viernes, 9 de noviembre de 2018

RECORDATORIO

Mientras se cuece a fuego lento la segunda parte de la colada, que recogerá las dificultades que ha tenido que afrontar el que suscribe en las últimas semanas, quiero recordar a los antiguos seguidores del blog y presentar a los nuevos, una entrada que en su día, allá por Diciembre de 2013, tuvo mucha repercusión y que es, a día de hoy, la más visitada con diferencia.

AHI VA ESO:


   Estas, probablemente, estén siendo las navidades más raras de mi vida. Parecen la confirmación de que el centrifugado no ha acabado todavía, aunque el aclarado sí que por fin ha terminado. Satisfactoriamente, además. 



     La metáfora de la lavadora me viene más que bien; he tenido que hacer mucha limpieza en los últimos meses, seleccionar bien qué merecía la pena que entrara en la colada y qué harapos había que jubilar definitivamente, tratar las manchas difíciles con especial cuidado y mimar lo más delicado para que pueda servirme mucho más tiempo. Y me viene bien, además, porque me recuerda a mi madre, que me enseñó muchas cosas útiles en la vida, y una de ellas, curiosamente, fue cuidar la ropa. Quizás porque tenía que durarme, que no estaban las cosas como para tirar alegremente, pero también porque era su forma de ser.



  Mi madre era práctica, cuidadosa, cariñosa a su manera (es decir, nunca empalagosa), honesta con los demás y consigo misma y pulcra. A veces me sorprendo diciendo, cuando tengo algo patas arriba, “menos mal que mamá no puede ver este caos”, pero en los últimos años a Ela no le importaba mucho lo externo. Con el tiempo he descubierto que nunca le preocupó demasiado: que lo externo fuera armónico para ella era reflejo de su interior, y lo mejor es que aunque no supiera muy bien cómo articular todo esto lo demostraba con su vida, que en el fondo es lo que importa.



   Mi madre murió hace algo más de un año. Me habría encantado celebrar estas navidades con ella, que comprobara que, a pesar de las vueltas  que he dado en los últimos tiempos (recurro de nuevo a mi lavadora), estoy bien; que  “Estoy en pie, no me han tumbado”; que cuando le dije a los pies de su cama (sin poder soltar mi mano de la suya que me apretaba con una fuerza increíble para alguien en su estado) “puedes irte, mamá, descansa, estoy bien, no sufras más, descansa, mi querida niña-madre” no sabía lo que decía; que la necesitaba, aunque ya no fuera ella, más que nunca, más que siempre… Y que ahora creo que ya no la necesito como entonces porque, por fin, he aprendido algo de lo que siempre me quiso enseñar.

   Decía al principio que están siendo las navidades más raras de mi vida. Al final las circunstancias han propiciado que las esté viviendo por primera vez sin Heike (gracias por todo lo bueno que hemos compartido, ya no me acuerdo de que quizás no hayas cuidado suficientemente las "pelotas de golf"). Las he pasado con parte de mi familia, con aquellos con los que no siempre las he pasado, pero a lo largo de estos últimos años, y no siempre por circunstancias del todo felices, he tenido más contacto que en mucho tiempo con mi otra familia, y me alegro profundamente de ello. Aunque sea de otra manera sigo queriendo a quienes siempre he querido y me han querido, pero además este año me ha regalado a gente nueva a quien querer y que me quiere, y estar aquí me va a permitir empezar el año de forma muy especial, de una manera que ya ni esperaba ni creía merecer. 


   Y, sobre todo, ayer descubrí que cuando le dije a mi madre “no sufras más, estoy bien, puedes irte, sé que me quieres, y yo te quiero” estaba apelando a un coraje que mi madre sabía que yo tenía, pero del que yo, hasta hace bien poco, no he sido consciente. 

   Gracias familia, gracias amigos,  y sobre todo, graciasArantxa: incluso en los momentos más duros o más difíciles os lo agradezco, y sólo puedo desearos todo lo mejor. Estáis siendo fundamentales, habéis aportado a la colada lejía y suavizante, y el apresto imprescindible que está dejando la ropa como nueva.

    Gracias por ayudarme a terminar la colada. Ojalá en 2014 el centrifugado acabe y pueda tender(me) al sol.




CLASE DE FILOSOFÍA: LAS PELOTAS DE GOLF

Un profesor en su clase de Filosofía, sin decir palabra, tomó un frasco de cristal grande y vacío y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que si.

Así que el profesor tomo una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios Vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que si.

Luego...el profesor tomo una caja con arena y la vació dentro del frasco.
Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, así que el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un “si” unánime.
El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión.
Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

“QUIERO QUE OS DEIS CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA”.

Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que te apasiona.  Son cosas, que aún si perdiéramos todo lo demás y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún  estarían  llenas.

Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, etc.

La arena representa lo superfluo, como el vestido verde, el móvil nuevo, la pulserita de perlas…

Así pues, el orden en que llenamos el frasco equivale a la importancia que le damos a las cosas:

**“Si ponemos primero la arena, algunas pelotas de golf y canicas ya no cabrán en el frasco”.

**“Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas superfluas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes”.

**”Difícilmente podremos disfrutar de lo superfluo si no hemos sabido tener primero lo importante”.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita…
Uno de los estudiantes levantó la mano y pregunto que representaba el café.

El profesor sonrió y dijo: “Muy buena pregunta… No importa cuan ocupada pueda parecer tu vida, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo”.



https://youtu.be/7DveHfUdqtA

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