martes, 20 de noviembre de 2018

ASUNTO COMPLEJO

    Para el buen funcionamiento de cualquier Organización debe haber unas reglas de juego que nadie pueda manejar a su antojo. El organigrama es un modelo abstracto y sistemático que establece distintos niveles de jerarquía y fija las relaciones entre ellos. Cada nivel lleva implícito un grado diferente de responsabilidad y capacidad de decisión. El sistema debe tener como meta la eficiencia. El trabajo en equipo, la capacitación y la implicación de los trabajadores es fundamental para que todo funcione, pero igual de importante es que el propio sistema vele por la salud mental y física de todos y cada uno de sus integrantes.

    Si se detecta una situación de abuso o acoso, el organismo correspondiente debe investigar a fondo el asunto y tomar las medidas disciplinarias y de reparación de daños oportunas. De lo contrario, el acosador seguirá infringiendo daños que pudieran llegar a ser irreparables y se deteriora claramente el funcionamiento de la empresa. El problema surge cuando los encargados de proteger a sus trabajadores, por dejadez, incompetencia, porque tengan cosas que ocultar, por complicidad con el agresor o temor a las represalias del grupo que ampara a éste, se inhiben, ocultan pruebas, restan importancia a los hechos y en definitiva permiten que unas actuaciones muy graves queden sin sanción alguna. Un buen amigo me ha remitido un escrito que hace referencia a estas cuestiones.



LOS PARALOGISMOS DE LA RAZÓN PEREZOSA

    A nadie se le oculta que los problemas de la organización política de la democracia española son un problema estructural. A lo largo del tiempo, muchos han sido los intentos de explicar  esta conflictiva realidad, no todos bienintencionados, no todos parejamente fundados. Pero es en estos particularmente atribulados días cuando un grupo de desnortados analistas escandaliza al más elemental sentido común. Sus sentencias pretenden ser el resultado de una rigurosa dialéctica; son, sin embargo, los anémicos frutos de la torpeza o la mala fe; sus dictámenes semejan razonamientos pero son, en realidad, burdos insultos.

    Veamos los más socorridos:

1.     “Todo es obra del Gran Manipulador”. Inauguran así la lógica chiflada. Según esta disparatada modalidad lógica, si A grita, insulta, difama, veja, intimida y humilla a B, es culpa de C. ¡Qué razón tenía el atrabiliario Unamuno cuando sentenciaba: “no hay tonto bueno”!

2.  “Son asuntos personales”. Si con ello se refieren, estos sagaces escrutadores de lo social, a que los hechos que nos ocupan atañen a personas y no a gasterópodos, necesariamente hemos de convenir en su superfluo descubrimiento; ahora bien, si pretender significar que se trata de frívolas rencillas de comadre, de triviales riñas de patio de vecindad, equivocan su valoración. Gritar, insultar, difamar, intimidar, discriminar, hostigar, humillar…, son acciones que pertenecen al orden de la falta o el delito, no al de los tranquilos o agitados usos sociales.

3.     “Son cosas de niños”. Dos irremediables carencias están a la base de este candoroso dictamen. Una de naturaleza cognitiva: del mismo modo que sólo quien sabe lo que es un unicornio puede reconocer un unicornio, sólo quien conoce y ha interiorizado los derechos laborales e individuales puede reconocer aquellas situaciones en que se atenta contra ellos. Y otra de desarrollo y maduración personal: sólo los niños juegan a la guerra sobre los escombros de una guerra. Sólo alguien rematadamente  pueril puede leer una situación en que está en juego la dignidad de la persona en clave de un cuento de hadas.

4.     “No existe ningún problema”. Lamentablemente los tozudos hechos no se dejan exorcizar por estas vanas argucias de ilusionismo sociológico. Es por ello que un rancio cortijo gobernado con prácticas cuarteleras no muta maravillosamente en un ámbito laboral reglado jurídicamente por mucho que se pronuncie el nefando conjuro: “No existe ningún problema”.

5.   “Son una cuadrilla de vagos”, “X es una excelente persona”. Tiempo llegará en que los señores que discurren con tautologías, que sentencian como dioses olímpicos, sin sentir la necesidad de fundamentar y justificar sus asertos, deban acreditarse con argumentos y asentar sus dictámenes sobre incontrovertibles hechos, quizá  entonces se desvanezca su impostada y hierática seguridad.

                                                       
6.   “Les mueve la envidia”. Resulta sorprendente que seres incapaces de descifrar los hechos más evidentes que tienen frente a sus narices, presuman de familiaridad con las habitaciones más recónditas e insondables del alma humana.

7.  “Es un asunto extremadamente complejo”. Invita a la reflexión, y despierta un cierto esclarecedor recelo, constatar cómo personas que con felina agilidad, seguridad y determinación fanáticas transitan impertérritas por los tan abstrusos laberintos de la macroeconomía, la organización del Estado, el derecho internacional, la estructura de la materia y hasta el origen de la vida, quedan paralizadas, sumidas en balbuciente indecisión, como fulminadas por aquella funesta mirada de la Gorgona, cuando han de lidiar con los más diáfanos y cercanos asuntos de  sus vecinos. Quizás necesiten el revelador advenimiento de la lucífera consigna, quizá no reconozcan el rostro familiar de su canónico enemigo, o quizá su platónico espíritu sólo se desenvuelva con arquetípica presteza en las áureas regiones de los grandes ideales. Pero dejemos de añadir  con tantos “quizás” retóricos  enigmas a estos personajes  sobradamente transparentes. 

    Frente a tanta ingeniosa impostura, los hechos, los tercos y olvidados hechos, siguen su callado curso, con su inevitable rastro de dolor, humillación, desesperanza, rabia y frustración.

    Pasará el tiempo, nuevas ocurrencias se añadirán a los dislates pasados, nuevos estudios corroborarán lo que aseguraba el primero, se ensayarán inéditas pseudo soluciones, se incriminará a otros inocentes, se entonarán encendidos panegíricos a los culpables y cada día se apagará un poco más la ya exangüe esperanza de ver convertido este ámbito laboral en lo que en realidad esencialmente es: un espacio de  igualdad, justicia y libertad.

     Gracias D.H.M.






No hay comentarios: