encontré a un tipo alto y robusto vestido estrafalariamente de mujer, con las uñas, los labios y los ojos burdamente pintados y el rímel corriendo por sus mejillas impulsado por las lágrimas derramadas en las últimas horas. Su aspecto era de abatimiento, apenas le salía la voz del cuerpo y el cansancio le hacía disimular involuntariamente la pluma que a buen seguro tenía cuando estaba “en todo lo suyo”. Le invité a que me contara el motivo de su visita a urgencias, de una manera cortés y motivadora y aunque le costó arrancar, durante 45 minutos me relató de forma meticulosa, con algún sollozo profundo en los momentos álgidos de su discurso, el drama de su vida:

   - Tengo 47 años (la verdad es que aparentaba bastantes más), y me llamo Roberto, aunque mi nombre de guerra es Roberta, ya sabe usted, por Roberta Flack, la cantante esa negra y regordeta, me encanta, me encanta. Salí del armario con 18 años, se puede usted figurar el pollo que montó mi padre la noche que se enteró, machista donde los haya y franquista hasta la médula, poco menos que me echó de mi casa ese mismo día el muy cabrón, me decía que en casa no quería pervertidos gandules (seguro que lo dijo porque llevaba 2 años paseando los libros y porque vio en mi ropero varios vestidos de faralai mal escondidos). Por suerte, mi madre, ya sabe usted como son las madres, lo pudo calmar y aguanté en mi casa otros dos años, me busqué un trabajo de pinche de cocina en el pueblo de al lado, a los 6 meses, como era muy aplicada, empecé a preparar yo la comida que se servía en el restaurante y no se me daba nada mal. Donde me ve usted llevo 24 años de cocinera, 24 años que se dice pronto, en distintos sitios, eso sí, porque me han echado de varios restaurantes, algunos de postín, hasta en Ibiza, no se crea, ay, qué bien me lo pasé yo en Ibiza, a cuántos morenazos me pasé yo por la piedra en Ibiza, entonces es que estaba yo buenorra, pero buena de verdad sabe usted, no como ahora, que parezco un pasmarote ajado por el paso de los años y la mala vida que he llevado, y que me han dado los malnacidos que he tenido que soportar, bueno, a lo que iba,  que me voy por las ramas y se me va el santo al cielo, me echaban, no porque sea mala en mi trabajo, sino porque a veces me dan arrebatos y monto el pollo cuando me tocan los cojones, que hay mucho trastornado por ahí-

   En ese momento interrumpí su relato para preguntarle por la relación con el resto de su familia, y me contestó:

   -Pues mire usted, mi padre murió hace 10 años y mi madre se me fue hace seis meses-

   Fue decir esto y se puso a llorar amargamente, estuvo así unos minutos interminables, tiempo en el que permanecí en silencio, intentando que se calmara, ofreciéndole un pañuelo para que recompusiera su rostro. Le pregunté entonces por sus hermanos. Cuando consiguió recomponerse me siguió relatando:

   -Discúlpeme doctor, es que mi madre era una santa, y la única persona que me ha querido de verdad, sólo ella me ha comprendido en esta puta vida. Tengo dos hermanas mayores, pero ellas van a lo suyo. Mi Juana bastante tiene con aguantar al desgraciado de su marido, Juan nunca me ha soportado y yo a él tampoco. Mi Antonia se separó hace 1 año y tiene 2 críos de 16 y 14 años, también lo está pasando mal la pobre, se ha quedado en el paro y cobra la ayuda esa del ayuntamiento y el Andrés no le pasa la pensión de los hijos. Yo también estoy en el paro, me despidieron hace 2 semanas y no tengo un duro. Ya sabe usted lo mala que está la vida, no tengo ni para pagar la factura del agua y de la luz, estoy viviendo en la casa de mi madre, gracias a Dios que de momento puedo estar ahí, pero mi hermana, “encimá” por mi cuñado Juan, quiere que me vaya a otro lado, para venderla, me han llevado al juzgado y me dan un plazo de 2 meses para que me vaya, y a ver dónde me voy yo ahora, si nadie me quiere, después de todo lo que he hecho por la gente. En el pueblo siempre me han mirado mal por maricona, he aguantado mucho, sabe usted. El caso es que estoy muy mal, doctor, y lo único que quiero es morirme, un día de estos me corto las venas y así acabo, me voy con mi madre, se lo juro-

   La entrevista dio para mucho más pero no quiero extenderme demasiado. El caso es que tras establecer el diagnóstico de Trastorno Adaptativo con síntomas Mixtos y Tr. Límite de la personalidad, redacté el informe pertinente y le pauté un tratamiento que le expliqué minuciosamente, en este tratamiento reflejaba los fármacos que debería tomar para mitigar los síntomas que presentaba, pero previamente habíamos hablado largo y tendido de cómo podía canalizar la frustración que sentía ante el rechazo generalizado a su condición sexual, cómo podría, según sus propias experiencias pasadas, afrontar el futuro, tanto a nivel laboral como en lo referido a la vivienda y otras muchas cuestiones y le aconsejé por último que pidiera cita en su CSM para revisiones de tratamiento e iniciar una psicoterapia. No sé en qué momento hice algo mal, quizás fue por darle más “cariño” del que estaba acostumbrado, por ser excesivamente empático, o vaya usted a saber, el caso es que cuando estaba firmando el informe de alta (en esa época todavía hacíamos los informes a mano y no disponíamos todavía en la P.U. del controvertido SELENE) noté que me quiso coger “cariñosamente” la mano, como si yo “entendiera”.  Pensé para mí que en qué poco tiempo se puede llegar a desarrollar una erotomanía… El caso que intenté sacarle respetuosamente de su error de interpretación y, ante mi reacción, se echó para atrás a modo de disculpa y dejó escapar de su boca un “perdón” de resignación. A pesar de todo me preguntó si podía darle mi número de teléfono por si me necesitaba más adelante, a lo que lógicamente me negué, más que nada porque no podía ser su psiquiatra en el futuro al ser de una zona de referencia distinta a la de las  C.Externas del hospital donde desarrollo mi trabajo diario y también porque no suelo dar mi teléfono a mis pacientes, por aquello de tener vida privada. Lo entendió perfectamente y me dio las gracias por lo bien que se había sentido, añadió que se iba muy aliviado y que las ideas de quitarse la vida se habían esfumado por arte de birlibirloque. De forma concupiscente, pero al mismo tiempo respetuosa y desde la distancia, me lanzó un beso con la mano extendida apoyada sobre sus toscos labios de silicona mal implantada. A continuación le vi salir muy rumboso por la puerta de acceso al área de urgencias, con paso ciertamente amanerado. Siempre lo recordaré como una bonita experiencia, profesionalmente hablando, por supuesto.


https://youtu.be/1f4OE78IH38



No hay comentarios: