martes, 27 de noviembre de 2018

CALLEJÓN SIN SALIDA (I)

    Juana entró en la consulta con aspecto abatido, había sido entrevistada unos minutos antes por una de las enfermeras del hospital, y las lágrimas todavía recorrían sus mejillas. Entre sollozos daba muestras de querer controlarse, pero a duras penas lo conseguía, y balbuceando pidió disculpas al Dr. Rypff, éste le pidió que se sentara y mientras se tranquilizaba, ocupó unos minutos en la lectura de la espléndida historia realizada por su compañera, en ella recogía minuciosamente todos los datos de Juana, sus antecedentes personales, situación  basal, composición familiar, ocupación laboral, enfermedad actual y exploración psicopatológica, todo ello perfectamente descrito y ordenado. Mientras leía, de vez en cuando, levantaba la mirada hacia su paciente y pudo comprobar que el poco tiempo transcurrido le permitió serenarse un poco.
    
     En otras ocasiones su tarea inicial en la consulta, con un paciente que acude por primera vez, consiste en profundizar en los datos recogidos en la historia, por si algo se ha pasado por alto. Con Juana, enseguida se dió cuenta de que todo lo que le ocurría estaba relacionado con lo que le venía sucediendo desde hacía ya casi un año y en ello se centró la entrevista. Le explicó que estaba en baja laboral desde Diciembre a raíz de un accidente laboral en el que se produjo una fractura en el hombro, consultó con el traumatólogo de zona que desde el principio, con las exploraciones necesarias,  le advirtió de la gravedad de las lesiones. No se trataba de una fractura de las que se ven habitualmente, iba a necesitar un abordaje quirúrgico muy complejo y no podía darle muchas garantías de éxito. Fue este el primer mazazo para Juana, que veía peligrar su futuro laboral a sus 44 años, siendo ella como le explicó el principal sustento de su familia, ya que su marido, dos años mayor que ella, sufría una grave incapacidad por la que percibía una pensión muy pequeña y sus tres hijos estaban todavía en edad escolar.        En una de las revisiones, el traumatólogo, que en todo momento  tuvo una actuación compasiva, honesta y profesional con Juana, le habló de una técnica quirúrgica novedosa que estaba realizando un colega suyo en una clínica de Madrid y que se adecuaba a las características de su caso. Esta posibilidad iba a suponer unos gastos bastante onerosos para ella aunque se sintió aliviada cuando supo que la intervención en sí estaría cubierta por la Mutua de Accidentes de su empresa, de acreditada solvencia. Ilusionada, puso en marcha todos los trámites necesarios, asesorada por el Dr. Fernández. En un mes estaba ingresada en la clínica, acompañada en todo momento por su marido. Tras una amigable entrevista con el Dr. Juárez, que previamente había estudiado con detenimiento el dossier enviado por su colega, se realizó el examen preoperatorio de rigor. Al día siguiente, la intervención, aunque laboriosa y de varias horas de duración, transcurrió sin incidencias significativas. En una semana Juana estaba bastante recuperada, cada día el Dr. Juárez y su equipo había examinado la evolución de la herida quirúrgica y el estado de la articulación. Todo iba muy bien, sin signos de infección ni otras complicaciones, se le entregó un informe completo junto con el programa de rehabilitación que necesitaría para la recuperación funcional del hombro. El Dr. Fernández se ocuparía en su ciudad de origen de las revisiones pertinentes.        Seis meses después, cuando Juana veía cerca su vuelta a la vida normal, incluida su reincorporación al trabajo en la fábrica, una noche se sintió indispuesta y con un fuerte dolor en el abdomen, unos días antes su hijo mayor le había advertido del color amarillento que tenía en los ojos y la piel de la cara. Alarmado su marido la llevó al Hospital Comarcal. En la Puerta de Urgencias, el médico de guardia se percató enseguida de la gravedad del cuadro y tras un examen físico, control analítico y una ecografía de urgencia, diagnosticó un fallo hepático hiperagudo, procediendo a su ingreso en la UCI. A los pocos días se le diagnosticó una Hepatitis C fulminante que a punto estuvo de costarle la vida. Una vez superada la situación crítica se encontró la posible causa de la infección cuando el médico intensivista leyó el informe de la intervención realizada en la clínica madrileña meses atrás, en la que precisó una transfusión sanguínea. Habida cuenta que Juana no tenía otros factores de riesgo y que hasta un mes antes de su fatídico accidente laboral había sido donante de sangre y por ende pasaba periódicamente controles analíticos, era bastante probable que la hepatitis la hubiera contraído a raíz de la transfusión.  

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